sábado, 21 de julio de 2018

Los gobiernos progresistas, al igual que los neoliberales, promueven los extractivismos.


   ¿Desarrollan qué economía?
 
Con las oficializadas como "externalidades"
 
que quitan autodeterminación a los pueblos.
 
 
 
El crecimiento económico en el capitalismo contemporáneo mira en exclusivo por la acumulación oligopólica en gran escala sin importar las graves consecuencias socioambientales. Pero hay crisis estructural del sistema que nos subsume en crisis civilizatoria y en asfixia por su ataque a todas nuestras posibilidades de vida y trabajo. Por eso,  es crucial generalizar la conciencia de que los gobiernos progresistas "nunca rompieron con los esquemas, dinámicas, procesos y el sentido mismo que imponía la violencia de la acumulación del capital, más bien los consolidaron. Se llega a esta conclusión luego de analizar la forma que asumió la política y la economía durante el período de los «gobiernos progresistas» de la región".

En la misma línea "es necesario comprender que América Latina como región ha sido integrada al sistema-mundo capitalista desde una relación asimétrica y desigual que corresponde a las nociones de centro-periferia (Wallerstein, 2004) y que los discursos políticos e ideológicos también forman parte de esa relación centro-periferia". (...) "Estas imposiciones producen en los países de la periferia del sistema-mundo capitalista una dinámica de despojo de territorios, de saqueo de recursos, de destrucción de las solidaridades y reciprocidades existentes, de expoliación a las sociedades y de uso estratégico de la violencia que, de cierta manera, repiten las formas primitivas de violencia que existieron durante la acumulación originaria del capital de los siglos XVIII y XIX."

 

El posneoliberalismo: Apuntes para una discusión

20 de mayo de 2016

Por Pablo Dávalos
 
El concepto de “posneoliberalismo” ha sido utilizado para calificar a la ruptura con el neoliberalismo que provocaron en su momento los gobiernos autodenominados “progresistas” en América Latina; sin embargo considero pertinente problematizar este concepto, porque ello quizá nos permita comprender el rol histórico que cumplieron esos gobiernos “progresistas” al interior de las dinámicas de la acumulación del capitalismo. Para el efecto, quizá sea conveniente establecer una línea teórica demarcatoria con el concepto de “neoliberalismo”.
El concepto de “neoliberalismo” está relacionado con Friedrich Hayek, Milton Friedman, F. Knight, Ludwig Von Mises, entre otros, y la “Sociedad del Monte Peregrino”. Este concepto nace en Europa luego de la segunda guerra mundial como una necesidad de renovar al discurso del liberalismo clásico y ponerlo a tono en un contexto en el cual el Estado liberal asume el formato de “Estado de Bienestar” y la existencia de economías socialistas centralmente planificadas1. La discusión teórica sobre el concepto “neoliberalismo” es abundante y se ha convertido, de hecho, en el mainstream del pensamiento económico, político, ideológico y social de la globalización. Las críticas al neoliberalismo son, asimismo, prolíficas.
 
El concepto de “posneoliberalismo”, por el contrario y hasta el momento, sólo tiene sentido y significación en el debate político latinoamericano. En efecto, esta noción nace desde América Latina y como una necesidad de caracterizar el tiempo histórico de los gobiernos latinoamericanos que surgieron desde las luchas sociales en contra del neoliberalismo y que configuraron los denominados “gobiernos progresistas” en referencia a Hugo Chávez y la “Revolución Bolivariana” en Venezuela; Evo Morales y el “Movimiento Al Socialismo” (MAS) en Bolivia; Rafael Correa y la “Revolución Ciudadana” en Ecuador; Néstor y Cristina Kirchner en Argentina; Lula Da Silva y Dilma Roussef y el “Partido de los Trabajadores”, en Brasil; Tabaré Vásquez y José Mujica y el “Frente Amplio” en Uruguay, principalmente.
 
Fue una expresión utilizada por Emir Sader, Atilio Borón2, Carlos Figueroa Ibarra, entre otros3, para marcar una distancia con aquellos gobiernos neoliberales adscritos a la agenda del Consenso de Washington. Con el concepto de “posneoliberalismo” se trataba de ubicar en la nueva geopolítica a los regímenes latinoamericanos que surgían en disputa con EE.UU. y fuertemente críticos con el modelo neoliberal. Estos gobiernos cambiaron el sentido de las políticas públicas hacia políticas más inclusivas y con mayor sensibilidad social, preocupándose por la inversión social y la lucha contra la pobreza. En un inicio, algunos de estos gobiernos latinoamericanos incluso acudieron a la ideología del socialismo para legitimarse4.
 
Sin embargo, las derivas extractivistas de estos gobiernos y su creciente separación con los movimientos sociales hasta llegar al punto de la confrontación abierta, entre otras señales, ameritan una reflexión adicional sobre la significación real del “posneoliberalismo”. ¿Se trata de una nueva categoría económica y política que rompe radicalmente con la tradición del neoliberalismo en América Latina o más bien es una continuación de éste? y, además, ¿Por qué llamarlo posneoliberalismo? ¿Qué sentido tiene añadir una preposición a un prefijo?
 
Para Carlos Figueroa y Blanca Cordero, por ejemplo, en “el posneoliberalismo, el Estado vuelve a adquirir la dimensión de agente rector de la vida social y lo público se coloca encima de lo privado” (Figueroa Ibarra y Cordero, Blanca, 2011: 13) pero no se problematiza sobre el retorno del Estado ni tampoco sobre el sentido que tiene “lo público”. Es decir, se asume que toda recuperación del Estado es ya una ruptura fuerte con el neoliberalismo. Se asumen las formas que asume la política como criterios determinantes para calificar el tiempo político de los “gobiernos progresistas”.
 
Empero, más allá de las formas que puede asumir el Estado, sobre todo con referencia a los “gobiernos progresistas” latinoamericanos, pienso que es necesario darle un mayor contenido analítico y espesor epistemológico al concepto de “posneoliberalismo”, porque este concepto corre el riesgo de convertirse en un tópico ideológico destinado a encubrir y legitimar prácticas gubernamentales que lesionan los derechos de los trabajadores, destruyen el tejido social, cooptan a las organizaciones sociales en el interior del aparato del gobierno, expanden la frontera extractiva, criminalizan las disidencias, entre otros fenómenos, y que son invisibilizados porque provienen desde los “gobiernos progresistas”. La discusión sobre el significado del “posneoliberalismo” no es académica sino política. La delimitación y aclaración de este concepto puede ayudar a visibilizar y comprender de mejor manera las resistencias de los movimientos sociales de la región.
 
Para el efecto, es necesario comprender que América Latina como región ha sido integrada al sistema-mundo capitalista desde una relación asimétrica y desigual que corresponde a las nociones de centro-periferia (Wallerstein, 2004) y que los discursos políticos e ideológicos también forman parte de esa relación centro-periferia. Los países capitalistas más avanzados conforman el centro del sistema-mundo e imponen sus condiciones a la periferia por medio de diferentes mecanismos, entre ellos, el intercambio desigual, o la colonización económica y monetaria del cual fue garante y condición el FMI, por la vía de los programas de ajuste económico (Dávalos, 2011), pero también crean las ideas, los conceptos y los marcos teóricos que definen y estructuran la comprensión de Lo Real. Como en esos países no consta entre sus prioridades el debate teórico sobre el “posneoliberalismo” entonces este debate no existe. Es necesario, en consecuencia, visibilizar ese debate, descolonizarlo de las relaciones de poder/saber centro-periferia y vincularlo con los procesos recientes del capitalismo como sistema-mundo desde aquello que Boaventura de Souza Santos denomina las “Epistemologías del Sur” (De Souza Santos, 2013).
 
Posneoliberalismo, financiarización y gestión de riesgo en el sistema-mundo (...)
Es como si esa violencia originaria, y que constituyó al capitalismo históricamente, fuese la condición de posibilidad del capitalismo en su periferia pero en forma permanente y continua. A más desarrollo capitalista en los países del centro, más violencia, más saqueo, más despojo en las regiones de la periferia. Es como si el capitalismo tuviese dos relojes: en el primer reloj las regiones del centro del sistema-mundo tienen un tiempo hacia delante, mientras que en la periferia ese mismo reloj las lleva al pasado. A este proceso que repite las formas primitivas y originarias de violencia de la acumulación capitalista en las regiones de la periferia del sistema-mundo, la economía política lo ha denominado como “acumulación por desposesión”7 y están asociadas a las nuevas formas de regulación por financiarización y gestión de riesgo especulativo a escala global.
 
La trama institucional del posneoliberalismo: hacia el neoliberalismo institucional
Ahora bien, la acumulación por desposesión se inscribe en el interior de una trama institucional que sirve de soporte a la financiarización y la gestión de riesgo del capitalismo especulativo. La trama institucional es clave para ese proceso especulativo porque a partir de ella se crean nuevas oportunidades y nuevas condiciones de posibilidad para la especulación. El eje más importante de esa trama institucional es, definitivamente, el Estado.
 
Sin el Estado no hay soporte para esa trama institucional y sin esa trama la especulación financiera y la gestión de riesgo perderían una de sus principales bazas. Por ejemplo, el mercado de carbono que involucra a los principales bancos del mundo y que generó en el año 2012 instrumentos derivados por cerca de 200 mil millones de USD (Lohmann, 2012), sería imposible sin la existencia del Estado y las regulaciones de cambio climático. De igual manera con toda la industria de los “servicios ambientales”, sería imposible sin la regulación que la codifica, estructura y establece. El “neoliberalismo institucional” necesita del Estado como actor fundamental de la economía global.
 
El retorno del Estado es una necesidad económica de la globalización financiera y la privatización de las instituciones de la vida social. El retorno del Estado fue ya propuesto por el Banco Mundial en su Informe de Desarrollo Humano del año 1997. Para el Banco Mundial, no se trataba de saber si el Estado tenía que formar parte activa de la economía sino la medida de esa participación. Ese informe del Banco Mundial, de hecho, tuvo como consultor principal a Douglass North, premio “Nobel” de economía y teórico importante del “neoliberalismo institucional”.
 
El nuevo marco teórico del “neoliberalismo institucional” articula conceptos y categorías que parecen alejadas del neoliberalismo tradicional pero que, en realidad, lo continúan a otro nivel, como por ejemplo: elecciones y conducta no-racional, costos de transacción, acción colectiva, economía de la información, derechos de propiedad, seguridad jurídica, inversión extranjera directa, externalidades, incertidumbre, contractualidad, organización económica, principal y el agente etc., es decir, el discurso del neoinstitucionalismo económico8.
 
El retorno del Estado a la economía no es una iniciativa de los “gobiernos progresistas” latinoamericanos sino una dinámica que se inscribe en el interior de la acumulación del capitalismo y su necesidad de ampliar la mercantilización y la especulación hacia la trama institucional de la sociedad. La recuperación de la violencia legítima del Estado tenía también por objeto garantizar la transferencia de la soberanía política del Estado hacia las corporaciones transnacionales y hacia la finanza corporativa mundial en el formato de los Acuerdos Internacionales de Inversión que tienen en la Organización Mundial de Comercio (OMC) su instancia más importante.
 
El “neoliberalismo institucional” tiene como centro de gravedad de sus preocupaciones teóricas, precisamente, los derechos de propiedad, y la institución que vigila y protege los derechos de propiedad en el ámbito internacional es, justamente, la OMC. La mayor parte de los Estados-nación en la globalización están articulando y armonizando sus leyes internas en función de lo establecido desde la OMC, a este proceso lo denomino “convergencia normativa”.
 
El Estado y la violencia posneoliberal
La vinculación de la trama institucional a los circuitos de especulación y de gestión de riesgo financiero-especulativo desgarra el tejido social. Produce una violencia que se extiende por todo el sistema-mundo. Ya no se trata solamente de la violencia de la producción mercantil sino la desestructuración de instituciones ancestrales que habían servido de soporte para la vida de las sociedades desde su misma conformación histórica. Un ejemplo de esa tensión provocada desde la especulación y la gestión de riesgo especulativo es la incorporación de los territorios a los circuitos financieros especulativos internacionales. Millones de seres humanos son desalojados de sus territorios ancestrales porque ahora estos territorios son fichas importantes en el juego de casino mundial, el extractivismo es una forma de esa violencia. Para procesar esa violencia el Estado no sólo es fundamental sino también estratégico9.
Efectivamente, el rol del Estado es clave porque desde ahí se fundamenta la legitimidad de la violencia de los modelos de dominación política. Se trata, en consecuencia, de otorgar al Estado la suficiente fuerza política que permita absorber a su interior toda la energía social y permitir, de esta forma, la acumulación por desposesión; con esa energía política el Estado puede disciplinar a sus sociedades desde una matriz de violencia sustentada en el discurso de la ley y el orden.
Pero la violencia de la desposesión se invisibiliza. El retorno del Estado se asume como un triunfo político en contra del neoliberalismo tradicional. El posneoliberalismo crea esa invisibilización de la violencia de la desposesión, porque utiliza mecanismos de control social que aparecen como medidas económicas en beneficio de los más pobres, como por ejemplo las políticas de inclusión social de las transferencias monetarias condicionadas, o la política fiscal en salud, educación, o “inclusión social” como la llama el Banco Mundial. Mas, en realidad, son dispositivos estratégicos que encubren la violencia de la desposesión.
 
De todos esos dispositivos quizá el más importante porque al tiempo que encubre la violencia la legitima, es aquel de la “lucha contra la pobreza” y su correlato del “financiamiento al desarrollo”. Los denominados “gobiernos progresistas” fueron los instrumentos, por así decirlo, más idóneos para encubrir la violencia de la desposesión. Su discurso de financiar la lucha contra la pobreza a través del extractivismo fue el argumento legitimante de esa violencia y que se expresó de múltiples formas. Por ello, muchos críticos con el neoliberalismo y que provenían de la izquierda fueron conniventes con la violencia de la desposesión que desplegaron los “gobiernos progresistas” latinoamericanos, porque nunca visibilizaron esa violencia y consideraron que el momento posneoliberal era una ruptura definitiva con la violencia del neoliberalismo10.
 
Ahora bien, la invisibilización de la violencia de la desposesión es un fenómeno más complejo, porque apela a universos simbólicos, imaginarios sociales y mecanismos de control y disciplina a la sociedad que dan cuenta de una estrategia de dominación política con un alto contenido heurístico. Es decir, a medida que la sociedad resiste que su trama institucional sea privatizada y crea nuevas formas de resistencia, la estrategia de dominación política trata de estar siempre un paso por delante de esas resistencias, trata de anticiparlas para anularlas, controlarlas y destruirlas. A esa capacidad política de controlar las resistencias que tienen ahora los Estados que emergen desde la transición del neoliberalismo tradicional hacia el neoliberalismo institucional, la denomino “modelo de dominación política” y son consustanciales del posneoliberalismo.
 
A todos estos procesos que configuran una nueva racionalidad política sustentada en mecanismos liberales de la política, como las elecciones, y que tienen como sustento cambios institucionales profundos con el objetivo de situar la trama institucional de la sociedad en el interior de los circuitos de financiarización y gestión de riesgo especulativo, con Estados fuertes y modelos de dominación social y política que invisibilizan la violencia de la desposesión la denomino posneoliberalismo.
 
Acudo a esta denominación para distinguir el neoliberalismo del Consenso de Washington y la imposición colonial del Fondo Monetario Internacional, en especial durante la década de los años ochenta, de aquellas formas diferentes que asume la política en las etapas posteriores al ajuste del FMI porque, aparentemente, propone una ruptura con las recomendaciones del Consenso de Washington, pero continúa con los cambios institucionales y sociales imprescindibles para garantizar la acumulación en el capitalismo tardío. En consecuencia, me desprendo de la interpretación hecha, entre otros, por Emir Sader o Atilio Borón, que ven en el posneoliberalismo una ruptura con el neoliberalismo clásico.
 
Más bien al contrario, considero al posneoliberalismo como un proceso complejo y que integra varias dimensiones que continúan, profundizan, consolidan y extienden la violencia neoliberal. Las dimensiones que configuran al posneoliberalismo, son las reformas estructurales de tercera generación, la convergencia normativa, los modelos de dominación política, etc..
La noción de posneoliberalismo nos permite comprender esa aparente contradicción entre los cambios políticos que se suscitaron en la región, muchos de ellos de la mano de gobiernos críticos con el FMI, con las relaciones de poder que emergen desde la acumulación por desposesión, con la consecuente tensión y conflictividad social que ahora utiliza el recurso de criminalizar a la sociedad para proteger el sentido y la dinámica de la acumulación capitalista. El posneoliberalismo nos permite estar alertas de esa intención de poner a la economía entre paréntesis y provocar cambios políticos sin alterar un milímetro el sentido de la acumulación y las relaciones de poder que le son correlativas.
La noción de posneoliberalismo problematiza la tradicional topología de la política entre partidos y organizaciones de “izquierda”, de “derecha” y de “centro”, porque las convierte en meros dispositivos ideológicos de la acumulación del capital en el interior de los modelos de dominación política. En el momento posneoliberal, para la acumulación por desposesión y la violencia que suscita, el hecho de que un gobierno sea de “izquierda” o de “derecha” es irrelevante. Su relevancia proviene de la forma por la cual administra la dialéctica consenso/disenso en el interior de los modelos de dominación política. Fuera de esta dialéctica, su importancia es prácticamente nula.
 
Ahora se puede comprender, por ejemplo, que Alianza País en el Ecuador, o el Partido de los Trabajadores en Brasil, fueron la forma política que asumió la acumulación capitalista en momentos del colapso de una variante del neoliberalismo, aquel del ajuste macrofiscal del FMI. El ajuste fondomonetarista, al menos en América Latina, finalmente se agotó, pero cedió sus posibilidades hacia una variante del neoliberalismo que tiene su interés en las instituciones de la vida social en el sentido más amplio del término y en la disciplina y control a las sociedades. Aquello que está en disputa no es la colonización monetaria y fiscal que realizó el FMI sino la puesta en valor de las instituciones por la vía del extractivismo minero, de las industrias de los servicios ambientales, transgénicos, agrocombustibles, ejes multimodales de transporte, etc. Esta puesta en valor de las instituciones de la vida social implica violencia y criminalización social11.
 
El posneoliberalismo permite comprender varias dinámicas básicas, como por ejemplo, la acumulación por desposesión, el cambio institucional del Estado y del mercado, y los modelos de dominación política, en el interior de un solo proceso histórico signado por la mutación del capitalismo desde la financiarización hacia la gestión del riesgo especulativo. Es cierto que este proceso comprende al Estado de forma diferente al neoliberalismo del Consenso de Washington, pero no significa que implique una ruptura con éste.
 
Se llega a esta conclusión luego de analizar la forma que asumió la política y la economía durante el período de los “gobiernos progresistas” de la región. Estos gobiernos nunca rompieron con los esquemas, dinámicas, procesos y el sentido mismo que imponía la violencia de la acumulación del capital, más bien los consolidaron.
 
Este texto forma parte del primer capítulo del libro: Alianza País o la reinvención del poder. Siete ensayos sobre el posneoliberalismo en Ecuador. Pablo Dávalos, 2014, Ed. Desde Abajo, Bogotá-Colombia
 
La necesidad de generalizar la mirada sobre los procesos de sostenibilidad de la vida (o sea de reproducción tanto biofísica como sociocultural) lleva a expandir entre nosotros, los diversos de abajo, el identificarnos con: 
"Coincidimos en que cuando hablamos de Una Sola Salud, estamos reivindicando la salud para todos y todas, no sólo para nosotros, las y los seres humanos. Estamos reconociendo que somos una pequeña parte de un organismo viviente, una pequeña parte de un universo en que todo está entrelazado, un hilo en el tejido de la vida de este hermoso planeta, participantes todos de un equilibrio ecológico maravillosamente complejo. Estamos reconociendo que la salud humana es un reflejo de la salud de nuestro planeta."
 
 
Declaración del Encuentro Intercontinental
Madre Tierra una sola Salud
19 de junio de 2017

Encuentro Intercontinental Madre Tierra una sola Salud
IV Congreso Internacional de Salud Socioambiental
Declaración de Rosario
16 de junio de 2017
En el día de la Ciencia Digna y en homenaje a Andrés Carrasco que nos sigue acompañando, enseñando e inspirando

Somos colectivos académicos, sociales, ecologistas, de pueblos originarios, artistas, profesionales de la salud humana, animal y vegetal, productores de alimentos, activistas, científicas e investigadoras, creadores de nuevas economías, comunicadores de buenas noticias; que nos hemos encontrado en la semana del 12 al 16 de junio llegando desde Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, India, México, Paraguay, Perú, Suecia y Uruguay para construir espacios para el diálogo, el arte, la ciencia y la poesía, en el marco de los saberes ancestrales y académicos, visibilizando las historias de resistencia necesarias para la defensa de la vida.

Hemos llegado a Rosario para compartir la plácida urgencia de unificarnos en la diversidad, de multiplicar los esfuerzos por caminar con armonía evitando el desgaste y el derroche. También para compartir preocupaciones y diversas formas de resistencia y construcción frente a los ataques a la salud de la Madre Tierra y de sus muchas comunidades. Para esperanzarnos en modos de vida, inclusivos y diversos, y celebrar la cosecha de los frutos que hemos sembrado. Hemos buscado encontrarnos para alegrarnos, para soñar, volar, despertar y resistir. Para solidarizarnos, escucharnos y aprender junto al cuidado de las plantas, los animales, la Tierra y nuestras vidas. Para continuar soñando con los sueños del mundo buscando “el Corazón de la Ciencia y la Vida”.

Coincidimos en que cuando hablamos de Una Sola Salud, estamos reivindicando la salud para todos y todas, no sólo para nosotros, las y los seres humanos. Estamos reconociendo que somos una pequeña parte de un organismo viviente, una pequeña parte de un universo en que todo está entrelazado, un hilo en el tejido de la vida de este hermoso planeta, participantes todos de un equilibrio ecológico maravillosamente complejo. Estamos reconociendo que la salud humana es un reflejo de la salud de nuestro planeta. Reconociendo que nuestra Casa Grande, la Madre Tierra o Pachamama, es un macroecosistema que alberga millones de ecosistemas interconectados, cada uno con sus particularidades.

Durante estos intensos días hemos compartido testimonios y evidencias científicas de la devastación de la Tierra y de las enfermedades que esa destrucción –motivada por el sistema industrial de producción y consumo y su afán de lucro desmedido– provoca a las comunidades, los seres humanos y a otras formas de vida. Hemos visto testimonios de las múltiples interrelaciones entre la salud de la mente, los cuerpos, las estructuras económicas, políticas y los ecosistemas; y hemos intercambiado experiencias y evidencias del buen convivir en la sociedad y la naturaleza, para refrescar nuestros sentidos y retomar el camino de la complementariedad, la solidaridad y la cooperación con todos los seres.
 
Estamos construyendo una plataforma con todos los saberes para cuidar las semillas, la biodiversidad, la vida microbiana, nuestras economías y culturas, para detener la degradación de los elementos y recuperar la salud de la Madre Tierra y de nuestras comunidades.
 
Hemos comprobado como globalmente se intenta imponer un modelo de agricultura y alimentación industrial corporativo que conlleva una enorme devastación ambiental y causa hambre, malnutrición y destrucción de los territorios campesinos y de los pueblos indígenas. De la mano de las grandes corporaciones se siguen imponiendo en vastos territorios semillas transgénicas, monocultivos industriales y fumigaciones masivas con agrotóxicos. La concentración corporativa es cada vez mayor, siendo apenas un puñado las corporaciones que controlan los mercados globales de semillas, biotecnología, agrotóxicos, maquinaria agrícola y fertilizantes. Todo el proceso marcha hacia una mayor concentración en muy pocas empresas transnacionales, con el objetivo de convertir a los agricultores en meros esclavos de las empresas. Las leyes de semillas, las normas sanitarias y fitosanitarias, las nuevas tecnologías y la imposición en los mercados de alimentos ultraprocesados son algunas de las herramientas que el capitalismo está usando para imponer este sistema agro-alimentario. Un sistema que está ligado a la mayoría de las enfermedades más frecuentes de las personas, los animales y el planeta.
 
El extractivismo es otra faceta de este proceso de destrucción y a partir de los relatos concretos de compañeros y compañeras, de campesinos y pueblos indígenas, hemos podido compartir como con la minería a gran escala y a cielo abierto, la extracción de hidrocarburos, la imposición del fracking (fractura hidráulica) y otros megaproyectos se está expulsando a comunidades enteras y se las agrede, violenta y criminaliza frente a la justa resistencia que oponen, único camino que les queda para su supervivencia. Al mismo tiempo las mega-ciudades se han convertido en otro espacio del extractivismo, de la mano de la especulación inmobiliaria, la ocupación irracional del espacio urbano y la brutal utilización de recursos que el modelo de consumo implica.
 
También hemos podido ver que los llamados “Sistema de salud” son en realidad “Sistemas de enfermedad” donde el foco está puesto en el comercio y la mercantilización y donde el resultado es un sistema que enferma y mata, controlado, también en este caso, por un puñado de corporaciones (muchas de ellas también son corporaciones de agrotóxicos como es el caso de Bayer que hoy está en proceso de adquisición de Monsanto). En ese contexto los medicamentos industriales son, junto a la tecnología médica, una de las principales herramientas para el control de las vidas de nuestros pueblos. Las patentes, la concentración de medicamentos en pocos laboratorios y el uso abusivo de los mismos son todas facetas de una misma problemática.
 
Un capítulo especial merece el uso indiscriminado de antibióticos tanto en su uso por las personas como en su aplicación en la agricultura y la ganadería que está produciendo el surgimiento de microorganismos resistentes que se están convirtiendo en amenazas cada vez más graves y que muy pronto podrán ser incontrolables en nuestras sociedades.
También hemos podido reconocer en uno de los problemas más graves que afectan a nuestras sociedades, el de la basura, la muestra patente de una sociedad que se ha desentendido de los ciclos vitales y ha perdido el control de su propio metabolismo para convertirse en una generadora de los gérmenes de su propia muerte.

¡Nos declaramos en resistencia contra este modelo de muerte!

Y por eso las resistencias de los pueblos fumigados, la de los pueblos originarios en sus territorios, el ejemplo de los recicladores, el de las mujeres movilizadas, las luchas contra los transgénicos, contra el fracking y contra la minería son ejemplos que alientan nuestro andar colectivo y solidario.
Pero al mismo tiempo, y porque sabemos hacia dónde vamos, hemos compartido una enorme cantidad de saberes, propuestas, búsquedas, ideas, principios y paradigmas que conforman las semillas, diversas y complementarias, del mundo nuevo que está naciendo en nuestro andar.
 
En ese camino hemos podido reafirmar la necesidad de consolidar como base para nuestro andar la producción de alimentos sanos para pueblos libres. Únicamente la agricultura agroecológica de base campesina, diversa, local y en armonía con la naturaleza podrá producir alimentos saludables para nuestros pueblos como lo han venido haciendo a lo largo de los últimos diez mil años. Esos alimentos son los que nos nutren, los que nos vinculan con los otros, los que se enriquecen cada día de la cultura de nuestros ancestros, los que nos sanan, lo que nos hacen comunidad y los que nos permiten seguir dialogando con la naturaleza y generando diversidad.

En ese contexto, la Soberanía Alimentaria es la vía, principio y guía para recorrer el camino hacia un mundo sin hambre y que produzca alimentos saludables en armonía con la naturaleza. La Soberanía Alimentaria se expresa en las luchas de todos los pueblos ligados a la tierra que defienden sus territorios, sus bienes naturales, sus semillas y sus sistemas de vida. El único camino es lograr que ese derecho de los pueblos a decidir que cultivar y como hacerlo se instale a nivel global como norma y como práctica irrenunciable.
También encontramos en las luchas feministas, en los feminismos populares, en los movimientos contra la violencia contra las mujeres y en el cuestionamiento radical al sistema patriarcal dominante otra de las fuentes de inspiración que nos nutren, nos estimulan a la transformación y nos guían en el camino a una sociedad sin violencias. De estas luchas hemos aprendido que nuestros cuerpos también son nuestros territorios y que defenderlos y cuidarlos es un componente fundamental e integral de los territorios de vida que estamos defendiendo y construyendo. La diversidad es la base de todas las formas de vida y también de las resistencias. Denunciamos y nos solidarizamos contra los feminicidios en todas partes. Vemos como esencial la construcción y la lucha de las mujeres, aprendemos de la sabiduría de las mujeres indígenas y campesinas, reafirmando la necesidad de mantener y fortalecer los cuidados colectivos que todos tenemos que ejercer, de la Tierra y de todos los seres vivos.

Así podemos comprender que reparando y sanando los territorios podemos proteger la salud colectiva y garantizar una vida saludable para nuestros pueblos. Y así nos encontramos con la posibilidad concreta de una naturaleza que nos sane, nos nutra y nos permita vivir plenamente. Allí los microorganismos juegan un rol indispensable, por ser los más viejos y más numerosos en nuestro planeta, para sostener el balance de la vida promoviendo la diversidad, en su imprescindible contribución a los procesos biológicos esenciales y también en su resistencia a la toxicidad de nuestras medicinas.

Muchos de nosotros somos parte de grupos de investigación y educación dentro de universidades y buena parte de estos días los hemos dedicado a debatir sobre nuestro rol, nuestra responsabilidad y nuestros desafíos. A partir de estas conversaciones y nutriéndonos de las luchas por la Reforma Universitaria de Córdoba hace 99 años, nos vemos comprometidos a llegar a los 100 años de esa Reforma asumiendo los desafíos actuales y planteándonos:
- Así como en el año 1918 se planteó que los estudiantes debían tener un rol fundamental en la vida universitaria hoy nos planteamos que el aprendizaje basado y centrado en los pueblos y territorios debe ser el eje que se enarbole y ponga en práctica en la próxima Reforma.
- Nos comprometemos con la Ciencia Digna, ciencia para la vida como camino hacia un modelo de construcción de conocimiento que contemple la diversidad de saberes que habitan en nuestra diversidad de pueblos. Haciendo nuestras las palabras de Andrés Carrasco “Los pueblos latinoamericanos tienen el derecho irrenunciable a desarrollar una ciencia transparente, autónoma y que sirva a sus intereses. Para ello esa ciencia deberá comprometerse con honestidad, teniendo en cuenta que de no hacerlo así, puede violar su compromiso con la verdad, para formar parte de la legitimación que todo desarrollo tecnológico dominante requiere como instrumento de control y colonialismo”.
-Nos comprometemos a continuar investigando los signos y síntomas de la enfermedad que afecta a la Madre Tierra, a profundizar el estudio de los problemas que se presentan local, nacional y regionalmente, a generar evidencias que permitan fortalecer las acciones terapéuticas interactivas con la Madre Tierra, y a la elaboración de la “Guía Terapéutica Interactiva Planetaria”.
-Impulsaremos desde lo local proyectos y acciones de reparación y de sanación que permitan curar las heridas de la Madre Tierra, tales como la propuesta de Ciudades o Pueblos Inteligentes en el Cuidado de los Antibióticos, para cuidar la Vida.
- Frente a la crisis civilizatoria que de modo radical nos interpela en el presente creemos que la Universidad debe asumir un rol activo escuchando a los pueblos y comprometiéndose con los procesos sociales y políticos que ellos han puesto en marcha.
- Como científicas y científicos comprometidos con la sociedad y la naturaleza:
  • Reafirmamos el compromiso de trabajar por una ciencia independiente de las transnacionales, con y para los pueblos, siguiendo el ejemplo de Andrés Carrasco. Denunciamos el intento de los agronegocios por imponer nuevas formas de ingeniería genética, altamente riesgosas, englobadas ahora bajo el nombre de “edición genómica”, con la intención de que éstas lleguen a los mercados sin siquiera pasar por evaluaciones de bioseguridad.
  • Denunciamos el esquema desde empresas y grupos de poder políticos y académico de empujar falsas “soluciones tecnológicas”, para aumentar sus ganancias con su venta y patentamiento, y evitar que se cuestionen las causas de las crisis, sean alimentarias, de salud, ambientales o climáticas.
  • Denunciamos la estrategia de eliminación sistemática de militantes y defensores de nuestros territorios a nivel Global, pero fundamentalmente en América Latina.
  • Denunciamos y rechazamos las estrategias de los Gobiernos al servicio de las corporaciones, que impulsan acciones como el Pacto Minero (en Argentina), las denominadas “Leyes de Semillas” que en realidad son leyes de protección de las corporaciones, la entrega de nuestros territorios al poder económico estableciéndose prácticas de eliminación de pueblos originarios y campesinos.
  • Rechazamos el intento de liberar mosquitos genéticamente manipulados en varios países del continente, así como todas las propuestas de usar, comercializar y liberar animales, insectos y microorganismos manipulados genéticamente. Rechazamos enérgicamente las propuestas de frente a las crisis climáticas, manipular el clima (geoingeniería).
  • Rechazamos el veto a la Ley de Semillas en Ecuador que abre las puertas para la introducción de transgénicos en el país violando la Constitución Nacional que los prohíbe. Exigimos la prohibición total de las fumigaciones con agrotóxicos en todo el continente. Exigimos que las autoridades desistan de mantener políticas que protegen la salud de las corporaciones, a costa de la salud de los pueblos y los territorios.
 
Todas las tecnologías, y particularmente las nuevas tecnologías, deben ser evaluadas
desde la sociedad, con una multiplicidad de visiones y perspectivas, que integren académicos, científicos y otros trabajadores, vecinos y colectivos urbanos y campesinos, ambientalistas, movimientos de mujeres y género, pueblos indígenas, movimientos de salud colectiva y popular y otros. Saludamos la iniciativa de la Red de Evaluación Social de Tecnologías en América Latina, que recoge muchas de las perspectivas de los Congresos Socio Ambientales.
El camino que estamos recorriendo no puede transitarse sin enriquecerse y nutrirse del diálogo con el arte y los saberes ancestrales y es así que los relatos, la música, la danza, el teatro, las experiencias vivenciales nos enriquecen y nutren, son otras formas de expresar las historias de resistencia por la vida; historias de amor, libertad y esperanza que esperan ser contadas.
Vivimos en un mundo, invadido por las Corporaciones… Un mundo en el que sin embargo aún es posible construir resistencias saludables, desde los encuentros y diálogos que nacen del respeto a la diversidad, a los procesos cooperativos, propios de los pueblos que supieron darse el tiempo necesario para cuidar y domesticar las semillas, que permitieron las siembras vitales.
Esas siembras emancipatorias que, habilitaron a los pueblos a encarnar y hacer realidad el sueño de cosechar futuros soberanos para todos, en territorios saludables…
Podemos asumir el desafío de reconstruir nuestros territorios, a partir de recuperar una praxis capaz de reconocer el valor de la Diversidad y el Tiempo como dimensiones esenciales para hacer florecer una nueva Política, de los Encuentros, de lo Colectivo, la Cooperación, la Humildad, la Solidaridad, que ponga freno al extractivismo que se nos impuso, priorizando la Salud de la Madre Tierra por sobre la de las corporaciones.
Durante esta semana nos hemos nutrido de experiencias, vivencias, afectos y compromisos, proyectos y propuestas, salud y alimentos saludables y reafirmamos nuestro compromiso de sanar el planeta para recuperar el flujo de la vida y de seguir caminando con la palabra, la acción, la memoria y el saber de nuestros pueblos y científicos el compromiso con la vida y el Buen vivir construyendo juntos una sociedad justa, solidaria, saludable y esperanzadora.

Los gobiernos progresistas, al igual que los neoliberales, promueven los extractivismos.


¿Sostienen qué mundo? En guerra contra la  autodeterminación de los pueblos. Lo ocultan declarando el Abya Yala como zona de paz mientras subordinan la CELAC a China. 
Los extractivismos son violencia en todos los sentidos del concepto. Sin embargo, los gobiernos progresistas están de acuerdo con:

Alí Rodríguez y el discurso extractivista.

31 de marzo de 2014


Por Pablo Dávalos


Alí Rodríguez es un personaje importante en la transición posneoliberal en América Latina. Fue Ministro de Economía y el responsable de PDVSA durante la era de Chávez, luego fue Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela y, posteriormente, Secretario General de la UNASUR. De alguna manera, representa el momento histórico y político que vive la región, de ahí que sus declaraciones den cuenta de la forma que asumen los discursos y la praxis política de los responsables de la transición posneoliberal, al menos en América del Sur.
En un documento publicado por la revista electrónica ALAI (“Recursos naturales como eje dinámico de la estrategia de UNASUR”, 2014-03-24, www.alainet.org), Rodríguez expone punto por punto los argumentos del discurso extractivista. Esos argumentos señalan, desde una pretendida posición objetiva, que América Latina en general y Suramérica en particular, no se caracterizan por ser potencias tecnológicas ni financieras y que su mayor riqueza está en sus recursos naturales y en su gente, y que es el momento de utilizar esos recursos naturales para financiar tareas urgentes tanto del desarrollo, como el crecimiento económico, cuanto de la redistribución del ingreso, como la salud y educación.
Este discurso se sintoniza con lo que han expresado y propuesto varios líderes políticos de la región, por ejemplo, la metáfora del presidente ecuatoriano Rafael Correa de que no se podía ser como el mendigo sentado sobre un saco de oro para justificar la privatización de los territorios a las corporaciones petroleras y mineras; el texto “Geopolítica de la Amazonía” del vicepresidente boliviano Álvaro García Linera para justificar el extractivismo en su país, la “Ley de Semillas” (también conocida como “Ley Monsanto”) para permitir el mercado de agrotóxicos y transgénicos, por parte de Cristina Kirchner en Argentina,  los argumentos del Programa de aceleración del crecimiento (PAC), del PT en Brasil, etc..
En realidad, no se trata de un discurso novedoso, de hecho, fue parte fundamental del debate económico y político que atravesó América Latina desde fines de la segunda guerra mundial y que tendría a la Comisión Económica Para América Latina, CEPAL, como el principal referente teórico y político.

Los teóricos de la CEPAL acuñarían la expresión de “estructuralismo” para comprender las dinámicas y las formas que habían asumido la modernización y el desarrollo del capitalismo de la región. Al interior del estructuralismo latinoamericano emergerían posiciones radicales, como aquellas de la Teoría de la dependencia, mientras que la corriente de pensadores marxistas latinoamericanos criticaría al estructuralismo de la CEPAL por no considerar al imperialismo y al capitalismo como las verdaderas trabas a cualquier estrategia de desarrollo.
Sería célebre la expresión de uno de ellos que en condiciones de capitalismo lo único que podría desarrollarse en América Latina era el propio subdesarrollo (Cfr. André Gunder Frank). Al interior de este debate, se consideraba casi de manera unánime que la especialización de América Latina en exportar bienes primarios, como minerales, petróleo, productos agrícolas, maderas, riqueza ictiológica, entre otros, lo único que produciría en la región sería una fuerte dependencia de los centros imperialistas de poder mundial y condenaría a la región a la pobreza.
Hasta los teóricos más alejados de cualquier posición crítica y radical creían que América Latina tenía que salir de la trampa impuesta por las injustas relaciones entre centro y periferia de especializarse en productos primarios. Se veía en la exportación de productos primarios una continuación de los mecanismos de colonización y explotación económica que pervivían desde la época colonial.
Ninguno de ellos consideraba que la renta que podía provenir de la exportación de recursos naturales podía provocar ni crecimiento económico ni redistribución del ingreso; por el contrario, consideraban que, habida cuenta de la estructura de la tenencia de la tierra y la forma que habían asumido los regímenes políticos, la renta de la exportación de productos primarios lo que haría es consolidar a las oligarquías locales y convertir al Estado-nación en un Estado oligárquico y feudal.

De ahí que casi todos ellos hayan coincidido en la necesidad de la industrialización, es decir, la creación de valor agregado a la producción pensando en términos más de mercado interno que del mercado mundial al que siempre lo consideraron, y con razón, como una amenaza. Por ello, propusieron cambios importantes en la tenencia de la tierra, como por ejemplo la reforma agraria, cambios en la política laboral como por ejemplo los incrementos de salarios mínimos y el fortalecimiento de la capacidad sindical de los trabajadores, también propusieron reformas educativas que garanticen el libre ingreso a la universidad y mayor movilidad social, reformas tributarias orientadas hacia los impuestos progresivos, políticas de integración subregional y un control estricto a la inversión extranjera directa, entre otras propuestas.
Todas esas iniciativas se perdieron con el neoliberalismo. El FMI y el Banco Mundial arrasaron con cualquier política de redistribución y de crecimiento endógeno. Impusieron la reprimarización de la economía y se aseguraron que la renta extractiva se utilice exclusivamente para el pago de la deuda externa mediante el dispositivo de las “reglas macrofiscales”, amén de que impusieron una agresiva política de privatizaciones, desregulación, apertura total de las economías y flexibilización a los mercados de trabajo y de capitales.
Los pueblos de América Latina vieron perder sus derechos más importantes al tiempo que la economía se hundió y la pobreza se extendió. Cuando los movimientos sociales del continente se movilizaron contra el neoliberalismo y, finalmente, lo derrotaron, su propuesta política y económica tenía como horizonte la soberanía, la redistribución del ingreso y la recuperación de un Estado social diferenciándolo radicalmente del Estado neoliberal.
Por ello, extraña la retórica de que América Latina debería nuevamente especializarse en la exportación de bienes primarios, porque retrotrae el debate y esconde sus verdaderas intenciones. En efecto, el discurso de que la renta de los recursos naturales financiará el crecimiento económico y la redistribución del ingreso es neoliberalismo puro y duro, edulcorado por la presencia de gobiernos “progresistas” que proponen que esas tareas sean realizadas por empresas nacionales.
En realidad, es el discurso de las transnacionales de los commodities, porque son ellas quienes manejan el mercado mundial de su distribución y su conexión con los mercados financieros de futuros, swaps, options, y derivados, independientemente que la producción o extracción de commodities lo haga una empresa nacional o transnacional.
Además, se trata de un discurso manipulador porque la renta de los recursos naturales jamás ha financiado ninguna estrategia de desarrollo y menos aún la redistribución del ingreso, y ahí consta la historia latinoamericana para demostrarlo así como el rico y profundo debate teórico del estructuralismo latinoamericano.
La propuesta de Rodríguez, inter alia, en verdad es el discurso que amplía la frontera del extractivismo tratando de conseguir el consenso necesario en la población para que piense que las rentas que podrían provenir del extractivismo podrían ayudarlos a salir de la pobreza, pero en realidad la ampliación del extractivismo producirá más pobreza, y vulnerará a los más pobres, a la vez que destruirá la naturaleza, las fuentes de agua, la biodiversidad, las culturas ancestrales, y provocará pasivos ambientales y externalidades económicas irremediables.
La expansión del extractivismo privatiza los territorios y hace de la renta extractiva una apuesta geopolítica. ¿Por qué, entonces, los gobiernos de la región apuestan al extractivismo con el falso argumento que éste financiará el crecimiento y la redistribución del ingreso? Porque este discurso encubre el hecho de que ninguno de estos gobiernos hayan realizado una reforma agraria que devuelva la tierra a los indígenas y campesinos, y no lo van a hacer porque esas tierras son, precisamente, el objeto de disputa con las transnacionales del extractivismo; tampoco ninguno de esos gobiernos ha devuelto a los trabajadores la capacidad sindical de luchar por mejores salarios y mejores condiciones de trabajo, todo lo contrario, en la dialéctica del capital siempre han preferido a éste bajo el argumento de que la inversión privada crea empleo y crecimiento.
Estos gobiernos tampoco han llevado adelante una política tributaria progresiva que recaude impuestos desde los grupos económicos más poderosos y sus empresas, de tal manera que los recursos de la tributación directa sean alternativos a la renta extractiva, todo lo contrario, la carga impositiva sigue sobre las espaldas de los más pobres y del conjunto de la población.

¿Alternativas a la renta extractiva? Por supuesto que las hay, pero de la misma manera que el discurso neoliberal establecía la doxa de que “no hay alternativas” (expresión de Margaret Thatcher), asimismo el discurso extractivista cierra el debate para las alternativas. La primera de ellas está a la vista y es la utilización de la política monetaria para financiar tanto al desarrollo cuanto a la redistribución del ingreso.
Pero hay un miedo a utilizar la política monetaria en beneficio de la población y esto se debe a la colonización tanto teórica como práctica que sobre la moneda han realizado el FMI y la episteme neoliberal. Se teme utilizar a la moneda por los efectos inflacionarios que pueda provocar su utilización y se otorga a los bancos privados el manejo de la política monetaria.
El ejemplo quizá más revelador sea el caso del gobierno de Evo Morales quien a fines del 2010 decidió aplicar un ajuste económico elevando los precios de la gasolina para compensar el déficit fiscal (Decreto Supremo No. 748 de diciembre del 2010), mientras tenía reservas monetarias internacionales de 9.73 mil millones de USD que correspondían a más de la quinta parte del producto interior bruto boliviano de ese mismo periodo. No sólo ello, sino que posteriormente se enfrentó contra la policía de ese país que reclamaba incrementos modestos en su remuneración básica (solicitaban un salario mínimo de 2000 bolivianos que para la época representaba alrededor de 250 USD), que bien podrían haber sido financiados con una pequeña parte de lo que el gobierno boliviano tenía en reservas monetarias internacionales.
Otro caso paradigmático es el gobierno de Brasil y su política de tasas de interés y de liberalización del mercado de capitales. Los diferentes gobiernos del Partido de Trabajadores (PT), en ese sentido, se mostraron tan neoliberales y ortodoxos como sus antecesores, y respetaron el manejo de la política monetaria que hacían los bancos privados así como de las tasas de interés, consideradas entre las más altas del mundo.
Se teme también aplicar una política tributaria de redistribución que afecte a los grupos de poder y, en ese sentido, quizá el mejor ejemplo sea el caso del gobierno ecuatoriano de Rafael Correa. Durante el periodo de su gobierno, 2007-2013, los grupos económicos ecuatorianos obtuvieron un total de ingresos por cerca de 150 mil millones de USD y pagaron apenas el 2% de impuestos directos sobre esos ingresos. De hecho, para el año 2013 ya controlaban cerca de la mitad del PIB de ese país. Una política tributaria progresiva demostraría que la destrucción de la reserva natural Yasuní, única en el mundo por su biodiversidad, era más una estrategia destinada a proteger los intereses de los grandes grupos económicos y de las corporaciones del extractivismo que una apuesta por redistribuir el ingreso y financiar al desarrollo como trataba de justificar el Presidente ecuatoriano.
No obstante, quizá la alternativa real no sea tanto el financiamiento al desarrollo y la redistribución del ingreso sino incluso la misma noción de desarrollo. Lo que los pueblos de América Latina quieren este momento no es tanto el desarrollo sino más bien salir de él. El modelo de desarrollo es más un constructo ideológico para las elites y las clases medias de la región que para los pueblos que lo sufren. Es un pretexto para apoderarse de los recursos naturales en el festín de los commodities. Para los sectores organizados y los movimientos sociales, el discurso actual no es el desarrollo sino el Buen Vivir y éste, de las declaraciones hechas por las organizaciones sociales del continente, al parecer, nada tiene que ver ni con el desarrollo ni con el crecimiento económico.
"La consolidación de gobiernos neoliberales en varios países latinoamericanos pone contra la pared a algunos procesos considerados, al menos desde la propaganda, como “logros” de la larga década progresista. Entre esos “logros” están los intentos de integración regionales como la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), la cual cobró vigencia jurídica en 2011 y hoy parece vivir una agonía impregnada justo en unas paredes, concretamente en un edificio"…
Entre la aletargada integración y 
la lacra racista
19 de julio de 2018
Por Alberto Acosta (Rebelión)


La UNASUR es un organismo internacional supuestamente encaminado a construir una identidad y ciudadanía suramericana, junto con un espacio regional integrado. En términos geopolíticos, la UNASUR busca responder a esquemas de integración con claras lógicas de dominación imperiales, que emanan desde la OEA (Organización de Estados Americanos) o el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), por ejemplo. Tal respuesta se juntó a muchas otras propuestas integracionistas -novedosas y hasta audaces- impulsadas desde el sur durante el progresismo, como el ALBA ( Alianza Bolivariana para las Américas ) o la Nueva Arquitectura Financiera del Sur, que buscaba conformar el Banco del Sur, el Sistema Unico de Compensación Regional (Sucre, tan mal manejado por el progresismo que permitió hasta el lavado de activos ), el Fondo de Reservas del Sur e incluso un sistema regional de arbitrajes.
Fue en esos años progresistas que el discurso integracionista alcanzó su máximo esplendor propagandístico cuando el gobierno ecuatoriano donó a UNASUR en 2014 un edificio de 45 millones de dólares. Paradójicamente, ahora ese mismo edificio es un monumento a la crisis del proceso integracionista-progresista. La decisión del presidente ecuatoriano Lenín Moreno -sucesor de Rafael Correa desde 2017- de solicitar la devolución de dicho edificio desnuda los problemas de la integración latinoamericana.
Pero, además, la entrega del edificio al movimiento indígena para que ahí se ubique la sede de la Pluriversidad Amawtay Wasi [2] (inspirada en los principios constitucionales de plurinacionalidad e interculturalidad, y que fuera cerrada en el autoritario gobierno de Correa) se volvió “ la gota que derramó el racismo y la discriminación en el Ecuador... ”, desplegados en una profunda confraternidad colonial por diversos sectores conservadores de todo pelambre , entre los que se alinea el propio expresidente Rafael Correa [3] . No sorprende que esta andanada racista haya recibido una contundente respuesta por parte de Apawki Castro, dirigente de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador ), en la que rescató la esencia de su programa político: Tierra, Cultura y Libertad .
A diferencia de lo que algunos ingenuos pregonan, el problema de la integración no surge porque el gobierno pida a UNASUR el edificio [4] para entregarlo al movimiento indígena. La UNASUR ya vivía una prolongada acefalía, producto de una crisis geopolítica provocada sobre todo por el fin de varios gobiernos progresistas latinoamericanos. Como resultado los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, con el obvio beneplácito de los gobiernos neoliberales de Colombia y Perú, suspendieron en 2018 su participación en la organización. Tal crisis, junto a otras cuestiones, entierran las buenas intenciones y los enfervorizados discursos integracionistas que pronunció en su momento el progresismo.
Tengamos presente que en épocas anteriores hubo propuestas de integración mucho más intrépidas y profundas , incluso Raúl Prebish fue categórico en 1981 –poco antes de cumplir su ciclo vital- cuando afirmó que:
Los progresismos -más allá de dichos discursos- fracasaron al no ofrecer alternativas reales al capitalismo. Apenas intentaron modernizarlo. Los regímenes progresistas no rompieron las ataduras librecambistas propias de economías primario-exportadoras, al no cuestionar la esencia de las modalidades de acumulación que el capitalismo mundial ha asignado a las periferias. El progresismo, con un camuflaje “revolucionario” y “socialista”, al tiempo que disciplinaba a la sociedad, ampliaba y sigue ampliando -incluso a sangre y fuergo- todo tipo de extractivismos (petroleros, megamineros, agroexportadores, etc.). Un empeño en el que también están inmersos los países con gobiernos neoliberales, que incluso recibieron consejos progresistas sobre cómo romper la resistencia de las comunidades opuestas a la minería, como sucedió, por ejemplo, con las enseñanzas dadas por el entonces presidente ecuatoriano Rafael Correa al presidente colombiano Juan Manuel Santos
Tampoco podemos olvidarnos que en Ecuador -donde está la sede de UNASUR- desde 2014, el gobierno de Correa hizo que la brújula económica vuelva a apuntar hacia el neoliberalismo e hipotecó -aún más- la soberanía del país sobre sus finanzas y sus recursos naturales a capitales transnacionales, sobre todo al naciente imperialismo chino, en lo que constituyó una verdadera década desperdiciada . Además, en contra de la integración regional, Ecuador –no así sus vecinos andinos con gobiernos progresistas: Venezuela y Bolivia- suscribió en 2016 -también con Correa- un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea; tratados que sintentizan la esencia neoliberal al condenar a los países empobrecidos a ser meros suministradores de materias primas. Y si Correa empezó el retorno neoliberal, su sucesor y anterior vicepresidente, Lenín Moreno, acelera el paso y se sintoniza cada vez más con los gobiernos conservadores de la región, incluso proponiendo firmar un TLC con EEUU, haciendo guiños a la Alianza del Pacífico e impulsando una ley para reactivar la economía que prefigura una carta de intención con el FMI .
En lo que a la integración se refiere, las contradicciones vienen hasta de la misma UNASUR, la cual caminó en contra de una integración alternativa al dar vida al Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento(COSIPLAN), que busca construir redes de infraestructura , transportes y telecomunicaciones según criterios globalizadores establecidos en el viejo neoliberalismo por la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), creada en 2000 y apadrinada por el BID. No sorprende entonces que se haya avanzado más en la interconexión de mercados que en una verdadera integración, como con claridad se analizó en un seminario impulsado por el CDES, tal como lo evaluó Raúl Zibechi .
Incluso las mencionadas e interesantes propuestas para transformar las estructuras financieras en Suramérica no prosperaron pues los grandes países -sobre todo Brasil y de alguna manera también Argentina-, teniendo gobiernos progresistas no tuvieron interés real en tales transformaciones. Este es sobre todo el caso de Brasil con los gobiernos del PT (Partido de los Trabajadores), que desplegó su tradicional subimperialismo ( analizado con claridad en el contexto actual por Claudio Katz ) ­ -sostenido sobre todo por el Banco de Desarrollo (BNDES) en alianza con sus empresas transnacionales- en todo el subcontinente, aupado incluso en una galopante corrupción, como sucedió con Odebrecht .
Esta crisis de la integración latinoamericana nos confronta también con otras realidades. Por un lado, los procesos integracionistas impulsados “desde arriba”, es decir desde los Estados son limitados porque casi siempre se hacen en estrecha alianza con grandes capitales -incluso transnacionales-, como se ve en la Unión Europea. Por otro lado, el pragmatismo político y las alianzas con la derecha desplegadas por los progresismos han provocado que éstos se sostengan en crecientes autoritarismos políticos, corrupción y des-democratización, en palabras de Boaventura de Souza Santos al analizar lo que sucede en Nicaragua , cuyo gobierno devino en aquello que juró destruir: un “somozismo” del siglo XXI que está masacrando a su población .
Lo grave es que ahora hasta el cinismo progresista se ha desbordado: los otrora gobernantes progresistas sujetos a la revisión histórica de su gestión, agobiados por crecientes denuncias de abuso de poder y de corrupción desbordante -como Rafael Correa- acusan a sus acusadores de arbitrariedad, de ser agentes del imperialismo, y de buscar excusas para apresarlos y sacarlos del escenario político, como anota con lucidez Pablo Ospina . Así, mientras los progresismos no reconozcan y asuman sus errores, no abandonen su “culto” a varias “personalidades”, no estarán en capacidad de transparentar y entender, menos aún criticar su propia gestión, en muchos casos nefasta para los intereses populares de mediano y largo plazos, e incluso para la misma integración. Por cierto, la corrupción y el autoritarismo son aún más palpables en los gobiernos neoliberales.
Por último, la integración debe repensarse íntegramente. El fin no debe ser sólo conformar agrupaciones de países emergentes que disputan espacios de poder a las metrópolis capitalistas, por ejemplo, dentro del FMI. La integración debe ser contra-hegemónica, planteándose la superación de la civilización capitalista. Eso demanda una integración multidimensional, en donde la batuta no debe estar en manos ni de los Estados ni del gran capital.
Requerimos una integración que desarme las lógicas especulativas de las finanzas internacionales y que proponga otras racionalidades en la economía internacional; por ejemplo, un comercio en donde la producción de alimentos no esté motivada por la búsqueda de divisas y la misma especulación, sino por las demandas de alimentación de la Humanidad ; o unas finanzas internacionales más enfocadas a proveer recursos a las regiones más empobrecidas antes que a la exacerbación especulativa.
Estos esfuerzos sólo serán viables desde una política emancipadora y despatriarcalizadora, desde el efectivo respeto a la justicia social y ecológica. La integración no debe llevarnos a un aperturismo que nos condene cada vez más a sobrevivir en el inframundo de la globalización capitalista; por el contrario, debe sustentar la autonomía de las diversas regiones y localidades.
La integración, entonces, debe provenir sobre todo desde las bases comunitarias y populares de las naciones y las regiones, entrelazando -y por ende potenciando- su resistencia y construcción de alternativas (inclusive aprovechando el actual desarrollo tecnológico para informarse y comunicarse entre distintos colectivos). Una integración que no olvide la cuenta pendiente que tiene la sociedad occidental con los pueblos indígenas, los cuales han sido agredidos históricamente y hasta por los progresismos -como sucedió con Correa en Ecuador-, pero que en realidad deberían ser la base que sostenga la integración latinoamericana.
No basta que ahora Moreno dialogue con los movimientos indígenas y que restablezca la educación bilingüe abolida por el correísmo, sino que debe abrir la puerta para construir respuestas plurinacionales e interculturales, que demandan, como primer paso innegociable, el cese de la criminalización de los indígenas y no indígenas perseguidos por defender la Pacha Mama. Un esfuerzo que demanda enfrentar y erradicar el racismoen Nuestra América, tan crudamente expuesto por Paco Gómez Nadal [5]. En este empeño, la consolidación de una universidad cimentada en la esencia de la cosmovisión indígena -que no implique la mercantilización de espurias lealtades del movimiento indígena al morenismo- puede ayudar a construir una propuesta de integración decolonial, tan urgente y necesaria para Nuestra Latinoamérica.
El reto para Latinoamérica se mantiene: o se une desde los pueblos, entendiendo y respetando su Pacha Mama, o se rinde ante los -viejos y nuevos- imperialismos que la siguen tratando como su “patio trasero”. 
El autor es economista ecuatoriano. Profesor universitario. Excandidato a la Presidencia de la República.
[2] Una universidad que ya sufrió la rabieta colonizadora del correismo por no cumplir con los estándares académicos eurocéntricos que las instituciones estatales encargadas de las evaluaciones usan, como anota Verónica Yuquilema: La Universidad Amawtay Wasi y la profunda molestia colonial
[3] Véase, sobre este tema, la actitud despectiva de Correa con Luis Macas , reconocido líder histórico del movimiento indígena, actualmente miembro del Consejo de Participación Ciudadana de Transición.
[5] Para entener lo que significa el racismo en la actualidad se recomienda el libro INDIOS, NEGROS Y OTROS INDESEABLES. Capitalismo, racismo y exclusión en América Latina y el Caribe, de Paco Gómez Nadal, Serie El Debate Constituyente, Abya-Yala y Fundación Rosa Luxemburg, Quito, 2017.https://www.rosalux.org.ec/producto/indios-negros-y-otros-indeseables-capitalismo-racismo-y-exclusion-en-america-latina-y-el-caribe/

"Diversos representantes de organizaciones sociales indígenas, originarias y campesinas de los valles, el altiplano y la amazonia; sindicatos y organizaciones vecinales de Bolivia dieron respuesta a los siguientes interrogantes en el taller de reflexión “UNASUR y COSIPLAN: sus impactos y su financiamiento” (1) llevado a cabo en la ciudad de Cochabamba organizado por la Coalición Regional (2) de la que forma parte el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario – CEDLA".

UNASUR: Organizaciones sociales cuestionan el sentido y el impacto de la integración Suramericana

3 de septiembre de 2014
¿Qué es UNASUR?, ¿Cuál es la importancia de la IIRSA para la constitución de UNASUR?, ¿A qué intereses responde el Consejo de Infraestructura y Planificación COSIPLAN, dependiente de UNASUR? ¿Toma en cuenta los derechos de los pueblos y comunidades donde se ejecutan sus proyectos? ¿Cuál es el rol de las transnacionales y el capital financiero internacional en los proyectos de UNASUR? ¿Tienen los mismos beneficios en la integración Bolivia y Brasil?
Bajo estas cuestiones reflexionaron diversos representantes de organizaciones sociales indígenas, originarias y campesinas de los valles, el altiplano y la amazonia; sindicatos y organizaciones vecinales de Bolivia que dieron respuesta a estos interrogantes en el taller de reflexión “UNASUR y COSIPLAN: sus impactos y su financiamiento” (1) llevado a cabo en la ciudad de Cochabamba organizado por la Coalición Regional (2) de la que forma parte el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario – CEDLA
¿La integración al servicio de quién?
El coordinador del Programa Urbano, Carlos Revilla explicó que UNASUR y la idea de crear una comunidad de naciones suramericanas fue impulsada por el Brasil desde el año 2000. Dicha comunidad se basaba en tres ejes: la integración económica, el fortalecimiento de la democracia, y la creación de una red de infraestructura regional de transporte, energía y comunicaciones que contempla proyectos como carreteras, hidrovías y represas con un importante impacto sobre el ambiente y las comunidades. Para llevar a cabo esta red, Brasil creó el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social -BNDES- que da créditos para la construcción de carreteras con la condición de que sean sus empresas quienes ejecuten dichos proyectos. Empresas como Odebrecht a cargo de la carretera de Palos Blancos y OAS en el caso TIPNIS
En el taller con las organizaciones sociales se reflexionó sobre los intereses implícitos de las construcciones de infraestructura de transporte regional. Geovane Sousa, representante de los afectados de las represas de Brasil, apuntó que su país necesita exportar su producción de soya de manera más rápida y con menor costo, por lo que la infraestructura vial no responde a un desarrollo para los pueblos sino a los intereses de bancos y transnacionales.
Según Revilla, la trayectoria de UNASUR no sostiene una integración política real, debido a que existen tensiones entre los países integrantes en temas por ejemplo territoriales y de liderazgos. “Lo que mantiene unida a UNASUR es el financiamiento de Brasil a través de IIRSA y los créditos de estos bancos”. IIRSA es la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), que actualmente es impulsada por COSIPLAN.
¿IIRSA/COSIPLAN es integración social y política?
El término de integración se ha reducido a hablar de obras de infraestructura para la conexión física (transporte, energía, comunicaciones, marcos regulatorios), explicó Silvia Molina, investigadora del CEDLA a tiempo de dar a conocer las características y la relación entre el IIRSA y COSIPLAN.
Molina resaltó que la cartera de proyectos del COSIPLAN se concentra en un 88,2% en transporte, 10,01% en energía y 1,7% en comunicaciones y que el 74,5% de estos proyectos es financiado por el sector público.
En este sentido Molina preguntó ¿Hay transparencia, información y participación? ¿Quién decide, quién se beneficia y quién paga en los proyectos IIRSA/COSIPLAN? ¿Hay representación de la sociedad civil? ¿Hay mecanismos de rendición de cuentas?
Irineo Tancara de la Federación Intercultural de Comunidades Ecológicas del Alto Beni área VII – FICEAB, mencionó al respecto: “Para mi somos un país de paso y no nos beneficia (…) en la Constitución dice que los derechos de tierra y territorio son un asunto Estatal y el Convenio 169 de la OIT nos da un derecho de que debemos ser consultados (…) los pueblos por los que pasan esas carreteras tampoco se van a beneficiar, van a pasar los tráiler y no va consumir”.
Por su parte Abrahan Cuellar, investigador que trabajó con diversas organizaciones sociales en Bolivia, señaló: “No hay mecanismos de difusión de información sobre los recursos. Hay una imposición de política pública y de proyectos de desarrollo regional. La sociedad tiene derecho a decidir qué tipo de desarrollo o en qué va invertir sus recursos”.
“Agua y energía con soberanía, distribución de la riqueza y control popular”
Geovane Sousa, representante de los afectados por las represas en Rondonia – Brasil, manifestó “Son aproximadamente 1700 familias afectadas por las represas. Los estudios no se hicieron de manera adecuada y otras personas también fueron afectadas indirectamente, los suelos ya no se pueden cultivar y el agua está contaminada. La lucha de los afectados es para que sus derechos sean respetados por el Estado”
Sousa señaló que quienes manejan el capital financiero para este tipo de proyectos son los que manejan las leyes beneficiando a los capitales transnacionales y no a las personas que necesitan energía.
“Creemos que el problema central de la energía es la política y el modelo de energía. La clase obrera quiere discutir y decidir sobre la política energética, el control de las fuentes, la planificación, la producción y la distribución de la energía y la riqueza generada allí. El problema no es la cantidad de energía, el problema es para quién se genera energía, es para mantener el sistema capitalista y no para la población” concluyó Sousa.
Participación traspasando la institucionalidad vigente
Jorge Zanafria, del Centro de Derechos Económicos y Sociales – CDES de Ecuador, planteó las condiciones ofrecidas por los gobiernos para efectivizar el plan de integración de infraestructura del COSIPLAN. Por un lado, el debilitamiento del marco normativo tributario para atraer inversión extranjera, y las facilidades ofrecidas con el fin de que los recursos naturales sigan siendo extraídos en grandes cantidades. Afirmó que América Latina sigue siendo una región proveedora de materias primas, postergándose la industrialización. El ecuatoriano resaltó que este proceso de modernización del capitalismo en Bolivia, Ecuador y Brasil supone sacrificar nuestras culturas, ecosistemas, formas de vida y derechos, justificado con el mito del desarrollo (fetiche=carreteras). Concluyó haciendo un llamado a la participación social, más allá de los márgenes establecidos por la institucionalidad oficial, para construir una integración social desde las organizaciones sociales.
¿Cómo construimos la integración?
Un primer paso mencionado por las organizaciones es el identificarse como clase trabajadora sin perder las identidades culturales, para tener una visión conjunta de la lucha y del desarrollo que se quiere como pueblos y de los proyectos que realmente son prioridad para mejorar la vida de la gente. “Para ello debemos reconocer contra quienes nos enfrentamos. Es importante no concentrarnos en temas puntuales sino en las causas”, manifestaron.
Las organizaciones sociales presentes en el evento plantearon cómo construir una integración desde los pueblos con las siguientes propuestas:
• Generar más espacios y foros de debate para la construcción de una visión conjunta de desarrollo.
• Que los Estados inviertan en generar condiciones para el desarrollo productivo enfocado a los pequeños productores.
• La generación de energía debe estar enfocada para el beneficio de las comunidades y no para la especulación financiera.
• Control social y fiscalización de nuestros recursos naturales: la vida no se negocia, el medio ambiente no se negocia.
• Compensación a las comunidades afectadas por los impactos negativos de los megaproyectos.
• Modificación profunda del sistema financiero.
• Desarrollo nacional con una visión desde las necesidades de la gente: priorizar la salud y educación.
• Recuperar la agenda de octubre de 2003 y una verdadera nacionalización de las empresas estratégicas.
• Establecer mecanismos de información y difusión sobre el manejo de los recursos.
• Derecho a decidir sobre el desarrollo que queremos.
• Derecho a la consulta previa, libre, informada y vinculante.
(1) El evento fue co- organizado por el Programa NINA y el Programa Urbano de la red UNITAS.
(2) La Coalición Regional está conformada por Asociación Ambiente y Sociedad (AAS) de Colombia, Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) de Bolivia, Instituto Brasileiro de Análises Sociais e Econômicas (IBASE) de Brasil, Centro de Derechos Económicos y Sociales (CDES) de Ecuador, Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR) del Perú.

Fuente: fp-fip.org/es/unasur-organizaciones-sociales-cuestionan-el-sentido-y-el-impacto-de-la-integracion-suramericana/