sábado, 21 de enero de 2017

A 6 años de la masacre en el Indoamericano, preguntémonos qué mundo la multiplica.


  Es cuestionar "la seguridad" del capitalismo observando que
 
éste progresa contra la vida y la humanidad.
 
 
Estamos, los de abajo sin fronteras, ante el dilema de seguir dando consenso al sistema de quienes nos oprimen o de generalizar, entre nosotros,  la voluntad de emanciparnos. Con el fin de decidir reflexionemos sobre:
 
La guerra y la paz en el siglo XXI

20  de enero de 2017
Por Pablo González Casanova (Rebelión
(..)Pero baste con esos ejemplos para tener un desagradable e incómodo conocimiento de cómo es hoy la guerra en sus manifestaciones militares y paramilitares, y consideremos el hecho de que la guerra del siglo XXI está articulada al proyecto de globalización neoliberal y unipolar, en el que habiendo ya perdido sus promotores el añorado ideal de dominar los poderes, recursos y mercados del mundo, en asociaciones subalternas con las potencias que dominan en los cinco continentes, han perdido ya –quiera que no el “sueño americano”--, el dominio unipolar del mundo, y están perdiendo el sueño globalizador neoliberal, auspiciado por el complejo empresarial—militar—político y mediático que no pudo ni ganar las últimas elecciones a la presidencia de “América”, mientras han surgido y se han hecho sentir esos dos grandes bloques de países que se le enfrentan cada vez más al “Sueño”, encabezados por otras dos grandes potencias no menos ávidas de poder, riquezas y utilidades.

Así hoy puede afirmarse con suficientes elementos que el bloque original encabezado por Estados Unidos, al que con encontrados intereses se sumó una Unión Europea, en creciente y cada vez más patente desestructuración sobre todo desde el BREXIT y la separación de Inglaterra, ya no tiene más alternativa que encontrar un precario acuerdo de paz con los otros bloques o desatar una guerra que sería sin duda la última de la especie humana.
Los nuevos bloques que se han formado en torno a Rusia y China y que son 100% capitalistas, resultan tremendos e inevitables competidores en la lucha por los recursos de la tierra, por los mercados de trabajo, por los mercados de consumo, y por los puntos estratégicos necesarios para seguir con el juego de amenazas militares que se combina con el de las amenazas mercantiles.

Así, en la imposibilidad de describir otros desastres humanos que está provocando esta guerra global, y que nos convocan a otra política de paz también distinta, y muy distinta, no podemos sino decir que hay muchos otros daños y sufrimientos que ésta guerra integral provoca, como el mayor éxodo humano en la historia universal, o como las millonarias hambrunas y pandemias genocidas naturales y artificiales, derivadas de las acciones de un sistemático despojo de pueblos, comunidades y naciones así como de la difusión de virus naturales y artificiales que asolan sobre el mundo, y como el comercio a la vez legal y criminal de los transgénicos y la destrucción de los recursos terrestres uno por uno. Detenernos en ellos nos impediría analizar otra guerra más oscura que se da junto con esta doble la guerra y que se está dando en el mundo entero, que es la guerra financiera y económica del neoliberalismo globalizador.
Cobrar conciencia de la misma, nos permite ver hasta qué punto la guerra y la paz del siglo XXI también por la inmensa fuerza de este otro tipo de guerra son distintas de las anteriores y nos plantean de una manera que no se presta a dudas, el reto de que luchar por la paz implica necesariamente –y téngase la ideología que se tenga-- luchar por otra organización de la vida y el trabajo.

El neoliberalismo viene de Friedrich August von Hayeck y de Milton Friedman, con éste como tutor de los Chicago Boys, y con ellos, el principal asesor del tirano Pinochet. Ambos economistas dieron por muerta la ley del valor de Ricardo y otros clásicos, y preconizaron la reducción al mínimo de los impuestos a los ricos y de los servicios a los pobres. Friedman, escribió un artículo puritano titulado: “El deber de los negociantes es hacer negocios”, y en él quiso confirmar que no tienen ningún otro deber. Esa era su moral. Su pensamiento –como el de Hayeck— fue recibido con clamoroso entusiasmo por corporaciones y multimillonarios, que de sus tesis derivaron las nuevas políticas de “adelgazamiento del Estado” y del “Mercado Libre”.
Las fórmulas matemáticas que emplearon y de cuyo rigor se enorgullecían, tenían efectos secundarios directos e indirectos, centrales y laterales, buscados y no buscados, que necesariamente llevaban al enriquecimiento colosal de los super-ricos y super-poderosos. Ambos teóricos de “los ricos y los poderosos” obtuvieron “resultados” monetaristas y matemáticos descosificados, pensando y afirmando que correspondían a los conocimientos científicos más avanzados, y que de aplicarlos bien se iba de seguro a implantar “el milenio americano” y de paso a resolver los problemas del mundo.

Los principales actores de la globalización neoliberal reforzaron la unión estrecha de todos sus promotores y dispusieron que el “Complejo empresarial-militar-político y mediático” fuera el núcleo simbiótico para la toma de decisiones y la puesta en marcha del proyecto que “haría grande a América” y la colocaría por encima de todos con un poder Mundial unipolar. Las más variadas empresas e instituciones financieras, bancarias, políticas, militares, mediáticas de los países que participaran activamente en él proyecto serían los nodos de un entramado global, que abriría sus puertas al mercado libre, y aprovecharía las “inversiones libres de impuestos” y “los préstamos de intereses impagables”, para crear un inmenso entramado global con gobiernos que harían de los tratados de libre comercio su “nueva y verdadera Constitución” tendiente a legitimar y legalizar todo tipo de acumulaciones del gran capital, dejando por supuesto, que a los gobiernos neoliberales y a los negocios organizados se agregara por arriba el “poder en la sombra” de “los ricos entre los ricos”, y por abajo “el acicate del crimen organizado” en el que muchos de sus vástagos de sangre, egresados de Harvard y otras universidades ya eran de “la familia”, todo mientras en el mundo de la luz trabajarían con la mayor eficiencia y eficacia los empresarios, administradores, ingenieros y técnicos de élite, y los gobernantes, diplomáticos y políticos carismáticos, defendidos por un excelente comando militar del mayor ejército del mundo, y por servicios de seguridad superiores a los muy afamados ingleses, todos ellos auxiliados por funcionarios y empleados de alto nivel, y por las élites políticas del poder democrático y neoliberal, con sus enlaces en las distintas regiones y actividades de la nación y del mundo, bajo el “poder en la sombra” y en la luz. Para la realización eficiente y eficaz de sus objetivos muchos de sus ayudantes estarían altamente capacitados para manejar las técnicas de comunicación, de información, de mensajes y de organización, y otros estarían adiestrados en las luchas electrónicas, en la realidad virtual, en la publicidad de la democracia al estilo americano, aplicada como modelo global entre las variantes que se requirieran, pero que en todo caso contribuyeran a que la gente pensara que la solución a sus problemas es luchar por ese tipo de democracia y con ella y sus “representaciones”.
El doble manejo tecno-científico del poder en la sombra y del poder en la luz con el complejo empresarial-militar-político y mediático y sus múltiples agencias, permitiría dominar tanto “la realidad” como “el teatro”, tanto la verdad como la ilusión en sus rasgos clásicos y contemporáneos. Al mando del proyecto institucional –abierto o “reservado” por razones de seguridad— se encontraría desde luego el complejo empresarial—militar-político—y—mediático.
El llamado “Poder en la Sombra” no sólo se integraría por quienes efectivamente dominan, y lo encabezan que son los grandes billonarios de antigua sepa y los de nuevo ingreso en la especulación o la tecnología, sino se contrataría e invitaría a asesores y expertos del más alto nivel, así como a los potenciales candidatos a ocupar los más altos puestos públicos, del Presidente de la República para un poco abajo.
En la sombra de arriba a abajo, “el crimen organizado” se encargaría –con destacados banqueros —entre otras actividades— del “lavado de dinero” del comercio clandestino y de la administración de los “paraísos fiscales” que se ubicarían principalmente en Londres y Nueva York, pero también en Suiza, las Islas Bahamas, Panamá y varios países más. Sus contribuciones serían de la mayor importancia para el enlace de actividades que estarían a la luz de todos, y de otras que deberían permanecer en la oscuridad. Por su conducto no sólo se manejarían gigantescas sumas para la evasión de impuestos de los de arriba que de por sí se reducirían al máximo con las reformas neoliberales a las leyes fiscales; sino también circularían las fabulosas sumas que se emplean para armar y aprovisionar a los terroristas “moderados” que están destruyendo las infraestructuras y estructuras del Medio Oriente y el Sur de Asia, desde Afganistán hasta Siria pasando por Irak y Libia, lo que se hace no sólo por razones económicas como la posesión de recursos petroleros; o por la multimillonaria venta de armas y municiones que la industria militar produce, y que son motor de toda la economía, sino por razones estratégicas como las que se dan con el necesario control del Medio Oriente entre Europa y Rusia, o al otro extremo del mundo con el Mar de China, o que desde antes ya se dieron con el control de Europa del Este y los desprendimientos de la exURSS y de los países invadidos por ella como Polonia y Checoeslovaquia, o enfrentados a ella como Yugoslavia.
En la sombra también, pero con los de más abajo —impresentables—, el “crimen organizado”, al estilo de las corporaciones extendería sus redes, y dispondría de los recursos necesarios para organizar guerras como la de “los luchadores por la libertad” en Yugoeslavia, o como “La Primavera árabe” en el Norte de África, en las que destacan las de Egipto y Libia. “El crimen organizado” también tendría como actividades permanentes –con o sin el auxilio de las fuerzas civiles y militares- el hacerse cargo de las guerras de los terroristas y del narcotráfico, así como de la expulsión de comunidades, pequeños y medianos campesinos y propietarios de los sitios, terrenos, territorios, bosques y fuentes de agua de cuyos suelos y subsuelos se adueñan las corporaciones en su política de “acumulación primitiva”, “desposesión”, o despojo que con los “tratados de libre comercio” se han legitimado, tolerado o auxiliado, tanto en el terreno legal como en el legal-y-criminal, en que se juntan a escondidas gobierno y crimen organizado.
A este respecto es necesario darse cuenta que las anteriores actividades de la guerra neoliberal globalizadora se complementan con otras dos de la mayor importancia; una, que podríamos llamar la guerra blanda, y otra, que es la tradicional de los golpes de estado y las intervenciones militares, que cuando es necesario los acompañan o suplantan. La guerra blanda hegemónica se da en un proceso histórico de desestructuración del Estado-Nación metropolitano o dependiente en lo que concierne a sus instituciones, organizaciones y empresas públicas, centralizadas, descentralizadas y autónomas. Las armas y municiones de la guerra blanda que se emplea cada vez con mayor frecuencia son fundamentalmente financieras, con variadas combinaciones de las políticas de colusión, cooptación y corrupción, y de las acciones legales e ilegales, así como de aquellas de que se encargan destacamentos del crimen organizado y hasta grupos de gobernantes y sicarios que implantan las reformas estructurales con todo tipo de violencias contra los bienes y personas de los pobres a despojar.
En los estados del Sur o de la periferia del mundo –como México- e incluso en algunos estados desarrollados, el proceso de des-estructuración del Estado tiende a seguir los siguientes pasos:
1º. Una reforma fiscal que disminuye la carga impositiva de los sectores de altos ingresos y que se complementa con `procedimientos varios para la exención o la evasión legal o ilegal de impuestos.
3º. Un tratado de libre comercio con distintos compromisos que tienden a favorecer a las corporaciones frente a los medianos y pequeños productores nacionales.
 4º La desaparición del Banco Central y la pérdida de control de la política monetaria y crediticia que deja de estimular a los empresarios nacionales, y de controlar entre otros el valor de las divisas, nuevo objeto de saqueo por las corporaciones que devalúan la moneda a la hora de las compras y la revalúan a la hora de los pagos entre otras especulaciones que llevan a crisis espectaculares de los precios como la de recia en Europa y la de Venezuela en América Latina.
 5º. La lenta o abrupta desaparición de la banca gubernamental de fomento industrial.
6º. La disminución o cancelación de estímulos a cooperativas y empresas económico-sociales.
7º.La privatización y desnacionalización de los servicios de salud, educación y seguridad social.
 8. La privatización y desnacionalización de las fuentes e industrias energéticas del petróleo y la electricidad, así como de empresas mineras y portuarias.
9º.El creciente desequilibrio en el gasto público y el consiguiente endeudamiento externo del gobierno federal y de los gobiernos de estados, municipios y ciudades hasta un punto en que intereses y principal son impagables.
10º. En ese punto o un poco antes los prestamistas adquieren el derecho a supervisar la disposición y el uso del presupuesto nacional, y de los presupuestos de los distintos niveles de gobierno.
11º. La disposición de los créditos para adquirir bienes de consumo con exclusión de los de producción, en una política de doble negocio en que los prestamistas venden sus productos con lo que prestaron.
12º. La creciente entrega de recursos naturales del suelo y el subsuelo, de los mantos acuíferos y las playas, y de los sitios turísticos que pasan a manos de las corporaciones extranjeras mineras, agrícolas, industriales, comerciales y a sus cadenas con sucursales y empresas subrogadas.
13º. La solicitud de préstamos “buitre” para pagar intereses devengados e impagos.
14º. Las sucesivas y crecientes crisis financieras y monetarias que provocan fugas de capitales nacionales que superan el monto total del endeudamiento externo con los países prestamistas.
15º. La congelación y reducción de salarios directos e indirectos, mediante la privatización de servicios antes públicos, mediante la fijación de salarios mínimos de calculada depauperación, mediante procesos inflacionarios incontrolados, con lo que todas las medidas señaladas hacen víctima de las políticas neoliberales y localizadoras a la inmensa mayoría de la población, a unos por el despojo de sus tierras y recursos naturales, y otros por la reducción o anulación de salarios.
16º. El crecimiento derivado y sostenido de la población que se halla por debajo de la línea de la miseria, el aumento de la morbilidad y la baja de la esperanza de vida.
 l7º. El consecuente crecimiento de la represión y el auge la corrupción así como de las desigualdades entre los ricos que se vuelven más ricos y los pobres que se vuelven más pobres, hechos que se señalan una y otra vez en la academia y los medios y a los que no se presta la menor atención por los gobernantes nativos, con la idea de que “así es la vida”, o que “así es el capitalismo ”, y con la explicación de que semejante situación se da por “exceso de población”, o como efecto de la crisis mundial que limpia de culpa al gobierno nacional, o porque hay quienes nacieron para ganar y otros para perder; o porque los que sólo ven lo malo es porque son fracasados o se quedaron fuera del presupuesto y no ven lo bueno de la vida.
18º La política neoliberal globalizadora da lugar a derogación de facto o mediante actos ilegales que parecen legales de los derechos constitucionales, de los derechos sociales y de los proclamados derechos humanos individuales que excluyen el derecho a no morirse de hambre y otros parecidos
19º. La creciente vinculación de gobierno organizado (o desorganizado) y crimen organizado o mafioso, se denuncia y comprueba por jueces nacionales e internacionales sin el menor efecto de sanciones, frenos o cambios de política.
20º. El creciente predominio de la acumulación por desposesión y despojo de las tierras comunales y los pequeños propietarios del campo junto con la ausencia de créditos para el campo y el libre ingreso sostenido de semillas transgénicas, un crimen legal global permitido por el derecho nacional e internacional, que obliga a los campesinos a ser clientes permanentes de las corporaciones, pues las semillas que venden no se reproducen y el campesino pierde el control de la agri-cultura y sólo puede entrar en contacto con la tierra si se vuelve cliente de la corporación.
21º..El deterioro y la extinción de servicios públicos de salud, educación, seguridad social, etc.
22º. El desempleo creciente de personal no calificado, calificado y especializado y el surgimiento de la generación “nini” que no tiene ni educación, ni trabajo, ni futuro.
23ª.La proliferación del narcotráfico y otros delitos contra la propiedad y la persona, junto con la impunidad abierta y ostensible, e incluso ostentosa de los altos funcionarios que delinquen abiertamente.
24º. La destrucción o debilitamiento de las antiguas organizaciones populistas y la criminalización de las que genuinamente representan a los ciudadanos, empleados, trabajadores y campesinos.
25º. La mutilación política, moral, social, cultural, económica de los partidos políticos que pasan de ser instituciones de luchas programáticas e ideológicas, a convertirse en meros recursos para obtener empleos de elección popular; y que como partidos políticos se enfrentan a la alternativa de prometer la solución de problemas sociales y nacionales y no cumplir o bien de no ofrecer nada que no estén autorizados a pedir, con lo que abiertamente pierden incluso el papel que originalmente les tenía asignado el estado de ser mediadores de las demandas de la ciudadanía, y de colaborar en las políticas de conflicto y consenso.
Ni eso tienen y en su interior la des-estructuración intelectual, política y moral es el mayor estrago que la guerra financiera del neoliberalismo globalizador causa en sus integrantes y en una inmensa parte de la población, cuyas protestas y enojos, más que impulsados por una ideología político-social y orientados por un programa de acción pública nacional e internacional, viven y luchan pensando cuáles son las luchas que debe dar y las que no debe dar, cuándo, donde con quienes darlas y no darlas con tal de obtener puestos en el partido o en el gobierno, y reconocimientos y subsidios para el partido. Los estragos afectan a la oposición de izquierda y derecha y dan pie a que para obtener posiciones o puestos se junten aquí y allá una y otra con lo que se extiende la des-estructuración ideológica, programática y ética, por más que algunos de sus miembros den amplias muestras de valentía, de no robarse ni haberse robado nada, y de ser fieles a sus antiguas ideologías.
El fenómeno da origen a lo que alguien llamó “inmediación violenta” y es como una derrota de países, partidos y ciudadanos, de campesinos sin tierra ni uniones, de obreros sin qué comer ni sindicatos que los defienden, de jóvenes sin juventud ni vida, que son los que más resisten y entre los que surgen los nuevos movimientos emancipadores con varios de ellos – como los de l968, o como los del 26 de julio en Cuba , o como los de los indios mayas zapatistas en el Sureste mexicano, que aportan nuevos valores y metas a la emancipación revolucionaria o radical que hace suyas las banderas de la Libertad, de la democracia con pueblos soberanos, de la justicia personal y social, de la autonomía de las regiones insertas en los estados nacionales, del respeto a todas las razas y religiones o creencias laicas, y a la democracia con el poder soberano de los pueblos y los trabajadores, metas y valores que en Occidente vienen de los profetas y cristianos de Israel, y que más recientemente con la teología de la liberación hacen suyas las metas socialistas y del comunismo no estatal sino del que se emparienta con sus clásicos marxistas con la solidaridad de comunidades y comunas que luchan en una sociedad considerablemente distinta en sus medos y relaciones de producción y de emancipación.
Mientras tanto en el sistema de dominación y acumulación actual se da una situación de desarrollo cero, de democracia cero, y algo muy semejante a la situación de los países que antes perdían la guerra en los campos de batalla y ahora también pierden las batallas en el campo financiero y sus enramados de corrupción y represión, con consecuencias muy graves en la moral pública que anda muy baja, y como destrozada por la corrupción y la represión estructural que acompaña a este modelo de variada guerra, que en el corto plazo sólo genera como respuesta , entre pequeños movimientos y grupos insumisos de crecimiento exponencial, una nueva moral de lucha, cooperación, compartición, libertad y democracia.
El hecho es que mientras eso ocurre en la inmensa mayoría de los países de la Tierra se esbozan dos mundos emergentes, uno en que aparece la crisis de globalización misma y en que por todo el mundo surge una nueva extrema derecha que combina el autoritarismo de los líderes musolinescos que con la organización de bases de apoyo y algo parecido y distinto de las camisas negras. Que surge de buena parte de las clases trabajadores depauperadas y en los propios países metropolitanos. El fenómeno se da cada vez más en Europa y a últimas fechas en los propios Estados Unidos. Con su aparición vienen viejas amenazas de declarar a los países dependientes como Estados Fallidos o como Estados Canallas, y a ellas se añade la derogación de los Tratados de Libre comercio y la emigración de los capitales industriales a su lugar de origen dizque para dar empleo a sus trabajadores, y si se van las empresas industriales con ese supuesto fin ni por asomo se piensa en que se vayan las corporaciones petroleras, mineras y muchas otras que explotan los recursos naturales renovables y no renovables.

Trazar el perfil de las tendencias —en estas condiciones— es particularmente difícil, aunque por lo pronto se advierte que tanto el capitalismo neoliberal como el capitalismo de Estado están en crisis o tienden inevitablemente a la crisis. Para analizar esta crisis y pensar en términos de alternativas que sean útiles a una nueva lucha por la paz en el siglo XXI será necesario tomar en cuenta varios hechos que no son agradables, que incluso son incómodos y que tendemos a descalificar o negar consciente o inconscientemente.
Enuncio algunos de los principales, cuyo conocimiento “en activo” pienso que debe ser la tarea de la comunidad científica internacional organizada y no organizada, en su lucha por la paz.
Hoy la lucha por la paz debe estar vinculada a la lucha por el conocimiento de la grave crisis por la que atraviesa un sistema cuyo atractor principal es la maximización de poder, de riquezas y de utilidades. Al análisis profundo de las soluciones necesarias y posibles tendrá que preceder un reconocimiento y denuncia de los graves problemas de ecocidio que nos amenazan y en los cuales destacan:
1º. El peligro de una guerra nuclear en una situación, que en estos días se encuentra en condiciones parecidas a las de la Guerra Fría con la movilización militar promovida los Estados Unidos y la OTAN en las fronteras de Polonia con Rusia, y con el desconocimiento por el presidente electo de Estados Unidos de la unidad territorial de China, políticas ambas que debería detener cuanto antes la nueva administración norteamericana, a reserva de acordar medidas más duraderas con las potencias nucleares para que saquen del tablero la “Guerra de destrucción mutua asegurada”, hoy varias veces más peligrosa que cuando fue definida así desde la segunda mitad del siglo pasado
En 2º lugar es necesario destacar que los peligros del cambio climático, y otros fenómenos de destrucción de la tierra y de la biósfera, lejos de ser una “creencia” con fieles y descreídos son consecuencia de un fenómeno que no puede ser resuelto por un sistema cuyo atractor principal es la maximización de utilidades, riquezas y poder.
En 3er. Lugar es ineludible plantear como problema científico central la organización de un mundo en que, con la democracia y el respeto a las diferencias de religión, sexo, edad o raza, - prevalezca la soberanía de los pueblos, de los trabajadores, las comunidades y los ciudadanos, objetivo que en Occidente surgió desde la revolución francesa, y para el que no sólo tenemos la praxis o práctica de la creación histórica en Cuba y en La lacandona de los indios 
La lucha por la paz hoy implica no dar por terminada la gran batalla liberadora que en el mito inició Prometeo. Implica recordar al mismo tiempo aquel otro mito en que al abrir Pandora la caja que contenía todos los males del mundo quedó sin embargo la esperanza, esa virtud teologal que mueve montañas.
Y al llamado de las emociones será necesario añadir en nuestra lucha la necesidad de investigar histórica y empíricamente, con la teoría crítica de las ciencias de los sistemas complejos, autorregulados y creadores, con ambos, el mundo moral organizado como fuerza emancipadora en la lucha, la cooperación y la compartición.
 
 
Apreciemos la siguiente convocatoria de nuestra época: "es ineludible plantear como problema científico central la organización de un mundo en que, con la democracia y el respeto a las diferencias de religión, sexo, edad o raza, - prevalezca la soberanía de los pueblos, de los trabajadores, las comunidades y los ciudadanos". Pero situándola en el enfrentamiento concreto entre los dos foros mundiales que se explican a continuación.
 
 
 
Foro Económico Mundial: Un evento clasista, tú no estás invitado
21  de enero de 2017
Por Aníbal Garzón (Rebelión

Del 17 al 20 de enero se han celebrado en la fría ciudad suiza de Davos más de 400 reuniones multilaterales con la participación de cerca de 3000 asistentes, cerca de 40 Jefes de Estado. Este evento anual, inaugurado en 1971 y bautizado como el Foro Económico Mundial (FEM) por el economista alemán Klaus Schwab, concentra a diferentes personalidades de la élite económica, política, y académica de la esfera internacional, para debatir sobre diversas áreas de su interés particular. El FEM es considerado el acto económico internacional, no gubernamental, del año en el que se debate sobre la construcción y hegemonía de la Globalización Neoliberal fortalecida en la escena global tras la caída del bloque comunista en 1991.
El FEM de 2017, titulado "Liderazgo responsable y receptivo", se ha movido bajo un supuesto bienestar coyuntural de la élite mundial para preservar su espacio de poder. Los mercados bursátiles viven su auge, el precio del petróleo volvió a subir los últimos meses de 2016, y el principal mercado mundial, China, no presenta una desaceleración económica. Aún así, hay ciertas incertidumbres en mercados como el estadounidense y el británico, salpicando a la institucionalidad de la desorientada y poco soberana Unión Europea, por la victoria electoral del "proteccionista" Trump y el Brexit. Además, se han puesto en la mesas el debate e inquietudes sobre los mal etiquetados populismos del Siglo XXI, la fuerza de nuevos nacionalismos elitistas frentes al mercado global. El evento del FEM en 2017 marcó un hito histórico ya que por primera vez un Presidente de la República de China, Xi Jinping en la actualidad, estuvo presente y fue acompañando por su colega británica Theresa May, el magnate Bill Gates, el Vicepresidente saliente estadounidense Joe Biden, la directora del FMI Christine Lagarde, o al Premio Nobel de Economía y exdirector del BM Joseph Stiglitz. 4 temas fueron los ejes centrales este año; fortalecer la colaboración mundial (sin perder nunca la hegemonía occidental y reproduciendo el Norte y el Sur), el crecimiento económico (hablando de macroeconomía y PIB, y no de desigualdad social y el crecimiento del cuarto mundo), reformar el capitalismo (nunca destruirlo o superarlo) y prepararse para la cuarta revolución industrial tecnológica (sin hablar de sostenibilidad ambiental y las nuevas injerencias por materias primas).
Una vez más, el falso debate no sólo fue de un exceso de contenido homogéneo ideológico neoliberal sino también de presencia de exclusividad clasista. Para poder estar en este evento como invitado se tiene pagar 20.000 euros o hasta 100.000 euros si es "categoría diamante" al acudir a conferencias y actos de alto nivel exclusivo. Algo impensable para cualquiera que pertenezca al "99% de la población", titulo que bautizó el movimiento Occupy Wall Street diferenciando entre la creciente mayoría de pobres y la minoría hermética de ricos. Una desigualdad, que según el último informe de la ONG Oxfam titulado "Una economía para el 99%", las 8 personas más opulentas del mundo tienen la misma riqueza que el 50% de la población, sumando la más desfavorecida, es decir, 3.600 millones de las personas más pobres del mundo1. Un ejemplo estatal es el caso de España, señalando Oxfam que mientras creció en 2015 el PIB nacional la desigualdad aumentó drásticamente. Los 3 españoles más ricos tienen la misma riqueza que el 30% de la población más pobre2, y desde 2008 España fue el segundo país de Europa, detrás de Chipre, que creció más la desigualdad. España un gran cumplidor de los ejes de la globalización neoliberal del FEM.
La pregunta a todo esto. ¿Quién del 99% de la población participó en el FEM? ¿Quién de los que realmente padecen la crisis económica de 2008 sin ser culpables de ella, tienen representación en el Foro? ¿Dónde está el desempleado o "precariado" europeo que sufre las consecuencias de la austeridad y flexibilidad? ¿Dónde está el o la joven que no puede comprar, o incluso alquilar, una vivienda digna y cada vez menos estudiar en una universidad? ¿Dónde está el indígena que sufre el daño ambiental, y el cambio climático sin seguridad, por culpa de la intervención de una multinacional en su comunidad? ¿Dónde está el campesino que no puede hacer frente a un Tratado de Libre Comercio? ¿Dónde está el refugiado que padece el frío en algún campamento, o vio morir a algún amigo en el Mediterráneo, al huir de la injerencia militar o económica occidental en su país? ¿Dónde están las mujeres que son "trata de blanca" y sufren explotación sexual? Y en definitiva, ¿dónde está representada la verdadera plural comunidad internacional? En un evento con más de 30000 personas de una misma clase social, con unos mismos intereses económicos y políticos, más allá de debatir y construir soluciones de los problemas de la mayoría, los objetivos se enfocan, una vez más, en cómo sostener un modelo, cada vez más insostenible, para sus beneficios.
Justamente, existe una experiencia alternativa y contestataria a la hermenéutica clasista del FEM y su ideología neoliberal, el Foro Socia Mundial. Nacido en 2001 en Porto Alegre, en el país sureño de Brasil a la vez de cuando se celebraba el FEM de ese año en el país norteño de Suiza. Se han organizado hasta el momento 15 encuentros internacionales anuales en diferentes continentes del Sur Global, y algunos descentralizados como el Foro Social Europeo, con la excepción de realizarse el año pasado por primera vez un Foro Social Mundial en el Norte (Montreal-Canadá) con 15.000 participantes de más de 120 países. En estos foros participa la representación del 99% de la población, y pese a sus costes económicos y organizativos durante los 15 años no han existido barreras para participar cualquier organización social de cualquier nación para hacer el FSM un evento sostenible, participativo, transversal y democrático, donde la ciudadanía puede acudir sin sufrir la exclusión de clase social como en el FEM hace, donde lo pagable es impagable para el 99%. Un evento con la participación de organizaciones internacionales como ATTAC, Vía Campesina, o líderes académicos de gran prestigio como Noam Chomsky. Y donde se pone en duda la hegemonía del neoliberalismo desde una visión de pluralidad universal, y no sólo bajo el economicismo salvaje. Desde la óptica cultural indígena y los problemas del cambio climático, a la visión campesina y el impacto de los Tratados de Libre Comercio en sus producciones, hasta las mujeres trabajadoras padeciendo el patriarcado colonial y mercantilista, los y las sindicalistas sufriendo la explotación laboral de multinacionales industriales en el Sur o en el Norte, o los emigrantes y refugiados obligados a traspasar fronteras muchas veces sin ninguna seguridad. En definitiva, una evento del sentido común.

Dos Foros Mundiales, el económico y el social, desenmascaran la disputa actual del Sistema Mundo y hacia dónde se proyecta el futuro según el modelo que se implemente; el hegemónico o el alternativo. El foro donde participa una minoría clasista (1%) para debatir y definir como obtener la mayor cantidad de beneficios particulares a corto plazo de los recursos limitados internacionales midiendo sus logros con el PIB, o el foro de una mayoría (99%) para concretar como conseguir un beneficio del Bien Común usando indicadores como el Coeficiente de Gini, entre otros, y midiendo la sostenibilidad ambiental para las nuevas generaciones.
Notas:
Blog del autor: Leyendo el Mundo en Tus Manos
 
 
Advirtamos cómo el capitalismo no sólo instaura la sociedad crecientemente vigilada sino también expande el apartheid social.
 
 
 
Hacia un modelo de apartheid social
7 de enero de 2017
Por Iosu Perales (Rebelión
Nos encontramos ante un cambio de época. El pacto europeo que dio lugar al estado del bienestar está pasando a mejor vida. Paulatinamente avanzamos hacia un modelo de sociedad alejado del que hemos tenido los europeos tras la segunda guerra mundial, para dar paso a una sociedad del apartheid que se distingue por aumentar las desigualdades y dejar fuera de una protección decente a millones de personas. Este cambio se viene produciendo con el viento a favor de un tipo de globalización que todo lo explica, aunque sea de modo confuso, y que está dando lugar al vaciamiento de la democracia y el desplazamiento de la política, colocando en su lugar a poderes en la sombra, económicos naturalmente, que son los que realmente deciden sin haber sido votados.

Para que el cambio de modelo se pueda hacer con la menor oposición, los cerebros intelectuales del nuevo poder idearon la inducción de una crisis que actúa como comodín que todo lo justifica y produce, además, un estado de parálisis en nuestras sociedades. Nunca se ha hablado tanto de crisis: financiera, ambiental, social, de seguridad… Pareciera que la crisis ha pasado a ser una variable independiente que todo lo explica. Se recortan los salarios y es por la crisis. Se recortan los gastos sociales y es por la crisis. Se privatizan servicios y es por la crisis. Crece de manera brutal el trabajo precario y es por la crisis. Se devalúan las pensiones y es por la crisis. La crisis que lo justifica todo pareciera que no tiene solución alternativa. Se instala en el centro de nuestro pensamiento y nos impide elaborar soluciones sociales, otro modelo, nos deja encerrados y dejamos de pensar. Nos la presentan como tan evidente que nos resignamos y nos colocamos en la posición personal de “perder lo menos posible”. El rumor de que hay que aceptar la crisis y las “soluciones” austericidas de los gobernantes que trabajan por encargo nos deja maniatados. Moverte activamente en contra puede conllevar la pérdida de algo que aún conservamos. Grecia lo intentó y sabemos el resultado.
Pero resulta que hay dinero, mucho dinero. ¿Dónde está? Sabemos que por todo el mundo aumentan los multimillonarios. Esta estirpe nunca estuvo mejor que con la crisis. ¿Para quién es la crisis?
Decir que la crisis fue organizada no es una afirmación excesiva. Lo fue. El colapso de la burbuja inmobiliaria desencadenó la crisis de los bancos, primero en Estados Unidos en 2006, contagiándose después al sistema financiero internacional, causando una crisis de liquidez y derrumbes bursátiles. De pronto la histeria y el miedo se extendieron por las sociedades europeas. Nos anunciaron que si no queríamos perder los depósitos de ahorro había que salvar a los bancos y es lo que se hizo en medio de una crítica social que fue apagándose. Con semejante escenario de crisis no fue difícil para los amos del mundo disciplinarnos. Nunca fue tan complicado pensar una alternativa. Fue obligación de la socialdemocracia europea hacerlo, pero en lugar de ello dio pasos atrás, resignada a la derrota y preparándose para ser aceptada por los arrogantes poderes. Son muchas las realidades que criticar pero nunca ha sido tan difícil tener un marco teórico de modelo económico y de sociedad alternativos.
Pero ¿hacia qué sociedad vamos en este cambio de época? Boaventura de Sousa Santos, sociólogo y politólogo portugués alerta de que marchamos hacia un régimen social y civilizacional que sacrifica la democracia a las exigencias del capitalismo. Sitúa las pruebas de lo que afirma en cuatro hechos: el primero es el apartheid social, la segregación de los excluidos; el segundo es la usurpación de las prerrogativas del Estado por parte de actores sociales muy poderosos; el tercer hecho consiste en la manipulación discrecional de la inseguridad de las personas y grupos sociales vulnerables debido a la precariedad del trabajo, lo que desemboca en una ansiedad crónica; el cuarto hecho es el fascismo financiero que controla los mercados y una economía de casino.
Lo que Boaventura de Sousa Santos llama fascismo social en su libro “Sociología jurídica crítica. Para un nuevo sentido común en el derecho”, es un régimen caracterizado por relaciones sociales y experiencias de vida bajo relaciones de poder e intercambios extremadamente desiguales, que se dirigen a formas de exclusión particularmente severas y potencialmente irreversible.
Sinceramente, la calificación de fascismo social es tan brutal que mis limitados conocimientos no me permiten asumirla sin más. Pero en todo caso es útil para el debate sobre cuál es el modelo de sociedad al que vamos. Lo que si tengo claro es que el rumor desmovilizador que afirma que nunca recuperaremos lo que queda atrás y que el futuro está marcado por el paisaje neoliberal que es la forma más salvaje de capitalismo, es sólo eso, propaganda. Seguramente no se trata de retornar al pasado sino de construir algo aún mejor.
Pero lo cierto es que estamos dando pasos a un escenario desconocido en Europa, pero también a nivel planetario, donde la gente queda a merced de su suerte, progresivamente fuera de los cada vez más estrechos servicios sociales, haciendo buena la idea de predestinación. Y no es que yo niegue algunos avances en países africanos, latinoamericanos y asiáticos, que han mejorado los índices de pobreza y de alfabetización, la lucha contra algunas enfermedades epidémicas y en los derechos de las mujeres. Pero estos progresos son poca cosa cuando los comparamos con los males del modelo que se va imponiendo. Dicen quienes saben que si de los 26 billones de euros que se dedican anualmente a las armas, se utilizaran la mitad para acabar con el hambre en el mundo, su erradicación sería posible. Sin embargo el modelo social al que nos llevan prefiere dar la espalda de cientos de millones de seres humanos cuyo destino es la miseria perpetua.
Pongamos que el calificativo de fascismo social es exagerado. De acuerdo. Pero, ¿qué nombre le ponemos al abandono de miles de refugiados que tocan las puertas europeas, y sobreviven y mueren en campos de internamiento, cuando no se hunden en el Mediterráneo? ¿qué nombre le ponemos a las guerras programadas para dar salida al enorme negocio de los fabricantes de armas? ¿cómo podemos llamar a la dronificación del poder que mata sin correr riesgos? Desde 1945, fin de la segunda guerra mundial, están muriendo hoy en las guerras más civiles que militares. Pongamos un calificativo a esta barbarie, cada cual el que quiera.
Una nota final. En este artículo dibujo un escenario general, mundial. Sin lugar a dudas de las ciudadanías concretas dependerá su destino. En Euskadi, las instituciones, los sindicatos, los partidos políticos y por supuesto la sociedad, mantenemos hoy por hoy una notable conciencia social que nos hace estar alertas. El modelo de apartheid social no es inevitable. Se puede vencer. Para ello hace falta cohesión social y luchar incansablemente por todos los derechos de todas y de todos. Y que las instituciones sean leales al pueblo. Una buena medida en Euskadi sería la Renta Básica Universal, con ella se blindaría un suelo de igualdad frente al movimiento general de desmontaje del estado del bienestar.

   

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