lunes, 4 de diciembre de 2017

Situémonos en que los gobiernos progresistas hicieron al viraje desde las exitosas rebeliones populares hasta concretar el desarme actual de éstas frente a la ofensiva del Capital-Estado globalizado.


 Discutamos qué Estado
 
consolidaron
 
 por bloquear las
 
 autonomías populares.
 
 
La Revolución Rusa, en cambio,
fue de los oprimidos.
 
Reflexionemos sobre el desafío abajo de cuestionar la siguiente visión en apariencia orientada hacia la emancipación de nuestros pueblos pero sucede que las nacionalizaciones y los extractivismos van contra los bienes comunes e impulsan el refuerzo al sometimiento de nuestros países a permanecer periféricos del sistema mundo:

Liberalismo o liberación
La democracia en una semicolonia
21 de octubre de 2017
 
Por Eduardo Paz Rada (Rebelión)

El capitalismo tiene, en su fase imperialista, la característica de profundizar las brechas y desigualdades entre las potencias imperialistas y los países y pueblos dominados, coloniales y semicoloniales y de afianzar la división internacional del trabajo que permite la explotación y extracción de excedentes de manera incesante en beneficio de las corporaciones transnacionales y de los centros metropolitanos. De ahí surge la necesidad de quebrar esta lógica, generando la estrategia de combinar la cuestión nacional y colonial con la cuestión social para avanzar en los procesos revolucionarios de liberación nacional.
El carácter semicolonial, tal el caso de los países de América Latina y el Caribe, implica la vigencia de una formal independencia con instituciones propias y marcadas por los parámetros republicanos, al mismo tiempo que está presente la colonización mental y económicamente se mantienen los lazos de dependencia y control exterior de las decisiones y modalidades de las actividades fundamentales de la producción. De ahí la imposición del librecambio y de las condiciones favorables al inequitativo orden internacional.
Para generar la ruptura de estas condiciones se generan movimientos nacional-populares, movimientos patrióticos antiimperialistas, que tienen como tarea principal quebrar las relaciones de dominación y dependencia mediante la formación de bloques sociales donde participen los sectores obreros, campesinos, cuentapropistas, urbano-populares y clases medias que coinciden en la tarea emancipadora; en el caso de Bolivia en los últimos años se ha avanzado sustancialmente al respecto con las nacionalizaciones, la recuperación de los recursos naturales y de varias empresas que fueron estatales, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno.
Este proceso tuvo la virtuosa coincidencia de articularse durante la última década con procesos similares que se producían en la región con los gobiernos de Brasil, Argentina, Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua, entre otros, que impulsaron procesos de integración y unidad de América Latina y el Caribe al margen de la estrategia de dominación de Estados Unidos.
Desde esa perspectiva general, corresponde, por tanto, diferenciar, lo que son los procesos democráticos en las potencias imperialistas y en las regiones y países dependientes, En las primeras se ha construido bajo su propia experiencia histórica la democracia liberal mientras que en estos últimos el eje de la democracia está en lo que René Zavaleta llamó la “democracia de autodeterminación nacional” que no es únicamente el cumplimiento formal de los procedimientos electorales, de las relaciones equilibradas entre los poderes del Estado o la normativa constitucional, sino en desarrollar procesos de emancipación y liberación nacional con la participación activa de la mayoría oprimida de la nación transformando las relaciones de sometimiento.
De ahí la primordial importancia en Bolivia, como momento histórico constitutivo, la rebelión popular de octubre de 2003 que no solamente tiró abajo, con las movilizaciones populares, el sistema de partidos conservadores y neoliberales, sino que generó las condiciones de la autodeterminación nacional con la agenda que incluía las nacionalizaciones, la Asamblea Constituyente y la recuperación de la dignidad y la soberanía.
Por eso se hace importante reconocer la importancia de los treinta cinco años de la recuperación democrática con la lucha y el sacrificio del pueblo boliviano, pero es más importante establecer que en los catorce últimos años la democracia ha dado saltos cualitativos importantes.
Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

Constatemos, al comparar con el gobierno de Macri,  cómo operó el de CFK para la viabilidad de la acumulación oligopólica por desposesión y superexplotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza.
 
Santiago Maldonado y “la grieta”
21 de octubre de 2017
Por Miguel Mazzeo
Resumen Latinoamericano,
Santiago Maldonado lo puso evidencia. Desnudó algunas tramas. Mostró cuan velados en su politicidad estaban algunos conflictos. Es cierto que existe una grieta en nuestra sociedad. Es muy profunda, prácticamente insondable. Hay palabras que se oponen. Cuerpos que se repelen. Visiones del mundo y la vida incompatibles e irreconciliables. Dos argentinidades.
La grieta se ensancha día a día. Y celebramos que eso pase. Porque la realidad, que en el fondo siempre es fatal, se torna más clara y se achican los espacios para la perplejidad, la ambigüedad y la mentira. Bienvenido el tiro en la boca de la indiferencia. Bienvenida la encrucijada. Porque obliga a algunos al deslinde nítido y nos obliga a nosotros a repensar un conjunto de conflictos cotidianos como ámbitos de disputa política.
La grieta es mucho más que la distancia que separa al gobierno de la oposición (una parte por lo menos), a la derecha del “progresismo”. Es algo más sustancial. Es el antagonismo de los proyectos de país y de sociedad. Es la lucha de clases, por supuesto, pero con un plus. O varios. Por ejemplo: es lucha entre los procesos de subjetivación desde abajo y los procesos de desubjetivación desde arriba. O entre las representaciones construidas horizontalmente y las representaciones impuestas verticalmente desde los grandes medios de desinformación.
Es bueno que la grieta se torne cada vez más visible, que se reconozca en detalle la topografía de cada orilla y el contenido de lo que las separa. Esa visibilidad atenta contra la eficacia de las estrategias que promueven las convivencias infundadas, o las convivencias fundadas en la opresión, en fin: la promiscuidad entre los dominados y los que dominan, entre los que aman y los que menosprecian.
La grieta exhibe lo que hay de un lado y del otro: los sentimientos altruistas y la insensibilidad; lo que religa y lo que disgrega; lo que empareja y lo que reproduce las asimetrías; la indocilidad de los dignos y la indignidad de los constructores de obediencia y sumisión, la ética y el pragmatismo; la pulsión de vida y la pulsión de muerte; lo humano (amor, amistad, valentía, dignidad) y lo inhumano (opresión, violencia, crueldad); las genealogías plebeyas y las genealogías opresoras (la grieta tiene historia y se pueden confeccionar cadenas retrospectivas con cada uno de sus polos), la patria y el mercado, la patria y el patrioterismo fascistoide, la verdad y el embuste.
De un lado la nobleza de Santiago, la ternura de su familia, la solidaridad de sus compañeros y del otro lado la indolencia moral de Mauricio Macri, la impasibilidad de estatuas de sus funcionarios, la voracidad de los empresarios. De un lado corazones trepidantes, tibios nidos, del otro lado corazones que son como baúles viejos y llenos de pura penumbra. De un lado el pueblo mapuche, del otro Benetton y especies similares.
El gobierno de la derecha carece de recursos políticos y simbólicos para disimular la grieta, para mantenerla en un punto equilibrio apelando a paraísos de convivencia artificiales. Esa es una gran diferencia con el gobierno anterior. El gobierno de la derecha no posee de capacidad de simbolización para metabolizar la grieta real. Y la ensancha. Carece de mitos seductores que instituyan horizontes de expectativas comunes y sus fetiches son lúgubres. Sólo puede crear un “nosotros” banal u obtuso y oscuro. Los límites de su lenguaje son los límites de su mundo, del particularismo que expresa y defiende. De este modo, termina haciendo lo que no quiso hacer el gobierno anterior, poner en evidencia la grieta. Polarizar a la sociedad. Le queda a la derecha la tarea de repolarizar simplificando y sintetizando los altos grados de diferenciación que existen en nuestra sociedad. Tal vez la inelasticidad política e ideológica de la derecha ayude a muchos y a muchas a entender y a entenderse. Tal vez puedan dar el salto desde el trampolín ontológico de la conciencia y pasar a ser actores concientes y dejar de ser subproductos y cómplices; para que, como decía Emil Ciorán, vivir equivalga a la imposibilidad de abstenerse.
Ahora las máscaras se caen. Y aparecen los rostros verdaderos.

 
Coincidimos en que no podemos “desconocer o ignorar procesos puestos en marcha por el pueblo (NO por quiénes después se adueñaron y lo expropiaron en su favor)”.
 

Bolivia hacia la transición democrática del 2019
La agenda 21F
23 de octubre de 2017
 
Por Arturo D. Villanueva Imaña (Rebelión)
 
En un contexto de repudio generalizado ante el nuevo intento gubernamental para prorrogarse en el poder en forma indefinida, en la ciudad de La Paz a mediados del mes de septiembre, se presentó la denominada Agenda 21F [i] / que cuenta con el respaldo de 180 personalidades del ámbito ciudadano, algunos de los cuáles ya ejercieron cargos públicos y con la ausencia notoria de representantes de sectores populares.
A diferencia de lo que sucede en ocasiones similares donde prevalece la presentación de candidatos o alianzas políticas para terciar en elecciones, la iniciativa estuvo marcada por la presentación de una propuesta programática que encare la transición democrática que se avecina en Bolivia.
El contenido destaca que su principal propósito es lograr “la transición del actual Estado autoritario corporativo, hacia un Estado democrático que garantice los derechos de las personas, los pueblos y la naturaleza”. El planteamiento busca catalizar la indignación nacional que rechaza el intento inconstitucional que quiere prorrogar en el poder al actual gobierno de Bolivia.
Para ello se propone un cambio de régimen, cuyo resultado sería “la vigencia plena del Estado social y democrático de derecho” que Bolivia tuvo en el pasado sólo de una manera embrionaria.
Dicho tipo de Estado estaría basado en la independencia de poderes, una institucionalidad que garantice el cumplimiento de derechos y “en el principio republicano de la igualdad de todos frente a la ley y la limitación de los poderes públicos al derecho”.
Dicha caracterización corresponde al modelo liberal y republicano, consustancial con el sistema capitalista y la democracia burguesa. Es decir, un tipo de Estado y una forma de democracia, que supondría un retorno al pasado para cumplir un ansiado (como conservador) proyecto burgués que siempre quiso desarrollar plenamente el ciclo capitalista en Bolivia. Pero además (como añadido no menor), supondría la imposibilidad total de cumplir con el loable propósito de “respetar los derechos de la naturaleza, así como los límites biofísicos y la capacidad de regeneración de los ecosistemas”, por la sencilla razón de que el capitalismo es el principal instrumento de explotación, extractivismo y depredación de los recursos naturales y del propio hombre. No se puede proteger la naturaleza, si la causa que origina su destrucción y depredación, es el mismo sistema que provoca el daño y su explotación salvaje.
Parecería que con tal de NO repetir el actual Estado corporativo y clientelar, en el que prevalecen “el despilfarro prebendal, la corrupción, el patriarcalismo, la profundización del extractivismo, la ineptitud, el autoritarismo y la impostura”; importa más aferrarse a un ideal democrático y un tipo de Estado que al margen de corresponder al pasado, también responde a los intereses, la visión y el propósito trunco de una burguesía nacional que no pudo efectivizarlos hasta ahora. Es más, va a contra ruta de la acumulación histórica nacional, y descarta la experiencia y las luchas del pueblo que ya marcaron una tónica y una forma de ejercicio democrático.
Innegablemente la idea de tener una democracia asentada en un verdadero Estado de derecho, con institucionalidad, respeto de las minorías, contrapesos y equilibrios de fuerzas, etc., es verdaderamente atrayente. Más aún, cuando se hace cada vez más evidente la desinstitucionalización, la corporativización y las imposiciones autoritarias que se hacen cada vez más agudas en Bolivia. Pero de allí a desconocer o ignorar procesos puestos en marcha por el pueblo (NO por quiénes después se adueñaron y lo expropiaron en su favor), es cuando menos desentenderse y hacer caso omiso de procesos históricos de mayor envergadura, o sencillamente volver a reeditar un impulso que quiere imponer visiones e intereses que no responden a la memoria, ni la experiencia de la lucha popular.
Quizás por todo ello, es razonable concluir que existe el empeño por constituir un tipo de Estado de derecho (con el argumento de que nunca se concretó en el país, o se lo hizo de manera embrionaria), con la esperanza de que este ideal burgués y capitalista, pueda ser el motivo aglutinante para una ciudadanía nacional que quiere cambiar. Una propuesta de este tipo, además, resulta muy atrayente y puede calzar perfectamente a los intereses político electorales de una derecha ansiosa por arrimarse o por encontrar un modo para capitalizar y atraer el gran descontento, la bronca y el rechazo popular contra el régimen actual.
Sin embargo, ello no contempla que los bolivianos evidentemente quieren cambiar la situación actual, pero NO a costa de reeditar las viejas formas de gobierno, la democracia pactada y los acuerdos neoliberales que se dieron en el pasado. Mucho menos, sabiendo que el pueblo desdeña y desprecia a esa misma derecha conservadora y neoliberal, precisamente porque representan un pasado al que no se quiere volver.
Por tanto, si lo que verdaderamente se busca es un “cambio de proceso para la transición política, económica, social y ambiental”; entonces no basta con entenderla únicamente como un cambio en el régimen democrático y la vigencia plena de un nuevo Estado de derecho.
En cuanto a otros aspectos relevantes del documento, puede mencionarse que una de las más importantes ambigüedades está incluida en el acápite de Nueva Matriz Energética y Productiva. Allí se sostiene que “la transición política irá acompañada de una transición hacia una nueva matriz energética y productiva”. Para ello, “la economía boliviana debe abandonar aceleradamente el modelo extractivista y la dependencia de los combustibles fósiles”.
Se trata de una afirmación indiscutiblemente clave en la perspectiva de construir un post capitalismo. Al respecto vale la pena precisar y subrayar que el modelo económico extractivista predominante, NO está relacionado únicamente a la matriz energética, e hidrocarburo-dependiente. No debe olvidarse que también está relacionado con los demás recursos naturales (incluidos la tierra, los bosques y la biodiversidad), y sobre todo con el carácter entreguista, antinacional y depredatorio que se ha impuesto. Por eso, cuando se habla de “abandonar aceleradamente el modelo extractivista”, no basta con hacerlo sustituyendo únicamente las fuentes energéticas que dependen de los combustibles fósiles. Es indispensable precisar claramente que de lo que se trata es de establecer un modelo alternativo al capitalismo depredador, que se exprese en el establecimiento de una relación armoniosa INTEGRAL con la naturaleza.
En lo que corresponde a la matriz productiva, la Agenda 21F sostiene que “se requiere apostar por la diversificación productiva en armonía con la vocación natural de las diversas ecorregiones (…) empleando las innovaciones tecnológicas que ofrece la comunidad mundial”. También es un asunto clave. Aquí lo que se debería aclarar es: ¿qué sentido tendría apostar por la diversificación productiva (aun respetando la vocación natural de las ecoregiones), si al mismo tiempo en vez de incorporar prácticas ecológicas y armoniosas con la naturaleza, se emplean “innovaciones tecnológicas” con el uso de transgénicos, agrotóxicos y que generalmente suponen la quema y destrucción de grandes extensiones de bosques y biodiversidad, para expandir el latifundismo y los monocultivos extensivos de exportación que no tienen nada que ver con seguridad y soberanía alimentaria?. Ello sin mencionar el riesgo de exterminio del campesinado.
Respecto a vacíos destacables, llama la atención que no se hayan incluido algunos temas verdaderamente importantes (al menos para una visión de izquierda y popular).
Es el caso del machismo y el patriarcalismo imperantes, asuntos tan caros y estratégicos para el conjunto de las mujeres que representan el 50% del total de la población (y especialmente para los sectores feministas); pero sobre todo para construir una agenda integral y holística de cambio. Resulta extraño que a pesar del respaldo y la adherencia expresadas por connotadas representantes de las luchas feministas al contenido de la Agenda 21F, el documento no incluya ni haga prácticamente ninguna mención sobre este asunto.
En ese mismo rango de importancia, tampoco existe la más mínima referencia sobre la descolonización y la lucha contra los intereses corporativos transnacionales. Por su envergadura, el vacío no es menor, habida cuenta de su impacto y las profundas implicaciones sobre la soberanía, la independencia y la liberación nacional.
En cuanto a aquellos valores fundamentales como la libertad y la igualdad (igualmente estratégicos para la construcción de una sociedad alternativa, solidaria, socialista y no competitiva); se ha podido advertir que la mención a la igualdad sólo parece ser entendida como un atributo frente a la ley y el derecho, pero no necesariamente en la sociedad, la economía y en la producción.
En el acápite del Estado Autonómico propuesto, no se hace ninguna referencia (como si no existiesen, ni estuviesen reconocidas) a las autonomías indígenas (y por tanto sus gobiernos). No puede entenderse razonablemente esta ausencia, habida cuenta que no se trata únicamente de transferencia de competencias y recursos económicos; sino de la construcción del Estado Plurinacional, la interculturalidad y el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas y su autogobierno.
Para finalizar, no puede desconocerse la importante expectativa despertada en el conjunto de la ciudadanía con la presentación de la Agenda 21F. Sin embargo, siendo que lo que importa es la verdadera reacción y respuesta que provocará, entonces queda por ver lo que esta Plataforma Ciudadana haga hacia adelante. Pero sobre todo, saber si cumplirá con esa convocatoria para “enriquecer colectivamente la Agenda”, que se señala al final del documento. En ese campo, si lo que la Agenda 21F quiere transmitir no es una mera opción electoralista más, sino que se abre a construir una alternativa diferente de izquierda popular, sea oportuno mencionar que la complementariedad de opuestos no es la mera suma de componentes que supondría únicamente una agregación mecánica y acrítica de las partes que lo componen. Tampoco es un producto híbrido resultante de la mezcla o la unión de elementos de distinta naturaleza. En realidad es una síntesis, cualitativamente superior del conjunto que se encuentra en pugna y contradicción. Este es el espíritu con el que se han planteado las reflexiones, esperando contribuyan a encontrar ese producto nuevo que, como en la naturaleza al unir la semilla con la tierra, permite la germinación de una nueva vida.
Notas
[i] / Ver: https://polisfmires.blogspot.de/2017/09/bolivia-agenda-del-21f-propuesta.html?m=1
Arturo D. Villanueva Imaña, Sociólogo, boliviano. 
 
Descubramos cómo, desde abajo, se abren caminos a la autodeterminación de los países de Nuestra América.
 

 “Para ser soberanos tenemos que ser libres de
decidir colectivamente qué cosechar y qué comer”.
19 de octubre de 2017
Así lo declaró Marcela Isaza Guerrero, integrante de “Vecinos Autoconvocados por la vida” entrevistada en el Enredando las Mañanas. La organización viene hace tiempo resistiendo a las fumigaciones en Pueblo Andino, Provincia de Santa Fe, y proponiendo una alternativa soberana.
Descargar audio.
Durante la semana pasada, los/as vecinos/as del Pueblo Andino, se encontraron con una nueva fumigación en curso que contaba con el aval del juez de faltas. “Los inspectores decían que estaba todo en regla autorizado por un ingeniero agrónomo quien no estuvo en ningún momento de la fumigación”, explicó Marcela quien además agregó que no estaban dadas las condiciones climatológicas.
Hace tiempo que la lucha del Pueblo Andino viene haciendo su recorrido: “Somos vecinos preocupados por la salud y el medioambiente”, remarcó Marcela quien contó que han sido varios las personas intoxicadas, con problemas de salud e incluso hospitalizadas.
Además de toda la lucha mediante el reclamo que vienen llevando adelante los/as “Vecinos Autoconvocados por la vida”, también están trabajando en alternativas como la realización, junto con el INTA, de talleres socioambientales de concientización y prácticas organizadas, “para demostrar que hay modelos alternativos al modelo agroindustrial impuesto, como la agroecología y la permacultura”.
Sumado a esto, asesorados/as por Ingenieros Agrónomos y Pueblos Fumigados, presentaron una ordenanza que busca aumentar la distancia de la franja libre de fumigación de 100 a 800 metros. Dicha ordenanza fue ignorada por los responsables políticos y aún no cuenta con una respuesta.
De hecho, el presidente comunal, Juan Carlos Palotti, acusa a los/as vecinos/as de hacer política partidaria. “No estamos de acuerdo con el sistema productivo, cristalización absoluta del capitalismo, pero eso no quiere decir que estemos haciendo política partidaria para beneficiar a algún candidato”, respondió Marcela.
“La ordenanza que proponemos es agroecológica, parte de la soberanía alimentaria”, la cual Marcela diferencia de “seguridad alimentaria”. Este último término hace referencia a garantizar alimentos mientras que “para poder ser soberanos tenemos que ser libres de decidir colectivamente qué cosechar, qué comer y defender los bienes comunes”, indicó. En este punto hace especial hincapié en el rol que juegan las multinacionales: “Si le damos a las multinacionales, que hoy en día manejan a los gobiernos, la autoridad de manejar nuestra soberanía alimentaria, estamos garantizando la esclavitud para esas corporaciones”.
Además, continúa explicando que para que haya una soberanía alimentaria tiene que existir un ambiente sano para todos/as, no debe haber la explotación y la pobreza debe ser suplida por un trabajo colectivo y articulado en donde se respeten las practicas del medioambiente y de consumo. Es por ello que Marcela finaliza con la idea clave desde la cual luchan en colectivo: “La base de la soberanía alimentaria es la producción local, familiar, la defensa del trabajo digno y la defensa y protección de los bienes comunes”.
Fuente: http://www.rnma.org.ar/noticias/18-nacionales/3816-para-ser-soberanos-tenemos-que-ser-libres-de-decidir-colectivamente-que-cosechar-y-que-comer
 
 
Consideremos:
 
 

Revolución de Octubre, ascenso de los oprimidos
11 de noviembre de 2017
 
Por Yahir Contreras (Rebelión)
La verdad es siempre revolucionaria. Lenin
La más profunda transformación social en la historia de la humanidad acaeció hace cien años en Rusia. Triunfó en octubre de 1917, pero en estricto se celebra el 7 de noviembre a causa de la diferencia de días entre los calendarios juliano y gregoriano.
En Rusia nació la primera experiencia de una sociedad conducida por los de abajo con un sentido colectivo, socialista. Desde la Revolución Francesa de 1789 la sociedad no se había impactado en semejante magnitud. En París nació la sociedad conducida por la burguesía y se rompió el dique feudal en pos del capitalismo que perdura hasta nuestros días.
Con la Revolución de Octubre, por primera vez en la historia, los oprimidos asumieron el poder político conducidos por los revolucionarios dirigidos por Vladimir Ilich Ulianov, conocido en la historia como Lenin. Los oprimidos derrocaron el gobierno provisional que se había apoderado del poder luego de defenestrar al zarismo. Los Soviets de obreros, soldados y campesinos asumieron todo el poder el 7 de noviembre (25 de octubre) bajo la conducción de los bolcheviques. La insurrección popular triunfó rápidamente después de la intentona de febrero de ese año, que llevó al gobierno provisional a diversos actores vacilantes que querían avanzar sin rupturas, conciliando con los reaccionarios de los partidos burgueses. Los revolucionarios rusos asumieron la tarea de dirección y con la alianza obrero-campesina hicieron realidad su consigna: ¡Todo el Poder a los Soviets!
 
La tarea revolucionaria era titánica: construir un orden nuevo, el socialismo, que vislumbraba alcanzar la igualdad social como lo preconizaron Marx y Engels unas décadas antes. Rusia era un país atrasado, feudal, con incipiente capitalismo, en guerra con Europa y Asia, el zarismo estaba en crisis y la revolución alcanzo tierra fértil. La burguesía europea -Alemania en particular y las vetustas monarquías-, se aterrorizaron de saber que en Rusia se empezaba a construir un orden nuevo, socialista, que cuestionaba su poderío, que derruía el sistema capitalista con la clase obrera al frente, hombro a hombro con soldados y campesinos. La reacción no se hizo esperar y todos los regímenes europeos se aliaron para sabotear la nueva Rusia y desataron la guerra civil en la periferia con la creación del Ejército blanco para intentar retomar el poder soviético sustentado y defendido por el Ejército Rojo. Los primeros años fueron intensos de conmoción social, de avances y retrocesos, de intentonas contrarrevolucionarias. Paz, pan y tierra era la consigna del poder soviético para satisfacer a la masa obrero-campesina que había tomado, al fin, el poder.
Los primeros decretos del gobierno soviético vislumbraban la revolución: se ordenó el horario laboral de ocho horas, se garantizó la propiedad de la tierra para los campesinos, se declaró obtener la paz con Alemania, se inició el plan de alfabetizar a toda la población, se consagraron los derechos de los pueblo de Rusia y del derrocado imperio zarista bajo el principio de la autodeterminación, se promulgó la igualdad legal de los sexos, se sustituyeron los entes de justicia por nuevos bajo directrices revolucionarias, se abolieron los títulos y rangos sociales, se separó la iglesia del Estado, se expropiaron los bienes de las iglesias y pasaron a manos estatales, así como la educación en general. Se dotó de vivienda a los desposeídos de las ciudades. Se nacionalizaron las industrias y los bancos, se desconoció la deuda contraída por el zarismo. Un mundo nuevo había nacido: se consumó una revolución democrático-burguesa pero dirigida por revolucionarios que tenían en mente construir la utopía en este mundo, erigir a la brevedad una nueva sociedad: el socialismo. La nueva Constitución consagró en 1918 el nuevo orden: por primera vez en la historia los oprimidos gobernaban un país y asumían el control de las instituciones y del poder en la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.
La genialidad de Lenin trazó el derrotero, la continuidad de la revolución: el sistema capitalista es un hueso duro de roer y la economía es un serio problema: socializar la agricultura, la producción industrial, la pequeña producción era un paso que requería de método para no colapsar. Para ello, el líder trazó la Nueva Economía Política (NEP) que permitiera una transición de la producción neta capitalista y feudal a una socialista. Durante esos años, hasta la muerte de Lenin en 1924, la tarea fue cumplida y se sentaron las bases del socialismo, tarea que se emprendió bajo los planes quinquenales, que planificaron desde el Estado toda actividad económica estratégica. En 1922 se había fundado la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que resolvía la relación entre naciones disímiles en una asociación que perduró hasta 1991 con la disolución de la URSS y la restauración del capitalismo.
Durante la década de los 20 y 30 la Unión Soviética cimentó una producción industrial conducida por el Estado, se modernizó la agricultura bajo las cooperativas campesinas (koljoses) y la producción agrícola del Estado (sovjoses). En el ámbito político, la ausencia de Lenin desató intensas polémicas que terminaron con la ruptura entre dos alas dirigidas por Trotski y Stalin, respectivamente. Pese a los juicios tendenciosos que distorsionan la historia (los errores de Stalin, la persecución de este a Trotski, las purgas intra-partidistas, los excesos de la colectivización forzada) el gran logro es innegable e imborrable: la Unión Soviética se convirtió en una potencia política, económica y militar que jugó su decisivo papel en la Segunda Guerra Mundial, la Gran Guerra Patria. Sin la URSS la derrota de la Alemania nazi y los fascistas europeos hubiera sido muy difícil. La historia que se cuenta en estos tiempos pretende dar a Estados Unidos la victoria que el Ejército Rojo labró desde su resistencia por la incursión militar nazi que llegó a las puertas de Moscú, hasta la toma de Berlín por tropas soviéticas el mayo de 1945.
La Revolución Rusa de 1917 marcó la humanidad para siempre: pese a las derrotas de la revolución acaecidas en Europa y diversos países del orbe a lo largo del siglo XX, un mundo sin capitalismo es posible, un mundo gobernado por los oprimidos es posible . La penetración de la ofensiva ideológica desde la última década de la centuria pasada y lo que va del siglo XXI, pretende hacer creer que el neoliberalismo capitalista es invencible y que no hay esperanza. Los caminos de la historia nunca se vieron libres de obstáculos y derrotas de las causas más nobles. El futuro de la humanidad pende de un hilo sostenido por el Capital, que fiel a su esencia pretende vendernos la idea de su triunfo definitivo.
Estamos al borde de la desaparición de la humanidad y la civilización por las desgracias capitalistas: destrucción acelerada del medio ambiente por la explotación despiadada de la tierra y todos los recursos naturales no renovables, desigualdad social incontenible que se denota en la periferia y en las metrópolis, pauperización de grandes masas de población mundial de siete mil 600 millones de habitantes, migración desesperada a Europa, entre otra desgracias. Y al frente, desde el poder, a nivel mundial y en la mayoría de países, una clase minoritaria, la burguesía que manda desde los centros imperiales y tiene sus vasallos en cada país colonizado o recolonizado.
La Gran Revolución de Octubre, a un centenario de su triunfo, es un faro que aún marca el derrotero. Ni los medios y la clase dominante pueden ignorarla: se preocupan por academizarla y presentarla como el pasado que no volverá, como su pesadilla que ya pasó. El siglo XXI alberga esperanzas como Cuba y Venezuela y varios gobiernos progresistas en Nuestra América. Nada es eterno es este mundo, la fuerza de los oprimidos se levantará como los Soviets de hace un siglo. La humanidad necesita nuevos rebeldes soviets o la inminente destrucción nos hundirá en la aniquilación. Lenin aún está presente con sus libros y su conducción. Los humildes, los de abajo, tienen que tomar la palabra antes de que sea demasiado tarde. La Revolución es necesaria antes que el sistema capitalista nos borre del universo para siempre.
------
La revolución bolchevique 100 años después
11 de noviembre de 2017
 
Por Yazle A. Padrón Kunakbaeva (Rebelión)
En estos días, en que una hora nos parece mucho tiempo, cien años representan una cantidad de tiempo absurda. Toda la maquinaria de la industria cultural y la dinámica del mundo económico se conjugan para hacer que vivamos en un mundo de lo efímero y lo fugaz. Esto es verdad incluso en Cuba, donde se supone que deberíamos estar a salvo. Es por eso que cien años es algo cuya verdadera densidad ya casi no podemos experimentar. Cuando nos enteramos de que se cumplen cien años o doscientos de algo, es como si pasara un cometa: ocupa por un momento el cielo, extraño, venido de otro mundo, y luego desaparece. No resulta extraño, por tanto, que nos cueste trabajo reaccionar frente al centenario de la Revolución de Octubre.

Lo interesante, no obstante, es el estado de incomodidad ante la efeméride que existe entre los más diversos actores del escenario actual. Nadie sabe muy bien qué hacer. Son muchos los que no quieren celebrarla, pero son incapaces de dejarla pasar en silencio. Los cien años de la Revolución de Octubre recuerdan el derrocamiento del absolutismo zarista y el surgimiento del primer estado socialista, una conmoción que sacudió los cimientos del mundo. Pero traen también a la memoria los horrores del estalinismo, la opresión de millones de personas en Europa del Este, etc. Se trata de una de esas fechas ante las que se hace necesario tomar una posición, decidir de qué lado se está.
 
La revolución de los bolcheviques pasó ya hace cien años. Puede parecer mucho tiempo, pero lo realmente sorprendente es que hayan pasado sólo cien años. Cuando uno piensa en cuanto ha cambiado el mundo desde 1917, parece que han pasado milenios. Las figuras de la revolución parecen provenir de un pasado mítico, de una época definitivamente perdida. En 1917 todavía era posible que la historia vibrara y explotara. Todavía eran posibles un Lenin de inteligencia y convicción titánicas, un Smolny atestado de bolcheviques y un Petrogrado rebelde, indómito. Todavía era posible, en fin, un asalto al palacio de invierno. Se creía, por aquellos días, en que sería posible construir una sociedad sin clases.

Frente a la grandeza de aquel acontecimiento y a los cien años transcurridos es necesario hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo fue posible que la hermosa locura revolucionaria de aquellos días se perdiera y diera a luz a un estado dictatorial e incluso sanguinario? ¿Cómo fue posible que el socialismo se corrompiera hasta el punto de convertirse en un peso muerto sobre la vida de los hombres, en una verdadera muestra de vida enajenada? El mismo pueblo ruso que inició la construcción del socialismo fue aquel que derrocó al estado soviético y abjuró de él. ¿Fue el socialismo siempre un error?

No hay ninguna evidencia de que el socialismo como horizonte social sea una opción errónea, sino todo lo contrario. Cada vez es más evidente que el capitalismo como sistema social es insostenible a largo plazo. En algún momento, el afán de hacer trabajar a otros para enriquecerse y la necesidad de trabajar para sobrevivir deben dejar de ser las principales motivaciones para producir. En su lugar, debe aparecer la voluntad de construir un mundo mejor como motor de la sociedad. De lo contrario, la especie humana se vería aplastada por las consecuencias de su propio desarrollo descontrolado. El socialismo, como modelo de una sociedad donde se cumplen de verdad los ideales de la ilustración francesa (igualdad, libertad, fraternidad), no ha dejado de ser un objetivo válido.

Tampoco puede decirse que fue un error intentar construir el socialismo durante el siglo XX. La evidencia muestra que sólo el socialismo pudo sacar a Rusia del atraso y convertirla en un país industrializado. En general, en todos los países en los que hubo un proceso revolucionario verdadero, el socialismo generó condiciones de vida superiores a las que había con anterioridad. Además, de no haber existido la Unión Soviética, con su modelo de economía planificada, los países capitalistas no habrían realizado las reformas estructurales que les permitieron superar la crisis del liberalismo decimonónico y construir los estados de bienestar general. También los países capitalistas desarrollados tienen algo que agradecerle al socialismo del siglo XX.
 
El verdadero error está, como siempre, en los métodos. El gran discurso de los documentos teóricos no es la verdadera casa de la ideología de una sociedad. El método es la ideología. La manera en que los hombres hacen las cosas es lo que determina la manera en la que piensan, aunque digan otra cosa. Esta es la enseñanza primera del marxismo. Desgraciadamente, en los países del socialismo real, los métodos fueron autoritarios, basados en el ordeno y mando generalizado. Frente a ese proceder, el discurso de la democracia obrera tenía muy poco que decir.

Es cierto que resulta muy difícil para una sociedad desprenderse de los métodos autoritarios, sobre todo cuando estos vienen validados desde el mismo nivel del paradigma de racionalidad. La ciencia y la técnica moderna están constituidas para ser utilizadas por élites empresariales y tecnocráticas. El socialismo, en cambio, exigiría el desarrollo de una democracia cognitiva como fundamento de la democracia política. Este cambio de paradigma, evidentemente, es poco factible ahora mismo (mucho menos hace cien años), pero no por ello resulta menos necesario.

Los sistemas del socialismo real chocaron con la dificultad ontológica de construir relaciones sociales no autoritarias y se rindieron pronto. Se conformaron con eliminar la propiedad privada, sin eliminar la gestión tecnocrática de los recursos económicos. A partir de ahí, sólo fue cuestión de tiempo que la corrupción autoritaria se adueñara de todos los aspectos de la vida.

Ni la revolución ni el socialismo fueron un error: más bien se trató de un salto a lo desconocido que, como suele pasar, terminó mal a la larga. Lo imperdonable sería que nosotros no aprendiéramos nada de lo que ha pasado en estos cien años y continuáramos cometiendo los mismos errores.

¡Viva la Gran Revolución Socialista de Octubre!
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario