miércoles, 4 de septiembre de 2013

Comunicación desde los indígenas de Chiapas

"A partir de Chiapas se gestó una de las redes pioneras en el activismo transnacional".

El Zapatismo y la Red Transnacional
Por Guiomar Rovira 
Número 47 Revista Razón y Palabra
El levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el primero de enero de 1994 en el sudeste de México, encontró resonancia más allá de las fronteras del país y generó una red de solidaridad transnacional que significó algo más que el apoyo material o político a una lucha mexicana. El zapatismo de los indígenas de Chiapas funcionó como un referente simbólico para una nueva generación de movimientos sociales difíciles de caracterizar, sostenidos en redes, geográficamente dispersos, difusos, multitemáticos, intermitentes y no organizados formalmente. Son las redes del altermundismo que emergerán en Seattle en 1999, adquirirán visibilidad en las manifestaciones contra las instituciones económicas internacionales, en los foros sociales mundiales y en las protestas globales contra la guerra.
El estudio de las redes del zapatismo transnacional nos permite una aproximación a nuevas formas de acción política sostenidas en estrategias de comunicación transnacionales y a la vez nos obliga a pensar en el papel condensador del indígena como metáfora de la exclusión en tiempos de globalización y símbolo de la resistencia.

La multidimensionalidad del zapatismo

El zapatismo aparece desde 1994 interpelando varios niveles de localidad: por un lado, a nivel local enfrenta con las armas a los caciques, a los ganaderos, a los coyotes, pone sobre la mesa el problema de la tierra, la miseria y la violencia estructural sufrida por tzotziles, tojolabales, choles, tzeltales y mames de Chiapas durante de siglos. Pero no se limita a eso, el EZLN desafía al estado mexicano: declara la guerra al gobierno y exige “democracia, libertad y justicia”. Atenta contra el imaginario colectivo del país y al racismo subyacente en la construcción del estado nación. Tampoco se detiene en ese ámbito y desde el primer día del levantamiento armado, que coincide con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, los zapatistas enmarcan su lucha en un nivel global contra el neoliberalismo, al que tachan de “sentencia de muerte para los pueblos indígenas”.

Alrededor de estas causas esgrimidas con el levantamiento armado del primero de enero de 1994, surgen diversos actores colectivos que darán forma a lo que ha sido el zapatismo a lo largo de estos años. Por un lado, sale a la luz el principal protagonista: el EZLN, una organización político militar con amplia base popular en Chiapas, fruto del encuentro entre un núcleo de guerrilleros urbanos y las misérrimas comunidades indígenas de Chiapas, altamente politizadas por sus distintas experiencias organizativas y por la labor de una pastoral liberadora.
Por otro lado, a partir del alzamiento armado, sectores heterogéneos de la sociedad mexicana y también de otros países del mundo se movilizan para evitar una solución militar contra los indígenas alzados. Se trata de individuos, organizaciones y movimientos solidarios que marchan, debaten y actúan en sintonía con los indígenas rebeldes de 1994 en adelante y que vamos a denominar zapatismo civil ampliado1 . Dentro de éste convergen actores mexicanos y de otros países. Hablaremos entonces de zapatismo civil ampliado mexicano y de zapatismo transnacional2 para diferenciarlos analíticamente.
  • El zapatismo civil ampliado mexicano en su gran diversidad como movimiento social disperso, tuvo que tomar postura, enfrentar problemas y librar batallas políticas concretas en el país, no siempre con la mejor fortuna. Fueron quienes marcharon en las calles de las ciudades de México en enero de 1994 por un alto al fuego, quienes respondieron a las iniciativas del EZLN como la Convención Nacional Democrática, o el Movimiento de Liberación Nacional para derrotar al PRI, quienes organizaron y promovieron las consultas ciudadanas, la acogida y la logística de las marchas y caravanas de los indígenas rebeldes; quienes recabaron fondos y organizaron debates; quienes participaron en los Diálogos por la Paz entre el gobierno y el EZLN del lado rebelde en San Andrés Sacam´chen de los Pobres entre 1995 y 1996; quienes pensaron y escribieron sobre racismo, sobre indigenismo, sobre autonomía; quienes como estudiantes se fueron a las caravanas de ayuda, a las marchas, a los conciertos, quienes recogieron la iniciativa de formar el Frente Zapatista de Liberación Nacional y quienes dieron vida al Congreso Nacional Indígena a partir de la primera mesa del diálogo por la paz.
     
  • Como actor diferenciado del anterior aparece el zapatismo transnacional3 , pues no opera en el mismo terreno; puede acompañar los procesos, pero está exento de las contradicciones que minan el zapatismo civil mexicano más obligado a tomar postura en la coyuntura y ceñirse a la realidad compleja nacional. El zapatismo transnacional se teje como una red donde conviven una gran variedad de interpretaciones simbólicas, de acuerdo a los procesos locales y las luchas de los lugares donde tiene sus nodos. Los distintos colectivos, grupos y movimientos que se solidarizan con los zapatistas, se llevan una idea muy suya de Chiapas a su propio terreno, desencadenando concatenaciones de sentidos con amplia libertad interpretativa. La lejanía geográfica abre posibilidades para la apropiación del discurso zapatista a realidades y tradiciones activistas diferentes. Se produce entonces un estallamiento del símbolo originario, la rebelión del EZLN, en múltiples significados, de acuerdo a las necesidades políticas de los actores involucrados. El EZLN por su parte cuidará no buscar una definición estricta de su posicionamiento político que excluiría automáticamente a muchos de los implicados en la red transnacional, en la que encuentra un arma imprevista a su favor.
El zapatismo transnacional puede existir como tal en esa convergencia laxa de lo múltiple precisamente porque es una red. Las redes son relaciones entre actores sociales que se distinguen de otras formas de confluencia de individuos como serían las coaliciones, los movimientos o lo que ha venido a llamarse sociedad civil, puesto que son formas de organización que se caracterizan por patrones de comunicación e intercambio voluntarios, recíprocos y horizontales (Keck y Sikkink, 1998). En el caso del zapatismo transnacional, lo que une a los actores es el intercambio y la circulación de información para la acción solidaria. Es en este sentido que el Internet, al igual que otras herramientas para la comunicación, como el fax, el teléfono o el correo, juegan un papel relevante como infraestructura del propio movimiento. En el zapatismo, al igual que en el altermundismo, el Internet jugará un papel clave como medio que facilita la aparición de este tipo de relaciones reticulares a lo largo del planeta y se dirá que Internet es más que un medio4.
La red del zapatismo transnacional asume como principal motivo de existencia vigilar que no se aplique una solución bélica a la rebelión de Chiapas. Se constituye a partir del flujo espontáneo de comunicados, noticias, discursos y denuncias sobre las condiciones de vida de los indígenas en Chiapas. Correspondería a lo que Keck y Sikkink (1998) llaman una “red transnacional de defensa”5. Actúa como una parte agregada y nueva en el conflicto, lo reinterpreta, lo “enmarca” para hacerlo accesible a diversos contextos sociales, lo legitima ante la opinión pública local y se moviliza para presionar al gobierno mexicano. Logra una capacidad transnacional de acción que será usada como un recurso a favor de los rebeldes chiapanecos. Así el EZLN obtiene una influencia a la que no podría aspirar por su propia cuenta en el ámbito nacional.
La zapatista es una de las primeras redes transnacionales de solidaridad que usa Internet como instrumento para el activismo radical, y que promueve y se diluye en el rizoma de las redes globales del altermundismo, donde convergen en el rechazo al capitalismo mundializado muchas redes transnacionales multitemáticas que van desde la defensa de la soberanía alimentaria, las luchas contra la discriminación racial, los anarquistas, ecologistas, campesinos, indígenas, organizaciones no gubernamentales de todo tipo, derechos humanos, mujeres, etc.

Una red activista para el zapatismo

Las resonancias y repercusiones del ¡Ya basta! de los indígenas de Chiapas escaparon en mucho a lo que ellos mismos habían previsto. Uno de los efectos “colaterales” de la guerra fue que los periodistas y los activistas que obtenían los comunicados del EZLN, a veces simplemente porque tenían acceso a la prensa mexicana –principalmente los periódicos Tiempo, El Financiero,La Jornada y el semanario Proceso-, los mandaban por fax, o hacían la labor de tipógrafos y los transcribían completos en Internet, los forwardeaban a sus conocidos o a sus compañeros de lucha. En 1994 la World Wide Web cumplía un año de existencia, y el uso de Internet se extendía exponencialmente entre determinados sectores de la población mundial, principalmente en las universidades y entre los periodistas. La primera página electrónica sobre Chiapas, la que lleva por cuyo título hasta hoy: “Ya basta”, con dominio ezln.org, la crearon por su cuenta y riesgo dos estudiantes de Estados Unidos, los hermanos Paulson. De repente, surgieron también quienes espontáneamente y de forma anónima traducían los comunicados y las notas a multitud de lenguas y los difundían mediante forwards y listas de emails.
Es importante recalcar el hecho de que la red zapatista surgió de la iniciativa espontánea de activistas y reporteros. No fue, como a veces se ha señalado, organizada por un subcomandante Marcos conectado en algún lugar de la espesura de la selva, donde no llega el teléfono ni hay cobertura para los teléfonos móviles, tampoco hay electricidad. No fue hasta 1999 que el EZLN creó una Web “oficial”, con motivo de la Consulta por los Derechos y la Dignidad Indígena. Pero ni siquiera en este caso logró competir con la riqueza de contenido, anuncios e informaciones de las del zapatismo transnacional.
Una causa local, sin preverlo, provocó la gestación de una red extensa, sin cabeza ni órgano rector, espontánea y auto organizada, donde el EZLN funcionó como nodo de especial influencia. La voluntad extendida de defender el ¡Ya basta! de los indígenas de Chiapas permitió ensayar un marco común para la movilización concertada de una miríada de movimientos y grupos.
La red genera varios niveles de activismo: desde el que se mantiene esporádicamente informado, el que se informa continuamente y difunde la información entre sus allegados, el que opina a veces pero no se moviliza en las calles, hasta los que conforman el grupo activista de tiempo completo generador de información. La resonancia necesaria unos y otros no obliga a un acuerdo total, pero sí un entendimiento para la acción. En ese sentido, los programas no pueden fijarse como tales, sino como plataformas abiertas a la participación en todo nivel de involucramiento, no necesariamente constante. Ahí reside su fuerza, pero también su posible debilidad organizativa.
En la red del zapatismo transnacional habría distintos niveles en la generación y difusión de la información: en el centro, están las comunidades indígenas y los discursos del EZLN. A su alrededor, en un segundo nivel, están quienes elaboran la información en Chiapas para su difusión, que son: los medios de comunicación, entre los que destacan periódicos y revistas mexicanas (La Jornada, Proceso, Tiempo y El Financiero6 ), pero también medios extranjeros con corresponsales en Chiapas; las organizaciones no gubernamentales mexicanas y extranjeras instaladas en Chiapas; los activistas y los miembros de colectivos de solidaridad que acuden a las comunidades zapatistas y elaboran denuncias e informes.
Los mensajes procesados en este nivel pasan a ser distribuidos por los actores especializeados en distribuir todos estos relatos y que no necesariamente se encuentran localizadas en Chiapas: páginas Web nacionales y extranjras (donde destaca la página ezln.org, fzln.org, enlacecivil.org y todas las páginas de los comités de solidaridad y que implican traducción a distintos idiomas); las listas de correo electrónico, como Chiapas957organizada por el grupo Acción Zapatista de Austin, Texas, y que contaba en el año 2000 con 750 suscriptores, o la del Frente Zapatista: fzln-l; el e-mail y forwardeo de mensajes a amigos, conocidos y otros.

Los mensajes difundidos por estas vías llegan a múltiples receptores dispersos geográficamente que distribuyen la información en su ámbito local, en sus propias publicaciones, radios, revistas o eventos, y que forman parte de los grupos que están pendientes de lo que ocurre en Chiapas para movilizarse. Estos actores mantienen lazos de interacción con otros y cuentan con varias fuentes de información, desde los activistas en Chiapas, hasta las distintas suscripciones a listas electrónicas o la navegación por las páginas Web sobre el tema. A su vez, estos nodos locales de colectivos de solidaridad o grupos vigilantes envían la información cuando así lo consideran necesario a receptores transitorios que no dedican atención constante al tema, sólo en determinadas coyunturas, pero están decididos a apoyar si son requeridos. Un ejemplo serían los intelectuales y los políticos a los que los comités de solidaridad recurren para presionar al gobierno mexicano; así como todos los demás grupos y movimientos sociales del lugar que están dispuestos a movilizarse cuando la situación es de alarma en Chiapas.
Con información accesible, los grupos de la red zapatista se pueden activar cuando surge la necesidad, pero también pueden trabajar de forma autónoma en sus propios espacios en tiempos que no son críticos. Los grupos de solidaridad y la multitud de organizaciones pro zapatistas tienden a ser grupos pequeños y locales que están constantemente listos para la movilización –sólo esperan la oportunidad. Eso, señalarán Rondfelt y Arquilla (1998), representará una ventaja ofensiva y también defensiva, ya que un número muy grande de grupos pequeños son un objetivo muy difícil de apuntar.

Digamos entonces que esta intrincada red puede dedicarse a múltiples tareas. El nodo de especial influencia puede trasladarse a otro lugar: a una protesta contra la Organización Mundial del Comercio, o a una marcha contra la guerra, o a una campaña con una temática concreta. Es así como la red transnacional zapatista es sólo un momento de las redes altermundistas globales y de las luchas locales. Los zapatistas transnacionales están en las marchas multitudinarias por una Europa social o en las calles contra la OMC, el FMI, el BM, los tratados de libre comercio, las reuniones del Grupo de los Ocho, pero también están en sus localidades contra los pantanos o carreteras que atentan al equilibrio ecológico, en las marchas por la legalización de los inmigrantes, en las protestas sociales.

Formas de actuar del zapatismo transnacional

El zapatismo transnacional ha apelado a gran diversidad de acciones para defender la causa de los indígenas de Chiapas. Podemos clasificarlas en 4 grandes rubros:
1. Manifestaciones y encuentros en muchas ciudades del mundo para dar a conocer la situación de Chiapas, influir en la opinión pública local y presionar en las delegaciones diplomáticas mexicanas. 
2. Campañas de presión hacia las elites locales que a su vez presionaran al gobierno de México: en los Parlamentos, con los políticos, con los intelectuales más reconocidos.
3. La afluencia de extranjeros a las comunidades indígenas, ya sea como portadores de solidaridad material y proyectos productivos o como simples acompañantes de las comunidades zapatistas. Ellos sirvieron de multiplicadores de la causa y tejieron relaciones interpersonales.
4. La desobediencia civil electrónica en Internet, promovida por Critical Art Ensamble.
Estas formas de acción del zapatismo transnacional están intextricablemente imbricadas: las manifestaciones se concertan y coordinan a través de la red, las campañas de presión a las élites políticas locales se acompañan con movilizaciones y difusión de información a la opinión pública del país, estas mismas campañas llevan a que más gente se quiera ir a Chiapas, los observadores en Chiapas son quienes generan discursos y alimentan la red con nuevos puntos de vista y testimonios, incluso son quienes luego acuden a las instancias políticas con denuncias de violaciones a derechos humanos, son quienes responderán a las iniciativas de los que promueven los ciberactivistas.
Esta presencia corporal y virtual de activistas transnacionales en Chiapas aumentó evidentemente la visibilidad adquirida por los zapatistas y alejó, junto con las manifestaciones de la sociedad mexicana, la posibilidad de una solución violenta por parte del gobierno. Poner fin al conflicto con una masacre de indígenas provocaría una reacción no sólo en México sino también a nivel internacional de consecuencias graves para sus relaciones comerciales y políticas.
Las movilizaciones descentralizadas y encuentros
El zapatismo transnacional no sólo existe en la virtualidad de Internet sino también en las manifestaciones callejeras en muchas ciudades del mundo, en las concentraciones frente a las delegaciones diplomáticas mexicanas y en la opinión pública de los países.
Estas movilizaciones pueden ser decididas y gestadas en la misma interacción entre los colectivos de solidaridad y movimientos sociales especializados en el tema, o pueden organizarse a partir del llamado concreto del EZLN.
Así tenemos, por un lado, la gran reacción de toda la red tras la matanza de Acteal en 1997: miles de manifestantes salieron a las calles, hicieron happenings, decoraron las embajadas y consulados. Estas movilizaciones fueron decididas y compartidas en la red por los actores transnacionales. También ellos han organizado encuentros regionales de comités de solidaridad y todo tipo de eventos de discusión para decidir acciones a llevar a cabo, como la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos que llevó a una delegación de casi 200 personas de varias nacionalidades a elaborar un informe de denuncia sobre la violencia en Chiapas en 1998 y 1999.
Pero por otro lado, tenemos la respuesta de la red a las iniciativas zapatistas, como los Encuentros Continentales e Intercontinentales por la Humanidad y contra el Neoliberalismo (conocidos como los “encuentros intergalácticos”) que se llevaron a cabo en 1996 en Chiapas, en 1997 en España, en 1998 en Brasil y que han sido uno de los gérmenes del movimiento altermundista o del Foro Social Mundial. Otro ejemplo es la convocatoria del EZLN en 1999 de organizar una Jornada de los Excluidos del Mundo como parte de la Consulta por los Derechos y Cultura Indígenas.
También entrarían en este rubro las giras, eventos y presentaciones de ponentes mexicanos expertos en el tema, las conferencias o los pases de videos documentales organizadas por los grupos de solidaridad para explicar la situación chiapaneca. Han hecho estas giras, por citar tan solo algunos ejemplos, Ofelia Medina, Elisa Benavides, Amado Avendaño, incluso el obispo Samuel Ruiz García, entre otros muchos.
Las campañas de presión hacia las elites políticas locales
Otra de las actividades del zapatismo transnacional ha sido apelar a las elites locales y a las instituciones de los diversos países para que a su vez presionaran al gobierno de México contra la represión en Chiapas. La publicación de manifiestos con firmas de cientos de personas de todo el mundo, algunos personajes reconocidos y premios Nobel, ha sido una constante desde 1994 hasta la fecha.
Después de la masacre de Acteal, en diciembre de 1997, los activistas arrancaron declaraciones y pronunciamientos de personajes como Bill Clinton, Lionel Jospin, Kofi Annan, Danielle Mitterrand. Las campañas en los Parlamentos locales no se hicieron esperar, el parlamento de Catalunya se pronunció contra la violación a los derechos humanos en México, lo mismo hizo la Junta de Aragón y el Parlamento Vasco, así como el alcalde de Venecia y el alcalde de Dublín.
Por otro lado, la Comisión Civil Internacional por los Derechos Humanos, tras regresar de México, se plantó en el Parlamento Europeo para presentar los resultados de su informe y exigir un pronunciamiento hacia México como cláusula para la firma del tratado de libre comercio con la Unión Europea. Los activistas italianos lograron que su Parlamento emitiera una resolución según la cual no iban a ratificar el tratado de libre comercio si en México no se reemprendía el diálogo con el EZLN.
En Estados Unidos, varios parlamentarios recibieron cientos de cartas y faxes exigiéndoles movilizarse contra la guerra en Chiapas. Un ejemplo de ello son las resoluciones del senador Patrick Leahy y la diputada Nancy Pelosi aprobadads en el Congreso de Estados Unidos (en el Senado y en la Cámara de Representantes) en noviembre de 1999. Los esfuerzos de convencimiento y el trabajo de presión los hicieron las organizaciones Global Exchange y Mexico Solidarity Network, actores de gran peso del zapatismo transnacional. Estas resoluciones piden al Secretario de Estado asegurarse de que la asistencia militar y la exportación a México sea usada en la lucha contra el narcotráfico y no por las fuerzas de seguridad mexicanas implicadas en la violación a los derechos humanos. También condenan la violación de la ley en el caso de las expulsiones sumarias de norteamericanos en México. Otro diputado, Luis Gutierrez de Estados Unidos, ha ido a Chiapas en diversas ocasiones, tras haber recibido, según sus propias declaraciones, más de 3 mil cartas sobre el tema instándole a hacerlo.
La comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Mary Robinson, también ha acudido a Chiapas en noviembre de 1999, presionada por las denuncias de las organizaciones que integran el zapatismo transnacional.

La afluencia de observadores a las comunidades indígenas 
A partir de 1994, los colectivos y comités que se organizan principalmente en Europa y Estados Unidos empiezan a promover viajes al lugar de los hechos. Son los primeros contactos con las comunidades indígenas para muchos activistas, reporteros, personalidades reconocidas o anónimos jóvenes de todos los lugares del mundo. El territorio “liberado” que controlaba el EZLN desde enero de 1994 hasta la incursión militar de febrero de 1995 abarcaba toda la selva Lacandona, desde Margaritas hasta Altamirano, Ocosingo y Palenque. Se volvió una especie de Itaca, destino dorado de aquellos que pudieran pagarse el viaje de entre los movimientos alternativos.
Los zapatistas se abrieron y acogían a los “internacionales”8. Fue el gobierno mexicano el encargado de limitar el derecho a entrar a ese territorio sin reconocer ningún estado de excepción pero exigiendo visas especiales para los municipios rebeldes. Al flujo global de internacionalistas se opuso el derecho territorial y la soberanía del estado nación a través de las autoridades locales del Instituto Nacional de Migración que expulsaron a cientos de extranjeros mediante recursos legales ad hoc9. Los zapatistas, conscientes de que su guerra dependía de su visibilidad en México y en el mundo, fomentaron la presencia de visitantes de todas partes.
No hay datos exactos sobre la cantidad de extranjeros que han acudido desde 1994 hasta la fecha a las comunidades rebeldes de Chiapas, pero el flujo ha sido constante. Unos han llevado solidaridad a las comunidades, como es el caso de las caravanas de Pastores por la Paz, de Estados Unidos, o han creado proyectos como la construcción de escuelas de La Garriga Societat Civil de Cataluña en la Zona Norte, o la instalación de una electroturbina en La Realidad, por parte de Ya Basta! de Italia, o la hermandad de los dublineses con la comunidad 10 de Abril.

La afluencia de internacionalistas aumentó a partir de la ofensiva militar de febrero de 1995, cuando el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas hizo un llamado a instalar “campamentos civiles por la paz” en las comunidades más afectadas por el conflicto y por la presencia militar. El EZLN secundó esta iniciativa y a través de una ONG, Enlace Civil, A.C., invitó a los “observadores internacionales” a acompañar a las comunidades. No fue una empresa fácil, perseguidos por los agentes de Migración, llamados por Zedillo “extranjeros perniciosos” o “turistas revolucionarios”. Sin embargo, acudieron a cientos, a lo largo de los años podemos decir que a miles.
La peregrinación a Chiapas ha marcado toda una generación de activistas principalmente europeos y norteamericanos, pero también latinoamericanos y gente de otros continentes. Los zapatistas entendieron que los internacionales eran parte de su propia lucha más allá de las fronteras. Les hablaban en otras lenguas y les mostraban otras costumbres, no exentas de algunos roces, como cuando una legión de hippies se metieron encuerados al río de La Realidad y la comunidad decidió correrlos en ese instante, por irrespetuosos.
Muchos de los jóvenes internacionalistas han pasado meses o años de sus vidas en las comunidades de Chiapas, sin luz y sin agua corriente, a régimen de frijol y tortilla. El regreso a la “civilización” les ha producido un extrañamiento sobre su propia sociedad. Su experiencia y su testimonio han servido de multiplicadores de la causa. Las relaciones establecidas con familias indígenas y pueblos tejieron una auténtica comunidad global dispuesta a brincar ante cualquier atropello.

La desobediencia civil electrónica
A finales de los 80, en los Estados Unidos, aparece en escena la Desobediencia Civil Electrónica, término acuñado por el grupo de teatro y arte Critical Art Ensamble. La estrategia de la desobediencia civil electrónica se inspira en la desobediencia civil tradicional adaptada a los tiempos actuales. El espacio donde se puede enfrentar al poder ya no son solamente las calles ni los palacios, sino los flujos y las redes
10.
A partir de 1994 aparece con fuerza el hacktivismo (el activismo unido al espíritu de los hackers, cuya vocación es romper los códigos para el libre acceso a la información) del Electronic Disturbance Theather, especializado en trasladar las protestas de la calle a Internet. Este grupo de Estados Unidos decidió encaminar sus acciones al apoyo a Chiapas junto a los New York Zapatistas. Por ejemplo, para protestar por la masacre de indígenas en Acteal11 y el Bosque, el Electronic Disturbance Theather logró movilizar la red el 8 de septiembre de 1998, y provocar de forma simultánea el caos absoluto en los servidores del Pentágono, las páginas de Presidencia de la República en México y la Bolsa de Frankfurt. Su acción mereció la portada en el New York Times. Lo que hizo Electronic Disturbance Theater fue inventar un código (un software: FloodNet, creado en 1998 por el artista californiano Brett Stalbaun) con el que se puede llamar muchas veces a la puerta de los grandes servidores hasta que estos se saturan y caen. Participar en esta acción –de carácter público, a partir de un mensaje que enviaban y difundían las listas de los movimientos sociales-, fue tan simple como picar dos veces con el ratón sobre la dirección señalada por el grupo hacktivista.
Meses más tarde, el Electronic Disturbance Theater participó en el día de acción global contra el Capitalismo del 18 de junio de 1999, convocado por el movimiento altermundista, con un plantón virtual de nuevo con carácter zapatista: contra la embajada mexicana en el Reino Unido. El sistema FloodNet URL recibió un total de 18.615 llamadas de computadoras de 46 países diferentes. Este grupo de ciberactivismo imprescindible para entender las nuevas formas de lucha en los sistemas comunicativos, con vocación pacifista, invoca las siguientes palabras de la comandante Ramona del EZLN: “La red intergaláctica es más poderosa que cualquier arma”.
Por otro lado, en Estados Unidos, los universitarios, pioneros en el uso de la red internáutica encontraron en el levantamiento del EZLN la ocasión para darle mayor impulso al proyecto que vislumbraban y querían alcanzar: la vinculación a través de Internet de los movimientos de base de todo el mundo contra el neoliberalismo. El “Zapatismo en el ciberespacio” es parte de la reflexión que se dio en Austin, dentro de la comunidad de la Universidad de Texas12, Estados Unidos, sobre todo alrededor del investigador Harry Cleaver. La reflexión de este colectivo que podemos clasificar en la lucha por la comunicación alternativa es que la rápida expansión de las redes de computadoras representa una respuesta a los monopolios crecientes de las industrias culturales y los medios masivos.

La convergencia alrededor del zapatismo

El desbordamiento de sentido y los imaginarios que el zapatismo despierta en grupos lejanos y movimientos sociales de otros lugares del mundo puede deberse a su carácter “más revelatorio que programático” (Harvey, 2000: 209), funciona como inspiración y no como esquema o programa de lucha.
Para Manuel Vázquez Montalbán, un factor de éxito es el momento histórico en que aparece el EZLN, caracterizado por la desmovilización social y el fin de la guerra fría:
Lo que antes era un determinismo ahora es un nuevo fatalismo. Se difunde la idea de que nada se puede hacer, que no vale la pena buscar culpables en el pasado ni plantearse que el futuro puede ser diferente; obligan a la gente a vivir el presente inmediato. La izquierda no tiene estrategias de cambio y esa es su crisis... En este contexto, mensajes como los que vienen del zapatismo son tremendamente seductores porque implican salir del fatalismo y tratar de ver de manera diferente el desorden al que ha llevado el capitalismo (Vázquez Montalbán, 2001).
Quizás hay que tomar en cuenta el hecho de que el alzamiento zapatista de Chiapas revive distintas “subculturas activistas de larga duración” (McAdam, 1994) y construye a partir de ellas su propia singularidad. Esta yuxtaposición de herencias políticas facilita múltiples alineamientos y resonancias: Por un lado, el zapatismo interpela a las luchas de Liberación Nacional, es decir, los MLN, los procesos de independencia colonial y también las guerrillas de izquierda de tradición marxista, inspiradas en el modelo de la revolución cubana. El zapatismo atrae así la simpatía tanto de aquellos que apoyaron a las guerrillas centroamericanas como de partidos marxista-leninistas, organizaciones insurreccionalistas, movimientos que propugnan la lucha armada (aunque en muchos casos la presencia de otros marcos en el zapatismo alejará a los más ortodoxos de esta tradición, acusando al zapatismo de impuro e incoherente).
Pero el zapatismo encuentra clara resonancia con movimientos bastante distintos de éstos últimos, que no buscan hacerse con el poder político sino que propugnan la autogestión y la subvesión simbólica y cultural: desde anarquistas, “bloques negros”, autónomos, consejistas, hasta movimientos contraculturales como los punks, los rockeros, los situacionistas, algunos grupos de estudiantes, los okupas (squaters), etc.
Además, uno de los marcos más importantes del levantamiento indígena es apelar a las luchas por el reconocimiento cultural, inscribirse en la tradición de las luchas por los derechos civiles y contra la exclusión: negros, indios, mujeres y feminismo, lucha por la liberación sexual, los inmigrantes, etcétera.
Por supuesto, el zapatismo recupera el marco fundamental de las luchas campesinas e indígenas de la historia de México, a las que invoca en todo su discurso desde los forjadores de la independencia, pasando por Zapata y Villa, hasta las guerrillas de Genaro Vázquez, Lucio Cabañas, las luchas de los campesinos pobres del país, el rechazo a la Reforma del Artículo 27 Constitucional13. Sin olvidar las rebeliones indígenas constantes en la historia de los últimos siglos en Chiapas. Así, despierta simpatía en esos sectores del México más humilde que no tiene problema en identificarse con los zapatistas que son, como ellos, indígenas y/o pobres. Lo mismo ocurrirá a nivel transnacional con pueblos indígenas como los mapuches o los guaraníes, por citar algunos, o con la organización de las First Nations de Norte América y los campesinos del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil.
Estas referencias cruzadas a distintas herencias muestran que el zapatismo es a la vez continuidad y ruptura, una nueva síntesis a la vez generadora de nuevos marcos de protesta, que se adapta a los tiempos con dos reivindicaciones claves y extendidas: la democracia y los derechos humanos.
Pocos movimientos sociales apelan después de los ochenta y el fin de la guerra fría a la instauración del socialismo si quieren llegar a un público más amplio y resonar con el conjunto de creencias colectivas. El EZLN, pese a sus orígenes marxistas-leninistas, no ha manifestado abierta ni públicamente su vocación socialista. En cambio, ha erigido su reivindicación principal en el plano de la democracia en México, cuestionando a su vez la validez de las prácticas y las consecuencias de las democracias liberales, algo en lo que coinciden los movimientos sociales de la actualidad.
Lo mismo sucede con las luchas por los derechos y el reconocimiento cultural, en boga a partir de lo que ha venido a denominarse nuevos movimientos sociales. Allain Touraine señala que “la referencia a los derechos de los individuos, a los derechos de las minorías tanto como de la mayoría, es lo que confiere a estos nuevos movimientos sociales una importancia tan grande ya que aportan la contestación al orden dominante y más todavía, la liberación de las víctimas que alcanzan a transformarse en actores de los cambios sociales” (1999: 71). El zapatismo se situó en este canal dando prioridad a la lucha por el reconocimiento de los derechos y la cultura indígena, eje de su accionar a partir de los primeros acuerdos de paz, el 16 de febrero de 1996, en San Andrés.
Habría que añadir otro importante elemento a estos campos de resonancia que logra el zapatismo. Y es el papel del subcomandante Marcos como interlocutor de la intelectualidad crítica mundial. Marcos es reconocido como un igual entre los intelectuales de izquierda. Tanto en México como en el exterior, ven en el líder zapatista algo así como un colega que ha logrado una gesta heroica y romántica o un extravío disparatado, pero a fin de cuentas, un colega que maneja el mismo lenguaje, que puede hablar de los mismos temas, que responde a sus entrevistas. Marcos, como vocero y personaje mediático, ha sido calificado como “traductor” del mundo indígena. En esta traducción, la lista de los interlocutores es amplia, va desde el mundo académico hasta las amas de casa o los jóvenes urbanos. Su discurso hace uso de mitos y retórica, de ironía y cuento, y no solo de argumentación. En este sentido, ha conmovido a sectores de niveles educativos distintos. Sus textos sobre el neoliberalismo lo han llevado a las páginas de Le Monde Diplomatique, mientras que sus cuentos sobre la selva han sido plasmados en publicaciones para niños o sus cursilerías románticas han atraído a jóvenes admiradoras. Para algunos, Marcos es un Robin Hood del siglo XX, para otros un Che Guevara revivido, o el Votán Zapata de los mayas, para algunos, un impostor, un farsante manipulador de indígenas. Pero todos han tenido que opinar sobre él, sobre todo en México, como se muestra en el trabajo de Volpi (2004). Con Marcos como vocero, la interpelación a la opinión pública de la hazaña de los indios rebeldes de Chiapas ha adquirido una amplitud sin precedentes, que no sería tampoco explicable a ningún nivel sin la presencia de los medios de comunicación, en lo que muchas veces se ha calificado de “guerrilla mediática” o “guerra de papel” (Trejo Delarbre, 1994).
Desde el primer día de la insurrección, la presencia de reporteros nacionales y extranjeros en Chiapas actuó a favor de los indígenas. La sociedad mexicana y mundial descubría esa parte oculta que irrumpía de forma radical: los indígenas exigiendo dignidad. Entonces, quienes se llevaban “la nota” no eran los periodistas afines al gobierno mexicano14, sino los reporteros que se lanzaban a la selva y a los Altos en busca de zapatistas, los mismos que formaron hordas incontroladas y que no respetaron los controles militares de uno ni de otro bando. En Chiapas se les denominaba el “tercer ejército”.
Hay que señalar que los reporteros transmitieron al mundo su propio descubrimiento de los indígenas en relatos que tuvieron mucho de testimonial, llenos de experiencias singulares, de detalles de interés humano, de crónica, de imágenes. Es así que el EZLN logra una difusión masiva humanizada y conmovedora de sus objetivos y sus razones. A través de los medios, los movimientos sociales así como los intelectuales de otros lugares del mundo se sentirán interpelados y se abocarán a opinar y a actuar sobre Chiapas.
Es así que el zapatismo como lucha singular logra un efecto universalizante, demuestra que se puede resistir en un contexto internacional adverso y se convierte en un referente a defender para muchas luchas de izquierda dispersas en el mundo. Lo indígena se vuelve un símbolo de la resistencia contra la exclusión globalizada, la misma que muchos movimientos sociales hace tiempo que combaten. “Todos somos indios”, será el lema impreso en las camisetas de los Monos Blancos italianos15. El zapatismo se vacía del vínculo con significados muy particulares o locales y asume el papel de espacio de convergencia que permite encontrar un nexo de identificación entre una cantidad de luchas dispersas y diversas. Actúa como un “significante vacío” (Laclau, 1996). Sirve como inspiración libertaria para los anarquistas de Cataluña que ven en ellos un actuar antiautoritario, y a la vez de punto de reflexión sobre cómo relacionarse con las bases para un partido como Refundación Comunista de Italia, servirán como lugar de acción cristiana de base, caritativa y solidaria para los Pastores por la Paz de Estados Unidos, o de argumento poético para los últimos beatniks. En Brasil, el zapatismo se encadena con las luchas del Movimiento de los Sin Tierra y con el Partido del Trabajo en su ejercicio del presupuesto participativo en Porto Alegre. Los argentinos hablan del zapatismo como rebelión de los desposeídos, los ecologistas contra el trasvase del Ebro en España apelan a la defensa comunitaria de los indios de Chiapas; las páginas Web de las redes feministas ven en las mujeres con pasamontañas las razones íntimas de una rebelión de género. Los jóvenes rockeros consideran al zapatismo como un movimiento post-punk, joven, generacional, la imagen de Marcos aparece en camisetas, se abren cafeterías con nombre de Zapata en varios lugares de Alemania donde se consume café de las comunidades tzotziles para promover el “comercio justo” y aplacamiento de conciencias. En Japón los editores independientes apelan al valor literario de los comunicados de Marcos y los traducen... Y miles de personas de todo el mundo acuden a Chiapas, como en peregrinación, en busca del santo Grial que para cada quien tiene una forma diferente pero que hermana en la búsqueda de la resistencia global.
Lo más significativo de todo es que una vez hermanadas las luchas en redes pueden actuar de forma intermitente en muchas y diversas esferas de lo local y lo global, cambiando las formas de hacer activismo, como con las manifestaciones simultáneas y descentralizadas con amplia libertad de actuación local o la desobediencia civil electrónica. Cualquiera puede sumarse o borrarse. Las redes tienen capacidad para responder en muchos ámbitos y de forma rápida. Pero son imprevisibles. A partir de Chiapas se gestó una de las redes pioneras en el activismo transnacional. Su existencia sigue el curso de toda red, como el tendido eléctrico de la resistencia del que habla Scott (2000), que puede prenderse en cualquier momento. Sumidas en el rizoma de los flujos, las redes se vuelven incontenibles e imprevisibles. Si eso es una esperanza para las luchas emancipatorias o si es un impedimento para un proyecto antagonista que logre oponerse al sistema global, el tiempo lo dirá.Fuente: http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n47/grovira.html



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