sábado, 25 de abril de 2020

Hacia qué Abya Yala nos orienta el Llamamiento de VC en 2013.

Se opone al propagandizado
como antiimperialismo 
que el progresismo usó para afianzar
nuestro subdesarrollo continental
               mediante extractivismos.
Es crucial generalizar la conciencia sobre cómo los imperialismos han ocupado económica y territorialmente a nuestros países mediante contubernio de sus capitales y estados con los locales. Con ese rumbo hay que recordar cómo Unasur se centró en desplegar la IIRSA con la fachada de Cosiplan y en esto cuál fue el papel de subimperialismo del Brasil, también tengamos en cuenta que Brasil ejerció la comandancia de la Minustah( donde participaron todos los gobiernos progresistas a excepción de Venezuela) y fue el principal contribuyente de militares y policías.  Veamos en qué consiste una actual versión del antiimperialismo y cuál es su propuesta de:

Debatir una política exterior antiimperialista

en todo el Sur global

20 de abril de 2020

Por Bruno Lima Rocha
Introducción: En las palabras que siguen, de manera señalada y con modesta pretensión, hay un debate que creo que es urgente. La reorganización de la política exterior brasileña y el tipo de inserción en el Sistema Internacional que nuestro país debería tener. Esperamos que no abramos un debate y mantengamos controversias con la empresa lacayo, sino también para marcar una posición consecuente, antiimperialista y el Sur global que tanto defendemos y donde Brasil tiene un papel destacado que conquistar y cumplir.
En primer lugar: todo pasa por el sentido de pertenencia. La inserción internacional de Brasil debe ser el buque insignia de la entrada de América Latina y el Caribe a través de su miembro más importante en el Sistema Internacional. La condición de lacayo con los Estados Unidos, establecida desde el golpe con el apodo de impeachment, en 2016, y las fructíferas relaciones dentro del aparato de Estado con los organismos oficiales americanos se encontraron con una condición de la clase media brasileña y la tecnocracia, de fascinación idealizada con el norte hegemónico y el mundo eurocéntrico, subordinando aún más las decisiones del Estado brasileño a los intereses externos más visibles.
El «escándalo» de la ausencia de reactivos y la importación de más del 70% de los productos de la industria química-farmacéutica es otro sin sentido.  No tiene sentido una postura antiimperialista clásica (antieuropea y estadounidense) y volverse más dependiente de las industrias euroasiáticas, como la India, China y el sudeste asiático. Lo mismo se aplica a la internalización del capital, de cualquier origen y origen. La legislación de protección y protección es esencial que impida que el capital externo, especialmente el chino, compre suelo y subsuelo brasileños, así como niegue el acceso directo al agua y a los recursos minerales. Es importante tener productividad en nuestro sector primario para satisfacer la demanda interna efectiva y bajo control familiar y campesino, pero antes de eso nada es fundamental tenemos autonomía, independencia y ya no necesitamos una agricultura de alta intensidad y depredadora para cerrar en el azul en la balanza comercial. Si la cooperación no subordinada con China, la participación más activa en el Banco BRICS y el Fondo de Rescate Automático es la manera de no depender tanto de las reservas internacionales en dólares, así como de los contratos cerrados en la moneda estadounidense, entonces esta debería ser una de las prioridades absolutas de la política exterior brasileña.
Como se indicó anteriormente, el Cono Sur, América del Sur, América Latina y el Caribe, debe ser nuestra prioridad. Después de eso, las relaciones con el continente africano y los países emergentes, así como el aumento de la presenten el Gran Oriente Medio y el Mundo Islámico. En la estructura de poder regional, los instrumentos ya están presentes, sin embargo, necesitan ser actualizados y fortalecidos, como Mercosur, Unasur, CELAC y el moribundo Consejo de Defensa Sudamericano. Conselho de Defesa Sul-americano. Los objetivos son evidentes y atraviesan urgentemente las garantías de autodeterminación y soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, sin implicar una subordinación al imperialismo y, menos aún, hipotecando los ingresos petroleros. Lo mismo ocurre en la protesta contra los criminales bloqueo económico sobre Cuba   y, a escala internacional, contra la República Islámica de Irán.

En términos de financiamiento de proyectos productivos es factible pensar en un Banco Latinoamericano de Desarrollo, imaginando un Plan Marshall de nosotros mismos. El primer paso sería capitalizar Banco do Sul con líneas de financiamiento de consorcios productivos y cadenas integradas en el Sur-Sur, ya en las normas industriales que practicamos. Una buena iniciativa sería recuperar la autonomía en todo el complejo médico-hospitalario y químico-farmacéutico, una medida eficaz que tiene un multiplicador de empleo directo e indirecto y una enorme presencia de científicos vinculados al servicio público.

Nuestras Universidades e instituciones científicas necesitan aumentar la cooperación dentro de América Latina, sin la reproducción del colonialismo intelectual y los paradigmas del norte hegemónico, especialmente con el eje anglosajón. Las iniciativas de cooperación pueden tener lugar tanto en instituciones de investigación independientes, como en las vinculadas a nacionales (como Fiocruz) o subnacionales (como el Instituto Butantá).
La importancia de condenar el colonialismo intelectual y las condiciones de la intelectualidad gana materialidad analizando el flagelo que azota el inconsciente colectivo y la fabricación de una moral típica de la gringa derecha republicana en nuestro país. Me refiero a la dimensión adoptada por la Cooperación Jurídica Internacional y a los profundos efectos de la internalización de los intereses externos, como la Operación Lavado de Coches, que han demostrado materialmente   cómo la acción de los Estados Unidos tiene terribles efectos en nuestra sociedad en general y en las estructuras productivas en particular.
Por lo tanto, las relaciones con los Estados Unidos deben ser distantes, cautelosas, pero poco o nada amigables. 

Debemos y podemos mantener todas las diferencias en la OMC y llevar a cabo acuerdos sólo en el marco de la Cooperación Internacional con transferencia tecnológica completa, algo que nunca ocurre en la compra de material de guerra de los Estados Unidos. Conocemos los efectos nocivos del imperialismo estadounidense en los corazones y las mentes de las autoridades establecidas y las tecnocracias profesionales (como la economía, los aparatos legales y la estación militar) y cómo esto debe ser detenido, incluyendo acuerdos de acuerdo y a «viajes de experiencia profesional».

Debemos tomar el camino opuesto, acercándonos, como sociedad, a los brasileños emigrados en condiciones legales o ilegales, con una agresiva política cultural de pertenencia brasileña y latinoamericana y poder blando en el corazón de la guerra superpotencia bélica. Parece lógico, pero tenemos que reforzar lo que es evidente. Si somos un país ejemplar en la conversión económica a bajo nivel de carbono y pleno empleo, podemos guiar al Sur Global en el camino hacia un nuevo acuerdo verde efectivo.   Para que el programa mencionado anteriormente se convierta en un programa de reivindicación y construcción colectiva, tenemos que ir más allá. 

Es necesario crear mecanismos de presión del movimiento popular, de la sociedad organizada y de la izquierda para influir o formular la política exterior brasileña. Una de las formas de contribuir es exigir que la participación en Itamarat y en puestos diplomáticos no sea una carrera exclusiva y excluyente, como en las carreras jurídicas del Estado y la prerrogativa sobre las áreas policiales. Contrariamente a lo que dicen los críticos, estas medidas no deterioran el marco técnico del gobierno, sino que lo dejarían lleno de «oxígeno» y pensamiento crítico. Bajo ninguna circunstancia podemos permitirnos tener otros «idiotas en la cancillería del país» y menos aún, formar licenciaturas en relaciones internacionales con la mentalidad de energúmenos colonizados de este calibre.
Brasil desempeña un papel clave en el Sistema Internacional que se producirá a lo largo y especialmente después de la pandemia del virus corona. Es nuestra tarea señalar en esta dirección y contribuir de las maneras correspondientes.

Al contrario de la lógica capitalista con máscara de antiimperialista que ante todo sustituye a quienes dominan, se trata de favorecer la toma de partido de una creciente mayoría por constituir el protagonismo horizontal de los pueblos según:


El Llamado de Yakarta

(...)Hoy más que nunca, otro mundo es urgente y necesario. La destrucción de nuestro mundo a través de la sobrexplotación y desposesión de los pueblos y la apropiación de los bienes naturales está produciendo la actual crisis climática y profundas desigualdades que amenazan a la humanidad en su conjunto y a la vida misma. La Vía Campesina dice un rotundo NO a esta destrucción impulsada por las corporaciones.
Nosotros estamos construyendo nuevas relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza sobre la base de la solidaridad, la cooperación y la complementariedad. En  el corazón de nuestra lucha está en la formulación de una ética para la vida que atraviesa todas nuestras acciones y búsquedas. La Vía Campesina se ha comprometido a dar visibilidad a todas las luchas locales alrededor del mundo, asegurando que sean entendidas desde una perspectiva internacional y contribuye a involucrarlas en un gran movimiento global por la soberanía alimentaria, el cambio social y la autodeterminación de los pueblos del mundo.
Llamamos a todas nuestras organizaciones, a nuestros aliados y amigos, amigas, hermanas y hermanos en la lucha, y a todos aquellos comprometidos con un futuro mejor a continuar caminando juntos y juntas, a rechazar la agenda de la “Economía Verde” y a continuar construyendo la Soberanía Alimentaria.(...)

 Nuestra lucha es para construir una sociedad basada en la justicia, la igualdad y la paz. Exigimos el respeto de todos los derechos de las mujeres. Rechazando el sistema capitalista, patriarcal, la xenofobia, la homofobia y cualquier tipo de discriminación, reafirmamos nuestro compromiso en lograr una equidad total entre hombres y mujeres. Esto requiere el fin de toda forma de violencia contra las mujeres, doméstica, social e institucional, tanto en las zonas rurales como en las zonas urbanas. Nuestra Campaña contra la Violencia hacia las Mujeres está en el corazón de nuestras luchas.(...)Leer

sábado, 14 de marzo de 2020

Analicemos qué sistema pueden los pueblos ir constituyendo según rompan con el capitalismo.

Que sea bajo gestión progresista sea neoliberal desembozada  expande deforestación y  destrucción de ríos y humedales
 
 
Pudimos comprobar que:

Más allá de ideologías, un modelo de desarrollo extractivista y agropecuario similar
Amazonia, la naturaleza se quema
y la política se agota
2 de septiemre de 2019
Por Eduardo Gudynas
Ctxt
 

En los primeros días el fuego te acorrala, en los días siguientes las cenizas te entristecen. Así pueden describirse mis sensaciones en una de mis visitas años atrás a las zonas amazónicas de Brasil, Perú y Bolivia. Estas coincidieron con incendios como los que hoy causan alarma mundial.
Cuando las llamas están activas, el humo inunda todo, es peligroso transitar los caminos por la poca visibilidad, hay momentos en los que cuesta respirar, la garganta se inflama y los ojos lagrimean. Cuando las llamas se apagan, el ocre y el gris dominan las escenas. Aquí y allá siguen erguidos los restos de algunos árboles, mientras que en el suelo, entre las cenizas, aparecen de tanto en tanto los cadáveres calcinados de animales que no pudieron escapar.
Esta destrucción de la fauna y la flora es lo que está repitiéndose en estos días en América del Sur. Si bien la prensa convencional insiste con los titulares sobre la Amazonia y sobre Brasil, la realidad es más compleja, y también más hiriente.
En efecto, este tipo de incendios está ocurriendo en estos momentos en por lo menos cuatro países sudamericanos; además de Brasil, afectan a Bolivia, Perú y Paraguay. A su vez, se están quemando selvas tropicales húmedas, la Amazonia, pero lo mismo está sucediendo con los bosques secos y sabanas arboladas, como la Chiquitanía en Bolivia o el Cerrado brasileño.
En los datos más recientes, el número de incendios en Brasil superó los 82 mil focos (al 26 de agosto), la cifra más alta desde 2010, y casi el doble de lo registrado en estas mismas fechas en el año anterior. En Bolivia son más de 19 mil focos (el doble que en 2018), en Paraguay más de 10 mil (manteniéndose en valores semejantes al año anterior), y en Perú más de 6 mil (un poco más del doble).
Todas las grandes regiones ecológicas del trópico y subtrópico sudamericano están afectadas por los incendios. Por ejemplo, en Brasil, aproximadamente la mitad de los focos se ubican en la Amazonia, pero casi un tercio ocurren en el Cerrado, y un 10 por ciento en los bosques atlánticos. Bolivia en estos momentos vive el drama de ver cómo enormes áreas de bosques secos e incluso su Pantanal están siendo devorados por las llamas (las pérdidas al día de hoy se estiman en 1,5 millones de hectáreas). Por lo tanto, pensar que solamente está ardiendo la Amazonia brasileña es una simplificación. Las pérdidas ecológicas en todos esos ambientes son enormes. Por ejemplo, el bosque seco de la Chiquitanía es único en su tipo en todo el continente, y se estima que más de 750 mil hectáreas ya se quemaron.
El chaqueo de ayer y la deforestación de hoy
La quema de bosques o campos, el llamado “chaqueo” en algunos sitios, ha sido una práctica tradicional realizada especialmente por pequeños campesinos e indígenas. Afectaba a pequeñas superficies en tanto estaba directamente vinculada al autoconsumo de alimentos o por limitaciones tecnológicas. Todo eso ha cambiado en las últimas décadas a medida que han llegado a las áreas tropicales y subtropicales todo tipo de colonos y empresas. Los incendios de hoy nada tienen que ver con aquellos del pasado.
En la actualidad se deforestan y queman amplias zonas, casi siempre con el propósito de liberar espacio para la ganadería extensiva, aunque en otros sitios es para la agricultura. Para hacerlo a esa mayor escala se necesitan importantes recursos materiales, como motosierras y maquinaria pesada, y mucho capital para financiar una ingeniería de trámites legales o ilegales, formales o amparados en la corrupción. Detrás de esto no están ni los indígenas ni los pequeños agricultores.
Esa presión ganadera puede ser brutal. Por ejemplo, en la zona de San Félix de Xingú (estado de Pará), se concentra un rodeo vacuno de más de 2 millones de cabezas. Factores como esos empujan a la agropecuaria convencional a las áreas naturales tropicales y subtropicales.
A su vez, la diseminación de los monocultivos, especialmente de la soja, en otras zonas de Brasil, pero también en Bolivia y Paraguay, hace que los ganaderos se desplacen hacia nuevas áreas a deforestar. Todo esto genera un enorme arco de deforestación amazónica que atraviesa América del Sur, desde la costa atlántica brasileña hasta las faldas de los Andes en Bolivia y Perú. Es una franja de casi 3 mil quilómetros de largo; una distancia similar a la que separa Madrid de Varsovia.
Bolsonarización para militarizar la Amazonia
Esta problemática se ha agravado notablemente bajo el gobierno de Jair Bolsonaro. Por un lado, recortó controles ambientales en cuestiones críticas como la deforestación, redujo el presupuesto del Ministerio del Ambiente, cesó a personal clave en las agencias del ambiente y de conservación de la biodiversidad, maniobró para que se cancelaran multas a los infractores ambientales, y mucho más.
Por otro lado, Bolsonaro y su equipo han hostigado repetidamente a los ambientalistas, indígenas y pequeños campesinos, presentándolos como trabas al progreso, potenciales criminales e incluso como responsables de los incendios. Tan sólo como ejemplo, el 27 de agosto, en la reunión con los gobernadores de los estados amazónicos, en lugar de analizar la crisis ecológica volvió a quejarse de que los indígenas ya tienen demasiadas tierras y anunció que no aprobará nuevas áreas protegidas.
Bolsonaro tampoco duda en repeler las críticas diciendo que son parte de un complot del exterior para quedarse con la Amazonia brasileña. Esa retórica tiene antecedentes desde por lo menos la década de 1970, cuando el gobierno militar se oponía a las primeras negociaciones internacionales ambientales. Bolsonaro revive parte de ese vocabulario, viene colocando a militares en puestos afectados a la gestión ambiental y ha dado señales de resucitar un programa de control militar en las fronteras amazónicas. Bajo esas condiciones, no puede sorprender que recibiera cierto respaldo de otro gobierno muy conservador, el de Ivan Duque en Colombia. Este también ha presentado un nuevo plan de desarrollo en el que la gestión ambiental pasa a ser parte de la estrategia de seguridad del Estado.
La geopolítica amazónica
La condición internacional de la Amazonia volvió al primer plano con la reacción internacional ante los incendios. Una circunstancia que aprovechó Emmanuel Macron, en la que hay poco de ambientalismo y mucho de oportunismo comercial y político. Pero el problema es que, por lo menos desde la década de 1980, los gobiernos brasileños por un lado insisten en el control soberano sobre su Amazonia, pero al mismo tiempo repiten que no tienen dinero para protegerla y reclaman ayudas a los países industrializados. Desde allí se construyeron diversos mecanismos, financiados especialmente por Europa.
Por ejemplo, en 1992 se inició el Programa Piloto de Protección de los Bosques Tropicales del G7 (Ppg7), que funcionó hasta 2009, con un presupuesto de más de 460 millones de dólares. Cuando se hacía lobby por esos dineros, desde Brasil se insistía en que la Amazonia era un ecosistema único en el planeta y que los países ricos debían colaborar a protegerlo. También se alentó una visión deformada, como si sólo existiera Amazonia en Brasil, dejando en segundo plano a los otros países que comparten la cuenca. De ese modo, las propias autoridades brasileñas durante al menos 30 años han contribuido a ese entrevero que ha oscilado entre una Amazonia “solo mía” a otra que sería “de toda la humanidad”.
La actual crisis ha expuesto en toda su crudeza las tensiones entre la soberanía nacional y las responsabilidades ecológicas, no sólo hacia adentro de un país, sino con sus vecinos y con la salud ecológica planetaria.
Las cenizas ideológicas
El problema se vuelve más complejo cuando se entiende que las quemas y la crisis ambiental se repiten en las naciones vecinas. No sorprende que ocurra con gobiernos conservadores como los de Colombia, Perú y Paraguay. Más difícil se vuelve asumir que en Bolivia, desde posturas ideológicas que se presentan como opuestas, también se han debilitado los controles ambientales, se perdonaron las faltas a los deforestadores y se alienta el avance del agronegocio.
El gobierno de Evo Morales cita a la Pachamama, pero sus acciones concretas han sido las de promover la explotación minera, petrolera y agropecuaria, y por ello enfrenta un desastre ecológico similar. Así como Bolsonaro ataca a los ambientalistas, la administración de Morales se burla de ellos, los hostiga y ha amenazado con expulsarlos del país.
En los progresismos, la retórica se nutre de otros argumentos. Por ejemplo, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, cita a Marx y a Lenin, pero también sostiene que la protección de la naturaleza es un invento del norte y por eso no deberían ser guardabosques de nadie. Tuvieron éxito en esa promesa: no cuidaron los bosques y ahora se están incendiando. Y aunque los aderezos de sus discursos son opuestos a los de Bolsonaro, las similitudes en sus esencias dejan un gusto muy amargo.
Por todo esto, cuando se leen los titulares de la prensa en Madrid, Londres o París, siempre queda esa sensación de que realmente no están entendiendo lo que ocurre aquí en el sur. Es más sencillo atacar a Bolsonaro, en tanto es machista, racista, violento y autoritario, pero es más dificultoso asumir las serias contradicciones en otras tiendas políticas. Nos cuesta entender que estamos ante una crisis ecológica de escala continental y que ella también expresa el agotamiento de las ideologías políticas herederas de la Europa ilustrada. Las viejas políticas, todas ellas, han caducado. La cuestión es comprenderlo para construir alternativas antes de que se queme el último árbol.
* Miembro del Centro Latino Americano de Ecología Social.   https://ctxt.es/es/20190828/
 
Apreciemos:
 
Pueblos indígenas de la Amazonia 
declaran emergencia humanitaria y ambiental
agosto de 2019
(..)La carta fue hecha pública a través de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), conformada por las organizaciones indígenas de los nueve países que comparten el bioma amazónico. Las organizaciones reconocieron que desde su carácter internacional existe un interés común en encontrar modelos de desarrollo alternativo en el que prime la protección de la biodiversidad, la estabilidad climática y las condiciones para garantizar la vida para las generaciones futuras en las que son fundamentales los aportes de los sistemas de conocimiento tradicional y espiritual para la vida de los pueblos indígenas.
«Desde hace años los Pueblos y Organizaciones Indígenas hemos advertido sobre la necesidad de cambiar las prioridades en los “Objetivos de Desarrollo Sostenibles” para enfocar todos los esfuerzos sociales, culturales, políticos y económicos en la protección de la vida y del territorio de toda la humanidad, que en una relación armonía y equilibrio puedan garantizar la estabilidad climática global. A pesar de nuestras luchas los avances son pocos, mientras que el modelo económico imperante sigue usando el planeta como un banco de recursos, principalmente los territorios indígenas, con lo que se agrava el riesgo de que el planeta se haga inhabitable, y en donde claramente se evidencia a la luz de los ojos del mundo un Genocidio físico y cultural», escriben en la carta. (..) Leer
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La urgencia por transformar la economía desde
la perspectiva de la sostenibilidad de la vida

Economías feministas

6 de marzo de 2020

Por Confluencia feminista
El Salto

Las economías feministas ponen en jaque el capitalismo y muestran que hay otros modelos y paradigmas posibles en los cuales se interponga la vida y las curas a la producción o la extracción
Desde los feminismos se ha venido mapeando y denunciando los efectos de la crisis ecológica, de los cuidados y de la reproducción social sobre mujeres, lesbianas, trans y personas no binarias. Las economías feministas han puesto en escena las contradicciones en el conflicto capital-vida1.
Mientras la atención de la economía es que los mercados funcionen, la preocupación de la economía feminista es la sostenibilidad de la vida. Este cambio de enfoque lleva consigo una ruptura con el modelo actual en el que se vuelve necesario un proceso de confluencia entre aquellas economías transformadoras que proponen un cambio de paradigma. Este camino de transición tiene que hacerse desde lo colectivo, incluyendo la ecología de saberes2. Con estas premisas, diversos colectivos, redes, entidades, y organizaciones desde las economías feministas, nos hemos organizado con el objetivo de crear un espacio de encuentro, construcción y movilización en el marco del próximo Foro Social Mundial de las Economías Transformadoras
En este sentido nos preguntamos ¿Cuáles son nuestros retos y desafíos? ¿Por qué pensamos que una economía desde la sostenibilidad de la vida es el camino a seguir?
Desde la red de feministas DAWN, se ha analizado la centralidad del poder corporativo y cómo el endeudamiento y los programas de austeridad han implicado recortes en el gasto público, en servicios sociales, en las políticas de cuidados y políticas de salud sexual y derechos reproductivos. Flora Partenio y Corina Rodríguez Enríquez recuperan la experiencia de los países del Sur-Global frente a las recurrentes crisis económicas del capitalismo. Esto significa reconstruir qué tipo de preguntas no son consideradas opciones cuando se sostiene el mercado financiero en vez de las vidas de las personas:
¿Se aplican aumento de servicios o se salvaguarda a la economía social y solidaria?, ¿se recortan jubilaciones y pensiones o se garantiza la sostenibilidad del sistema de prestaciones?, ¿se avanza en la reprimarización de la economía o insistimos en diversificar y apostar por la transición agroecológica y energética?
Si se piensa solamente en el crecimiento económico expresado en la evolución del producto bruto interno, no hacemos más que mirar el mundo desde las relaciones capital-trabajo. “La Economía Feminista propone que el objetivo central de la economía sea garantizar la provisión necesaria para la sostenibilidad de la vida humana y no humana, a través de procesos económicos que preserven la sobrevivencia del planeta. Si descentramos los mercados, estamos haciendo un cambio de perspectiva, porque estamos diciendo que el objetivo de la economía debiera ser garantizar las condiciones de posibilidad para todas las vidas que las personas queremos vivir”.
En esta clave de análisis de la crisis, Magdalena León de la REMTE, reconstruye la importancia de las tareas de cuidado que comprenden “todas las actividades y relaciones económicas que permiten sostener la vida de los seres humanos y cuidar de la naturaleza. Se trata de actividades que han sido tradicionalmente protagonizadas por las mujeres, aunque en situaciones de injusticia y desventaja”3
Desde la perspectiva de la Scuola per l’Economia Trasformativa en Italia, Adriana Maestro insiste en precisar que “no decimos simplemente que el trabajo de cuidado es también una actividad económica y que por eso tiene un valor económico sino que decimos, en términos más radicales, que la economía es cuidado4 y hay que considerar el cuidado de la vida como el centro, el objeto principal de la economía y no como un sector de la misma que pide reconocimiento sin poner en discusión el mismo concepto de lo económico que está comúnmente aceptado. Eso debería ser el verdadero cambio de paradigma con respecto al sistema actual”.
Esta perspectiva cobra fuerza en el trabajo territorial que diferentes colectivos y organizaciones están impulsando. Desde la Red Mujeres del Mundo, se pretende recuperar la importancia de la perspectiva feminista como enfoque conceptual y de intervención en el trabajo territorial para transformar las relaciones desiguales entre los géneros, creadas por los sistemas patriarcales y neoliberales a nivel mundial.
Esta dinámica se traduce en procesos de acompañamiento a las experiencias de Economía Social y Solidaria, y es a través de las gafas feministas las que permiten ver las relaciones simbólicas y materiales de poder y permiten problematizar cómo se construyen las diferencias y las desigualdades sociales y las relaciones sociales jerárquicas entre los sexos se relacionan con otras relaciones de poder y, concretamente, de clase, de «raza» y de edad.
Uno de puntos constitutivos de la agenda urgente es la cuestión climática. Analía Woloszczuk, de la Red Ecofeminista señala, tal como lo sostiene la filósofa Alicia Puleo, que “los movimientos feministas han aceptado desde hace décadas, que deben incorporar a sus bases, el reto del cuestionamiento de la crisis civilizatoria a la que nos ha llevado la degradación del ambiente. El análisis crítico que hacen del modelo productivo lleva implícitas las claves que son propias del pensamiento feminista porque incorpora las categorías de género, androcentrismo, patriarcado, sexismo, crisis de los cuidados, explotación del cuerpo de las mujeres, entre otros”.
En esta línea, Adriana Maestro sostiene que “es fundamental entender que tanto el extractivismo y la depredación hacia las mujeres, la naturaleza y los pueblos considerados inferiores, como el mito de crecimiento infinito y la pérdida de la conciencia del límite, son aspectos diferentes del mismo orden patriarcal”.
Desde REAS, la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria, defienden que ante la emergencia climática actual, es necesario iniciar un camino hacia una transición ecosocial y que ésta sea una oportunidad para construir sociedades más justas, equitativas y democráticas.
Blanca Crespo afirma que “La Economía Social y Solidaria y el conjunto de las economías transformadoras son las más idóneas para proporcionar alternativas que reduzcan los impactos socioambientales”. REAS en su principio de sostenibilidad ambiental afirma que existe una alianza con la naturaleza en la que sus derechos se ven reconocidos. Además, en este camino de transición es necesario integrar los discursos de los ecofeminismos que proponen muchas de las iniciativas de la Economía Solidaria para revalorizar el cuidado, reconocer la ecodependencia de todos los seres e ir tejiendo puentes hacia la sostenibilidad de la vida.
Frente a estos desafíos, para la organización No Tan Disintas, se trata de pensar a los movimientos feministas, ecologistas y de las economías transformadoras como el sentido común imperante y lograr subvertir este esquema, no como “el revés del sistema”.
¿Cómo podemos enlazar las experiencias de economías transformadoras desde los feminismos?
El proceso de confluencias que se está creando desde lo local y lo internacional en el marco del FSMET es una llamada a los movimientos y organizaciones cuyo objetivo común es la construcción de una alternativa real de transformación del sistema económico y financiero capitalista actual”5.
En este camino de convergencia lo importante es su proceso de construcción. La creación de confluencias es un requisito ineludible para poder enredarse e ir tejiendo redes y alianzas que nos permitan hacer frente a la crisis civilizatoria. Por eso la invitación de la Confluencia Feminista Rumbo al FSMET6 propone articular la potencia de los feminismos con el resto de movimientos de justicia climática y ambiental, economía social y solidaria, comunes, agroecología y soberanía alimentaria, entre otros.
Notas:
1[1] Para continuar las lecturas se puede recuperar los diálogos reflejados Carrasco, C. et al., Economía feminista.Desafíos, propuestas, alianzas, Madreselva, Buenos Aires, 2018.
2[1] Sousa Santos, Boaventura de, “Beyond abyssal thinking. From global lines to ecology of knowledges”, Eurozine, 2007.
4[1] Ina Praetorius, L’economia è cura, Altreconomía, 2019.
6[1] La confluencia está integrada por redes, movimientos y colectivas feministas de diferentes países del mundo en el marco del FSMET: https://transformadora.org/es/participa

Preguntémonos qué democracia están construyendo diversos de abajo en el Abya Yala.

La van creando según resisten al avasallamiento de derechos de los pueblos y de la Naturaleza.
 
 
Reflexionemos sobre qué democracia hay en el sistema mundo capitalista a raíz de los extractivismos:

Refugiados climáticos y crisis ecosocial. Millones de personas han tenido que huir de sus casas
6 de marzo de 2020

Por Francesca Ricciardi y Pablo Socorro (Rebelión)

Cerca de 20 millones de personas tuvieron que huir de sus hogares a consecuencia del cambio climático en 2018. Los efectos de la crisis climática son cinco veces mayores en los países empobrecidos y desplazan a los colectivos más vulnerables.
Las migraciones climáticas se han visto agravadas de manera creciente a partir de la intervención de los seres humanos en los ciclos naturales del medio ambiente. En las últimas décadas se suceden las inundaciones, los ciclones, huracanes, sequías, incendios y el aumento del nivel del mar es ya una realidad.
Sin embargo, toda migración humana es el resultado de fenómenos heterogéneos y multicasuales. Por ello, es necesario ampliar la mirada a otros elementos que determinan la expulsión de las poblaciones de sus lugares de origen. Los desplazamientos forzosos son por violaciones sistemáticas de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales y afectan más a las poblaciones más vulnerables 1.
El factor ambiental está a menudo ligado a conflictos sociales, étnicos y territoriales, como son la destrucción del entorno natural, la construcción de grandes infraestructuras, adquisiciones y expropiaciones arbitrarias de tierras o debido a la contaminación, entre otros desencadenantes 2. Según datos del Observatorio de Desplazamiento Interno (IMDC, siglas en inglés) siete millones de personas se vieron obligadas a desplazarse por razones climáticas en los seis primeros meses de 2019. Mientras que, según esta misma fuente, solo en 2017 se contabilizaron cerca de 18,8 millones de desplazamientos internos de personas a causa de desastres naturales en 135 países, de los cuales, 8,6 millones fueron por inundaciones y 7,5 millones a causa de ciclones, en aumento por el calentamiento global 3. En el mapa se ve cómo el cambio climático se erige en el conflicto sociodistributivo más importante.
Un ejemplo de estos desplazamientos es el caso de Bihar, Estado de la India, donde las inundaciones han tenido efectos devastadores en la producción agrícola causando la movilización de unas 855.000 personas desde las zonas rurales a las ciudades en 2018 4
También en 2018, se registraron 3,8 millones de desplazamientos debido a fenómenos meteorológicos extremos en Filipinas y otros 3,8 millones en China.
India y el Bangladesh
En 2019, el ciclón Fani obligó a 3,5 millones de personas a desplazarse, a su paso por la India y Bangladesh, y causó la muerte de 89 personas. Las comunidades más empobrecidas de la capital de Bangladesh, Daca, fueron las más afectadas. Daca cuenta con más de 18 millones de habitantes, muchos de los cuales son desplazados. Esta ciudad se está expandiendo y construyendo viviendas sobre humedales, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamiento de tierras en zonas pobladas.
El cambio climático tiene consecuencias destructivas sobre el entorno, provocadas por el incremento en la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos. Estos pueden ser ciclones tropicales, olas de frío y calor, sequías, inundaciones, es decir aquellos que por su intensidad causan importantes daños y víctimas mortales. En el caso de fenómenos meteorológicos extremos por cambios de aparición lenta, como la escasez de agua y el aumento del nivel del mar, los efectos son cinco veces mayores en los países empobrecidos respecto a los países de ingresos altos. Las mujeres, los niños y niñas, los pueblos indígenas y otros colectivos vulnerables son los principales afectados 5.
A los desastres naturales hay que añadir aquellas causas, también antropogénicas, que se relacionan directamente con el desplazamiento humano. A escala mundial se desarrollan muchos conflictos socioecológicos 6 que están relacionados con la intensificación de la lógica depredadora del capitalismo, que se sustenta en un modo de vida consumista del Norte global y se caracteriza por la acumulación basada en la desposesión de bienes y servicios en las zonas empobrecidas del planeta para el enriquecimiento y mantenimiento del bienestar de unos pocos.
Estos conflictos surgen a raíz de la extracción de recursos naturales, acaparamiento de tierras, instalación de megaproyectos (represas), contaminación por prácticas industriales nefastas, entre otras, que generan un número cada vez mayor de desplazamientos forzosos. Esta expulsión de las comunidades viene acompañada de una violencia inusitada por parte de los intereses privados en connivencia con las estructuras de poder. El mismo Banco Mundial que gestiona la deudas externas que estrangulan a los países empobrecidos y que financia buena parte de las represas que afectan a los ríos más importantes, reconoce que cerca de 100 millones de personas habían sido ya desplazadas por la construcción de represas.
El Banco Mundial 7 publicó en 2018 el informe: Prepararse para las migraciones internas provocadas por impactos climáticos en el que sostiene que, a menos que se tomen medidas urgentes de acción climática, para el año 2050 en África al sur del Sahara, Asia meridional y América Latina más de 140 millones de personas podrían verse obligadas a migrar dentro de sus países.
Capitalismo y desplazamientos
Tanto los desplazamientos provocados por los efectos del cambio climático como los que son consecuencia de conflictos socioecológicos, encuentran entre sus causas el sostenimiento del actual modelo socioeconómico capitalista. Por ello, existe una clara y directa relación entre los desplazamientos forzosos y la expropiación de recursos locales básicos, minerales y agrícolas, principal sostenimiento de los países ricos, a manos de las grandes corporaciones transnacionales al servicio del modelo consumista del Norte global.
Las políticas y las prácticas productivas insostenibles son las que causan, principalmente, la degradación ambiental y son responsables de violaciones de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales y el desplazamiento forzado de cientos de miles de personas cada año. Esta lógica depredadora colonial viene acompañada en los últimos años de un refuerzo en las fronteras que busca una deshumanización de las comunidades desplazadas, desposeyéndolas del derecho a la vida.
Países con más riesgo de personas desplazadas
La organización Oxfam acaba de presentar el informe Obligadas a abandonar sus hogares, sobre personas desplazadas por razones climáticas. Con datos de 2008 a 2018, señala que en la última década los desastres por el clima han sido la principal causa de desplazamiento interno, obligando a millones de personas a abandonar su hogar.
Notas:
1.       Julie-Anne Richards y Simon Bradshaw: Desarraigados por el Cambio Climático: La necesidad de responder al aumento del riesgo de desplazamientos. Oxfam Internacional. Nov. 2017
2.       Beatriz Felipe: “La degradación ambiental, el cambio climático y las migraciones”. Encrucijadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales. Vol. 11. 2016
3.       Internal Displacement Monitoring Centre y Consejo Noruego para Refugiados: Informe mundial sobre desplazamiento interno 2018 (GRID 2018).
4.       Associazione A Sud e CDCA, Centro Documentazione Conflitti Ambientali: Crisi ambientale e migrazioni forzate. Nuovi esodi al tempo dei cambiamenti climatici, 2018
5.       Julie-Anne Richards y Simon Bradshaw: Desarraigados por el Cambio Climático: La necesidad de responder al aumento del riesgo de desplazamientos. Oxfam Internacional. Nov. 2017
6.       Para profundizar sobre los conflictos socioecológicos, aconsejamos la lectura: https://www.bancomundial.org/es/news/infographic/2018/03/19/groundswell—preparing-for-internal-climate-migration
7.       Castillo, Jesús M.: Migraciones ambientales. Huyendo de la crisis ecológica en el siglo XXI, 2011

Observemos qué democracia construyen las resistencias al acaparamiento de territorios y bienes comunes por el capitalismo tanto en Chile como en Colombia:

El Movimiento por el agua

y los territorios de Chile

21 de febrero de 2020
 
El verano chileno continúa marcado por el proceso de lucha que estalló el 18 de octubre del año pasado contra las consecuencias de un sistema basado en la precarización de la vida, la marginalización y la privatización de todo espacio público y bienes comunes. Ni las políticas neoliberales, la desarticulación social y la represión pueden frenar el proceso organizativo chileno que se vienen gestando desde hace décadas entre movimientos sociales, feministas, socio-ambientales, estudiantiles, de pueblos originarios, migrantes y diferentes sectores oprimidos a lo largo de todo el país. Porque “no son 30 pesos, fueron 30 años”: 30 años30 años de represión y silencio, de segregación y precarización pero también años de rearticulación y crecimiento del movimiento social. Compartimos la entrevista  a Francisca Fernández. 

Por Ayelén Branca para ANRed

El 1ro de Febrero, en la Asamblea abierta de la Coordinadora 8M de Santiago de Chile convocada para organizar la Huelga general del 8 de marzo nos encontramos con Pancha (Francisca Fernández) del Movimiento por el agua y el territorio (MAT) de Chile. En esta instancia intercambiamos sobre el proceso organizativo que se viene dando este movimiento ¿Qué lugar tiene el movimiento en el levantamiento insurreccional y el proceso constituyente que se abre actualmente? ¿Cuáles son las perspectivas de cambio que se abren?
Ayelen: ¿Cómo surge el MAT en Chile? ¿se extiende a lo largo del país? ¿articulan con otros movimientos sociales y ambientales de Chile o de otros países? ¿qué luchas y reivindicaciones sostienen?
Pancha: El Movimiento por el Agua y los Territorios lo conformamos en el 2013. El proceso es bien interesante. El OLCA (Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales), una ONG, realizó un encuentro que se llama “Aguante la vida”, en el que distintos territorios mostramos y visualizamos nuestro conflicto socioambiental para generar estrategias conjuntas, teniendo en cuenta las demandas y las posibilidades de construcción de alternativa. En uno de los primeros “Aguante la vida” se resolvió que se necesitaba conformar un MAT con un principio, una demanda, fundamental: la derogación del código del agua. 
En el fondo para nosotres el gran problema en Chile es la privatización de todos los bienes comunes y de la vida en general, la precariedad que habitamos sostenida por la constitución de 1980, que consagró el agua como bien privado y si bien lo reconoce como bien nacional de uso público, su forma de aprovechamiento es a través del derecho del agua. En Chile el código de agua 1981 te permite vender, comprar, arrendar y hasta hipotecar el agua. Es decir, el agua es privada. Y eso es demasiado importante para nosotres y nos conformamos al ala de esta exigencia en 2013.
Lo conformamos alrededor de 100 organizaciones desde Arica a Magallanes, constituidas en tres zonales: zonal norte, centro y sur. Yo participo del zonal sur, específicamente el Bloque Andino por el agua del territorio, que somos un bloque que funcionamos en un espacio que se llama Cerro Blanco en recoleta que recuperamos hace 20 años. Lo conformamos organizaciones territoriales, socio-ambientales, estudiantiles, OLCA, Asambleas por el Agua y soberanía del Puente Alto; en el sur, la red de defensa de los territorios; en el norte, la coordinadora de mujeres por la defensa del río y la madre tierra, entre muchos otros espacios y organizaciones artísticas, de pueblos originarios y migrantes.
Es un movimiento bien diverso y justamente esa diversidad hace que nos definamos como movimiento Plurinacional. Cuando hablamos de «plurinacionalidad» no hablamos exclusivamente del reconocimiento de los pueblos originarios sino que nos reconocemos como distintas comunidades, territorios y pueblos que tenemos horizontes políticos que queremos articular desde lo originario, desde lo afro, desde lo migrante, desde lo rural, desde lo urbano.
Otro hito super importante es que nos definimos como «movimiento Antipatriarcal». Entendemos que el origen del despojo, la contaminación y la degradación de nuestras aguas, de los territorios en general y de nuestros bienes naturales es el extractivismo. El «extractivismo» ha sido la forma en el que el capitalismo ha azotado a los territorios colonizados. Por eso también nuestra lucha, siendo un movimiento plurinacional, tiene carácter descolonizador. Entendemos que la forma de construcción del capitalismo en la modernidad ha construido un poder y una forma de entender a la naturaleza basada en su explotación y consumo. El extractivismo es la extracción ilimitada de los bienes comunes para las ganancias de los mercados internacionales. La misma forma de explotar a la naturaleza es con la cual se ha explotado el cuerpo a las mujeres, les niñes y las disidencias. Entendemos que el extractivismo tiene lógicas de economías masculinizadas que han instalado la precariedad de la mujer en el ámbito laboral, el no reconocimiento del trabajo reproductivo. Además, solemos ser las mujeres las que estamos en el espacio de la resistencia y de la construcción de la alternativa desde la agroecología, el cuidado de la semilla y resistiendo los cortes de ruta. Desde ese carácter antipatriarcal muchas de nosotras nos referimos como ecofeministas o feministas territoriales. Nosotres hablamos hace rato del feminismo de los pueblos, es por eso que hace un año del MAT somos parte de la Coordinadora Feminista 8M y conformamos un comité socioambiental.
Somos plurinacionales, tenemos el carácter descolonizador, somos antipatriarcales y nuestra lucha primordial y esencial es la desprivatización del agua y de los territorios ¿Bajo qué? Derogar el código del agua, finalizar con las instituciones privatizadoras y que realmente haya una institucionalidad que permitan fiscalizar respecto al ámbito socioambiental. También exigimos la demanda de los derechos de la naturaleza. El agua debe ser reconocido como un derecho humano
¿Cómo lo hacemos? vía asamblea general constituyente real, plurinacional, feminista y desde el enfoque socioambiental popular, que permita una nueva constitución donde el agua se consagre como derecho humano pero también como derecho a la naturaleza, ¿en qué sentido? en que nuestra lucha no es solo por el consumo humano del agua sino también por el equilibrio del ecosistema, por la mantención de los flujos y los ciclos hídricos. Implica tener otra mirada de la relación con la naturaleza entendiendo que somos parte de y estableciendo interrelaciones que requieran, por ejemplo, de la justicia restaurativa.
Hablamos de «justicia restaurativa» porque queremos una justicia ecológica que restaure el ecosistema y que permita la generación de la vida y que además permita la dignidad de los pueblos. Es un horizonte bien particular, en ese sentido como movimiento socioambiental tenemos alianzas con otros movimientos sociales vinculados con la lucha por la desprivatización y contra la precariedad de la vida. Además de ser parte de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo con algunas dificultades hemos participado algunas organizaciones de Unidad Social. También tenemos cercanía con la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) al entender que la lucha contra la desprivatización educativa es la misma lucha contra la desprivatización del agua. Tenemos cercanía internacional con la Asamblea Agua de Mendoza. También tenemos cercanía con el Foro Fama en Brasil y hay compañeras que son parte de una Red de Mujeres Defensoras de la Madre Tierra y en contra de la Minería. Se han ido articulando relaciones en distintos niveles.
Ayelén: Es muy interesante el proceso de constitución del MAT y cómo este movimiento está vinculado con todas las luchas que se están dando a lo largo del país desde hace años y que en este momento estallan; así como el modo en que se articulan luchas socioambientales, por el agua y contra el extractivismo en toda la región, dado que como países dependientes es el sustento de las economías nacionales tanto en los países con gobiernos progresistas como con gobiernos neoliberales clásicos.
Pancha: Es muy importante lo que decis porque, por ejemplo, nuestra propuesta es una alternativa a la lógica del desarrollo. Los estados progresistas han podido reconocer los derechos a la madre tierra, como Ecuador y Bolivia, pero no cambiaron el modelo energético productivo, siguieron arrasando con los territorios. Entonces acá estamos diciendo: La lucha socioambiental hoy tiene un carácter de urgencia, que la existencia misma de la vida tanto humana como no humana y es el carácter de urgencia. Y por eso nuestra idea es también la construcción de alternativa, para desplazar este modelo productivo energético.
Y ¿desde donde? Señalamos las economías territoriales, la gestión integrada pensada desde las cuencas donde nos encontremos las distintas comunidades; desde la agroecología, en contra de los agrotóxicos y el uso de plaguicidas; desde la lucha de las semillas. Esto nos entrelaza en contra de los tratados de libre comercio que vienen a intensificar los procesos de privatización. También tenemos construcción de alternativa que ya estamos habitando, por ejemplo está la Escuela Agroecológica Genuina que es parte del MAT y que ha hecho un trabajo muy interesante desde esta perspectiva de la agroecología. Es decir, son muchas aristas bajo, justamente, lo que tu bien señalas, uno de los supuestos importantes de nuestra lucha es mucho más transversal: derrocar la lógica de cómo se ha instalado la relación con la naturaleza, con los bienes comunes  y que implica finalmente derrocar el neoliberalismo. O sea pensarlo desde otros lugares posibles y desde esa lectura articularnos con otros sectores.
Ayelén: En relación a este estallido que se da en Chile desde el 18 de Octubre del año pasado, algo que es muy palpable es que que la lucha tiene una perspectiva amplia -contra un modelo neoliberal- en el que se articulan diversos sectores organizados a lo largo del país. El MAT que ya tiene siete años de existencia ¿cómo crees que aporta este movimiento al proceso abierto desde el estallido? y a la inversa, ¿qué efectos tiene este proceso en el movimiento por el agua?
Pancha: Creo que uno de los grandes aportes del estallido en general es la importancia de la radicalidad y la movilización constante. Hemos visto durante estos treinta años post dictatoriales que realmente los cambios estructurales no los logramos. Entonces lo que sostiene el cambio estructural es la movilización y visiones más rupturistas del modelo. En este sentido ha habido actives muy interesantes, por ejemplo, en muchos territorios con la movilización de octubre se rompieron boca de toma. Las bocas de toma son donde se desvían las aguas y se manejan. Esto es un giro en la radicalidad de la lucha, antes no se había hecho. Otro ejemplo, se tomó un pozo, el pozo 9 en el Melón donde la comunidad también se movilizó y finalmente los desalojan. Pero se entiende que ya tiene que haber este tipo de acciones directas. No estoy diciendo que no haya debate legal, que es fundamental también y lo estamos dando pero ahora también tenemos que hacer acciones concretas. Entonces quizas esta gran emergencia, nos posibilitó a tener más seguridad de que los cambios también pasan por esas acciones directas. Ahora se nos viene el 22  de marzo, que es el día mundial por el agua, donde planeamos ese tipo de acciones además de movilizaciones, marchas, participación de foros y conversatorios.
Obviamente hay una retroalimentación sin embargo todavía creemos que hay altos desafíos de reconocer la importancia de la dimensión social y mental de la lucha en general. Por ejemplo, nos pasa que escuchamos mucho sobre “recuperar los recursos naturales” cuando hace años hablamos de “bienes comunes”. O se habla de “nacionalizar el agua” cuando no es lo que interesa nacionalizar porque no interesa el tipo de estado que se ha construido ni que ellos sean los gestores del agua. No! queremos gestion comunitaria del agua. Estas son las perspectivas generales.
Ayelén:  Bien, parece que el proceso de estallido social mantiene en crecimiento y ebullición el proceso abierto por el MAT durante tantos años de lucha y organización. Hay una pregunta mas para ir cerrando que se nos presenta a todes quienes estamos viendo el proceso chileno,  que es ¿Hacia donde ? ¿Cuáles son los resultados o los horizontes que se puedan llegar a dar tanto por vía legal, por la nueva constitución, como el proceso constituyente que se está dando en el pueblo?
Pancha:  Para ir cerrando, la pregunta más difícil.  Mira hemos hecho una lectura importante. Para nosotras el proceso constituyente tiene dos momentos, dos dinámicas o dos temporalidades como le quieran llamar. El institucional y el movilizado. El institucional tiene que ver con el debate de la Nueva Constitución , que iremos a una Asamblea Constituyente. Pero voy a referirme más al segundo.
Entendemos el proceso constituyente como la constitución de nuevos horizontes políticos que nos permitan la construcción de alternativa ¿desde donde? desde las asambleas territoriales, los cabildos y espacios autoconvocados. Esos procesos constituyentes tienen una temporalidad mucha más larga de la que nos da la institucionalidad.  Es lo que estamos habitando ahora desde dentro de la movilizaciones en los distintos territorios. Entonces el proceso constituyente de esta construcción de un nuevo horizonte político requiere un proceso destituyente, la desmonumentalización por ejemplo -se han roto muchas estatuas para resignificar y recolocar por ejemplo una casica diaguita del norte en La Serena, o pintar, o renombrar la Plaza Italia que se llama hoy la Plaza de La Dignidad-, es un gesto destituyente que va más allá de lo que el acta de la Constitución permite.
Igualmente también estamos en el proceso constituyente institucional debatiendo respecto a esos procesos, que por ejemplo nosotras decimos “queremos asamblea plurinacional, feminista y desde un enfoque socio-ambiental que reconozca  los derechos de la naturaleza”. Entonces a nivel institucional vamos a presionar hasta el máximo. Sin embargo respecto a las elecciones tanto en el MAT como en la Coordinadora 8M, no tenemos claridad. Hay un sector que llama a boicotear y otro sector que dice participemos para no quedar afuera de la posibilidad que se derogue el codigo agua o de otros cambios estructurales. A mi en lo personal me pasa que por dia cambio de opinión, de momentos digo “hay que boicotear porque ya no se puede más, es todo una burla, nos asesinan, dan una serie de requerimientos que impiden criterios tan básicos como la paridad, ni siquiera estamos en una lucha feminista, la paridad me parece un criterio lógico, entonces tu dices esto es una porqueria”, y por otra parte tu dices “ pero claro , ahora es un momento en que realmente podríamos colocar es que se pueda derogar el … de agua y eso generaría un cambio super potente” pero no hay claridad.
¿Cuál es la claridad? posicionar y presionar hasta el máximo para una Asamblea Constituyente a nuestra medida, a la medida de los pueblos, presionar de mantener la movilización por Marzo y por todo el 2020, y respecto a la agenda institucional ir evaluando desde este marco de presión.
Ayelén: Muchas gracias se que no va a ser fácil pero se viene y se continúa la lucha fuerte, que igual yo creo que más allá del horizonte ya está generando transformaciones durante el  proceso constituyente y de lucha insurreccional que aún sigue abierto.

Más noticias

 
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Guardias y Primeras Líneas: 

En defensa de la vida,

el territorio y la Madre Tierra

21 de febrero de 2020

Colombia está viviendo un momento trascendental en su historia: desde el 21 de noviembre del 2019, el descontento generalizado de la población se cristalizó en un solo grito de Paro Nacional, que reunió a sectores urbanos, indígenas, campesinos y afrodescendientes, cansados de padecer durante años políticas neoliberales llevadas adelante por malos gobiernos.

Por Makio para ANRed

Estas movilizaciones han contado con una participación masiva, cosa que desde hace más de 50 años no ocurría en este país. Las movilizaciones iniciadas en noviembre del año pasado se retoman nuevamente este año, ahora con más fuerza y coordinación luego del último Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales, realizado el pasado 30 y 31 de enero, donde se acordó llevar a cabo un Paro Nacional por tiempo indefinido que afecte directamente a la producción y el abastecimiento de alimentos, contando con la movilización en campos y ciudades. La fecha de inicio del Paro se acordó para mediados de abril con el fin de que los procesos regionales campesinos, indígenas y afros aseguren las cosechas y el alimento para resistir el tiempo que sea necesario. De igual manera, las movilizaciones continúan e irán aumentando de manera escalonada hasta esa fecha.
El “paquetazo” de medidas que ha impuesto el gobierno de Iván Duque incluye las reformas laboral, pensional y tributaria, la privatización del aparato productivo del Estado y del sector financiero estatal, el tarifazo nacional al servicio eléctrico, el incumplimiento de los acuerdos con sectores sindicales, sociales y estudiantiles y la restricción del derecho a la protesta social. Si bien este «paquetazo» fue la gota que rebalsó el vaso, estas movilizaciones representan la inconformidad frente a las medidas de despojo sistemático que la población ha sufrido durante años, mercantilizando derechos fundamentales como la educación y la salud y entregándole los bienes comunes naturales a empresas trasnacionales mineras, agroindustriales y farmacéuticas a costa del asesinato y desplazamiento de las comunidades.
La violencia estatal, además de expresarse en el plano legislativo, ejecutivo y judicial, se expresa también mediante el uso de la violencia física y simbólica en manos del Ejército, el escuadrón móvil antidisturbios (ESMAD), y grupos paramilitares, quienes actúan de manera coordinada oficial y extraoficialmente en función de los intereses de la clase dirigente.
Muestra de esta violencia es el asesinato del estudiante Dilan Cruz, a manos del ESMAD durante las movilizaciones del pasado 21 de noviembre en el marco del Paro Nacional, además de la muerte de más de 800 líderes y lideresas sociales y ambientales desde el 2016, por parte de grupos paramilitares en las regiones más militarizadas del país.
En este contexto, las expresiones de autodefensa surgidas desde las comunidades toman un rol necesario para garantizar la construcción de paz y la defensa de los territorios, e incluso, garantizar el derecho a la protesta, como se ha visto en las expresiones de apoyo que ha hecho la Guardia Indígena a las movilizaciones en Bogotá. La unión de las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas, que ya cuentan con legitimidad propia por sus años de experiencia y organización en los territorios, se unen ahora a las experiencias de Primera Línea, grupos urbanos autoconvocados surgidos con la finalidad de proteger la vida de quienes ejercen su derecho a la protesta y salen a movilizarse en las ciudades.
Las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas – Resistencia milenaria de los Pueblos
Las guardias son procesos de autoorganización, que surgen en distintas comunidades y regiones del país, con el propósito de defender la vida, el territorio, los recursos naturales, los saberes ancestrales y la libre determinación de los pueblos. Se conforman en el contexto de militarización de los territorios y el despojo de las comunidades, llevando consigo la resistencia milenaria de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos.
Su mandato deriva de los propios concejos comunitarios, por lo que dependen directamente de las autoridades locales. No son grupos armados, defienden el territorio con su bastón de mando, que les otorga la fuerza espiritual, para defender la vida y garantizar la paz.
Estos grupos funcionan como redes comunitarias que se movilizan en situación de riesgo, con amplia participación de la población. Sus tareas están relacionadas con el ejercicio de la autoridad, el control territorial, la autoprotección, la administración de justica y el derecho a la protesta, procurando también el cuidado a los líderes y lideresas sociales, frente al atropello del Estado y los grupos paramilitares. También es tarea de las guardias generar mayor conciencia ecológica dentro de la comunidad, por ejemplo, explicando los peligros de la tala indiscriminada de bosques, y proponiendo alternativas como siembras de cultivos tradicionales, conformando territorios agroalimentarios que coexisten con la vegetación nativa sin deteriorarla, como vienen haciendo estas comunidades desde hace cientos de años.
 
Cada guardia local se fortalece con la articulación con otras guardias locales e interculturales. Ellas sostienen que los problemas no son de cada región, en todo el Abya Yala el enemigo es el mismo – “Vienen por nuestros bienes comunes, el agua, los minerales, los nutrientes del suelo y nuestros saberes ancestrales”-.
Es por eso que insisten en la necesidad de hacer “una sola guardia”: es un llamado a hacer una sola plataforma para romper las divisiones y fortalecerse, unificar saberes, experiencias y hacer que esta lucha se extienda por todo el continente. Para la guardia indígena: “el bastón lo llevamos todxs, cada unx elije si sacarlo o dejarlo dentro”.
Primera línea – Experiencia de los Escudos Azules
Son grupos independientes y autoconvocados que surgen desde las bases de los movimientos estudiantiles y de los barrios, como una expresión legítima de la movilización social. Frente a la represión estatal sistemática que se da en las manifestaciones, decidieron organizarse para defender a quienes participan en las marchas.
Si bien en un inicio se conformaron como un grupo que solamente buscaba la acción directa y respuesta legítima a las agresiones de la policía y el ESMAD, con el transcurso del tiempo se constituyeron no solo como grupo de defensa y cuidado de lxs manifestantes, sino también como grupo político.
Así, fueron consolidando estrategias frente a la represión, pero también fueron desarrollando prácticas pedagógicas, que ayuden a generar conciencia en la población sobre la legitimidad de la protesta, de la autodefensa y también la reivindicación de la capucha. Ésta se volvió un elemento simbólico importante, ya que se busca generar conciencia de que es un elemento fundamental de protección física, no sólo frente a los gases, sino también de resguardo de la identidad, en un contexto de represión y asesinato sistemático a quienes alzan la voz para defender sus derechos en Colombia.
En estos grupos, también está presente el concepto de que “la primera línea somos todxs”, desde los escudos hasta los manifestantes que van por detrás. Hay distintos roles dentro de la organización: quienes actúan de escudos y defensa directa del ESMAD, lxs bomberxs y quienes asisten en primeros auxilios. Además se han conformado grupos de investigación, de estrategias mediáticas y de comunicación alternativa.
La experiencia de unión y organización de las distintas Guardias con los grupos de Primeras Líneas durante las movilizaciones del Paro Nacional de fines de 2019 demostró que se pueden llevar adelante manifestaciones pacíficas, y sienta un precedente fundamental de aquí en adelante, para la movilización social en defensa de la vida, el territorio y la Madre Tierra, no sólo para Colombia, sino también para todo el Abya Yala.