sábado, 15 de abril de 2017

II. En la página QUÉ MUNDO de Confraternizarhoy planteamos que La Vía Campesina no debe tener liderazgo del progresismo. Comprobamos que el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) apoya la vuelta de Lula pero esto significa olvidar y perdonar su promoción de la ocupación económico territorial por el sistema global de agronegocios que hace desaparecer a los campesinxs e indígenas.

En Brasil, como en Argentina, se lucha por el "volveremos" frente a gobiernos de derecha explícita y de esta manera se continúa desconociendo abajo que enfrentamos a la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales. Es la privilegiada permanente, independientemente del gobierno constitucional o de facto, en imponer su acumulación por sobre necesidades populares. Partamos de: 
Lula reafirma su posible candidatura para 2018
13 de enero de 2017 | Edición del día

 

“Prepárense, porque si es necesario, seré candidato a la presidencia”, afirmó Lula durante el 29º Encuentro Estadual del MST. El PT prepara nuevas alianzas y se ubica como alternativa del régimen brasilero en crisis.
 
Por Daniel Avec
 
A principios de esta semana el ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) participó del 29º Encuentro Estadual del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra), en Salvador. En su primer acto público del año anunció la posibilidad de su candidatura presidencial, si fuera necesario, para las próximas elecciones presidenciales de la República.
"Prepárense, porque, si es necesario, seré candidato a la presidencia. Si fuera candidato, es para ganar las elecciones de este país", afirmó Lula. Además planteó que pretende viajar por el país para recuperar la imagen del PT y su propia imagen, reafirmando que el partido viene siendo criminalizado por los medios y la Justicia.
En su discurso Lula sostuvo que Brasil necesita volver a crecer mediante la inversión en el mercado interno y mediante el estímulo a los pequeños y medianos empresarios, la financiación de la agricultura familiar y del consumo.
A pesar de las declaraciones del ex presidente, Rui Falcão, actual presidente nacional del PT, destacó que el partido aún no ha tomado una decisión final sobre la candidatura de Lula, pero dejó indicado que es una "aspiración nacional".
La candidatura de Lula viene apareciendo como posibilidad desde el final de 2016 cuando el expresidente pasó a ser foco de las investigaciones de la Operación Lava Jato. Con una estrategia que va desde el fortalecimiento jurídico de Lula frente a las investigaciones hasta la reubicación del partido frente al desgaste presentado por el gobierno golpista de Temer, el PT ha abandonado cualquier lucha contra el golpe buscando cerrar alianzas incluso con los sectores más reaccionarios de derecha y articuladores del golpe a Dilma Rousseff en función de volver a ganar espacio como un partido del régimen político brasilero.
En la Cámara de Diputados, el PT ha negociado su apoyo a Rodrigo Maia (DEM-RJ) - brazo derecho de Temer e impulsor del impeachment - a la presidencia de la Cámara de Diputados a cambio de preservar y ampliar las escasas posiciones que aún detenta. En el Senado, dejando de ser la principal oposición a Calheiros (PMDB-AL) en la elección, evalúa ser parte de la lista única armada por Eunício Oliveira (PMDB-CE).
Los indicios, cada vez más firmes, sobre la candidatura de Lula a las elecciones presidenciales es utilizado por los petistas en sus negociaciones para cargos políticos dentro del Parlamento. Basando sus movimientos en las recientes encuestas de opinión que muestran el triunfo de Lula en varias hipótesis y escenarios políticos, el PT intenta mostrar a la élite nacional que aún tiene potencial para la contención y el mantenimiento del régimen político.
El PT ha defendido abiertamente el adelantamiento de las elecciones presidenciales para octubre de este año y ha mantenido una política ofensiva al comparar su política económica con la del gobierno golpista de Temer. Trata de presentarse como víctima y con discursos “rojos”, mientras se muestra dispuesto a descargar los ajustes sobre las espaldas de los trabajadores, controlándolos a través de la CUT y de la burocracia sindical. El PT ha demostrado su completa y reaccionaria integración al régimen político y buscar a través de las ilusiones que despierta la figura de Lula mantener sus posiciones y cargos dentro del sucio juego político capitalista.
Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Lula-reafirma-su-posible-candidatura-para-2018

Recordemos:

Nuevos escenarios, nuevas resistencias.

6  de julio de 2004
 

Por Raúl Zibechi

Los escenarios de los combates sociales latinoamericanos cambian a una velocidad sorprendente. Un síntoma de estos cambios de escenario lo está protagonizando el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, que sostiene que su principal enemigo ya no es el latifundio sino el agronegocio
La profundización del capitalismo en las áreas rurales está provocando cambios económicos, políticos, sociales y culturales en varios países de América Latina. El cultivo de soja en Argentina, segundo productor mundial luego de Estados Unidos, provocó entre 1991 y 2001 la emigración del 33% de la población activa rural, además de una fuerte polarización económica y social y la destrucción del patrimonio cultural y natural del país. Ahí donde es cultivada de forma intensa y extensa, "la soja deja secuelas devastadoras"(1) .
En Brasil, el agronegocio está en alza, tanto en el terreno económico como en el político. En 2003, primer año del gobierno de Luiz Inazio Lula da Silva, el agronegocio fue el responsable del mayor superávit comercial en la historia del país. Con 30 mil millones de dólares exportados, el negocio agropecuario es responsable del 42% de las exportaciones brasileñas. El llamado "complejo soja" lidera este proceso con el 25% de las exportaciones del sector; las exportaciones sojeras crecieron en un año un espectacular 35%. El alza de los precios internacionales y la tracción de mercados importantes, sobre todo China, explican en gran medida este suceso. Pero la exportación de productos agropecuarios por el agronegocio obliga a la importación de otros productos, tanto para el consumo popular como para uso industrial. Así, Brasil exporta algodón pero a su vez debe importar algodón para abastecer la industria nacional, en tanto está importando alimentos básicos como arroz, frijoles, maíz, trigo y leche(2) .
Nuevos equilibrios
El agronegocio no sólo afecta la soberanía alimenticia del país sino también los equilibrios políticos. En los próximos años las exportaciones del agronegocio seguirán creciendo, y con ello el poder político del sector, representado en el gabinete de Lula nada menos que por el ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues. Una de las razones que explica la apuesta de Lula al agronegocio es que la explosión de las exportaciones (están creciendo a un ritmo del 22% anual desde comienzos de 2003) disminuye la vulnerabilidad externa del país, mejorando la relación entre producto bruto y deuda externa(3) .
La trampa es evidente: las exportaciones sólo crecen en aquellos rubros dominados por las multinacionales (soja y agronegocio son el mejor ejemplo de dominio absoluto de ese sector), lo que su vez provoca desequilibrios internos que redundan en un aumento de la dependencia (alimenticia) y, sobre todo, en un crecimiento del poder de las multinacionales. El caso argentino debería eximir cualquier comentario.
Los desequilibrios sociales que provoca el agronegocio están modificando la geografía de las luchas sociales. Bernardo Mançano Fernandes, geógrafo y asesor del MST, sostiene que las grandes empresas en el campo brasileño concentran más la tierra y la renta, no generan empleos ni alimentos y sus exportaciones están destinadas a pagar los intereses de la deuda externa que nunca termina de crecer. Por eso sostiene que "los sin tierra no luchan más sólo contra el latifundio" y que ahora "su principal enemigo es el agronegocio"(4) . Y concluye: "El latifundio improductivo está siendo arrendado para plantíos de soja. Eso no genera empleo ni mueve la economía local".
Tampoco es cierto que la explosión exportadora promovida por el agronegocio redunde en una menor vulnerabilidad internacional. Según un informe de la OMC, la corriente mundial indica un crecimiento de los productos procesados entre las exportaciones agrícolas, pero Brasil redujo las exportaciones de alimentos procesados en siete puntos entre 1990 y 2002. En el mismo período, crecieron las importaciones de productos agrícolas procesados(5) . Se trata del mismo proceso de "reprimarización" de las exportaciones que registró Argentina desde la aplicación del modelo neoliberal a comienzos de la década de 1990.
A los desequilibrios anotados se suma la desigual distribución de la ayuda estatal, que los profundiza. Los pequeños productores de Brasil (responsables del 40% de la riqueza producida en el medio rural y del 70% de los alimentos que llegan a la mesa de los brasileños) ocupan 14 millones de personas mientras el latifundio exportador ocupa sólo 421 mil trabajadores. Sin embargo, son esos latifundios los que concentran el grueso de la ayuda estatal: durante el primer año del gobierno de Lula se liberaron 4.500 millones de reales en apoyo de la agricultura campesina, la misma cifra que recibieron sólo 15 empresas transnacionales del sector agropecuario, entre ellas Nestlé, Bunge, Cargill, Bayer y Monsanto(6) . Las previsiones para la zafra 2003/2004 establecen que el Estado apoyará con 7 mil millones de reales la agricultura campesina pero con 38 mil millones al agronegocio.
Un viraje de largo aliento
Los campesinos y sin tierra brasileños enfrentan un enemigo poderoso que intenta expulsarlos de las zonas rurales. La capacidad de las grandes multinacionales agropecuarias de avanzar sobre la tierra es hoy mucho mayor que la de los campesinos de recuperarlas. Mançano Fernandes asegura que en la zona más conflictiva del estado de San Pablo, el Pontal do Paranapanema, los sin tierra recuperaron en diez años 100 mil hectáreas en las que se asentaron cinco mil familias. Pero el reciente avance de la soja en la misma región ocupó otras 100 mil hectáreas en apenas dos años.
Uno de los escenarios que están cambiando tiene que ver con el tipo de argumentos que utilizan los sin tierra. Se señala que el latifundio es improductivo, pero no puede decirse lo mismo del agronegocio. Se trata de poner en cuestión el carácter de la producción: o está dirigida al mercado internacional o a las necesidades de la población; o a las exportaciones o al mercado interno. Ambas opciones son incompatibles. Ciertamente, nadie en su sano juicio puede negar la importancia de las exportaciones, pero la producción como tal debe no debe estar orientada al mercado internacional, siempre en manos de unas pocas multinacionales.
Un segundo cambio de escenario está relacionado con el carácter de las luchas. Como señala Mançano Fernandes en el Jornal Sem Terra, la táctica de las ocupaciones se acentuará hacia las áreas del agronegocio. Esto supone una confrontación inédita, no ya con la vieja oligarquía terrateniente en decadencia, sino con el más pujante sector neoliberal. Este viraje en las luchas sociales rurales enfrenta al movimiento a desafíos inéditos, que lo pueden llevar a profundizar su confrontación con el sistema.
En tercer lugar, el agronegocio está sólidamente instalado en el gobierno de Lula. Esta alianza crea también una situación nueva y compleja al movimiento, que no podrá enfrentarla con una táctica simplista, en virtud de la relación de fuerzas existente hoy en Brasil. Hasta ahora el MST ha demostrado que ningún gobierno, ni siquiera el de Lula, es capaz de cooptarlo o domesticarlo. Las luchas desarrolladas en el "abril rojo", mes en el que fueron ocupadas unas cien haciendas, es una clara señal de que la autonomía del MST no decae sino que se mantiene en todo su vigor. Pero los sin tierra tampoco buscan un enfrentamiento frontal con el gobierno. De alguna manera, están construyendo un nuevo escenario, más complejo que el anterior pero que, a su vez, abre nuevas posibilidades para profundizar la lucha que llevan desde hace más de 20 años.
Este nuevo escenario posneoliberal tiene algunas similitudes con la situación que atraviesan los movimientos en Argentina, y parcialmente en Bolivia, donde ya no es posible seguir peleando igual que antes de los gobiernos de Kirchner y Mesa. Complejidad no es sinónimo de parálisis, sino de creación de nuevas formas de acción para seguir avanzando
Notas:
(1) "Desojando", informe en Cash, suplemento económico de Página 12, Buenos Aires, 13 de junio de 2004.
(2) Ariovaldo Umbelino de Oliveira, "Os mitos sobre o agronegócio no Brasil", en Jornal Sem Terra No. 24, mayo-junio de 2004.
(3) Véase O Estado de Sao Paulo, "País fica mais forte para enfrentar risco externo", sección Economía, 6 de junio de 2004.
(4) "MST volta suas baterías contra o agronegócio", en O Estado de Sao Paulo, 30 de mayo de 2004.
(5) "País vai a contramao do agronegócio, diz OMC", O Estado de Sao Paulo, 12 de junio de 2004.
(6) "Pequeno produtor sustenta setor agrícola, mas tem créditos restritos", en www.mst.org.br 26 de mayo de 2004.
_____________________________________________
Agencia Latinoamericana de Informacion – ALAI  Leer

------

Se impone el agrobusiness en Brasil y

aplasta la agricultura familiar, con el apoyo del gobierno
27 de marzo de 2013
"La pugna entre un proyecto de campo basado en la agricultura familiar para la producción de alimentos y otro de una zona rural de latifundios y producción enfocada en la exportación de granos está lejos de ser justa. A pesar de los programas y auxilios anunciados por el gobierno, es evidente que la báscula del poder favorece al agrobusiness. Aparte de su expresiva presencia en la administración, cuentan con recursos excesivos, sin ninguna proporción con aquellos destinados a la agricultura familiar."
 
Gobierno Lula: el sueño frustrado
No hay dudas de que la llegada del primer obrero a la presidencia de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, llenó los movimientos sociales brasileños de esperanza. 2002 fue el año de la histórica victoria de la izquierda en el país más grande de América Latina – en área y en población. Su toma de posesión llevó a miles de militantes y apoyadores del Partido de los Trabajadores (PT) a Brasilia, que vio un mar rojo saludar al nuevo presidente. Más allá de la simbología de tener un presidente que viene del pueblo, la plataforma de gobierno petista traía la promesa de la eliminación de la pobreza, la generación de millones de empleos y la promoción de mayor justicia social en un país cuya desigualdad era una de sus características más estructurales.
Para el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) ese escrutinio representó la potencial llegada de una nueva etapa. El conocido movimiento defendía y defiende la reforma agraria y la redefinición de los patrones de ocupación, producción y sociabilidad en el campo brasileño. Por su estrategia de lucha – la ocupación de latifundios improductivos – fueron perseguidos duramente en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, anterior al de Lula, y rotulados como criminales por los grandes medios de comunicación y las clases altas defensoras de la propiedad privada. La llegada del Partido de los Trabajadores al poder significó, en ese entonces, la posibilidad de descriminalización del movimiento, de diálogo y negociación y de realización de una reforma agraria estructural. Lula había sido gran simpatizante del movimiento desde sus orígenes y dejó muy claras sus intenciones de, una vez presidente, tratar la reforma agraria y al MST con la dignidad que merecían.
A pesar de promesas y expectativas, lo que se observó en Brasil durante el gobierno Lula respecto a la situación del campo fue la disminución, año tras año, del número de latifundios expropiados para la reforma agraria. La Constitución brasileña de 1988 contiene la función social de la propiedad, determinada en el ámbito urbano por la sustitución del individualismo propietario por el de la dignidad humana y, en el ámbito rural, por la protección a los derechos laborales y ambientales. La propiedad rural debe cumplir con los patrones del desarrollo sostenible y, aunque lo haga, puede ser expropiada por el gobierno, una vez que lo que debe prevalecer es su utilidad pública – es el caso de propiedades que no tienen producción o número de funcionarios compatible con su área.
A los gobiernos posteriores a la redemocratización les quedó la importante tarea de promover el uso social de la tierra y propiedades urbanas y se supone que Lula era el más calificado para cumplir con esta demanda, dado su origen y cercanía al MST. Empero, el número de expropiaciones en sus dos mandatos fue bastante inferior al su antecesor, el social-demócrata Fernando Henrique Cardoso. Lula expropió tan sólo mil 990 propiedades, ante 3 mil 532 durante el gobierno de Cardoso.
El año 2005 fue el punto de inflexión de las expropiaciones – desde entonces, se han visto cada vez menos propiedades parceladas para la agricultura familiar. Coincidentemente o no, este mismo año trajo un decreto presidencial que tornó legal el uso de semillas transgénicas para la producción agrícola.
Las semillas de soya de Monsanto empezaron a ser contrabandeadas desde Argentina a Brasil en 1998, sin cualquier tipo de regulación hasta la medida tomada por Lula siete años después. Hoy se estima que las semillas genéticamente modificadas representan un 85 por ciento de la producción total de soya en el país – porcentaje que puede ser todavía más grande, una vez que estas semillas son altamente contaminantes, lo que hace que no sea posible controlar estrictamente su presencia.
La combinación de esos dos factores, aliados al crecimiento de exportaciones a Asia, especialmente, benefició a los grandes empresarios del agrobusiness. Las publicitarias cifras de la balanza comercial dieron a Brasil nacional e internacionalmente la imagen de una verdadera revolución social. Mientras tanto, la bancada rural de la Cámara de Diputados y el Senado (que representa los intereses de los empresarios agroexportadores) hacía crecer su influencia en el gobierno petista, la propuesta de reforma agraria seguía intocada y el MST, olvidado.
Las cifras no son fiables, el incremento en la productividad y la creciente presencia de Brasil en el escenario internacional ocultan datos menos estimulantes: el 10 por ciento de los propietarios retienen el 85 por ciento de la producción y 85 por ciento de las tierras cultivadas en Brasil están reservadas para la producción de maíz, soya, pasto y caña de azúcar – es decir, o se destinan a la producción de ración animal y a la exportación, o son productoras del combustible etanol. La producción de caña, históricamente conectada al esclavismo colonial, fue celebrada por Lula como la gran solución para la excesiva dependencia del petróleo como combustible. Lo que se le olvidó decir es que la planta de caña de azúcar, cuando es cultivada extensiva y continuamente, causa la destrucción de suelos y la transformación radical de ecosistemas. Del mismo modo, se le olvidó comentar que las haciendas de caña son las que más emplean trabajadores en condiciones indignas, incluyendo esclavos y niños.
Gobierno Dilma: ¿erradicación de la miseria o todo el apoyo al agrobusiness?
Dilma Rousseff llegó al poder con una percepción un poco menos onírica desde los movimientos sociales. Aún así, representaba un cambio más: la primera mujer, ex-guerrillera que luchó en contra del autoritarismo en el período dictatorial. Con fama de rigidez para el trabajo y una imagen de honestidad, la “hija” de Lula ganó las elecciones después de gran campaña de unión de toda la izquierda en contra de la amenaza del regreso de la derecha al poder, sintetizada en la figura del autoritario José Serra (PSDB).
Su principal bandera de gobierno es la erradicación de la pobreza y la expansión del desarrollo del país – llevadas a cabo a través de dos programas multiministeriales: Brasil Sin Miseria y los Planes de Aceleración del Crecimiento (PACs).
El Plan Brasil Sin Miseria concentra 47 por ciento de sus esfuerzos en el campo, a través primordialmente del fomento a la agricultura familiar, generando beneficios financieros a fondo perdido para la compra de insumos y equipo para la agricultura. Con el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), el gobierno federal busca incentivar a la agricultores familiares con la compra de la producción para su uso en entidades asistenciales, hospitales, universidades, unidades prisionales y para formación de estoques. Además de eso, el programa también cuenta con la ampliación del acceso al agua.
El último 8 de marzo, la presidenta anunció una medida que presuntamente colaborará para el desarrollo de la agricultura familiar – responsable del 70 por ciento de los alimentos consumidos en hogares brasileños: todos los productos de la canasta básica pasan a ser exentos de impuestos federales, lo que representa la reducción en el costo de 9.25 por ciento para los alimentos incluidos (carnes, leche entera, huevos, arroz, frijol, pan, frutas, legumbres, entre otros) y 12.25 para papel higiénico, jabón de ducha y pasta de dientes. Además de permitir mayor consumo entre las clases más bajas, la medida busca generar mayor dinamismo y expansión en los negocios en pequeñas comunidades – bien como el crecimiento de la presencia de la agricultura familiar.
Todas esas medidas son obviamente bienvenidas, pero es necesario ponerlas en contexto para entender hasta qué punto la “revolución en el campo”, de la que habla con orgullo Dilma, es verdadera.
A pesar de las recurrentes promesas de realización de la reforma agraria – la última de ellas realizada en reunión con trabajadores rurales para la firma de la Política Nacional para Trabajadores Rurales Empleados, en los primeros días de marzo -, ya acercándose a la mitad de su tercer año de gobierno, Dilma casi fue la jefe de gobierno que menos expropió tierras para la reforma agraria, con solamente 86 propiedades destinadas a este fin. Por encima de ella está solamente Fernando Collor de Mello, presidente entre 1990 y 1992, impedido por una política económica que confiscaba los ahorros de los ciudadanos y por involucrarse con la corrupción – quien expropió en su período solamente 28 latifundios. Dicho sea de paso, el ex-presidente, hoy Senador de la República, es parte de la gran base de apoyo de Dilma en el Poder Legislativo.
Hablando del Legislativo, es imposible no darse cuenta del gran incremento de la influencia de la bancada rural en el transcurso del gobierno de Dilma. En 2012 este grupo de legisladores logró aprobar una propuesta de Código Forestal que significaba una afrenta a los movimientos sociales rurales, los ambientalistas y los pueblos indígenas. Permitiendo que se colocaran en el mercado para especulación títulos de carbono y cuotas de reservas ambientales, la legislación ponía a la Amazonia brasileña en la ruta de la globalización. Los dueños de latifundios improductivos pasarían a justificar la función social de sus propiedades bajo la justificación de explotar carbono en zonas que cuentan con cuotas de reservas ambientales. En caso de que decidieran usar las tierras para producción agrícola – y acabar con los bosques – nada más necesitarían compensar la devastación con la reforestación de una pequeña parcela de su propiedad (que no llegaría al 10 por ciento). Además de eso, dio una salida a los grandes propietarios para que no necesitaran abrir mano de sus tierras con el fin del crecimiento de las tierras de agricultura familiar, otorgando a la agricultura familiar 4,9 millones de hectáreas en zona de devastación de la selva amazónica – para que ya no se tocaran los latifundios improductivos ni consideraran a los productores responsables de la devastación de los bosques. Otra medida fue no penalizar a propietarios que acabaran con zonas de bosques.
El gobierno federal no fue capaz de generar oposición dentro del legislativo para bloquear la nueva legislación – por el sencillo motivo de que la mayor parte de sus proponentes componían la base gobiernista -, lo que hizo necesario que la presidenta la vetara. La expectativa de los movimientos sociales y ambientalistas era que el veto a la propuesta fuera integral. Empero, la presidenta prohibió solamente nueve artículos de la ley y pasó el Programa de Regularización Ambiental, que exentó de multa a propietarios rurales que generaron devastación en los bosques, bajo la condición de que presentaran un plan de recuperación de las áreas degradadas. Dicha recuperación será de máximo el 20 por ciento de la propiedad, sin tomar en consideración que muchas propiedades de las regiones centro-oeste y norte del país vienen integralmente del desmate de la Amazonía.
Si con relación al medio ambiente, Rousseff fue permisiva y permitió la ampliación del poder de los latifundiarios, en lo que dice respecto a los derechos indígenas la situación no es mejor. El gobierno brasileño, desde Lula, hace propaganda de haber demarcado la mayor cantidad de tierras indígenas de América Latina. Lo que no dice es que el 95 por ciento de estas tierras están localizadas en la Amazonía o en regiones cercanas a centros urbanos – por lo tanto, en zonas con menor disputa por la tierra. Los pueblos indígenas que habitan regiones con presencia de haciendas destinadas al agronegocio han sido prácticamente ignorados en sus demandas por demarcación de reservas, y sufren violencia cotidiana por parte de capataces de los latifundistas – violencia que pone en riesgo la existencia de esos pueblos. Un ejemplo es el caso de los Guarani-Kaiowá, del estado de Mato Grosso do Sul, que en 2012 recibieron del Estado orden de despojo de sus tierras ancestrales, en un contexto de asesinatos, violaciones y suicidio de indígenas.
La pugna entre un proyecto de campo basado en la agricultura familiar para la producción de alimentos y otro de una zona rural de latifundios y producción enfocada en la exportación de granos está lejos de ser justa. A pesar de los programas y auxilios anunciados por el gobierno, es evidente que la báscula del poder favorece al agrobusiness. Aparte de su expresiva presencia en la administración, cuentan con recursos excesivos, sin ninguna proporción con aquellos destinados a la agricultura familiar.
En febrero, la presidenta anunció en su plan agrícola para 2013/2014, que invertirá 133 mil millones de reales. El monto impresiona, pero su división impresiona más: 115 mil millones de reales estarán destinados a la agricultura empresarial, ante 18 mil millones para la agricultura familiar. Dinero que será invertido primordialmente en la compra de máquinas para la modernización de la producción. En una feria destinada al agronegocio, Dilma Rousseff afirmó que siempre habrá más recursos: “Todo lo que gasten, lo cubriremos”. Días después, la petista volvió a apapachar a los agroexportadores, anunciando su gran orgullo: en 2013 Brasil tendrá la mayor cosecha de granos de su historia, llegando a 185 millones de toneladas. Claro, todo esto sin considerar la cosecha de alimentos – que mereció nada más que una mención en el discurso de la presidenta.
El contexto como un todo marea: si Dilma quiere fomentar la agricultura familiar y las economías locales, y para eso quita los impuestos de la canasta básica y compra las cosechas de los pequeños productores, ¿por qué no aplica la reforma agraria?, ¿por qué permite la promulgación casi integral de un Código Forestal que en la práctica acaba con la legitimidad de las expropiaciones de latifundios improductivos?, ¿por qué otorga inversiones fuera de proporción a los latifundistas?, ¿por qué no defiende a los pueblos indígenas y garantiza su derecho a la tierra?
Con un discurso amigable y mucha inversión en publicidad, el gobierno del PT muestra que en su proyecto nacional la agricultura familiar sólo tiene cabida si no interfiere en el desarrollo y la inserción del país en la globalización. “Un país rico es un país sin miseria”, slogan del gobierno Dilma, vale para elevar a Brasil en las clasificaciones internacionales y para crear un gran conjunto de ciudadanos consumidores. ¿Hasta qué punto el país rico de Dilma es, como dice el slogan del gobierno de Lula, “un país de todos”?
Publicado el 25 de marzo de 2013

Leer

I. En la página QUÉ MUNDO de Confraternizarhoy planteamos que La Vía Campesina no debe tener liderazgo del progresismo. Porque vayamos a cómo cambió su programa desde 2013 a 2017.

Hoy cuando el capitalismo global o el 1% de la humanidad exhibe su guerra contra las grandes mayorías planetarias, La Vía Campesina quiere convencernos que ir contra la desaparición forzada campesinxs  sólo requiere de una Declaración de sus derechos por Naciones Unidas. Reflexionemos:

Día Internacional de la Lucha Campesina 2017 - 

¡Llamado a movilización global!

3 de abril de 2017
 

¡Derechos de los Campesinos, Derechos Humanos! ¡Avancemos hacia una Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales!
(Harare, 23 marzo de 2017) El movimiento campesino internacional La Vía Campesina llama a todos sus miembros y aliados a movilizarse el 17 de abril, Día Internacional de las Luchas Campesinas. Este año, queremos que el mundo sepa que los campesinos y otras personas que trabajan en las zonas rurales han estado trabajando muy duro por sus derechos. La iniciativa de los derechos de los campesinos, iniciada hace 17 años por La Vía Campesina, es ahora un proceso avanzado dentro de las Naciones Unidas hacia una Declaración de los Derechos de los Campesinos y otras personas que trabajan en las zonas rurales. Esta declaración, si se aprueba, creará un instrumento jurídico internacional para proteger los derechos y llamar la atención sobre las amenazas y la discriminación que sufren los campesinos y otras personas que trabajan en las zonas rurales.
La necesidad de una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales es más urgente y evidente en el siglo XXI. Los campesinos, que producen la mayor parte de los alimentos consumidos mundialmente, siguen enfrentándose a la criminalización, la discriminación, los desplazamientos y la persecución a pesar de la existencia de numerosos instrumentos legales internacionales para el reconocimiento y la protección de dichos derechos.
Los derechos básicos de los campesinos son cada vez más vulnerables a medida que empeora la crisis económica y ecológica. Esta situación está estrechamente relacionada a las violaciones de los derechos humanos: expropiación de tierras, desalojos forzosos, discriminación de género, ausencia de derecho a la tierra y falta de desarrollo rural, bajos ingresos y falta de acceso a los medios de producción, protección social insuficiente y criminalización de los movimientos que defienden los derechos de los campesinos y de las personas que trabajan en las zonas rurales.
Por ejemplo, en África más del 70% de la producción y el cuidado de la agricultura se realiza por mujeres, pero hay poco reconocimiento de sus derechos en relación con la propiedad de los activos, el acceso al crédito, a la información y participación en la decisión de las políticas, etc. En Brasil, a pesar de muchos años de luchas campesinas por una reforma agraria integral, la falta de una distribución justa de la tierra persiste.En Europa, la Política Agrícola Común y la desregulación del mercado del sector lácteo afecta a cientos de miles de ganaderías familiares. En Asia, al igual que en el resto del mundo, los tratados de libre comercio y los tratados bilaterales han destruido los mercados locales y continúan amenazando las formas locales y tradicionales de agricultura y de intercambio entre agricultores. La concentración de la tierra está aumentando a medida que algunos de los agricultores afectados se ven obligados a vender sus tierras. Por último, la participación de los jóvenes en la agricultura está en sus horas más bajas.
Hacemos un llamamiento mundial para conmemorarel Día Internacional de las Luchas Campesinas y continuar trabajando para reforzar la soberanía alimentaria, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad; luchar por una auténtica reforma agraria y una mejor protección contra el acaparamiento de tierras; continuar conservando, usando e intercambiando nuestras semillas; y fortalecer la solidaridad entre los propios campesinos. Esto nos fortalece para defender nuestra tierra contra el interés de las empresas transnacionales, la persecución y la violencia contra los campesinos y contra otras personas que trabajan en las zonas rurales.
Este año, en julio, en el País Vasco, La Vía Campesina celebrará su VII Conferencia Internacional para profundizar nuestro análisis de la crisis actual y acordar las líneas estratégicas de acción para fortalecer nuestro movimiento, como una expresión de la voz de las campesinas y campesinos a nivel global.
También hacemos un llamamiento a los países para que apoyen la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales. Movilizaremos a nuestros miembros y aliados para presionar a nuestros gobiernos y para garantizar el éxito en la próxima negociación en la cuarta sesión del Grupo de Trabajo Intergubernamental de Composición Abierta sobre los Derechos de los Campesinos y otras personas que trabajan en el área rural, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. Creemos que, al defender los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales, la humanidad también gana.
Únanse a nosotros este 17 de abril de 2017 organizando manifestaciones, presionando a los gobiernos, organizando debates y discusiones públicas, proyecciones de películas, mercados de agricultores, festivales o acciones solidarias. ¡Todas las ideas y planes son bienvenidos! Compártelos enviándolos a lvcweb@viacampesina.org para que podamos recogerlos y difundirlos previamente en nuestro mapa de acciones a nivel mundial. Envíanos también las fotos, audios y vídeos.
Es vital que nuestros derechos como campesinos se garanticen. El acceso a la tierra es esencial para una vida digna en el campo y para conseguir la Soberanía Alimentaria para todos los pueblos del mundo. ¡Miren y compartan nuestro nuevo video, disponible aquí!
Descarguen el afiche de alta resolución para web o impresión en A3 para el póster aquí.
Síguenos en Redes Sociales: @via_campesina y Facebook
Para más información sobre el proceso dentro de la ONU, haga clic aquí.
¡Alimentamos a nuestros pueblos y construimos el movimiento para cambiar el mundo!

Recordemos:

El Llamado de Yakarta
10 de julio de 2013
 

Llamamiento de la VI Conferencia de la Vía Campesina Egidio Brunetto - 9 al 13 de junio

(Yakarta, el 12 de Junio de 2013) Nosotros, La Vía Campesina, venimos a extender nuestro llamado urgente a tejer hilo a hilo la unidad a nivel global entre organizaciones del campo y la ciudad para participar activa, propositiva y decididamente en la construcción de una nueva sociedad, basada en la soberanía alimentaria, la justicia y la igualdad. Nos encontramos aquí convocados por el espíritu de nuestros amigos y líderes, y todos aquellos cuyo coraje y compromiso con nuestras luchas nos inspiran. La Vía Campesina, un movimiento internacional campesino que reúne a más de 200 millones de campesinas y campesinos, pueblos indígenas,  pescadores, recolectores y trabajadores agrarios. Con la creatividad de las mujeres y el entusiasmo de nuestros jóvenes venimos de 150 organizaciones y 70 países. Estamos en Asia, hogar de la mayoría de campesinas y campesinos del mundo para festejar nuestros primeros veinte años de lucha.
 
Comenzamos nuestro camino en Mons (Bélgica) en el año 1993 y articulamos nuestra visión radical de la Soberanía Alimentaria en 1996 en Tlaxcala (México), logrando reposicionar al campesinado, hombres y mujeres como actores sociales centrales en los procesos de resistencia a la agenda de comercio neoliberal y en la construcción de alternativas. Los pueblos de la tierra somos actores indispensables en la construcción, no sólo de un modelo de agricultura distinto, sino de un mundo justo, diverso e igualitario. Somos nosotras y nosotros los que alimentamos a la humanidad y cuidamos la naturaleza. Las generaciones futuras dependen de nosotros para el cuidado de la tierra.
Hoy más que nunca, otro mundo es urgente y necesario. La destrucción de nuestro mundo a través de la sobrexplotación y desposesión de los pueblos y la apropiación de los bienes naturales está produciendo la actual crisis climática y profundas desigualdades que amenazan a la humanidad en su conjunto y a la vida misma. La Vía Campesina dice un rotundo NO a esta destrucción impulsada por las corporaciones.
Nosotros estamos construyendo nuevas relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza sobre la base de la solidaridad, la cooperación y la complementariedad. En  el corazón de nuestra lucha está en la formulación de una ética para la vida que atraviesa todas nuestras acciones y búsquedas. La Vía Campesina se ha comprometido a dar visibilidad a todas las luchas locales alrededor del mundo, asegurando que sean entendidas desde una perspectiva internacional y contribuye a involucrarlas en un gran movimiento global por la soberanía alimentaria, el cambio social y la autodeterminación de los pueblos del mundo.
Llamamos a todas nuestras organizaciones, a nuestros aliados y amigos, amigas, hermanas y hermanos en la lucha, y a todos aquellos comprometidos con un futuro mejor a continuar caminando juntos y juntas, a rechazar la agenda de la “Economía Verde” y a continuar construyendo la Soberanía Alimentaria.

Nuestras luchas

Soberanía Alimentaria Ya – Transformando el mundo

La Soberanía Alimentaria es el eje central de la lucha por un proyecto de justicia social que hoy convoca a amplios sectores del campo y la ciudad. La soberanía alimentaria es el derecho fundamental de todos los pueblos, naciones y estados a controlar sus alimentos y sus sistemas alimentarios y a decidir sus políticas asegurando a cada uno alimentos de calidad, adecuados, accesibles, nutritivos y culturalmente apropiados. Ello incluye el derecho de los pueblos para definir sus formas de producción, uso e intercambio tanto a nivel local como internacional. 

Durante las últimas dos décadas nuestra visión de la Soberanía Alimentaria ha inspirado a una generación de activistas comprometidos con el cambio social. Nuestra visión del mundo implica una revolución agrícola que significa profundas transformaciones agrícolas, socioconómicas y políticas. La Soberanía Alimentaria ha enfatizado la importancia crucial de la producción local y sustentable, el respeto por los derechos humanos, precios justos para los alimentos y la agricultura, comercio justo entre países y la salvaguarda de nuestros bienes comunes contra la privatización.
Hoy estamos frente a la mayor crisis de nuestra historia y la misma es una crisis sistémica. Las crisis alimentaria, laboral, energética, económica, climática, ecológica, ética, social, política e institucional están llevando al colapso en muchas partes del mundo. En simultáneo, la crisis energética se agudiza día a día frente al agotamiento de los combustibles fósiles y es enfrentada con falsas soluciones que van desde los agrocombustibles a la energía nuclear, la cual ha demostrado ser una de las peores amenazas para la vida sobre la tierra. 
Rechazamos el capitalismo, que en este momento se caracteriza por un agresivo flujo del capital financiero y especulativo hacia la agricultura industrial, la tierra y la naturaleza. Esto ha generado un inmenso acaparamiento de tierras, la expulsión de campesinas y campesinos de su tierra, la destrucción de pueblos, comunidades, culturas y sus ecosistemas, creando migraciones y desempleo masivos. Esto genera masas de migrantes económicos y refugiados climáticos y desempleados, incrementando las inequidades existentes. 
Las transnacionales en complicidad con los gobiernos y las instituciones internacionales están imponiendo, bajo el pretexto de la Economía Verde, monocultivos de transgénicos, la megaminería, las grandes plantaciones forestales, la imposición de plantaciones de agrocombustibles, la construcción de grandes represas, el fracking y los oleoductos o la privatización de nuestros mares, ríos, lagos y nuestros bosques. La Soberanía Alimentaria recupera el control sobre nuestros bienes comunes devolviéndolos a manos de las comunidades.

La Agroecología  es nuestra opción para el presente y para el futuro


La producción de alimentos basada en la agricultura campesina, el pastoralismo y la pesca artesanal sigue siendo la principal fuente de alimentos en el mundo. La agricultura campesina de base agroecológica constituye un sistema social y ecológico que está conformado por una gran diversidad de técnicas y tecnologías adaptadas a cada cultura y geografía. La agroecología elimina la dependencia de los agrotóxicos; rechaza la producción animal industrializada; utiliza energías renovables; permite garantizar alimentación sana y abundante; se basa en los conocimientos tradicionales y restaura la salud e integridad de la tierra. La producción de alimentos en el futuro estará basada en un creciente número de personas produciendo alimentos en forma diversa y resiliente.
La agroecología protege la biodiversidad y enfría el planeta. Nuestro modelo agrícola no solo puede alimentar a toda la humanidad sino que también es el camino para detener el avance de la crisis climática enfriando el planeta a través de la producción local en armonía con nuestros bosques, alimentando la biodiversidad y la reincorporación de la materia orgánica a sus ciclos naturales. 

Justicia social y climática, y solidaridad

A medida que avanzamos y construimos a partir de nuestra diversidad cultural y geográfica, nuestro  movimiento por la soberanía alimentaria se ve reforzado, integrando la justicia  y la igualdad social. Practicando la solidaridad por sobre la competencia, rechazamos el patriarcado, el racismo, el imperialismo y luchamos por sociedades democráticas y participativas, libres de explotación de las mujeres, los niños, los hombres o la naturaleza.
Demandamos justicia climática ya mismo. Quienes más sufren este caos climático y ecológico no son los que lo han provocado. Las falsas soluciones de la economía verde para continuar el crecimiento capitalista están empeorando la situación. Se crea una deuda ecológica y climática que debe ser corregida. Por esta razón demandamos la inmediata detención de los mecanismos de mercados de carbono, geoingeniería, REDD y los agrocombustibles.
Ratificamos la necesidad y nuestro compromiso de luchar en forma permanente contra las corporaciones transnacionales, entre otras cosas, boicoteando sus productos y rechazando cooperar con sus prácticas de explotación. Los Tratados de Libre Comercio y los acuerdos de inversión han creado condiciones de extrema vulnerabilidad e injusticias para millones. La implementación de estos tratados trae como resultado la violencia, la militarización y la criminalización de la resistencia. Otra consecuencia trágica de los mismos es la creación de una masa masiva de migrantes mal pagados, con trabajos inseguros e insalubres y con violaciones de sus derechos humanos y discriminación. La Vía Campesina ha logrado colocar los derechos de los campesinos y campesinas en la agenda del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y llamamos a los gobiernos a ponerlos en práctica. Nuestra lucha por los derechos humanos está en el corazón de la solidaridad internacional e incluye los derechos y protección social de los agricultores migrantes y trabajadores de la alimentación.
Las luchas por el derecho a la tierra, a la alimentación, al trabajo digno, contra la destrucción de la naturaleza, son criminalizadas. Son cientos los compañeros y compañeras que han sido asesinados en los últimos años y otros muchos ven amenazadas sus vidas o son perseguidos y encarcelados, frecuentemente con el apoyo o la complicidad de las autoridades públicas. 

Un mundo sin violencia y discriminación contra las mujeres

Nuestra lucha es para construir una sociedad basada en la justicia, la igualdad y la paz. Exigimos el respeto de todos los derechos de las mujeres. Rechazando el sistema capitalista, patriarcal, la xenofobia, la homofobia y cualquier tipo de discriminación, reafirmamos nuestro compromiso en lograr una equidad total entre hombres y mujeres. Esto requiere el fin de toda forma de violencia contra las mujeres, doméstica, social e institucional, tanto en las zonas rurales como en las zonas urbanas. Nuestra Campaña contra la Violencia hacia las Mujeres está en el corazón de nuestras luchas.

Paz y desmilitarización
Vivimos un incremento de conflictos y guerras para la apropiación, proliferación de bases militares y criminalización de la resistencia. La violencia es intrínseca a este sistema capitalista mortal basado en la dominación, la explotación y el pillaje. Nosotros estamos comprometidos con el respeto, la dignidad y la paz.
Nos duelen y nos honran los cientos de campesinas y campesinos que han sido amenazados, perseguidos, encarcelados, asesinados por sus luchas. Continuaremos exigiendo rendición de cuentas y castigo para quienes violan los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. Demandamos también la liberación inmediata de todos los presos políticos.

Tierra y territorios
Defendemos una Reforma Agraria Integral que ofrezca plenos derechos sobre la tierra, reconozca los derechos legales de los pueblos indígenas a sus territorios, garantice a las comunidades pesqueras el acceso y el control de las zonas y ecosistemas de pesca y reconozca el acceso y el control de las tierras y las rutas de migración de pastoreo. Esta es la única manera de asegurar un futuro para los jóvenes del campo.
La Reforma Agraria Integral, vista como una distribución masiva de tierras junto con el apoyo con recursos para la producción y el sustento, debe garantizar el acceso permanente a los jóvenes, las mujeres, los desempleados, los sin tierra, para complementar a las pequeñas fincas, a los desplazados y todos aquellos que estén dispuestos a participar en la producción a pequeña escala de alimentos agroecológicos. La tierra no es una mercancía. Deben reforzarse las leyes existentes y crear nuevas para protegernos de la especulación y un marco jurídico que impida la especulación con ellas y su acaparamiento. Continuaremos nuestra lucha en defensa de las tierras y los territorios.

Semillas, bienes comunes y agua

Enaltecemos a las semillas, el corazón de la Soberanía Alimentaria, con el principio Semillas Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad, reafirmado hoy por cientos de organizaciones en todo el mundo. Nuestro desafío pasa hoy por seguir manteniendo a nuestras semillas vivas en manos de nuestras comunidades, por multiplicarlas en el marco de nuestros sistemas campesinos. Continuaremos la lucha contra su apropiación a través de diversas formas de propiedad intelectual y su destrucción por su manipulación genética y otras nuevas tecnologías. Nos oponemos a los paquetes tecnológicos que combinan transgénicos con el uso masivo de pesticidas.
Seguimos hoy enfrentando la Leyes de semillas que, de la mano de los intereses de las corporaciones, son privatizadas y mercantilizadas. Seguimos enfrentando a los transgénicos  y luchando por un mundo libre de transgénicos. 
Los ciclos de la vida fluyen a través del agua y ella es una parte esencial de los ecosistemas y la vida. El agua es un bien común y como tal debe ser protegido.

Construyendo desde nuestras fortalezas
Nuestra gran fortaleza es crear y mantener unidad en la diversidad. Nosotros tenemos una visión del mundo inclusiva, amplia, práctica, radical y esperanzada como invitación a unirnos en la transformación de nuestra sociedad y la protección de la Madre Tierra.
  • Las movilizaciones populares, la confrontación con los poderosos, la resistencia activa, el internacionalismo, el compromiso con los movimientos de base locales son esenciales para lograr cambios sociales efectivos.
  • En nuestra heroica lucha por la Soberanía Alimentaria continuaremos construyendo alianzas esenciales con los movimientos sociales, los trabajadores y organizaciones urbanas y de las periferias, con migrantes, con quienes luchan contra la megaminería y las megarepresas, entre otras.
  • Nuestras principales herramientas son la formación, la educación y la comunicación. Estamos fomentando el intercambio de conocimientos acumulados hasta el presente con metodologías y contenidos de formación cultural, política e ideológica y técnica; multiplicando nuestras escuelas y experiencias de educación de nuestras bases y desarrollando nuestras herramientas de comunicación desde nuestras bases. 
  • Nos comprometemos a crear espacios especiales para potenciar a nuestros jóvenes. Nuestra mayor esperanza hacia el futuro es la pasión, energía y compromiso de nuestros jóvenes articulada en los jóvenes de nuestro movimiento.
·         Nos vamos de esta VI Conferencia Internacional de La Vía Campesina dando la bienvenida a las nuevas organizaciones que se han integrado al Movimiento, seguros de nuestras fortalezas y llenos de esperanzas hacia el futuro.

¡Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos!
¡Con solidaridad y lucha!

viernes, 14 de abril de 2017

El capitalismo avanza por desaparición forzada de campesinos e indígenas que resisten.Su resistencia debe involucrarnos a todos los de abajo pues:


¿Qué mundo se expande?
El de hambre, pobreza estructural, desalojos, migraciones, envenenamientos,
catástrofes socioambientales...

En contra de esta criminalidad de lesa humanidad del capitalismo La Vía Campesina nos plantea:

 
¡Para recuperar nuestro futuro, 
tenemos que cambiar el presente!
Nuestra propuesta es para cambiar 
el sistema en vez del clima.
23 Abril 2013
El sistema capitalista ha explotado y abusado de la naturaleza empujando al planeta hasta límites insostenibles que están provocando cambios estructurales acelerados muy peligrosos en el clima.
Hoy, la severidad y multiplicidad de los cambios climáticos –caracterizados por sequías, desertificación, inundaciones, huracanes, tifones, incendios forestales, desaparición de glaciares y casquetes polares- son claras indicios que hablan de un planeta en llamas. Estos cambios tan extremos tienen un impacto directo en las personas a través de la pérdida de medios de subsistencia, de cultivos, de hogares y de vidas. Todo esto esta provocando éxodos masivos sin precedentes de migrantes  y refugiad@s climátic@s.
La humanidad y la naturaleza están llegando al borde de un precipicio: podemos cruzarnos de brazos y proseguir nuestra marcha hacia el abismo, o bien pasar a la acción y reclamar el futuro que tod@s queremos.
No permaneceremos indiferentes. No permitiremos que el sistema capitalista nos queme a tod@s.  Vamos a tomar medidas para cambiar el sistema y eliminar las causas estructurales del cambio climático.  Ha llegado la hora de pasar de los discursos a la acción.
Tenemos que fortalecer e impulsar la organización de movimientos de base en todas partes y sobre todo en los frentes de batalla donde más hay en juego.
Cambiar el sistema significa:
  • Dejar más de dos tercios de las reservas de combustibles fósiles bajo la tierra y el fondo del océano para prevenir niveles catastróficos de cambio climático.
  • Prohibir las nuevas exploraciones y explotaciones de petróleo, arenas bituminosas, gas no convencional, carbón, uranio y gas natural.
  • Apoyar una transición justa para que l@s trabajador@s y las comunidades salgan de economías de consumo intensivo de energía y avancen hacia economías locales resilientes, basadas en la justicia social, económica y medioambiental.
  • Descentralizar la generación de energía y colocar su propiedad bajo control de las comunidades locales impulsando las fuentes de energía renovables.  Invertir en infraestructuras energéticas locales, de pequeña escala y basadas en las propias comunidades.
  • Dejar de construir megaproyectos y proyectos innecesarios de infraestructura que no benefician a la población y que son contribuidores netos de emisiones de gases de efecto invernadero como son mega represas, autopistas excesivamente sobre dimensionadas, proyectos energéticos centralizados de gran escala innecesarios y aeropuertos superfluos.
  • Acabar con la producción industrial de alimentos en gran escala orientada a la exportación (incluyendo la producción agropecuaria) y promover sistemas de producción en pequeña escala, integrados, ecológicamente sustentables, que contribuyan a enfriar el planeta y aseguren la soberanía alimentaria en base a la provisión de alimentos nutritivos que satisfagan las necesidades culturales de las comunidades locales.
  • Adoptar estrategias de “Residuos-Cero” mediante el fomento de programas de compostaje y reciclado integral que remplacen el uso de incineradores de residuos que generan gases de efecto invernadero.
  • Acabar con el acaparamiento de tierras y respetar los derechos de pequeñ@s agricultores, campesin@s, y mujeres. Reconocer los derechos colectivos de los pueblos indígenas conforme a la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, incluyendo sus derechos sobre sus tierras y territorios.
  • Desarrollar estrategias económicas que creen nuevos tipos de “empleos climáticos” –trabajos con una remuneración decente que contribuyan a la reducción de emisiones de carbono- en los sectores de las energías renovables, la agricultura, el transporte público y el reciclado de piezas industriales. 
  • Recuperar el control de los recursos públicos para financiar proyectos para el pueblo y la naturaleza en los ámbitos de salud, educación, alimentación, empleo, vivienda, recuperación de zonas húmedas, bosques y otros ecosistemas, y eliminar los subsidios a las industrias contaminantes, al agro-negocio y a la industria militar.
  • Retirar de circulación los automóviles a través de la construcción de infraestructuras de transporte público limpios, adaptados a los recursos energéticos locales, no basados en motores a combustión y que sean accesibles y asequibles a toda la población.
  • Fomentar la producción y consumo locales de productos sostenibles para satisfacer las necesidades fundamentales de la población y evitar el transporte de bienes que pueden ser producidos en el lugar. 
  • Detener y revertir los acuerdos de libre comercio e inversiones al servicio de las trasnacionales. Estos acuerdos promueven el comercio y las inversiones para la obtención de la máxima ganancia a costa de la fuerza de trabajo, la naturaleza y de la capacidad de las naciones de definir sus propias políticas.
  • Frenar la apropiación corporativa de la economía y de los recursos naturales en beneficio de las Empresas Transnacionales.
  • Desmantelar la industria e infraestructura militar, para así reducir las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a la guerra, y destinar los recursos del presupuesto militar a la promoción de una paz verdadera.
     
 Aplicando estas medidas, seremos capaces de obtener pleno empleo para tod@s, porque en un cambio sistémico de este tipo habrán más trabajos de calidad de los que existen bajo el actual sistema de explotación.  Mediante estas medidas lograremos construir una economía que sirva al pueblo y no a los capitalistas.  Con ello, pararemos la degradación de la tierra, el aire y el agua, preservando la salud humana y los ciclos vitales de la naturaleza, evitando, además, la migración forzada de millones de refugiados climáticos.
Cambiar el sistema implica poner fin al imperio mundial de las empresas transnacionales y los bancos.  Sólo una sociedad capaz de controlar democráticamente sus recursos a través de sus trabajadores (incluyendo los trabajadores migrantes), pueblos indígenas y mujeres garantizará  la soberanía de los pueblos y la justicia económica social y ambiental. El cambio de sistema requiere de una ruptura con la sociedad patriarcal para asegurar los derechos de las mujeres en todas las esferas de la vida. El feminismo y la ecología son componentes claves de la nueva sociedad por la cual estamos luchando.
Necesitamos un sistema que busque la armonía entre los seres humanos y la naturaleza, y no un modelo de crecimiento infinito como promueve el sistema capitalista en aras de obtener más y más ganancia.  La Madre Tierra y sus recursos naturales no pueden sostener las necesidades crecientes de producción y consumo de la sociedad industrializada moderna. Necesitamos un sistema que satisfaga las necesidades de la mayoría y no de unos pocos.  Necesitamos una redistribución de la riqueza que ahora está en manos del 1% de la población.  Así mismo, requerimos una nueva definición de lo que significa “bienestar” y “prosperidad” para todos los seres humanos en el marco de los límites de la Madre Tierra.
Aunque continuará la pelea en las negociaciones internacionales de las Naciones Unidas sobre cambio climático, las batallas más importantes tendrá lugar fuera de este escenario, en los lugares donde hay luchas contra los combustibles fósiles, la agricultura industrializada, la deforestación, la contaminación industrial, los mercados del carbono y los proyectos REDD, todo ellos causantes de un mayor acaparamiento de tierras y agua, y de desplazamientos forzados de personas por todo el planeta.
Estados Unidos, Europa, Japón, Rusia y otros países industrializados -como principales emisores históricos- deben efectuar los principales recortes de emisiones de gases de efecto invernadero.  China, India, Brasil, Sudáfrica y otras economías emergentes también deben establecer compromisos de reducción de emisiones basados en el principio de responsabilidad común pero diferenciada.  No aceptamos que so pretexto de “derecho al desarrollo” se promuevan proyectos de consumo insostenible y de destrucción de la naturaleza solamente para  generar ganancias para el 1% de la población.
La lucha por un nuevo sistema es la lucha contra las falsas soluciones climáticas.  Si no las paramos, estas falsas soluciones climáticas afectarán severamente el funcionamiento del sistema de la Tierra dañando gravemente la salud humana, los ecosistemas y la vida.  Por ello rechazamos las soluciones “tecnológicas”, como la geo-ingeniería, los organismos genéticamente modificados, los agro-carburantes y la bioenergía industrial, la biología sintética, la nanotecnología, el fracking (fractura hidráulica), los proyectos nucleares y la incineración de basuras para producir energía.
Nos oponemos igualmente a las propuestas de mercantilización, “financiarización” y privatización de las funciones de la naturaleza a través de la llamada “economía verde”.  Poner un precio a la naturaleza y crear mercados de derivados financieros no generará sino desigualdad y destrucción de la naturaleza.  No podemos dejar el futuro de la naturaleza y la humanidad en manos de los mecanismos de especulación financiera como los “mercados del carbono” y proyectos REDD.  Nos hacemos eco y apoyamos el pedido para que la Unión Europea deje a un lado su Esquema de Mercado de Emisiones.
Los proyectos REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques), al igual que los Mecanismos de Desarrollo Limpio, no son soluciones al cambio climático y por el contrario representan nuevas formas de colonialismo.  En defensa de los Pueblos Indígenas, las comunidades locales y la naturaleza, rechazamos los proyectos REDD y el acaparamiento y destrucción de bosques, tierras cultivables, manglares, algas marinas y océanos que son sumideros de gases invernadero. REDD y su posible expansión a la tierra, denominada “Agricultura Climáticamente Inteligente” (Climate -Smart Agriculture), generará una contra-reforma agraria mundial que privilegiara la “cosecha de carbón” antes que la producción de alimentos.
Debemos vincular las luchas sociales y medioambientales,  hermanar las comunidades urbanas y rurales, combinar las iniciativas locales y globales para unirnos en una lucha común.  Tenemos que construir un movimiento enraizado en la vida cotidiana de las personas y que garantice la democracia en todos los estadios de la sociedad.
Muchas propuestas ya tienen elementos claves para construir nuevos sistemas alternativos. Algunos ejemplos son: el “Vivir Bien”, la defensa de los “comunes”, los derechos de la naturaleza o Madre Tierra, el respeto a territorios indígenas y zonas de preservación comunitaria, la soberanía alimentaria, la “prosperidad sin crecimiento”, la “des-globalización”, el “índice de felicidad”, los derechos y deberes de las generaciones futuras, el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba y otros.
Tod@s nosotr@s tenemos esperanza en un mundo mejor.  Hoy hemos de recoger esa esperanza y traducirla en valor y acciones, porque –junt@s- podemos cambiar el sistema.  Si queremos un futuro para la humanidad necesitamos empezar la lucha ahora.
Abril 2013
Firmado por las organizaciones facilitadoras del Espacio Climático
Alliance of Progressive Labor, Philippines
Alternatives International
ATTAC France
Ecologistas en Acción
Environmental Rights Action, Nigeria
ETC Group
Fairwatch, Italy
Focus on the Global South
Global Campaign to Dismantle Corporate Power and end TNCs’ impunity
Global Forest Coalition
Grassroots Global Justice Alliance
Grupo de Reflexão e Apoio ao Processo do Fórum Social Mundial
Indigenous Environmental Network
La Via Campesina
No-REDD in Africa Network
Migrants Rights International
OilWatch International
Polaris Institute
Transnational Institute