lunes, 17 de noviembre de 2014

Sobre qué economía tuvo la deKada se ve en el afianzamiento local del sistema global de agronegocios.


Que consiguió impunidad  por nuestro Estado promotor de biocombustibles, IIRSA e hipermercados.
La refuerza con el PEA2 y la Ley de semillas o Ley Monsanto
Partamos de la realidad concreta: hubo expansión  del monocultivo de soja entre 2003 y 2012 que ocupó, respectivamente, 12 millones de hectáreas (38% de las cultivadas) y 19,8  millones de hectáreas (56% de las cultivadas). Y el PEA2 persigue extender esta invasión desertificadora.

Argentina: el Plan Estratégico Agroalimentario y
Agroindustrial 2020.
6 de septiembre de 2011
Por Guillermo Almeyra 
(…)En tercer lugar, los objetivos dejan intocado el papel de los pools de siembra sojeros y de los grandes monopolios graneros así como el poder de los terratenientes. Plantea, simplemente, lograr más de lo mismo y de la misma manera. 

La producción de biocombustibles a partir de cereales secundarios y trigo aumentaría del 10 al 14 por ciento y del 9 al 16 por ciento [1] la de biocombustibles provenientes de oleaginosas, con lo cual el campo, cada vez más, produciría para calmar la sed de combustibles de los automóviles y no el hambre de la gente en un proceso donde la producción para las máquinas reducirá la oferta de los alimentos populares y los encarecerá. 

El PEA plantea, además, elevar la actual producción de 100 millones de toneladas de granos a 157 millones y extender la superficie sembrada hasta 42 millones de hectáreas. Esto se haría, evidentemente, a costa de nuevas tierras, que son frágiles como las del Chaco y Formosa, Santiago del Estero o Jujuy, de la expulsión de unidades familiares campesinas, de la deforestación y de todos los desastres ambientales (inundaciones, deslaves, agotamiento de los suelos) resultantes de esta extensión de la frontera agrícola. No calcula los posibles efectos del cambio climático (temperaturas más extremas, sequías, disminución de las fuentes hídricas) ni la competencia por el agua con la industria minera que el gobierno quiere fomentar a toda costa, atraído por el alto precio de la onza de oro. Las verduras, frutas y hortalizas y legumbres, vitales para una alimentación sana, quedan en la sombra ante la promoción del modelo sojero de producción y de exportación que deja concentrada en pocas manos –de los pools de siembra como Grobocopatel y otros- o de los oligopolios transnacionales la producción de las divisas necesarias para el desarrollo del país pues el PEA calcula que las exportaciones totales del sector agroalimentario y agroindustrial aumentarían en un 145 por ciento pasando a casi 100 mil millones de dólares. 

Las exportaciones agroalimentarias y agroindustriales deberían dar la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria y en cambio, con el PEA, no aseguran una provisión abundante de alimentos buenos y baratos a la población ni la producción en el país de lo que ésta necesita. 

El PEA mantiene el actual modelo de extracción “minera” de la tierra para beneficio de unos pocos que exportan sus ganancias o exportan ilegalmente capitales. El gobierno “progresista” ni piensa en tocar la renta parasitaria ni planifica el desarrollo demográfico, energético, productivo, industrial, tecnológico para encarar el futuro próximo. Parte de mantener la industria del automotor sobre la base del petróleo y de los biocombustibles, de hacer el trazado de los transportes en función de esa industria saturada, obsoleta y en poder del capital extranjero, no preserva los suelos sino que fomenta la soja y la deforestación, no busca cómo hacer que la producción agrícola fomente el desarrollo de las energías no contaminantes (solar, las mareas de la Patagonia, los vientos australes), mantiene las contaminantes usinas a carbón o las peligrosas usinas atómicas, o las atrasadas usinas termoeléctricas como únicas posibles, no legisla sobre cómo preservar las fuentes de agua. 


El PEA confunde crecimiento con desarrollo y mayor exportación a cualquier costo social o ambiental (en el caso, siempre, de que la logre) con desarrollo humano. Incluso si los resultados del PEA fuesen alcanzados se habrían perdido diez años cruciales en los que la crisis mundial permite buscar alternativas y los suelos y el ambiente, que presentan signos de deterioro, estarían mucho más comprometidos por un tipo de extracción salvaje. 

NOTA: [1] Cifras de Página 12: ”Un plan de diez años APRA agrandar el campo”, 5/09/11, págs 2-3 

Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.
Fuente:http://argentina.indymedia.org/news/2011/09/791958.php

Frente a este proceso de acaparamiento económico territorial (no circunscrito al agro y propio de todo el capitalismo mundializado), hallamos relatos del autodenominado "campo profundo" que colaboran en concretar  la impunidad de esa acumulación oligopólica e imperialista al tergiversar la realidad de la agricultura industrial durante la deKada e  ilusionar sobre:

La Ley de Agricultura Familiar tiene media sanción
14 de noviembre de 2014
 
Por Gerardo Roberto Martínez, referente de Corriente Agraria Nacional y Popular (CANPO), Presidencia de la Plaza (Chaco)
En la sesión del pasado miércoles se dio media sanción a la primera ley de agricultura familiar en la historia argentina. Esta ley reivindica al sector productivo de la familia agraria, históricamente postergado y en algunos lugares casi en extinción pero que representa la gran mayoría de las explotaciones agropecuarias del país, ya que el 65% de los productores argentinos son agricultores familiares. Para los pequeños y medianos productores, para las familias campesinas e indígenas, para quienes hemos hecho de nuestra profesión un compromiso de vida con los sectores más desprotegidos de la ruralidad, no puede menos que alegrarnos esta decisión que representa la continuidad de las políticas nacionales de Néstor y Cristina Kirchner, que hizo visible, creó estructuras y financiamiento para el apoyo a la agricultura familiar, logros y procesos de sostenimiento que hoy tienen institucionalidad con el dictado de esta ley.
 
Cabe resaltar que esta ley fue elaborada y consensuada por las propias organizaciones campesinas nucleadas en la Federación de Organizaciones
Nucleadas de la Agricultura Familiar, el Movimiento Nacional Campesino e Indígena - Vía Campesina, Asamblea Campesina e Indígena del Norte
Argentino y el Frente Nacional Campesino.

Por el compromiso asumido en llevar adelante este proyecto, hay que remarcar el trabajo realizado por los diputados Carlos Gustavo Rubín, Gladys Beatriz Soto, Araceli Ferreyra, Juan Fernando Marcopulos y Diana Beatriz Conti, quienes firmaron el proyecto de ley. Se debe agradecer también al diputado Gustavo Martínez Campos por el acompañamiento en la sanción de la ley. Personalmente y de manera especial se agradece al diputado  José Mongeló, quien comprometiera su apoyo para que este proyecto sea una realidad en oportunidad de realizar la presentación de la ley en la provincia del Chaco, en una jornada de trabajo realizada en Presidencia de la Plaza el pasado mes de junio. En dicha oportunidad, el diputado Mongeló expresó: “Comprometo todo mi esfuerzo para que esta iniciativa, que es el fruto de las aspiraciones legitimas y necesarias de los productores campesinos que hicieron y hacen grande al Chaco y al país, pueda ser sancionada antes de fin de año. Será una reparación histórica, pero será también un significativo paso en la reconstrucción de un modelo agrario inclusivo en el marco de la nueva ruralidad y la ampliación de derechos que iniciáramos una década atrás”.
Fuente: http://www.eschaco.com/vernota.asp?id_noticia=34725
En la explicación ningunea el crecimiento que maximiza la concentración-centralización gran capitalista durante la deKada. También asume el papel del INDEC porque falsifica el cuadro de situación de los productores. Consideremos:

Agricultura familiar, agronegocios y transformación del campo

 Identificar al sujeto agrario
31 de agosto de 2014

 


Existe una idealización de un 70 por ciento del campo como “agricultura familiar”, como destacan dependencias oficiales. Ha habido cambios en ese sector agrario en la expansión de la matriz productiva denominada agronegocio y cuyo paradigma es la soja.
Por Norma Giarracca *
Trabajar sobre la estructura social agraria nunca fue tarea fácil, pues siempre supuso un campo de conflictos y tensiones. Los abundantes estudios históricos y de la sociología rural destacaron siempre el papel importante de los sectores productores capitalistas pequeños y medianos, que estuvieron en condiciones de introducir innovaciones tecnológicas y acumular capital, y que pudo convivir con la gran propiedad terrateniente por una serie de arreglos institucionales que el Estado fue llevando a cabo durante las primeras décadas del siglo XX.
Hoy escuchamos y leemos de fuentes oficiales que ese sector que conceptualizan como “agricultura familiar” puede asimilarse a amplios tipos de pobladores del campo. Dice un informe destinado al registro nacional de agricultura familiar producido por esa Secretaría: “El concepto amplio de agricultura familiar comprende las actividades agrícolas, ganaderas o pecuarias, pesqueras, forestales, las de producción agroindustrial y artesanal, las tradicionales de recolección y el turismo rural. El término agricultores familiares incluye a lo que se nombra en distintas provincias o contextos como pequeño productor, minifundista, campesino, chacarero, colono, mediero, productor familiar y también los campesinos y productores rurales sin tierras, y las comunidades de pueblos originarios”. Para rematar diciendo que es una “forma de vida” y una cuestión cultural.
Es decir, lo define como un concepto tan amplio que no se sabe bien qué es, ya que incluye múltiples sujetos sociales del campo que muy poco tienen que ver unos con los otros. A todo ese amplio conjunto lo ubican como categoría censal en el estrato de productores de “hasta 200 hectáreas”, y Emilio Pérsico mismo, secretario de Agricultura Familiar, afirma que después de un fuerte proceso neoliberal de apropiación de tierra han quedado en el país “unos 250.000 productores de la agricultura familiar y unos 100.000 de la de mercado”; en otras oportunidades el funcionario insiste en que representa el 70 por ciento de la unidades productivas del Censo.
En este punto es necesario poner luz para comprender las profundas transformaciones del sector agrario argentino y, sobre todo, el cambio que supuso en este sector pasar de colono, chacarero a sojero, procesos ampliamente estudiados. En efecto, dentro de este sector ocurrieron muchas cosas –endeudamientos, pérdidas de campos, multiactividad familiar–, pero muchos de los que lograron permanecer se transformaron en productores sojeros o de otros agronegocios, que más allá de su escala de producción han quedado muy lejos de cualquier definición de agricultura familiar. Los cambios ocurrieron no sólo con los que entraron en la expansión del agronegocio sino con casi todo el sector. Esas características atribuidas a una “agricultura familiar” ya no las encontramos en los chacareros concretos de las distintas regiones del país. El trabajo ya no es familiar, se gestiona de otro modo; contratistas y otro tipo de tercerizaciones ya no viven en la explotación sino en los pueblos y ciudades como Rosario y se autoidentifican generalmente con los sectores capitalistas (recuérdese el conflicto con el gobierno en 2008).
No hace falta más que viajar al sur de Santa Fe, Córdoba, provincia de Buenos Aires o simplemente escucharlos a ellos a través de excelentes trabajos que describen la diferenciación social del sector, “los exitosos” y los que quedaron en el camino o se convirtieron en rentistas, estudios que los fueron a buscar adonde se mudaron y les hicieron contar sus historias. Y todos estos trabajos, así como los nuestros, coinciden en buscar la comprensión de todos estos cambios en el nivel de este sector agrario en la expansión de la matriz productiva que denominamos agronegocio y cuyo paradigma es la soja.
El sector al que van dirigidos los documentos de la Secretaría de Agricultura Familiar y el importante anteproyecto de ley de agricultura familiar son grupos emergentes en las últimas décadas organizados en “movimientos campesinos”, y está muy bien que así sea, pues ha sido un sector arrinconado y maltratado por los nuevos inversores en los últimos años. Ahora es importante señalar que la producción de alimentos de este sector tiene impacto familiar o local pero nada nos dice del verdadero problema del productor de alimentos, que siempre estuvo localizado en aquel otro sector chacarero. Esta cuestión es básica para pensar el futuro agrario y alimentario del país y no está involucrado en estas políticas públicas emergentes en el año internacional de la “agricultura familiar”.
Con todo respeto consideramos que existe una idealización de un 70 por ciento del campo como “agricultura familiar” y corre riegos la interpretación del anteproyecto de la ley de semillas. Todo esto necesita un debate urgente, con información actualizada, con voces oficiales y críticas, representante de los actores así como de los técnicos y de las universidades públicas para discutir qué agricultura y qué alimentación requerimos para el país y qué políticas se necesitan para los productores agrarios de alimentos. Se trata de conocer qué alternativas serias y viables existen más allá del agronegocio, sobre todo ahora que las variables económicas de rentabilidad están cambiando mucho y se presenta la oportunidad de pensar nuevamente qué agricultura de alimentos necesitan el país, la tierra, las poblaciones y la alimentación sana de la población.
* Socióloga. Titular de Sociología Rural. FCSUBA
Con la lógica capitalista  se centran en soluciones de su sector y sus necesidades financieras. Sobre todo, las descontextualizan de que nuestro Estado se subordina a Monsanto y a China que demandan, ambos,  intensificación del modelo de soja transgénica. Constatemos:

Las organizaciones del campo profundo del país
manifiestan su profunda preocupación por la media sanción sin presupuesto de la ley de la agricultura familiar.
 
En el día de ayer la Cámara de Diputados de la Nación, en sesión ordinaria, trató el Proyecto de Ley denominado: “Régimen de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar”.
En estos últimos años el Gobierno Nacional ha avanzado a paso firme  en  la institucionalización de sector, creando la Subsecretaria y luego la Secretaria de Agricultura Familiar.
Nuestras organizaciones desde el primer momento reconocemos los importantes avances, sintiéndonos parte de este proyecto nacional y popular, pero al mismo tiempo creemos que es necesario mayor presupuesto para el Sector.
Es por ello que al hacer nuestros aportes al Proyecto de Ley, propusimos la creación de un presupuesto propio de 1.500 millones de pesos para atender las legitimas demandas de nuestro sector,  que representa las mayorías en el  campo argentino, sector que solo puede avanzar  con una inversión importante del  Estado.  Este  aporte fue consensuado además con la comisión de Agricultura y de Presupuesto de la Cámara de Diputados de la Nación. Festejamos con más de 400 compañeros y compañeras movilizados la media sanción en el Congreso,  pero  lamentablemente,  a  ultimo  momento  los  diputados  votaron  la  media sanción de la ley sin tener el cuenta el tema central: el presupuesto para atender nuestras legitimas demandas de manera  integral  en todo el  territorio  del  País,  en un acto que contradice  los  intereses  de  las  los  sectores  populares  que  hacemos  y  construimos  la ruralidad. No existe diseño de Políticas Publicas que logren mejorar la calidad de vida de nuestros compañeros  y  compañeras  sino  se  avanza  en  la  firme  decisión  de  aportar  Recursos genuinos para que eso suceda.
 
Una  Ley  de  Agricultura  Familiar  sin  Presupuesto  Propio,  es  sólo  una  Declaración  de Principios.
Exigimos entonces que la cámara de senadores incorpore el tema presupuestario asignando los 1500 millones de pesos para el sector.
 
Convocamos a una Conferencia de Prensa para el día miércoles de la semana que viene en Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Convocan: 
ASAMBLEA CAMPESINA INDIGENA DEL NORTE ARGENTINO (ACINA),Jose Luis Castillo
MOVIMIENTO NACIONAL CAMPESINO INDIGENA – MNCI – VIA CAMPESINA, Angel Strapazzon, 
FRENTE NACIONAL CAMPESINO (FNC), Benigno Lopez
FRENTE AGRARIO EVITA, Miguel Angel Gómez 
GRITO DE ALCORTA, Pedro Peretti
MOVIMIENTO CAMPESINO DE LIBERACION (MCL), Jose Livolti 
MOVIMIENTO AGRARIO MISIONES (MAM) Salvador Torres
Fuente: "Foro Hacia Otra Economía" de Grupos de Google.
 
-- 
HABITAR ARGENTINA
CONTACTO: habitarargentina@gmail.com
habitarargentina.blogspot.com
facebook.com/habitarargentina



Las organizaciones del campo profundo hacen este pronunciamiento en momentos en que hay tres campañas contra la Ley de Semillas o de Monsanto (impulsada desde el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca atendiendo a esa corporación de Estados Unidos) por implicar agravación de la transnacionalización del país;  desaparición forzada de productores pequeño-medianos, campesinos e indígenas; y destrucción de la soberanía alimentaria, de las biodiversidades y  de las posibilidades de buen vivir abajo. Aún más, esas campañas pluralistas y multisectoriales comparten reclamos de derechos con las luchas contra todo el modelo extractivista exportador como se señala en:

"No nos patenten la vida. Campaña contra la privatización de las semillas en Argentina":
"El avance de la frontera sojera representa el correlato territorial de una ofensiva extractivista general a nivel local y latinoamericano. Así, la Argentina, con sus fuerzas políticas tradicionales como administradores de un modelo colonial, profundiza las actividades extractivas en todas sus variantes: continúa la devastación del corredor andino con la megaminería contaminante; la cementación urbana con fines de especulación inmobiliaria; se multiplican los monocultivos forestales y las papeleras y la industria pesquera sigue depredando nuestros mares. El gobierno nacional, además, a contramano de la necesidad imperiosa de construir una matriz energética alternativa -dadas las imprevisibles consecuencias del cambio climático- prioriza irresponsablemente, como respuesta a la crisis energética, la construcción de represas hidroeléctricas y nuevas centrales nucleares. Incluso profundiza la explotación de hidrocarburos no convencionales o fracking, cuyo andamiaje legal y orientación estratégica fijara el acuerdo de YPF con la transnacional Chevron el año pasado. (...)Leer
Es decir, las organizaciones del campo profundo no sólo se atribuyen la representación completa de este último y lo subordinan al gobierno CFK por reconocerlo "nacional-popular", desconociendo así su gestión del extractivismo o mejor del capitalismo local. Sino también entran en fragante contradicción con los intereses de campesinos e indígenas. Tengamos en cuenta a:


Algunas reflexiones sobre la coexistencia de
sistemas agrarios (“agronegocio” y agricultura familiar) 
en la Ley de Semillas
16 octubre 2014

Por Patricia Langlais y Norma Giarracca

Introducción

Nos interrogamos si se comprende cabalmente lo que implica la aceptación de convivencia entre modelos agropecuarios que son antagónicos. Lo que predomina desde el debate público es la cuestión de la contaminación biológica. Por cierto ésta no es poca cosa, sin embargo quienes defienden el modelo la minimizan planteando, como solución, límites a las fumigaciones, simplemente.
Es preciso remarcar que en el caso de los OGM’s, no sólo es preocupante la contaminación biológica sino la genética y la erosión de saberes, de conocimientos. No es posible decir no al modelo de los agronegocios y al mismo tiempo aceptar la coexistencia. No sólo por lo que sucede en el terreno concreto (contaminación, erosión genética, secado de vertientes, de agua, de tierras, reducción de la producción de alimentos, avance de la frontera agropecuaria, disminución de explotaciones familiares…) sino en el “terreno” conceptual, en el conocimiento: en este debate aceptar la privatización de la vida, las patentes, es legalizar su apropiación.

 

Aceptación de los epistemicidios

A la incompatibilidad territorial y sus luchas, debemos sumarle la incompatibilidad filosófica, epistemológica, abriéndose un denso campo de debate.
Aceptar la coexistencia de estos modelos es renunciar al derecho al conocimiento ya que sabemos del predominio del enfoque de la ciencia “biotecnológica” sobre la construcción de saberes campesinos. La propiedad intelectual anula otras formas de construcción y acceso al conocimiento.
Junto al creciente corrimiento de la frontera agropecuaria, no exento de frecuentes violencias a quienes habitan esos territorios, otra frontera se corre: la del conocimiento. El predominio de la biotecnología y de monocultura de la tecno-ciencia se impone en detrimento de la ciencia (otros paradigmas científicos) y las culturas, los saberes que campesinos crearon y recrearon durante siglos de agricultura, como el de las semillas, las técnicas y las tecnologías apropiadas. Se suma así, otro modo de violencia, la epistémica ligada al modelo hegemónico de conocimiento; en palabras de Boaventura de Sousa Santos, se produce un epistemicidio, el exterminio de miradas, conocimientos generados durante siglos y probados incluso durante la “modernidad”. Siguiendo con el autor, la desaparición de esos conocimientos (semillas, por ejemplo), trae aparejada la subalternización de los grupos sociales cuyas prácticas se asentaban en tales conocimientos. La colonialidad del saber, “la violencia civilizadora”, caló hondo, e incluso en muchos casos, llegó a convencer de que es mejor la semilla comprada. Para decolonizar es necesario visibilizar esas violencias, siguiendo a Santos, desnaturalizarlas.
La ley se semillas habilitará el crecimiento de los OGM. El hambre y la inseguridad alimentaria se encuentran en relación directa con la pérdida de diversidad cultural y biológica de semillas y del campesinado que la recrea y son consecuencias de dicho modelo homogeneizador. Por ello, sabemos que el problema del hambre no se resuelve con producciones transgénicas, tecnología fallida (Vandana Shiva), insustentable en todos los órdenes.

La propuesta de convivencia es una falacia

Pareciera que quienes acuerdan con la convivencia están aceptando la propiedad intelectual, el patentamiento de las semillas y los transgénicos. Enorme contradicción dado que la soberanía alimentaria supone diversidad y la imposibilidad lógica de convivir con la monocultura. ¿Pueden organizaciones campesinas estar de acuerdo con la convivencia? Con esta aceptación no sólo la defensa del territorio quedará anulada sino la defensa del conocimiento propio sobre las semillas y fundamentalmente la defensa de la forma de vida campesina. ¿Cómo se puede elevar la bandera de la Soberanía alimentaria junto a la de los agronegocios con sus monocultivos transgénicos? En el anteproyecto de ley de semillas queda implícita la convivencia ya que habría agricultores familiares “exceptuados” de las exigencias de la ley.
La propiedad intelectual sobre las semillas, la legalización del patentamiento, implicará que los agricultores se transformen en arrendatarios del germoplasma. Por lo tanto criminalizará las prácticas de uso de las semillas que los campesinos detentan desde los comienzos de la agricultura: el derecho al libre almacenamiento, selección, mejoramiento, preservación e intercambio, o sea el derecho al “uso propio” de las mismas. Y esto es una afectación central en el anteproyecto que estamos discutiendo. Sólo aquellos que estén registrados podrán continuar con las prácticas enunciadas en el párrafo anterior.
En todo el mundo tenemos ejemplos de las dificultades de convivencia del campesinado y el agronegocio pero estas leyes de semillas las acentúan ya que mediante un sistema policial aseguran que las disposiciones se observen y permiten el decomiso y embargo de los cultivos y cosechas de quienes sean acusados de no cumplir con la ley. En relación con el ejemplo de Brasil, en los comienzos del gobierno del presidente Lula Da silva, se intenta una política de convivencia con dos instituciones involucradas: El Ministerio de Agricultura que se ocupa del avance de “agronegocios” y el Ministerio de la Reforma Agraria y el INCRA que es el órgano ejecutor. Durante el gobierno de Lula se paraliza el reparto de tierra y comienza una etapa de mejoramiento en la infraestructura de los asentamientos de campesinos ya logrados como política central. En nombre del “consenso” se paraliza la lucha del Movimiento Sin Tierra que había logrado un reparto importante en los gobiernos anteriores. ¿Por qué? Porque con el “agronegocios” el consenso, el diálogo, la convivencia significa la subordinación de los actores subalternos a sus propios intereses de expandirse territorialmente y conseguir ganancias y rentas.
Volviendo al tema del anteproyecto de ley de semillas en la Argentina, el régimen de “excepción” a sus exigencias nunca puede ser ventajoso para el campesinado ya que su correlato es la pérdida de autonomía, exponiéndose no sólo a sanciones sino a rupturas de lazos comunitarios con quienes no estén registrados o sea los “no exceptuados”. Esto producirá un serio daño en los mecanismos de reciprocidad y solidaridad que los campesinos sostienen en sus formas de vida rural y la continuidad de los saberes de producción y cuidados de la alimentación en su amplia acepción, en definitiva de la vida. Al perderse soberanía sobre el uso de las semillas se acentuará el riesgo de la seguridad alimentaria.

Violencia, conflictos y coexistencia de modelos

Como decimos en nuestro documento básico, “la llamada “coexistencia” orientó a los principales actores a conformar una “Mesa de Diálogo” convocada por el Estado (a través de la cartera de Agricultura Familiar) que reunió a las corporaciones del agronegocio con algunas de las más importantes organizaciones campesinas (entre ellas, el Movimiento Nacional Campesino Indígena) y representantes de la Iglesia. Este encuentro fue resultado de un nuevo clima cultural y político que habilita a través del diálogo (entre actores de muy distinta capacidad económica y poder político), el “consenso” y la “pacificación”. La historia está plagada de ejemplos que muestran la imposibilidad de estos encuentros pacificadores cuando lo que está en juego es la tierra y su “limitud”, las ganancias y abultadas rentas”.
Por las razones expresadas, si la ley se implementase, los conflictos se acentuarían. El cercenar el “uso propio”, dará lugar a una violencia (ej. casos de decomiso) aún mayor hacia el campesinado y ninguna legislación los amparará ya que, frente a la Justicia, prevalecerá la que favorece a la de los agronegocios.
Desde el siglo XX, con la crisis de la ingeniería social de la modernidad el concepto de “representación” quedó seriamente cuestionado. Nadie puede hablar por otro o como dicen los zapatistas “representar no es suplantar”. Quienes hablan hoy en nombre del campesinado parecen olvidar lo que la soberanía alimentaria significa y su incompatibilidad con la mentada convivencia.
El proceso que más conflictos genera es el avance de la frontera agropecuaria. La mejor manera de prevenir la violencia es acotar la producción de monocultivos transgénicos. ¿Pasa esto hoy en el país? Más bien todo lo contrario si recordamos las metas de producción sojera del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEA2). Más bien se tiende al despoblamiento del campo y a la homogeneidad productiva.
Por eso resulta paradójico que en el anteproyecto aparezca la palabra soberanía alimentaria, vaciándola del sentido original vinculado a la autonomía, a las decisiones campesinas de qué y cómo producir y alimentarse. Recordemos además que junto a las producciones violentadas se pierden culturas alimentarias y se impone el “malcomer” que analizó Soledad Barruti en su libro.

 

Resistencias

La defensa de formas de vida campesina se expresa en las actuales resistencias en distintos territorios y en propuestas de otros modos de vida, de producción y consumo, de otra alimentación, al considerarla como hecho social y cultural además de nutricional. Quienes resisten saben bien que no es posible la convivencia con los agronegocios. Por esa conciencia, en países como Colombia, Chile, Costa Rica, Guatemala, México también resisten a las leyes de semillas que instalan los transgénicos.
Y en Perú hay una moratoria, ya que se supone que los OGM afectarían la agrobiodiversidad. (a confesión de partes…) O sea, el principio precautorio es tenido en cuenta. Por ello, hasta los cocineros se oponen (recordemos que la cocina peruana se ha posicionado internacionalmente) ¿Cómo se podría avalar una ley que da por sentada la inocuidad de los OGM? (Recordamos que en Europa tampoco los quieren).
En nuestro país, desde distintos ámbitos surge un No a la ley de semillas, sin embargo no podemos dejar de remarcar que a diferencia de aquellos, en que los campesinos tuvieron un claro protagonismo, tal vez los encuentros de coexistencia mencionados hicieron su efecto sobre la población campesina. Sabemos de sus sufrimientos, por eso escribimos esto y decimos no a dichos acuerdos promesantes ya que nadie podrá cuidarlos de los avasallamientos mercantiles devastadores, salvo ellos mismos y con los apoyos de quienes defiendan realmente la vida. ¿La ley, sellaría los mencionados pactos de coexistencia?

¿Cómo se podría avalar una ley que contradice los objetivos de la soberanía alimentaria, de la autodeterminación de los pueblos en cuanto a una producción y alimentación nutricional y culturalmente adecuada? ¿No nos encontraríamos entonces, ante una imposición alimentaria?
En las ciudades se hace oír cada vez más el apoyo a esos otros modos de producir respetuosos de la vida, desde la semilla hasta el modo de llegar a la mesa. Por eso, al reclamar la libertad de las semillas, la autonomía de los campesinos, defendemos la continuidad de las formas vida elegida y de la alimentación adecuada, diversa y cultural en un país que supo tenerla y la está perdiendo. Un país que puede recuperar saberes, tradiciones actualizándolas y producir verdaderos y suficientes alimentos (no transgénicos) para garantizar nuestra soberanía alimentaria nuestra y la de las futuras generaciones.
Patricia Langlais y Norma Giarracca
Adherentes a la campaña “No nos patenten la vida”
Fuente: http://nonospatentenlavida.org/algunas-reflexiones-sobre-la-coexistencia-de-sistemas-agrarios-agronegocio-y-agricultura-familiar-en-la-ley-de-semillas-por-patricia-langlais-y-norma-giarracca/


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