martes, 23 de enero de 2018

I. ¿Qué mundo concretan las resistencias/rexistencias de las naciones originarias?

Con territorios de paz entre los pueblos sintiéndose parte de la Madre Tierra 
al superar 
la crisis civilizatoria del capitalismo 
desde la diversidad planetaria de abajo.

Reparemos que  los progresismos se basaron y basan en la posibilidad de otro capitalismo (inexistente en el mundo entero) gracias a sus gobiernos antiimperialistas. Esta última caracterización también es mentirosa. No hay tal confrontación como lo prueban, por un lado, que expandieron y expanden la ocupación económica territorial de las transnacionales. Por otro lado, las reforzaron y refuerzan en su poder al renovar la creencia en que el bienestar social se expresa como acceso a la sociedad de consumo y generalizar la subsunción en la globalización financiera.
 
De ahí lo prioritario del balance crítico a los gobiernos e intelectuales del progresismo y las izquierdas reformistas. No pueden seguir impunes por embaucar a las mayorías mediante proyectos que, en vez de nac&pop, son los de la criminalidad de lesa humanidad del sistema mundo capitalista. No obstante esta realidad dominante, contra viento y marea, se multiplican las luchas populares en antagonismo irreconciliable con el capitalismo.
 
Consideremos las primordiales por contenidos y sentidos elaborados a raíz de siglos de resistencias/rexistencias:
 

Territorios indígenas y descolonización

17 de agosto de 2015
 
Por Raúl Prada Alcoreza
Al final, los lenguajes, los discursos, las teorías, son instrumentos de la vida, para la vida, no solamente para su permanencia y reproducción, sino, sobre todo, para su creación y recreación; la invención y reinvención de la vida. Por eso mismo, dentro de este ámbito, son herramientas de sobrevivencia, no en el sentido elemental, reductivo, sino en el sentido complejo, amplio. Si unos discursos, si unas teorías, ya no sirven para eso, se las desecha y se inventa otras, más adecuadas. Los lenguajes, los discursos, las teorías, no contienen de por sí sentido alguno, verdades inherentes, esencias o sustancias metafísicas; los sentidos emergen de las prácticas lingüísticas, discursivas, teóricas, de la gente.
Lo indispensable es usarlas como herramientas y no convertirlas en el lenguaje de la revelación, en el discurso de la verdad, en la teoría del saber absoluto. Cuando se hace esto, dejan de ser útiles para la vida, convirtiéndose, mas bien, en obstáculos para la vida y la sobrevivencia; convirtiéndose en dispositivos de poder institucionalizados. Lo que los convierte en fines, rebajando la condición humana a ser un medio para preservar la revelación, la verdad y el saber. Cuando ocurre esto, se desprecia la vida de la manera más veleidosa; se asume que matar al infiel, al que se opone a la verdad, al enemigo, al ignorante del saber absoluto, es la tarea principal, a nombre de la revelación, de la verdad, sea esta la revolución, la libertad u otra finalidad, a nombre de la “ideología” o de la ciencia. Esta inversión de valores, usando esta frase para ilustrar mejor, es un genocidio, así como un biocidio, también, en las condiciones del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, es un etnocidio.
Vamos a hablar ahora de una distribución conceptual, relativa a los territorios indígenas. La importancia de este mapa conceptual tiene que ver con la problemática fundamental de las dominaciones, articuladas en las estrategias capitalistas, asentadas en los diagramas de poder colonial. En este sentido, la importancia radica en la significación histórica-política y cultural de las luchas descolonizadoras y anticapitalistas; en consecuencia, la importancia adquiere una connotación crucial en la defensa de los territorios indígenas.
 
Patético exhibicionismo y desesperación extractivista
El apego de los llamados gobiernos progresistas al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es una clara muestra del carácter histórico-político de estos gobiernos. No dejaron de ser Estado-nación subalternos; administradores de la transferencia de los recursos naturales de las periferias a los centros del sistema-mundo capitalista. Entonces son cómplices no sólo de las dominaciones imperialistas, sino de mantenerlo alimentándolo con las concesiones extractivistas a las empresas trasnacionales; manteniendo, de esta manera, al ciclo dominante y hegemónico del capitalismo vigente; extractivista y financiero, inscribiendo la deuda infinita en los cuerpos de los pueblos subyugados.
El exigir que las naciones y pueblos indígenas entreguen sus tierras a la vorágine del capitalismo extractivista es la patética desesperación de comediantes, que fungen de líderes populistas, cuando, en realidad, desarman a los pueblos de su capacidad de lucha, haciendo gala de su demagogia, que se sostiene en redes clientelares. Es una clara muestra de lo distante que se está de la Constitución. Constitución que, además de establecer el carácter plurinacional del Estado, en transición, Estado plurinacional Comunitario y Autonómico, establece los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Por otra parte, deja claro el carácter ecologista de la Organización Económica del Estado, al establecer la condición sustentable del “desarrollo”, definiendo las condiciones no mercantilizables de los recursos naturales, destinados al vivir bien. El dispositivo gubernamental que exige a los pueblos entregar sus recursos naturales y  abrir las áreas protegidas, refleja un gobierno que ha adoptado el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.
Territorios indígenas
En primer lugar, es indispensable definir lo que se entiende por «territorios indígenas». Cuando queremos hacer esto, definir el concepto de territorios indígenas, nos encontramos con distintos discursos que lo contienen; en cada discurso la interpretación es distinta. En términos del uso político, territorios indígenas, tiene que ver con las luchas de las naciones y pueblos indígenas por recuperar y reconstituir sus territorios ancestrales. Ciertamente cuando decimos esto, de recuperar y reconstituir, hablamos en el contexto de la  geografía política de los Estado-nación. Esto significa que la recuperación y la reconstitución están circunscritas dentro de esta geografía. Generalmente se habla de los territorios donde están asentados los pueblos indígenas. Entonces se trata de la protección de los pueblos indígenas, de la defensa de sus culturas, de sus lenguajes, de sus instituciones, de sus normas y procedimientos propios. Para tal efecto, la lucha de los pueblos indígenas ha buscado el reconocimiento de sus territorios por parte de los Estado-nación.
 
Naciones Unidas ha recogido las reivindicaciones, las demandas, sobre todo las conquistas de los pueblos indígenas, después de décadas de luchas descolonizadoras. Le ha dado un lenguaje jurídico y ha extendido como derechos colectivos a todo el orbe planetario. Muchos Estado-nación han firmado convenios internacionales, que establecen universalmente los derechos de los pueblos indígenas. En este sentido, los territorios indígenas son territorios reconocidos internacionalmente y por los estados firmantes de los convenios internacionales.
Vulnerar estos derechos adquiridos, asumidos internacionalmente y por los estados firmantes, es violar los derechos humanos, en su extensión colectiva. En otras palabras, es violar las condiciones de posibilidad democrática, tal como han sido constituidas hasta ahora. Es comportarse despóticamente ante estos derechos establecidos. Es esto precisamente lo que pasa cuando se exige abrir las áreas protegidas  concesiones extractivistas de empresas trasnacionales.
Cuando se hace esto, violar derechos colectivos, con el desparpajo más grande, acusando, además, a los pueblos indígenas que no quieren hacerlo, de inmorales, se patentiza no solamente el despotismo más desvergonzado, sino que no se ha entendido nada de nada. No se ha entendido la Constitución, no se ha entendido el sentido primordial del llamado proceso de cambio, que es el de la descolonización. Tampoco se ha entendido el significado histórico-político, en el presente, de la democracia, del ejercicio de la democracia, que, de acuerdo con la Constitución, es participativa, directa, comunitaria, pluralista, representativa.
Es como creer que basta con pretender ser indígena o parecerlo para legitimar cualquier cosa, incluso actos y acciones políticas que van contra los derechos de los pueblos indígenas. Esto no es otra cosa que una desorientación enorme respecto a las emancipaciones y liberaciones en la actualidad. Y lo más grave, esto no es más que la continuación del despojo y la desposesión colonial; primero, en el periodo colonial propiamente dicho; después, en el periodo liberal, con las repúblicas; para prolongarlo con el periodo nacionalista; posteriormente, asombrosamente, para perpetuarlo en el periodo del llamado gobierno progresista, sobre todo con el denominado gobierno indígena.
La definición del concepto de territorios indígenas no queda ahí, en el uso político, “ideológico”, jurídico, incluso técnico, en las oficinas de Naciones Unidas, en las ONGs y en las instancias gubernamentales. Se ha desarrollado también como una concepción teórica de territorios indígenas. Se habla, en este sentido, de territorios indígenas, como espesores culturales; como ámbitos de relaciones entre comunidades y ciclos vitales, del agua, del aire, del suelo, de los bosques, de las cuencas. En una de las versiones de esta interpretación filosófica, el concepto de territorio indígena adquiere el carácter de arquetipo, de originariedad; se les atribuye esta connotación territorial a las comunidades originarias. Sin embargo, hay que hacer notar que para los pueblos ancestrales el territorio no es indígena o, mejor dicho, del pueblo indígena, que tampoco se consideraba como tal, sino que se nombraba como gente, como humano, en la lengua propia. El territorio no puede ser de alguien, persona o colectivo; la comunidad es la que forma parte del territorio. Lo común, en este caso, no corresponde solamente a los miembros de la comunidad o de las comunidades con las que se comparte, sino también con los otros seres con los que se convive.
 
Como se puede ver, a pesar de la importancia, la utilidad, “ideológica”, política, jurídica y cultural del concepto, no deja de plantear problemas hermenéuticos la decodificación y la interpretación del concepto. Problemas que hay que asumirlos plenamente, precisamente por la importancia y significación histórica que tienen los pueblos indígenas.
 
Otra semántica del concepto de territorios indígenas tiene que ver con la perspectiva ecológica. Los pueblos indígenas se encuentran en ecosistemas biodiversos vulnerables, forman parte de estos ecosistemas. Claro que también forman parte de los ecosistemas, en general, las ciudades, las poblaciones no indígenas; sin embargo, no hablamos de esta pertenencia ecológica, en general, sino de la vinculación de los pueblos indígenas con ecosistemas vulnerables, de las cuencas, de los bosques, de los territorios todavía no suficientemente afectados por la integración capitalista. En este sentido, territorio indígena adquiere una connotación ecológica. Hay una versión light, por así decirlo, de esta perspectiva ecológica, que es, mas bien, ambientalista; concibe a los territorios indígenas como áreas protegidas.
 
Después de esta breve revisión de parte de la polisemia de territorios indígenas – no podemos extendernos, por el momento -, podemos ver que más que tratarse de un concepto, estamos ante una distribución conceptual heterogénea. Distribución heterogénea que hace a una formación no sólo discursiva, sino política-cultural. Esta formación discursiva-político-cultural se despliega en las sociedades contemporáneas, en los Estados-nación, en el mundo, buscando ocasionar acontecimientos emancipativos y libertarios descolonizadores. Por lo tanto, en este ánimo y activismo, busca ocasionar enunciaciones que hagan inteligible el entramado de relaciones sociales e institucionales, donde se disputan dominaciones y contrapoderes.
En consecuencia, la formación discursiva-político-cultural de la que hablamos, que nombraremos como des-colonial – preferimos usar el término que asume Silvia Rivera Cusicanqui, con la explicación del caso, que decolonial -, es una heurística y hermenéutica de contra-poder, de prácticas discursivas-políticas-culturales contra- hegemónicas.
 
En este sentido, la defensa de los territorios indígenas es parte de la lucha descolonizadora. Defender los territorios indígenas de su desterritorialización extractivista, de su despojamiento y desposesión por parte del capitalismo dependiente, es no solamente pieza importante de la lucha anticapitalista, no solamente segmento fundamental de la lucha anticolonial y descolonizadora, sino, sobre todo, es primordial en la defensa de la vida.
 
 
 
 
Podemos suponer una exageración atribuir criminalidad de lesa humanidad a la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales. Pero indaguemos en:
 
 
La barbarie civilizada del capitalismo
19 de septiembre de 2015

Por Homar Garcés (Revista Amauta)
El escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, auguró: “El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias”.
Los pueblos de Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen -víctimas desde 2001 de la codicia inconmensurable de las grandes corporaciones transnacionales petroleras que operan desde Estados Unidos y Europa occidental- se han visto obligados a sufrir penurias de todo tipo, gracias a la cruzada protagonizada por estos países “civilizados” en su combate sin límites ni fecha de terminación contra el “terrorismo internacional”, el cual sólo tiene como enemigos presuntos o potenciales a aquellos pueblos y regímenes que no comulgan con su credo de superioridad racial, religiosa y/o cultural, ni aceptan continuar sometidos a una tiranía mundial compartida donde sobresale Estados Unidos -con su mando de la OTAN- como el policía de mayor rango. Esto sin incluir la ofensiva militar de Arabia Saudita a Yemen o las decenas de miles de muertos y heridos provocados por los bombardeos y ataques de Israel a zonas residenciales de Gaza y Cisjordania en su empeño por exterminar de la faz de la tierra al pueblo ancestral de Palestina, condenado a sufrir privaciones de toda clase bajo el régimen sionista israelí.
Con Libia, Estados Unidos y la OTAN cambiaron en parte el formato de agresiones aplicado en el resto de naciones invadidas. Esta vez la agresión a Libia (a diferencia de Afganistán e Irak) estuvo concentrada en los bombardeos y el uso de mercenarios pro-occidentales, los mismos que darían nacimiento al grupo Al Qaeda, acaudillado por Osama Bin Laden, ex pupilo de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) durante la Guerra Fría, del cual -a su vez- deriva el denominado Estado Islámico (ISIS o Dáesh). Además, se debe mencionar que dicha agresión neo-imperialista se basó en dos resoluciones de la ONU, las números 1970 y 1973, emanadas del Consejo de Seguridad, con lo que sus acciones adquirían cierta dosis de legitimidad ante el mundo, ya que se trataba de “proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques” por parte de las fuerzas leales a Muamar el Gadafi. Esto ha servido de fundamento para aspirar en hacer lo mismo en territorio sirio. No obstante, ni Estados Unidos ni Europa occidental supieron calcular las consecuencias de sus acciones belicistas en Oriente Medio y África subsahariana.
 
Al producirse abruptamente la disminución de sus condiciones materiales de vida, con destrucción sistemática de toda la infraestructura existente hasta entonces y, además, padecer el terrorismo y la inestabilidad política en sus países, viendo completamente trastornada la realidad socio-política, socio-económica y socio-histórica en la cual se desenvolvieran toda su vida, muchos de sus habitantes optaron por migrar en masa a las naciones responsables de su nueva condición, convertidos así en una “onda expansiva” de migrantes, al parecer incontrolable, que ahora sí preocupa a los gobiernos europeos. Éstos son los residuos poblacionales que antiguamente constituían el ejército de reserva del sistema capitalista avanzado y periférico; y que hoy, a riesgo de perder la vida -como pasó con muchos durante la travesía por el mar Mediterráneo, incluyendo a niños que no rebasan la edad de tres años- prácticamente, ante la indiferencia absoluta de la ONU y la opinión pública mundial, constituyen la mayor demostración respecto a que el sistema capitalista no contabiliza como haberes la dignidad ni los sueños rotos de los demás seres humanos; incluyendo en ello la destrucción irracional de poblaciones enteras y de vestigios de civilizaciones antiguas, en una estrategia por acabar con cualquier sentido nacionalista y/o de pertenencia de quienes resisten la barbarie civilizada del capitalismo actual.


 
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El capitaloceno
27 de febrero de 2017
Por Renan Vega Cantor
 
Al borde del precipicio
Varias informaciones recientes indican el acelerado proceso de destrucción de la naturaleza y de trastorno climático en el mundo, así como de la miseria de millones de seres humanos, afectador por catástrofes que se pretenden naturales pero que tienen un claro origen social, aunque eso no sea evidente a primera vista. Sin pretender ser sistemáticos recordemos algunas de las noticias que se registraron en el 2016 sobre caos climático, extinción de especies, pérdida de biodiversidad y las mal llamadas “catástrofes naturales”. (...)
 
Las características del capitalismo, su lógica de funcionamiento, explican que se haya convertido en una destructiva fuerza, que ataca a la mayor parte de los seres humanos y destruye la naturaleza, habiendo originado el capitaloceno (La época del capitalismo). Algunos de los elementos centrales de su funcionamiento son los siguientes:
  • Primer elemento: la acumulación capitalista que crece en forma exponencial e ininterrumpida en la búsqueda insaciable de ganancias. Para obtener ganancias se debe explotar intensivamente a los trabajadores y expoliar el medio ambiente, sin interesar si se destruyen a otras formas de vida. Se supone que puede haber crecimiento al infinito, como requisito de la acumulación de capital, en una tierra cerrada y limitada en recursos.
  • Segundo elemento: para obtener ganancias el capital rebasa las fronteras nacionales y se expande por el mundo en búsqueda de fuentes de materias primas, trabajo barato y nuevos mercados de inversión y consumo. Incluso, algunos lunáticos hoy hablan de la “colonización de Marte”, como forma de huir de la tierra. Esta expansión tiene como motor principal la competencia desenfrenada de capitales, que primero compiten a escala local y luego en el mundo entero.
  • Tercer elemento: obtener réditos en el corto plazo, porque, como decía Keynes, en el largo plazo todos estaremos muertos. Esto supone que no se tienen en cuenta los tiempos de la naturaleza, sino los tiempos del capital y los negocios. Como consecuencia se aniquila a los ecosistemas, tal y como lo evidencia la explotación mineral o de hidrocarburos, ya que no se tiene en cuenta el tiempo de reposición de los ecosistemas (cuando hablamos de bienes renovables) y se actúa en contra de los límites naturales.
  • Cuarto elemento: para conseguir el incremento de ganancia en forma permanente se produce un crecimiento ininterrumpido de las fuerzas productivas-destructivas, lo que se expresa entre otras cosas en el desarrollo de la tecnociencia, lo que lleva a inventar tecnologías más potentes, y que consumen mayores cantidades de materia y energía, para extraer más materia y consumir hasta la última porción de energía disponible. Esto genera una particular forma de arrogancia tecnocrática, para la cual no hay límites naturales, ni de ninguna otra índole, y que postula que tarde o temprano se encontraran las soluciones técnicas a los problemas que ha generado el capitalismo.
  • Quinto elemento: se estructura una jerarquía de valores que exaltan la competencia, el individualismo, el egoísmo, la codicia, la sed de ganancias, el consumismo, la explotación de otros seres humanos, como propias de la “naturaleza humana”. Esos valores son inculcados desde la escuela, y por los medios de comunicación, lo que legitima al capitalismo, que es visto como el orden natural de las cosas, un sistema eterno e insustituible.
  • Sexto elemento: la producción de mercancías obliga a su consumo, para poder obtener ganancia por parte de los capitalistas. Esto conduce a impulsar el consumo, creando necesidades artificiales e innecesarias, como puede verse hoy al examinar gran parte de las mercancías que se generan en el capitalismo, muchas de las cuales son inherentemente nocivas.
 
Con estos elementos, puede concluirse sin mucho esfuerzo que el capitalismo es insustentable a corto plazo. Como indican Fred Magdoff y John Bellamy Foster: El sistema capitalista mundial es insustentable en: (1) su búsqueda por una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe expandirse continuamente para obtener ganancias; (2) su sistema agrícola y alimentario que contamina el ambiente y sin embargo no garantiza el acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida; (3) su desenfrenada destrucción del ambiente; (4) su continua reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los países; y (5) su búsqueda por la “bala de plata” tecnológica para evadir los crecientes problemas sociales y ecológicos emergentes de sus propias operaciones34.
 
El término capitaloceno hace referencia a un periodo de tiempo reciente, una nueva era geológica, y a una categoría analítica y explicativa. En el primer sentido, establece una cronología para englobar un conjunto de procesos cuyo nexo articulador es la existencia y el predominio de la relación social capitalista, desde el momento mismo de su génesis, como capitalismo de guerra en el siglo XVI, en algunos lugares de Europa y que luego, se expande por el resto del mundo durante los últimos siglos, adquiriendo una fuerza e impacto mundial tras la revolución industrial a finales del siglo XVIII. En el segundo sentido, es una noción que se dirige a dar una explicación de los fundamentos de funcionamiento del capitalismo y sus impactos destructivos sobre el planeta tierra. Busca explicar en forma racional las raíces de lo que sucede.
Aunque el capitaloceno representa un período muy corto, su impacto es tal que la mayor parte de las transformaciones que ha generado tienen un carácter de irreversibles. El capitalismo es una fuerza geofísica global, eminentemente destructora, aunque se suponga que es creadora, su carácter devastador es de tal dimensión que puede catalogarse como un nuevo meteorito, pero de origen social, similar al meteorito que se estrelló contra el Golfo de México hace 65 millones de años y que produjo la quinta extinción de especies y arrasó con el 90 por ciento de la vida que por entonces existía en la tierra35.
Al hablar de capitaloceno no importa tanto que se le conciba como una época histórica o una era geológica, y lo menos interesante es argüir que hoy no pueden leerse los registros estratigráficos que demuestren su existencia. Es poco importante que exista un reconocimiento estratigráfico del capitaloceno. Lo fundamental es el sentido político del término y al desafío cognitivo de orden colectivo que debería generar, que conduzca no solamente a cambiar nuestra comprensión de la realidad, sino lo que es más importante y decisivo, nuestro accionar como sociedades. El asunto es crucial, no es una cuestión terminológica ni una querella entre geólogos. Tiene que ver con el esclarecimiento de las razones y de las causas que producen la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies, el vuelco climático, la acidificación de los mares, la destrucción de los corales…. El capitaloceno si está dejando huellas de tipo geológico. Al respecto, uno de los cambios geológicamente más significativos, aunque aparezca casi invisible para nosotros, es la modificación en la composición de la atmosfera: las emisiones de bióxido de carbono (CO2), cuya contribución al calentamiento global es innegable –lo que produce cambios climáticos, concretamente elevación de la temperatura, que no se presentaban hace millones de años– y que permanecen durante miles de años en la atmósfera. Asimismo, el desplazamiento de plantas y animales hacia los polos, un movimiento migratorio forzado por el aumento de la temperatura, que ya se está presentando, va a dejar su registro fósil, en idéntica forma que la elevación del nivel del mar en varios metros, con lo cual se hundirán ciudades completas.
 
Es probable que mucho tiempo después de que nuestros autos, ciudades y fábricas se hayan convertido en polvo, las consecuencias de quemar carbón y petróleo equivalente a miles de millones de toneladas sean claramente ostensibles. El bióxido de carbono calienta el planeta y, al mismo tiempo, se cuela en los océanos y los acidifica. En algún momento de este siglo serán tan ácidos que los corales ya no podrán construir arrecifes, lo que se registrará geológicamente como "un hiato de arrecifes". Estos hiatos han marcado cada una de las últimas cinco extinciones masivas principales. La más reciente, que se cree fue causada por el impacto de un asteroide, tuvo lugar hace 65 millones de años, al final del periodo Cretácico; no sólo eliminó a los dinosaurios, sino también a los plesiosaurios, los pterosaurios y los ammonoideos. La escala de lo que les está sucediendo ahora a los océanos es, de acuerdo con muchos expertos, incomparable desde entonces. Para los geólogos futuros, dice Zalasiewicz, nuestro impacto podría parecer tan repentino y profundo como el de un asteroide. (Bienvenido al Antropoceno, la era del hombre36).
 
Entre algunos de los cambios que ha generado el capitalismo se encuentran: un aumento en la tasa de extinción de la fauna y la flora a niveles sin precedentes desde la aparición del homo sapiens; aumento en los niveles de C02 en la atmosfera, que modifica el clima y aumenta las temperaturas, de tal forma que no había sucedido hace 66 millones de años; producción masiva de plásticos, que inundan ríos, lagos y océanos, interfiriendo en la vida de miles de especies; la utilización de fertilizantes ha duplicado la cantidad de nitrógeno y de fósforo en las tierras de cultivo. Se calcula que esto puede causar un impacto sobre el ciclo de nitrógeno que no se presentaba hace 2.500 millones de años; “la presencia de una capa permanente de partículas transportadas por el aire en los hielos glaciares y sedimentos, como por ejemplo carbono negro procedente del consumo de combustibles fósiles” 37. Con estas evidencias, advierten algunos geólogos, "Muchos de estos cambios son geológicamente duraderos y algunos son efectivamente irreversibles"38.
 
Los rasgos distintivos del capitaloceno no apuntan a señalar en abstracto al ser humano como una fuerza geológica en sí misma de extinción masiva, sino al sistema capitalista, como una forma de organización social e histórica particular, cuyo funcionamiento ocasiona los problemas que vivimos en la actualidad. Como tal, desde su origen Homo sapiens ha vivido en diversas formas de organización social, y en ninguna de ellas se puso en peligro global la supervivencia de la misma humanidad y de otras formas de vida a una escala masiva, como hoy acontece. Uno de los aspectos que suele resaltarse cuando se habla de Antropoceno es el tamaño de la población humana, cuyo número creció en forma exponencial en los últimos dos siglos, tras la Revolución Industrial y en forma más veloz en los últimos cincuenta años. Este crecimiento está asociado a las energías fósiles, porque sin ellas no hubiera sido posible, algo que se deriva entonces del mismo desarrollo del capitalismo. Pero un elemento adicional que no puede ser negado es que no todos los seres humanos que hoy vivimos en el planeta tierra tenemos el mismo grado de responsabilidad, puesto que hay una asimetría evidente entre una ínfima minoría de grandes capitalistas y el resto de la población mundial.
 
En otros términos, existe una segmentación en términos de producción y consumo entre unos pocos países y el resto, y más en general, entre los más ricos entre los ricos y millones de pobres y miserables. Oxfam lo ha dicho en sus informes de enero de 2016 y de enero de 2017. En este último proporciona algunos datos sobre la aterradora desigualdad social y económica en el mundo: 1. Cuando una de cada diez personas en el mundo sobrevive con menos de dos dólares al día, la inmensa riqueza que acumulan tan sólo unos pocos resulta obscena. Sólo ocho personas (concretamente ocho hombres), poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas. […] 2. Siete de cada diez personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años. 3. La desigualdad extrema tiene un enorme impacto en las vidas de las mujeres, sobrerrepresentadas en los sectores con peores salarios y que sufren mayores niveles de discriminación en el ámbito laboral y asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado. Al ritmo actual, llevará 170 años alcanzar la igualdad salarial entre hombres y mujeres. 4. La evasión y elusión fiscal por parte de las grandes multinacionales priva a los países pobres de al menos 100.000 millones de dólares cada año en ingresos fiscales, dinero suficiente para financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar o servicios sanitarios que podrían evitar la muerte de al menos seis millones de niños y niñas cada año39.
 
Con datos como estos, resulta muy amañado seguir diciendo que la población en sí misma es el problema, cuando este estriba en la desigualdad social y económica, lo que conduce a marcados desniveles de apropiación de la producción y el consumo dentro de los países y a nivel mundial40. Claro que debe plantearse un control en el crecimiento de la población, ante la reducción acelerada de los bienes comunes de la naturaleza, pero algo más crucial radica en señalar la destrucción que significa el consumo de los ricos, y el costo ambiental que esto trae para el planeta. No es tanto la reducción de los pobres lo que necesita el planeta tierra, sino más bien la reducción de los ricos y su consumo y despilfarros ostentosamente obscenos. En el capitaloceno la pregunta esencial no es cuánto le cuesta un pobre al medio ambiente, sino cuánto le cuesta un rico, cuestión que apunta a vincular la desigualdad con la destrucción ambiental. Si Antropoceno es una palabra que genera algún rechazo, Capitaloceno va a ser un término absolutamente denostado y ocultado, porque apunta a señalar al sistema capitalista como el responsable de las catástrofes climáticas y ambientales que destruyen diversas formas de vida, asesinan diariamente a millones de seres humanos (pobres y explotados) y pone en peligro la misma supervivencia de nuestra especie. Y plantea, por supuesto, que la única alternativa para que la humanidad pueda sobrevivir es rebasar el capitalismo. En conclusión, nos encontramos en la Era Catastrozoica, del Período “Cabernario”, Época del capitaloceno y el nuevo meteorito que destruye nuestro planeta no viene del espacio exterior, El meteorito de nuestro tiempo se llama capitalismo y resulta inútil tratar de cambiarle el nombre.
 
Atendamos:
 
 
¡Para recuperar nuestro futuro, tenemos que cambiar el presente!
Nuestra propuesta es para cambiar el sistema en vez del clima.
23 de abril de 2013
 
El sistema capitalista ha explotado y abusado de la naturaleza empujando al planeta hasta límites insostenibles que están provocando cambios estructurales acelerados muy peligrosos en el clima.
Hoy, la severidad y multiplicidad de los cambios climáticos –caracterizados por sequías, desertificación, inundaciones, huracanes, tifones, incendios forestales, desaparición de glaciares y casquetes polares- son claros indicios que hablan de un planeta en llamas. Estos cambios tan extremos tienen un impacto directo en las personas a través de la pérdida de medios de subsistencia, de cultivos, de hogares y de vidas. Todo esto esta provocando éxodos masivos sin precedentes de migrantes  y refugiad@s climátic@s.
La humanidad y la naturaleza están llegando al borde de un precipicio: podemos cruzarnos de brazos y proseguir nuestra marcha hacia el abismo, o bien pasar a la acción y reclamar el futuro que tod@s queremos.
No permaneceremos indiferentes. No permitiremos que el sistema capitalista nos queme a tod@s.  Vamos a tomar medidas para cambiar el sistema y eliminar las causas estructurales del cambio climático.  Ha llegado la hora de pasar de los discursos a la acción.
Tenemos que fortalecer e impulsar la organización de movimientos de base en todas partes y sobre todo en los frentes de batalla donde más hay en juego.
 
Cambiar el sistema significa:
  • Dejar más de dos tercios de las reservas de combustibles fósiles bajo la tierra y el fondo del océano para prevenir niveles catastróficos de cambio climático.
  • Prohibir las nuevas exploraciones y explotaciones de petróleo, arenas bituminosas, gas no convencional, carbón, uranio y gas natural.
  • Apoyar una transición justa para que l@s trabajador@s y las comunidades salgan de economías de consumo intensivo de energía y avancen hacia economías locales resilientes, basadas en la justicia social, económica y medioambiental.
  • Descentralizar la generación de energía y colocar su propiedad bajo control de las comunidades locales impulsando las fuentes de energía renovables.  Invertir en infraestructuras energéticas locales, de pequeña escala y basadas en las propias comunidades.
  • Dejar de construir megaproyectos y proyectos innecesarios de infraestructura que no benefician a la población y que son contribuidores netos de emisiones de gases de efecto invernadero como son mega represas, autopistas excesivamente sobre dimensionadas, proyectos energéticos centralizados de gran escala innecesarios y aeropuertos superfluos.
  • Acabar con la producción industrial de alimentos en gran escala orientada a la exportación (incluyendo la producción agropecuaria) y promover sistemas de producción en pequeña escala, integrados, ecológicamente sustentables, que contribuyan a enfriar el planeta y aseguren la soberanía alimentaria en base a la provisión de alimentos nutritivos que satisfagan las necesidades culturales de las comunidades locales.
  • Adoptar estrategias de “Residuos-Cero” mediante el fomento de programas de compostaje y reciclado integral que remplacen el uso de incineradores de residuos que generan gases de efecto invernadero.
  • Acabar con el acaparamiento de tierras y respetar los derechos de pequeñ@s agricultores, campesin@s, y mujeres. Reconocer los derechos colectivos de los pueblos indígenas conforme a la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, incluyendo sus derechos sobre sus tierras y territorios.
  • Desarrollar estrategias económicas que creen nuevos tipos de “empleos climáticos” –trabajos con una remuneración decente que contribuyan a la reducción de emisiones de carbono- en los sectores de las energías renovables, la agricultura, el transporte público y el reciclado de piezas industriales. 
  • Recuperar el control de los recursos públicos para financiar proyectos para el pueblo y la naturaleza en los ámbitos de salud, educación, alimentación, empleo, vivienda, recuperación de zonas húmedas, bosques y otros ecosistemas, y eliminar los subsidios a las industrias contaminantes, al agro-negocio y a la industria militar.
  • Retirar de circulación los automóviles a través de la construcción de infraestructuras de transporte público limpios, adaptados a los recursos energéticos locales, no basados en motores a combustión y que sean accesibles y asequibles a toda la población.
  • Fomentar la producción y consumo locales de productos sostenibles para satisfacer las necesidades fundamentales de la población y evitar el transporte de bienes que pueden ser producidos en el lugar. 
  • Detener y revertir los acuerdos de libre comercio e inversiones al servicio de las trasnacionales. Estos acuerdos promueven el comercio y las inversiones para la obtención de la máxima ganancia a costa de la fuerza de trabajo, la naturaleza y de la capacidad de las naciones de definir sus propias políticas.
  • Frenar la apropiación corporativa de la economía y de los recursos naturales en beneficio de las Empresas Transnacionales.
  • Desmantelar la industria e infraestructura militar, para así reducir las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a la guerra, y destinar los recursos del presupuesto militar a la promoción de una paz verdadera.
     
 Aplicando estas medidas, seremos capaces de obtener pleno empleo para tod@s, porque en un cambio sistémico de este tipo habrán más trabajos de calidad de los que existen bajo el actual sistema de explotación.  Mediante estas medidas lograremos construir una economía que sirva al pueblo y no a los capitalistas.  Con ello, pararemos la degradación de la tierra, el aire y el agua, preservando la salud humana y los ciclos vitales de la naturaleza, evitando, además, la migración forzada de millones de refugiados climáticos.
Cambiar el sistema implica poner fin al imperio mundial de las empresas transnacionales y los bancos.  Sólo una sociedad capaz de controlar democráticamente sus recursos a través de sus trabajadores (incluyendo los trabajadores migrantes), pueblos indígenas y mujeres garantizará  la soberanía de los pueblos y la justicia económica social y ambiental. El cambio de sistema requiere de una ruptura con la sociedad patriarcal para asegurar los derechos de las mujeres en todas las esferas de la vida. El feminismo y la ecología son componentes claves de la nueva sociedad por la cual estamos luchando.
Necesitamos un sistema que busque la armonía entre los seres humanos y la naturaleza, y no un modelo de crecimiento infinito como promueve el sistema capitalista en aras de obtener más y más ganancia.  La Madre Tierra y sus recursos naturales no pueden sostener las necesidades crecientes de producción y consumo de la sociedad industrializada moderna. Necesitamos un sistema que satisfaga las necesidades de la mayoría y no de unos pocos.  Necesitamos una redistribución de la riqueza que ahora está en manos del 1% de la población.  Así mismo, requerimos una nueva definición de lo que significa “bienestar” y “prosperidad” para todos los seres humanos en el marco de los límites de la Madre Tierra.
Aunque continuará la pelea en las negociaciones internacionales de las Naciones Unidas sobre cambio climático, las batallas más importantes tendrá lugar fuera de este escenario, en los lugares donde hay luchas contra los combustibles fósiles, la agricultura industrializada, la deforestación, la contaminación industrial, los mercados del carbono y los proyectos REDD, todo ellos causantes de un mayor acaparamiento de tierras y agua, y de desplazamientos forzados de personas por todo el planeta.
Estados Unidos, Europa, Japón, Rusia y otros países industrializados -como principales emisores históricos- deben efectuar los principales recortes de emisiones de gases de efecto invernadero.  China, India, Brasil, Sudáfrica y otras economías emergentes también deben establecer compromisos de reducción de emisiones basados en el principio de responsabilidad común pero diferenciada.  No aceptamos que so pretexto de “derecho al desarrollo” se promuevan proyectos de consumo insostenible y de destrucción de la naturaleza solamente para  generar ganancias para el 1% de la población.
 
La lucha por un nuevo sistema es la lucha contra las falsas soluciones climáticas.  Si no las paramos, estas falsas soluciones climáticas afectarán severamente el funcionamiento del sistema de la Tierra dañando gravemente la salud humana, los ecosistemas y la vida.  Por ello rechazamos las soluciones “tecnológicas”, como la geo-ingeniería, los organismos genéticamente modificados, los agro-carburantes y la bioenergía industrial, la biología sintética, la nanotecnología, el fracking (fractura hidráulica), los proyectos nucleares y la incineración de basuras para producir energía.
Nos oponemos igualmente a las propuestas de mercantilización, “financiarización” y privatización de las funciones de la naturaleza a través de la llamada “economía verde”.  Poner un precio a la naturaleza y crear mercados de derivados financieros no generará sino desigualdad y destrucción de la naturaleza.  No podemos dejar el futuro de la naturaleza y la humanidad en manos de los mecanismos de especulación financiera como los “mercados del carbono” y proyectos REDD.  Nos hacemos eco y apoyamos el pedido para que la Unión Europea deje a un lado su Esquema de Mercado de Emisiones.
Los proyectos REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques), al igual que los Mecanismos de Desarrollo Limpio, no son soluciones al cambio climático y por el contrario representan nuevas formas de colonialismo.  En defensa de los Pueblos Indígenas, las comunidades locales y la naturaleza, rechazamos los proyectos REDD y el acaparamiento y destrucción de bosques, tierras cultivables, manglares, algas marinas y océanos que son sumideros de gases invernadero. REDD y su posible expansión a la tierra, denominada “Agricultura Climáticamente Inteligente” (Climate -Smart Agriculture), generará una contra-reforma agraria mundial que privilegiara la “cosecha de carbón” antes que la producción de alimentos.
Debemos vincular las luchas sociales y medioambientales,  hermanar las comunidades urbanas y rurales, combinar las iniciativas locales y globales para unirnos en una lucha común.  Tenemos que construir un movimiento enraizado en la vida cotidiana de las personas y que garantice la democracia en todos los estadios de la sociedad.
Muchas propuestas ya tienen elementos claves para construir nuevos sistemas alternativos. Algunos ejemplos son: el “Vivir Bien”, la defensa de los “comunes”, los derechos de la naturaleza o Madre Tierra, el respeto a territorios indígenas y zonas de preservación comunitaria, la soberanía alimentaria, la “prosperidad sin crecimiento”, la “des-globalización”, el “índice de felicidad”, los derechos y deberes de las generaciones futuras, el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba y otros.
Tod@s nosotr@s tenemos esperanza en un mundo mejor.  Hoy hemos de recoger esa esperanza y traducirla en valor y acciones, porque –junt@s- podemos cambiar el sistema.  Si queremos un futuro para la humanidad necesitamos empezar la lucha ahora.
 
Abril 2013
Firmado por las organizaciones facilitadoras del Espacio Climático
Alliance of Progressive Labor, Philippines
Alternatives International
ATTAC France
Ecologistas en Acción
Environmental Rights Action, Nigeria
ETC Group
Fairwatch, Italy
Focus on the Global South
Global Campaign to Dismantle Corporate Power and end TNCs’ impunity
Global Forest Coalition
Grassroots Global Justice Alliance
Grupo de Reflexão e Apoio ao Processo do Fórum Social Mundial
Indigenous Environmental Network
La Via Campesina
No-REDD in Africa Network
Migrants Rights International
OilWatch International
Polaris Institute
Transnational Institute

II. ¿Qué mundo concretan las resistencias/rexistencias de las naciones originarias?



Con territorios de paz entre los pueblos sintiéndose parte de la Madre Tierra 
al superar 
la crisis civilizatoria del capitalismo 
desde la diversidad planetaria de abajo.
 
Evaluemos porqué un desafío fundamental de nosotros, los de abajo y a la izquierda, es facilitar el viraje de una creciente mayoría desde la creencia en Evo Morales-Álvaro García Linera hacia valorar la consigna:

"La Cumbre es de los Pueblos y no de los Estados"

22 de noviembre de 2016
El espacio propio de los pueblos indígenas desarrollado en el marco de la III Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala culminó el viernes 18 con una declaración reflexiva y critica que en la práctica salvó la autonomía de los comunicadores frente a la cumbre oficialista secuestrada por el gobierno boliviano. 

ANRed difunde documento
El documento fue suscrito por importantes organizaciones indígenas, procesos de comunicación y personalidades de diversos países del Abya Yala como Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, México y Perú.
Entre ellas la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), el Consejo Regional Indígena del Cacua (CRIC), la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), la Confederacion Kichua del Ecuador Ecuarunari, la Red de Comunicadores Indígenas del Perú (REDCIP) entre otras.
Asimismo, José Ignacio López Vigil de Radialistas Apasionadas y Apasionados, Servicios en Comunicación Intercultural Servindi, Notiwayúu, AICO, entre muchas otras.
“La Cumbre es de los Pueblos, no de los Estados”

Declaración del espacio propio internacional de los pueblos en la denominada III Cumbre de Comunicación Continental de los Pueblos Indígenas del Abya Yala

Los pueblos, procesos, experiencias de comunicación, comunicadores y comunicadoras abajo firmantes
Considerando
Que lo evidenciado hasta ahora en la denominada III Cumbre Continental de Comunicación Indígena del Abya Yala no cumple con el alcance y carácter originario continental, de que es de los procesos y pueblos y no de un país en particular o gobiernos estatales, y que la comisión organizadora de Bolivia no es autónoma. La institucionalidad estatal prácticamente ha despojado a los pueblos de la conducción de la Cumbre lo que ha provocado un caos metodológico, con serias debilidades organizativas y con una agenda restringida, controlada y con un énfasis en publicitar una particular visión y oficialista del contexto.
Que en la denominada III Cumbre Continental de Comunicación del Abya Yala se evidencia la ausencia de comunicadores y procesos de comunicación autónomos e independientes.
Que a pesar de que varios miembros de la Comisión de Seguimiento Internacional intentó dialogar y corregir algunos vacíos de la Cumbre esto fue imposible de alcanzar luego de dos días de diálogo, que significaron una pérdida de dos días de trabajo y graves señalamientos contra quienes trataron de impulsar la Cumbre con el sentido y metodología acorde a los principios y sentires de los pueblos y procesos.
Que teniendo en cuenta lo anterior decidimos abrir un espacio propio en el que, en medio de limitaciones logísticas y de tiempo, hemos podido conversar pueblos y procesos de comunicación en un clima de hermandad, en el cual hemos leído la situación de Abya Yala a través de diversas experiencias de comunicación y lucha.
Es desde este espacio propio que
Acordamos:
Reafirmar que la Madre Tierra atraviesa una situación de enfermedad provocada por el modelo capitalista de producción y consumo que conduce al planeta a una catástrofe climática, por lo que los procesos de comunicación asumimos la defensa de la Pacha Mama y el Agua.
Respaldamos las acciones que se deban asumir para defender la integridad y derechos y nos solidarizamos con las cuatro compañeras indígenas de Ecuador, Colombia, Chile y Guatemala, quienes han sido víctimas de agresión sexual por parte de un ciudadano boliviano, en el marco de la denominada III Cumbre Continental de Comunicación del Abya Yala, y exigimos que se garantice la integridad y los derechos de nuestras hermanas.

Acerca de la comunicación
Recuperar y afirmar cotidianamente una visión integra e integral de la comunicación desde las sabidurías originarias teniendo como eje la espiritualidad y la descolonización del pensamiento.
Reafirmar el derecho a la comunicación y a recuperar la palabra, la imagen y exigir a todos los Estados, sin distinción de orientación política, el respeto irrestricto a la libertad de expresión.
Invitamos a las organizaciones y procesos de comunicación de Bolivia a hacer una reflexión sobre su proceso nacional. Los y las invitamos, así como invitamos hermanos y hermanas de otros países, a ser partícipes del sentido y carácter de esta declaración.

Acerca de la Madre Tierra
Promover la defensa de la Madre Tierra mediante acciones de liberación, recuperación y control efectivo del territorio e intercambiar experiencias colocando como centro estratégico la defensa de la Madre Tierra y del Agua tomando en consideración procesos en curso en muchos lugares del continente.
Expresamos nuestro respaldo y asumimos las luchas que a lo largo de Abya Yala resisten megaproyectos y defienden la Madre Tierra y el Agua:
En Perú: La lucha en defensa de los pueblos y comunicadores indígenas, Luchas por acceder a medios de comunicación propios en Puno, Luchas contra proyectos mineros en Cajamarca, Apunimac, Espinar, Valle del Tambo, Lucha de Máxima Acuña, La lucha por la defensa de las lagunas, La lucha de los pueblos indígenas de la Amazonía afectados por el derrame de petróleo.
En Colombia: La lucha de los pueblos de La Guajira frente a la minería, el desvío de ríos, parques eólicos; La lucha de los pueblos de La Sierra Nevada de Santa Marta, La lucha del pueblo uwa frente a las petroleras, La lucha del pueblo awá ante el genocidio y por la defensa de su territorio, La lucha de las comunidades del Huila contra las represas, La lucha por Liberación de la Madre Tierra en el Cauca, Las luchas de los pueblos indígenas del Cauca.
La defensa de compañeros y compañeras perseguidos y judicializados por el gobierno ecuatoriano, La lucha de los pueblos que resisten las petroleras en la Amazonía.
La defensa de comunicadores y comunicadoras perseguidos en Guatemala por ejercer la libertad de expresión, La lucha por acceder a medios comunitarios propios.
Lucha de los pueblos indígenas qom, wichi, huarpe y las comunidades indígenas de Jujuy en Argentina y en defensa de sus derechos incumplidos y violados y de sus líderes torturados, criminalizados y encarcelados.
La lucha indígena del pueblo de Oaxaca en la zona del Itsmo y por la libertad de los presos políticos indígenas.
En Bolivia: La lucha de los pueblos mosetones, tsimanes, tacajas, y uchipuamonas en El Bala y Chepete, Bolivia, contra proyectos hidroeléctricos, La lucha en defensa de los pueblos en aislamiento voluntario asediados por las exploraciones petroleras sísmicas en el bloque Nueva Esperanza, Madre de Dios, Bolivia.
La lucha de jóvenes, estudiantes, organizaciones y medios de comunicación por migrar al sofware libre.
La lucha de los pueblos originarios en la reserva de Standing Rock en Estados Unidos contra el oleoducto Dakota Access.
La lucha de comunicadores y comunicadoras en todo Abya Yala que ejercen su derecho a la libertad de expresión.
Las muchas otras luchas de pueblos indígenas y otras comunidades y procesos que resisten valerosamente ante el monstruo del capitalismo.

Acerca de la formación de los Comunicadores y comunicadoras
Impulsar una experiencia piloto de Escuela Itinerante de Comunicación Indígena regional con base en las experiencias en curso en Colombia, Perú y otros países.

Acerca de los procesos de articulación continental
Encontrarnos en el mes de agosto de 2017 en el norte del Cauca, Colombia, en el marco del Encuentro internacional de liberadores y liberadoras de la Madre Tierra, con el propósito de respaldar ese proceso y para redireccionar el sentido de las cumbres y continuar la articulación de los procesos de comunicación para la defensa de la Madre Tierra desde las comunidades, de abajo hacia arriba, en un marco de autonomía y con organizaciones legítimamente representativas, preparatorio a la participación en la sexta cumbre de pueblos indígenas del 2017, a los encuentros de comunicación de Ecuador en 2018, en Perú en 2019 y otros que se propongan en el camino.
Cochabamba – Bolivia, 18 de noviembre, 2016. Siguen las firmas.
Emanciparnos del capitalismo nos exige generalizar el viraje desde la subordinación al progresismo y sus líderes hasta situarnos en la:
 

DECLARACIÓN DE LA V CUMBRE ABYA YALA –

"DEFENDIENDO EL FUTURO DE NUESTRAS NACIONES"

Publicado por  Phil Lane Jr. / 28 de abril de 2015
Nosotros, los representantes de los Pueblos, Naciones y Nacionalidades indígenas de Abya Yala, en el marco y ejercicio del derecho a la libre determinación, y en defensa de la Madre Tierra,  damos a conocer nuestra posición frente a la VII Cumbre de Jefes de Estado y Gobiernos de las Américas, a celebrarse en Panamá del 10 al 11 de abril de 2015.
CONSIDERANDO
Que todas las doctrinas, políticas y prácticas basadas en la superioridad de determinados pueblos o individuos, o que son propugnadas aduciendo a razones de origen nacional o diferencias raciales, religiosas, étnicas o culturales: son racistas, científicamente falsas, jurídicamente inválidas, moralmente condenables y socialmente injustas.
 Que los Pueblos Indígenas hemos sido sistemáticamente discriminados desde la invasión de los europeos a Abya Yala, quienes, apoyados en las Bulas Papales de 1455 y 1493, justificaron la doctrina del descubrimiento para, de esa forma, cometer genocidio de más de 90 millones de indígenas y el despojo de nuestras tierras, territorios y recursos naturales. Que las actuales repúblicas significan la continuidad de las injusticias impuestas a través del sistema legal a los pueblos indígenas de Abya Yala.
Que los actuales Estados de América erradiquen la desigualdad, discriminación y colonización de los Pueblos Indígenas, establecido en la Resolución 1514 del 14 de diciembre de 1960; el Convenio 169 de la OIT de 1989; la Declaración de Viena de 2003; la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial; la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas de 2007, y el Documento final de la Conferencia Mundial sobre los Pueblos Indígenas de la Asamblea General de la ONU de septiembre de 2014, entre otros.
Que en Abya Yala, persiste el asesinato, desaparición física y persecución de líderes y lideresas de los pueblos indígenas, por la defensa de sus tierras, territorios y recursos, encaminados a la imposición de programas y megaproyectos tales como: la minería, hidroeléctricas e hidrocarburos en nombre del desarrollo y del interés común, que se ejecutan sin el consentimiento libre, previo e informado.
Que las Seis Cumbres de las Américas no han contribuido con sus metas a erradicar la pobreza, la exclusión y la desigualdad, sino que han permitido el desarrollo de nuevas formas de colonización, en ocasiones, a través de la democracia electoral, otras veces con el espejismo del desarrollo económico y con el comercio salvaje de los recursos comunes de la humanidad. Estas declaraciones han quedado en meras intenciones, ya que la situación de los más de 50 millones de indígenas no ha variado en nada, al contrario, se recrudece la violación a nuestros derechos colectivos humanos.
 Ante las consideraciones expuestas por la V Cumbre de Pueblos Indígenas de Abya Yala, "Defendiendo el Futuro de Nuestras Naciones", DEMANDAMOS a los Jefes de Estado y Gobiernos de las Américas lo siguiente:
 
1.          Las reformas constitucionales, legales y administrativas que faciliten a los Estados el ejercicio efectivo de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
2.          Cumplir con el derecho del consentimiento libre, previo e informado antes de la adopción y ejecución de cualquier programa o megaproyecto que afecte a nuestros territorios.
3.          Desarrollar e implementar, el Buen Vivir en las políticas sociales, culturales, económicas de los pueblos indígenas, como principio rector de derecho colectivo humano.
4.          Eliminar la discriminación en todos los sistemas educativos e incluir el aporte de nuestro conocimiento en la historia, ciencias, artes, filosofía e identidad.
5.          Implementar la educación bilingüe intercultural a fin de reflejar la identidad cultural, garantizando la participación activa en la vida nacional, reconociendo la diversidad lingüística.
6.          Proteger y restaurar sitios sagrados, incluyendo la repatriación de los efectos culturales y ceremoniales que pertenecen a los Pueblos Indígenas, apoyando plenamente acciones unificadas para educar y asegurar las expresiones de arte y cultura.
7.          Adoptar en las políticas de salud, la visión holística de los Pueblos Indígenas, de modo que no se aprueben proyectos de desarrollo en territorios que puedan afectar la salud de los pueblos, sean o no indígenas.
8.          Rechazar todos los proyectos energéticos que supongan la violación de derechos colectivos humanos, en especial, aquellos que conlleven el desplazamiento forzoso.
9.          La titulación, demarcación, saneamiento y protección de nuestras tierras, territorios y recursos.
10.      Rechazar el uso de nuestras tierras, territorios y recursos hídricos y bosques en los proyectos de cambio climático que permiten, a los países desarrollados evadir la responsabilidad de reducir emisiones contaminantes.
11.      Promover y adoptar el derecho de la libre determinación de los Pueblos Indígenas, y en este sentido, desarrollar los regímenes autónomos necesarios que permitan a la niñez, mujer, juventud y organización de los Pueblos de Abya Yala, ser los sujetos del desarrollo, la democratización y gobernanza sobre nuestras tierras, territorios y recursos naturales, reconociendo la jurisdicción Indígena.
12.      Exigimos a todos los jefes de Estado reunidos en la VII Cumbre de las Américas el cumplimiento de todas nuestras exigencias contenidas en esta declaración, cumpliendo con los estándares de derechos humanos establecidos en los Convenios y Tratados Internacionales del que todos los Estados son parte.
13.      Derecho a las comunicaciones, redes comunitarias y el uso y acceso a las tecnologías de comunicación en nuestros propios idiomas y lenguas.
 
14.      Que la voz de la juventud Indígena de Abya Yala sea incorporada en los diferentes procesos de debate a fin de dar nuestras aportaciones y puntos de vista como jóvenes, así como a la niñez y a la mujer de nuestros territorios indígenas para el bienestar de nuestra cosmovisión.
 
Para que se fortalezca la Paz en todos los pueblos de nuestra Abya Yala es necesario abolir las Leyes que propugnan el racismo, la falta de respeto, discriminación y violación de todos los derechos de los Pueblos Indígenas y reconocer y dar cumplimiento a los diferentes Tratados y Convenios Internacionales que reconocen los derechos de los Pueblos Indígenas.
 Dado en la ciudad de Panamá el 9 y 10 de abril de 2015.
Aprobado por unanimidad con el voto de más de 300 Delegados Indígenas
de Sur, Centro y Norte América.
 Cumbre Indígena de las Américas Marzo 10, 2015
 Ciudad de Panamá, Panamá

Un Llamado Urgente Indígena para la Acción Colectiva
para Proteger y Restaurar lo Sagrada
A Todos los Miembros de la Familia Humana
 
La Cumbre Indígena de las Américas
Ciudad del Panama, Panama
10 de abril de 2015
 Según el conocimiento y sabiduría ancestral de los pueblos indígenas, todos los miembros de la familia humana son parte del antiguo Círculo Sagrado de la Vida. Dado que todos somos parte de este Círculo Sagrado de la Vida, todos somos los Pueblos Indígenas de nuestra Madre Tierra. Esto hace que cada ser humano sea responsable del bienestar de los otros seres humanos y de todos los seres vivos sobre la Madre Tierra.
 
            Por lo tanto, ya sea que los gobiernos, las corporaciones multinacionales y las diferentes agencias internacionales de desarrollo que nos rodean estén o no dispuestas a participar con nosotros en este momento en la implementación de “La Cuarta Vía”, está claro que los pueblos Indígenas y sus aliados están avanzando en la reconstrucción y la reunificación de las Américas y del más allá, a través de las leyes naturales y los principios rectores que son inherentes a su Cosmovisión y formas de Gobierno tradicionales.
 
1.        Nosotros somos los portadores de las antiguas profecías y de una visión clara de un futuro prometedor de justicia y prosperidad colectiva para el Continente Americano. Esta nueva civilización global en proceso de nacimiento fue prevista por nuestros ancestros y respeta por completo las Leyes Naturales, los Derechos de la Madre Tierra y la Unidad y Diversidad de la Familia Humana. Esta nueva primavera espiritual será una realidad, con tanta seguridad como que el sol se levanta cada mañana.
 
2.        Tenemos una base espiritual fuerte de principios y valores culturales incorruptibles, los cuales nos permitieron sobrevivir y resurgir de un largo invierno espiritual con mayor fortaleza y sabiduría que nunca. Este largo invierno espiritual estuvo muchas veces lleno de la más terribles crueldades, violencia, injusticia, abuso y genocidio.
 
            A pesar de esto, a lo largo del Continente Americano, una cantidad cada vez mayor de nuestros parientes Indígenas están despertando hacia su identidad espiritual y están sanando sus relaciones sagradas con unos y los otros, con todos los miembros de la Familia Humana alrededor de la Madre Tierra. Una gran mayoría de todos los habitantes del hemisferio Occidental tienen algún grado de herencia Indígena.
 
3.        Junto con otros pueblos Indígenas y miembros de La Familia Humana, tenemos desarrolladas las capacidades culturales, espirituales, científicas, tecnológicas, industriales, sociales, económicas y agrícolas necesarias para co-crear y reconstruir nuestras Familias, Tribus y Naciones, con aun mayor fortaleza que nunca.
 
4.        Nuestros Pueblos Indígenas de la Madre Tierra poseen un creciente capital social y económico colectivo además de vastos recursos naturales, para poder hacer realidad nuestros más grandes sueños y visiones. Esto incluye la protección, la preservación y la restauración de nuestra Amada Madre como la herencia sagrada de todas las generaciones que están por venir!
 
Además, está claro que estos recursos colectivos se convertirán en una fuerza espiritual y económica importante en el proceso de nuestro empoderamiento, no sólo en América, sino en toda la Madre Tierra.
 
Estamos en el ahora y estamos destinados en el futuro a desempeñar un papel cada vez mas significativo como líderes mundiales en la protección de los recursos de la Madre Tierra. Nos aseguraremos de que cualquier explotación de los recursos naturales de la Madre Tierra que no sean sostenibles, no importa la cantidad de ganancias que estas signifiquen, no llevarán acabo.
 
Nuestros lugares sagrados y la vida saludable de nuestra amada Madre Tierra no se venden ni se explotan bajo ningún precio.
 
5.        Nosotros, los Pueblos Indígenas del Águila del Norte (Canadá y los EE.UU.) contamos con los recursos materiales para apoyar directamente a nuestros parientes indígenas del Cóndor del Sur (América Latina) en el desarrollo de sus recursos colectivos, como ellos lo deseen. El Cóndor del Sur igualmente cuenta con recursos importantes para compartir con el Águila del Norte. Nuestra mayor fortaleza aún por realizarse plenamente es nuestra unidad espiritual y cultural.
 
6.        Mediante la utilización de las nuevas tecnologías de comunicación digital así como tecnologías verdes correspondientes, en armonía con nuestras vastas capacidades sociales, económicas, culturales y espirituales, estamos manifestando, como había sido prometido, un futuro de justicia social, ambiental y económica para todos los miembros de la Familia Humana y de nuestra amada Madre Tierra!
 
7.        El principal desafío que se nos presenta como Pueblos Indígenas y como Familia Humana en la reconstrucción de las Américas y más allá, es la falta de unificación. Esta falta de unidad ha sido causado directamente por el genocidio y el colonialismo. Este genocidio y colonización ha dado lugar a un trauma no resuelto entre las generaciones y la opresión internalizada de no poder ser plenamente reconocido y respetado.
 
A medida que nos movemos hacia adelante con valentía y prudencia, con mayor amor, compasión, justicia y unidad, estamos reconectando a nuestra base espiritual y cultural duradera e inquebrantable para la curación, la reconciliación y la acción colectiva de "Protección y Restauración de lo Sagrado", en toda la Madre Tierra.
 
Con la comprensión de esta base espiritual y cultural para una acción llena de nuestros rezos, sabiduría y unificada, todo lo necesario para nuestra victoria final aparecerá con certeza en los momentos y lugares adecuados, tal y como fue predicho por los Nuestros Ancestros.
Dado en la ciudad de Panamá el 9 y 10 de abril de 2015.
Aprobado por unanimidad con el voto de más de 300 Delegados Indígenas
de Sur, Centro y Norte América.
 Cumbre Indígena de las Américas Marzo 10, 2015
 Ciudad de Panamá, Panamá
Veamos qué significa, para quienes resistimos/rexistimos en Argentina, coincidir con el EZLN : “Vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero no sólo por ellos ni sólo con ellos, sino por todos los explotados y desposeídos de México, con todos ellos y en todo el país (…) Vamos a ir a escuchar y hablar directamente sin intermediarios ni mediaciones, con la gente sencilla y humilde del pueblo mexicano y, según lo que vamos escuchando y aprendiendo, vamos ir construyendo, junto con esa gente que es como nosotros, humilde y sencilla, un programa nacional de lucha, pero un programa que sea claramente de izquierda, o sea anticapitalista, o sea antineoliberal, o sea por la justicia, la democracia y la libertad del pueblo mexicano”.
 
EZLN: 24 años de dignidad y congruencia ética
13 de enero de 2018
 
 
Por Gilberto López y Rivas (La Jornada)
El primero de  enero pasado se cumplió un aniversario más del levantamiento de los mayas zapatistas por el que se hizo pública la existencia de un grupo insurgente integrado mayoritariamente por indígenas, que con base en el artículo 39 de la Constitución declaró la guerra al mal gobierno del usurpador Carlos Salinas de Gortari. A 24 años de ese acontecimiento de múltiples significados históricos, que cimbró a México y al mundo, sigue más vigente que nunca la Primera Declaración de la Selva Lacandona, en la que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se dirige al PUEBLO DE MÉXICO (así con mayúsculas): Nosotros, hombres y mujeres íntegros y libres, estamos conscientes de que la guerra que declaramos es una medida última pero justa. Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos desde hace muchos años, por lo que pedimos tu participación decidida apoyando este plan del pueblo mexicano que lucha por trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.
Esa guerra genocida que los zapatistas denunciaran en 1994 no sólo no cesó, sino que se intensificó hasta hacer de México el segundo país más letal, después de Siria, acorde con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, que identifica un conflicto armado no reconocido, una catástrofe humana en la que la prolongación de la violencia homicida dura ya por más de una década, con una intensidad constante. Asimismo, las reformas estructurales promovidas por los gobiernos de traición nacional que se han sucedido durante estos años por el régimen de partidos de Estado, que legalizan el despojo recolonizador y la desnacionalización de territorios y recursos estratégicos, así como la Ley de Seguridad Interior, que legaliza la militarización del país y la mano dura de las fuerzas armadas contra el pueblo, han provocado que las demandas por las que fueron a la guerra los zapatistas sean cada vez más actuales y legítimas. México inicia este año 2018 en la peor de las situaciones que se recuerdan desde ese otro conflicto armado de 1910-1917, que cobró la vida de un millón de personas, cuando la población total era de 16 millones.
Durante estos 24 años, el EZLN ha persistido en su plan emancipador, y una y otra vez nos convocan de diversas maneras y con distintas iniciativas a todos y todas las mexicanas a sumarnos a su plan de transformar radicalmente la trágica realidad nacional. Recordemos la apertura del Diálogo de San Andrés a la sociedad civil, la Convención Nacional Democrática, la Marcha Color de la Tierra, los Encuentros Intergalácticos, la Escuelita, los seminarios para estimular el pensamiento crítico en la intelectualidad, los artistas y los científicos, y las múltiples formas de solidarizarse con las luchas de los de abajo y a la izquierda. La Sexta Declaración de la Selva Lacandona fue la síntesis de esa búsqueda permanente del EZLN por la articulación de las luchas libertarias en el ámbito nacional: “Vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero no sólo por ellos ni sólo con ellos, sino por todos los explotados y desposeídos de México, con todos ellos y en todo el país (…) Vamos a ir a escuchar y hablar directamente sin intermediarios ni mediaciones, con la gente sencilla y humilde del pueblo mexicano y, según lo que vamos escuchando y aprendiendo, vamos ir construyendo, junto con esa gente que es como nosotros, humilde y sencilla, un programa nacional de lucha, pero un programa que sea claramente de izquierda, o sea anticapitalista, o sea antineoliberal, o sea por la justicia, la democracia y la libertad del pueblo mexicano”.
Durante todos estos años, el EZLN ha sido la conciencia crítica insobornable frente al Estado y la sociedad. Ha sido el espejo en el que la izquierda institucionalizada y los intelectuales sistémicos ven reflejada su pérdida de principios morales y anclajes anticapitalistas, su autismo frente a la guerra de limpieza social contra el pueblo, su corrimiento hacia una cómoda alternancia que no hace peligrar en lo más mínimo el sistema de explotación de la fuerza de trabajo más barata en el ámbito planetario, ni la dominación imperialista que ejerce Estados Unidos sobre un país en ruinas. De ahí el odio visceral de los fiscales de oficio antizapatistas de una intelectualidad que hace mucho tiempo renunció al pensamiento crítico; que personifica y proyecta sus frustraciones y resentimientos en la figura del subcomandante Marcos-Galeano.

Durante estos años, los pueblos mayas agrupados en el EZLN han dado un ejemplo de resistencia propositiva construyendo sus autonomías, fortaleciendo sus gobiernos en los que se manda obedeciendo, y en los que miles de mujeres y hombres se han preparado para ser autoridades de una democracia directa y participativa. Las niñas y los niños, jóvenes de ambos sexos han sido socializados, educados y formados con base en los siete principios éticos zapatistas: servir y no servirse, representar y no suplantar, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, bajar y no subir; una concepción del mundo y de la política, del para todos, todo, para nosotros, nada, que se sitúa en el polo equidistante del narcisismo individualista de la generación selfie.
La última de las iniciativas surgidas en el seno de los mayas zapatistas ha sido la propuesta asumida por el Congreso Nacional Indígena de integrar un Concejo Indígena de Gobierno, cuya vocera, María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, sea inscrita en la boleta de las elecciones presidenciales de este año. Nuevamente, nos convocan a organizarnos para enfrentar a la hidra capitalista, al mal gobierno y a la partidocracia que lo sustenta. ¿Estará la sociedad civil mexicana, los trabajadores, los intelectuales, la juventud, principalmente, preparados para este reto que los zapatistas y el CNI nos lanzan? ¿Dejaremos pasar esta oportunidad de juntarnos para luchar contra el mal gobierno, por la justicia, la democracia y la libertad de los pueblos de la patria-matria mexicana?
Felicitaciones fraternas a insurgentes e insurgentas, milicianos y milicianas y a las bases de apoyo del EZLN, a los 24 años de la guerra contra el olvido.


sábado, 9 de diciembre de 2017

Situémonos, abajo y a la izquierda, en que la crisis civilizatoria en la cual el capitalismo nos subsumió nos exige generalizar la percepción (conocer y posicionarse) respecto a:

La actualidad de la Revolución
28 de octubre de 2017

Por Renán Vega Cantor  (Editorial de la Revista CEPA)
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En noviembre de 2017 se cumple el primer centenario de la revolución rusa, que sacudió al mundo entero y cuyos efectos transformaron la historia de la humanidad. Con motivo de este acontecimiento es necesario reflexionar sobre la actualidad de la revolución anticapitalista.
El vocablo revolución se originó en la astronomía, del latín “revolutio”, y significa el movimiento de los astros en torno a su eje en forma mecánica, monótona y siempre igual. El término en su sentido socialista quiere decir lo contrario: el cambio radical de la civilización capitalista, para interrumpir abruptamente la inercia de la explotación, la desigualdad y la injusticia.

Después de 1917, la revolución fue asociada a la modificación del modo de producción capitalista, puesto que la llegada de los bolcheviques al poder en la Rusia zarista se planteó a partir de un proyecto anticapitalista y de la instauración de una nueva forma de organización social.

La experiencia rusa nutrió luchas anticapitalistas en los cinco continentes. Los grandes acontecimientos del corto siglo XX (1914-1991) están ligados en forma directa o indirecta al impacto de la Revolución Rusa, o, dicho de una forma más contundente, al miedo que generó entre las clases dominantes y a las esperanzas que suscitó entre los explotados y desvalidos. Sin ese doble impacto es imposible entender el efecto de la Revolución Rusa. Al miedo está asociado el anticomunismo, el fascismo, las dictaduras criminales de extrema derecha, la tortura y la defensa del “mundo libre” por parte del imperialismo estadounidense y sus siervos. Al miedo está vinculado el diseño del Estado de Bienestar que, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se construyó en ciertos países de Europa para evitar la revolución. Por eso, en Europa occidental se decía, en son de broma, que cada misil exitoso que se probaba en la URSS implicaba el aumento automático del salario de los trabajadores de ese continente.
Ese miedo rebotó en la propia Rusia, y luego en la URSS, desde el “comunismo de guerra” y la guerra civil (1917-1921) que ensangrentó a la naciente revolución y dejó una huella permanente durante toda la historia de la URSS, hasta su vergonzosa disolución en 1991. Ese miedo ayuda a entender, aunque no es desde luego la única razón, la creciente burocratización, la lógica policial, la represión y persecución de los contradictores políticos, el estado de excepción permanente, que impidieron que en la URSS se consolidara un sistema socialista y, a la larga, daría al traste con este primer proyecto anticapitalista.

En cuanto a la esperanza se refiere, la Revolución Rusa abrió el camino a grandes transformaciones en el siglo XX en la que se destacan el ciclo de revoluciones en diversos países (China, Cuba, Vietnam, Nicaragua…) y los movimientos anticoloniales y de liberación nacional. La recepción de Revolución Rusa impulsó luchas de trabajadores, campesinos y sectores plebeyos en repetidas ocasiones desde finales de la década de 1910, impulsando conquistas sociales y democráticas en diversos lugares. En ese sentido, la revolución de octubre inauguró un nuevo continente en la historia de la humanidad: el de la igualdad, algo que no había planteado en el terreno práctico la Revolución Francesa de 1789, aunque esa palabra figurara en su eslogan más famoso: “Libertad, igualdad, fraternidad”. En 1917 se plantea por primera vez un programa conducente a alcanzar la igualdad, y ese objetivo fue un extraordinario incentivo movilizador de los pobres y trabajadores, como se observa con la historia del movimiento obrero y socialista mundial.

Como al final se impusieron los propagadores del miedo y no de la esperanza, en la memoria de la humanidad ha quedado la interpretación sesgada y unilateral de los ganadores (representados en el capitalismo), que dice que el proyecto socialista sólo es una suma de crímenes y fracasos, queriendo borrar de la memoria colectiva de la humanidad las luchas anticapitalistas. La dramática y contradictoria historia del proyecto socialista y revolucionario en el siglo XX, podría describirse con las palabras del escritor inglés Charles Dickens: “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto”.
2
Entre 1989 y 1991 se derrumbó el socialismo burocrático que se había erigido en la URSS y en Europa oriental. Como resultado de ese proceso se anunció el fin de la historia y se proclamó que el capitalismo había salido ganador por la pretendida superioridad intrínseca de la “economía de mercado” y se empezó a presentar como sinónimo de democracia parlamentaria, a la usanza de los Estados Unidos. Lo que vino enseguida, y se ha prolongado en sus rasgos dominantes hasta el día de hoy, fue el desmantelamiento de las conquistas sociales que tenían los trabajadores y habitantes de la URSS y los países de socialismo burocrático, lo que significó la privatización de las propiedades públicas, la mercantilización generalizada, la corrupción rampante y la conversión de esos territorios en Repúblicas bananeras, plegadas a los dictámenes del capitalismo internacional. La desaparición de la URSS no solo vino acompañada de terribles retrocesos para los pueblos que habitan ese territorio, sino que sus efectos negativos se extendieron por el planeta entero, ya que el capitalismo en su versión neoliberal se impuso en los cinco continentes, arrasando con todo aquello relacionado con conquistas o logros sociales de la población y de los trabajadores.

El triunfo del capitalismo ha universalizado sus contradicciones y miserias, entre las cuales sobresale la desigualdad a escala interna de los países y en el plano mundial. Desaparecido el “enemigo comunista”, el capitalismo mundial se quitó la careta socialdemócrata que lo cubría, y se dio rienda suelta a una acumulación sin freno, que ha tenido como consecuencia alcanzar los parámetros más aberrantes de desigualdad y acelerar la destrucción de la naturaleza, como en ningún otro instante en la historia. Por supuesto, tales no eran los anuncios del triunfante capitalismo en 1989 y 1991, pues en ese momento se predijo una época de prosperidad y esplendor para la humanidad entera, al entrar en la órbita de la producción y consumo capitalistas, y se vaticinó que la democracia a secas vendría como complemento a la imposición de la economía de mercado y se anunció una especie de paz perpetua tras la desaparición de la URSS. Nada de eso se ha producido. Hoy se ha generalizado la desigualdad, que es resultado de la explotación intensificada de la clase que vive del trabajo, en los nuevos países industrializados y las zonas de maquila y ensamblaje que se encuentran desperdigadas por la tierra.

En cuanto a la democracia nunca ha llegado en el sentido profundo del término y simplemente se impusieron las mal llamadas “elecciones libres”, muy al estilo estadounidense, sin que eso signifique cambios importantes para la vida de la población pobre y trabajadora, que solo tiene libertad para escoger, cada cierto tiempo, a los verdugos que le van a cortar el cuello.
La paz perpetua se convirtió en la guerra permanente, auspiciada por los Estados Unidos desde 1989, cuando invadió sangrientamente a Panamá, dejando miles de muertos a su paso. En los últimos 28 años se han presentado más guerras de conquista y agresión por el imperialismo que las que se presentaron durante la Guerra Fría.
Esto en cuanto a las falsas promesas del “nuevo orden mundial”. Y las cosas se agravan al considerar la magnitud de la crisis civilizatoria por la que atravesamos, con la quiebra del modelo de civilización del capital. Uno de los síntomas de ese quiebre civilizatorio se evidencia con la destrucción de los ecosistemas, la sexta extinción de especies que está en marcha (la quinta fue hace sesenta millones de años), la contaminación de aguas, la deforestación y el “cambio climático”. En suma, el capitalismo pretende superar los límites naturales con el fin de garantizar un crecimiento infinito y una acumulación de capital exponencial, y con esa vana pretensión pone en peligro la supervivencia de la humanidad. 
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Pese a las contradicciones del capitalismo, sus defensores y apologistas han logrado imponer el ideologema de que el capitalismo es insuperable, es el fin de la historia, y sólo hay que saberse adaptar porque aquél forma parte de la naturaleza humana. Así las cosas, ya no hay cabida para la revolución, sino adaptación al capitalismo triunfante. Se ha dicho hasta el cansancio, por parte de diversos círculos ligados al orden del capital, que la revolución es un imposible, puesto que el capitalismo es insuperable y expresa la condición humana, pretendidamente egoísta, competitiva y depredadora y las experiencias revolucionarias en el siglo XX han demostrado el fracaso de un proyecto que intente ir más allá de la dominación del capital. Otros, ligados a diversas tendencias del pensamiento posmoderno, sostienen que la misma idea de revolución es inadecuada porque es un constructo moderno y eurocéntrico, que no sería válido ni aplicable en la actualidad, y porque además tendría una fuerte carga progresista.

Estos reparos eluden el problema de fondo: hay una relación social que se ha hecho dominante a nivel mundial, gústenos o no esa es otra cosa, en las últimas décadas: el capitalismo. Y esa relación social ha llegado hasta el último rincón del mundo periférico, como se muestra en las comunidades indígenas de nuestra América. Esa extensión ha ido acompañada de la generalización de sus características destructivas, de seres humanos y naturaleza. Y ese afán fáustico de acumulación y crecimiento irrefrenables ha puesto en peligro la existencia de la propia humanidad, empezando por los más pobres entre los pobres. Si así son las cosas, es un contrasentido suponer la continuidad indefinida del capitalismo, ya que junto con la explotación intensificada de hombres y mujeres, impulsa un incontenible desarrollo de las fuerzas productivas, convertidas en fuerzas destructivas, que nos conducen al abismo, como lo pone de presente el mal llamado cambio climático.

Un segundo aspecto que debe subrayarse radica en enfrentar los antivalores del capitalismo, que se han convertido en un nuevo sentido común, como si fueran una característica inherente a la naturaleza humana: la competencia, el egoísmo, el individualismo, el despilfarro, el desprecio por el dolor de otros seres humanos y animales, la desigualdad, la lucha desenfrenada por acumular y consumir, la prepotencia de alcanzar ganancias y presumir por el lujo y el consumo suntuario. Esto obliga a pensar en un cambio civilizatorio que vuelva a reivindicar los valores de la igualdad, de la fraternidad, de la ayuda mutua, de la solidaridad, del ser sobre el tener, de la frugalidad, del respeto por la naturaleza, de la desmercantilización… Y la lucha por estos valores humanos exige plantearse la urgencia de transformar la civilización capitalista.

En estas condiciones, la revolución es más actual y necesaria que en 1917. La revolución no es un sueño, puesto que se apoya en las contradicciones internas del capitalismo, en la lucha de clases que se desenvuelven en su seno, en los intereses de los oprimidos, en la destrucción ambiental que destruye las condiciones naturales y en la demostración práctica de que el capitalismo produce una desigualdad insoportable que genera opulencia y despilfarro para una exigua minoría, mientras arrasa con pueblos y ecosistemas a una escala nunca antes vista en la historia.

Aquí cobra una impresionante actualidad la noción de revolución del pensador alemán Walter Benjamin, cuando proclamó que las revoluciones son antiprogresistas porque rompen en la práctica con la ilusión de un progreso ascendente, lineal y acumulativo, y haya sostenido: “Marx había dicho que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero quizás las cosas se presentan de otra manera. Puede ser que las revoluciones sean la mano con la que la humanidad acciona los frenos de emergencia”. Hoy es necesaria la revolución para detener la catástrofe planetaria que genera el capitalismo, que destruye lo que encuentra a su paso -hombres, mujeres, niños, animales, bienes naturales-, a nombre de un idolatrado progreso tecnológico, el cual se sustenta en la búsqueda de ganancias para una minoría y en la generalización de la explotación de los trabajadores.
El socialismo debe ser arrancado de la mitología del progreso y de una visión teleológica de la historia.

En esa medida es una posibilidad y una imperiosa ruptura para la humanidad, pero eso no quiere decir que sea ineluctable. Es una necesidad social, ecológica y moral, una búsqueda racional, una utopía concreta que fundamenta nuestras luchas y nuestra razón de existir. Hay que seguir luchando aunque el enemigo haya vencido, como decía Bertolt Brecht.

Las revoluciones del siglo XXI serán distintas a las del siglo XX, porque ellas deben incorporar tanto los clásicos problemas generados por el capitalismo, sustentados en la contradicción capital-trabajo, como en los nuevos problemas, entre los que sobresalen la destrucción de la naturaleza y el predominio del patriarcado. Y en esta lucha son importantes tanto el pasado como el futuro. El pasado para recuperar la memoria de las luchas de los oprimidos de todos los tiempos, entre ellos los revolucionarios del siglo XX que lucharon por instaurar un orden anticapitalista. El futuro es abierto e impredecible, como impredecibles serán las revoluciones que se sucedan. Para cerrar, resulta adecuado hoy recordar las palabras de Voltaire, que tras el terremoto de Lisboa en 1755, afirmó: “Decir que todo está bien, tomado en un sentido absoluto y sin la esperanza de un futuro, no es más que un insulto a los dolores de nuestra vida”. Algo aplicable al mundo de hoy, donde solo un cínico puede sostener que todo va bien, con el capitalismo realmente existente, cuando lo único claro es que si las cosas siguen como van, al final nos espera el precipicio, salvo que los oprimidos del mundo digan basta ya e inicien la construcción de un nuevo orden civilizatorio que vaya más allá del dominio del capital.
Editorial de la Revista CEPA, No. 25, 2017, publicada en Bogotá.
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