lunes, 17 de abril de 2017

II. La entrega actual de Vía Campesina al progresismo va contra su historia, su paradigma de soberanía alimentaria, su claridad en el enfoque del enemigo común a los diversos de abajo en el planeta y su potencial de protagonizar la emancipación humana del capitalismo.

Introduzcámonos en significados del «progresismo»: seguir delegando la soberanía popular en organismos internacionales que, en verdad,  dominan desde los intereses imperialistas. En este caso pretende el convencimiento popular que  el sistema hecho para las transnacionales puede regularlas o 'suavizarlas' en su saqueo y contaminación ambiental, social. Aún más negando la tiranía o imposición de la derrota abajo en la lucha de clases se esmeran hacer creer que esos oligopolios imperialistas "devuelvan la soberanía y autodeterminación a los estados y a los pueblos, así como el respeto de los principios de multilateralidad y supremacía de los derechos humanos".
 
 
El impacto de la acción de las transnacionales 
para el campesinado
27 de septiembre de 2016

 

"Ni esta declaración ni el importante acervo normativo internacional elaborado sobre los derechos humanos tendrá ninguna eficacia si no se regula de manera vinculante la actividad de las empresas transnacionales y se devuelve la soberanía y autodeterminación a los estados y a los pueblos, así como el respeto de los principios de multilateralidad y supremacía de los derechos humanos."
 
Segunda Sesión OEIGWG – Ginebra, Octubre de 2016 - CETIM - LVC
La Vía Campesina muestra su compromiso con la elaboración con el Tratado Vinculante. Exposición de Federico Pacheco, SAT- Vía Campesina.
La Vía Campesina, como organización internacional de las personas campesinas y trabajadoras rurales en general, viene defendiendo desde hace más de dos décadas la superveniencia de la agricultura y ganadería campesinas en todo el planeta, así como la pesca artesanal, las comunidades indígenas y la sustentabilidad en el uso de los recursos naturales y energéticos.
Venimos sufriendo desde mediados del siglo pasado una progresiva desaparición de las pequeñas explotaciones agrarias en favor de un sistema agroindustrial basado en la producción y comercialización a gran escala, la contaminación de la naturaleza, el derroche energético y el calentamiento climático, así como la explotación laboral de los trabajadores/as. La desarticulación y destrucción del mundo rural trae aparejado desempleo, miseria, hambre, y desplazamientos y emigración forzada en todo el planeta.
El papel de las Empresas Transnacionales ha sido y es determinante en este proceso. Desde la llamada revolución verde, en que los abonos y pesticidas químicos comenzaron a envenenar las tierras, las aguas y a las personas, a la par que producían enormes beneficios a las grandes compañías internacionales, hasta las más de doscientos millones de hectáreas acaparadas en los últimos años por fondos de pensiones y sociedades multinacionales.
Asistimos también a un proceso de concentración imparable en el que muy pocas corporaciones controlan los mercados mundiales de semillas, plaguicidas y agroquímicos entre otros, así como la determinación de los precios. Los Tratados de Libre Comercio han venido a facilitar aún más su accionar al limitar y anular cualquier política pública que perjudique sus intereses. La imposición de la aperturas de fronteras, paraísos fiscales y tribunales de arbitraje, ha supuesto un entramado jurídico-político que garantiza su impunidad y hace imposible lograr reparaciones frente los desastres medioambientales y sociales que producen.
Aún en esta difícil situación constatamos que la mayor parte de la población mundial vive en el medio rural y que es la agricultura campesina, a través de la distribución local, la que provee la mayor parte de los alimentos a la población, generando empleo y protegiendo la biodiversidad. Desde La Vía Campesina y muchas otras organizaciones, venimos apostando por la primacía de los derechos humanos de los pueblos y de las personas, por sobre los intereses y las ganancias de las grandes empresas. En ese sentido estamos impulsando en el marco de las Naciones Unidas la Declaración de Derechos Campesinos a fin de garantizar, defender y promover los derechos a la soberanía alimentaria, el acceso a los recursos naturales y productivos, a los mercados locales, a ingresos y servicios dignos para productores y trabajadores rurales en general.
Sin embargo, ni esta declaración ni el importante acervo normativo internacional elaborado sobre los derechos humanos tendrá ninguna eficacia si no se regula de manera vinculante la actividad de las empresas transnacionales y se devuelve la soberanía y autodeterminación a los estados y a los pueblos, así como el respeto de los principios de multilateralidad y supremacía de los derechos humanos. Los campesinos y campesinas de todo el mundo estamos sufriendo la impunidad de estas empresas ante la privación y contaminación de nuestras semillas, el desapoderamiento de nuestras tierras, la intoxicación de nuestras poblaciones y la criminalización y asesinato de nuestros dirigentes cuando se enfrentan a las mismas , denuncian sus crímenes o exigen reparaciones.
Y esto es así, porque estas corporaciones, con más poder que muchos estados, utilizan eficazmente mecanismos de todo tipo para evitar el cumplimiento de las leyes e incluso de sentencias judiciales de nivel nacional e internacional. Hemos experimentado también cómo los compromisos sociales y ambientales asumidos por estas grandes empresas de manera voluntaria funcionan como un elemento de marketing y lavado de imagen con el objetivo de evitar pérdidas o ampliar mercados y beneficios.
Necesitamos de manera urgente un instrumento, específico para las empresas transnacionales, vinculante y de obligado cumplimiento, que permita a los estados y a las Naciones Unidas de controlarlas, limitarlas y hacerles respetar los derechos humanos. Desde la Vía Campesina alentamos a los estados a retomar el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas y defender los intereses y derechos de sus poblaciones, incluidas las del mundo rural, por sobre las presiones e intereses de las grandes corporaciones.
Fuente: www..biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/El_impacto_de_la_accion_de_las_transnacionales_para_el_campesinado
 
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Avanza el consenso en la ONU sobre tratado vinculante para transnacionales
28 de octubre de 2016
 
Por Sol Trumbo Vila
Alainet
 
 
Durante esta semana tiene lugar en la sede de Naciones Unidas en Ginebra la segunda sesión del Grupo de Trabajo Intergubernamental de Composición Abierta para la elaboración de un instrumento internacional, jurídicamente vinculante, sobre empresas transnacionales (ETNs) y otras empresas de negocios con respecto a los derechos humanos.
Estos trabajos se iniciaron a raíz de la Resolución A/HRC/26/9 de junio de 2014, un logro histórico después de varios intentos fallidos en las últimas cuatro décadas para construir un instrumento jurídico vinculante sobre ETNs en Naciones Unidas.
Un aspecto particular de estas negociaciones, reconocido por los propios Estados participantes, es la fuerte presencia de la sociedad civil, tanto dentro como fuera del Palacio de las Naciones de Ginebra. Siguiendo el éxito del año pasado, la Campaña Global para Desmantelar el Poder Corporativo y Poner fin a la Impunidad (1), una coalición de 200 movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y comunidades afectadas por las ETNs, ha organizado una semana de movilización durante esta semana con un exhaustivo programa de actividades.
Esta Campaña Global no sólo ha sido capaz de movilizar decenas de delgados de todo el mundo que hacen llegar las voces de millones de afectados a la sala plenaria donde se está discutiendo el contenido, alcance, naturaleza y forma del futuro instrumento internacional. Por dos días, la Campaña Global ha tenido su propio espacio de trabajo divulgativo y de planificación estratégica en la Plaza de las Naciones, justo en frente del Palacio de las Naciones Unidas.
 
Esta forma de acción de las luchas contra la impunidad, en Ginebra recoge las experiencias de los Foros Sociales Mundiales y la ocupación de las plazas ocurridas desde el año 2011. La acción directa en el espacio público como práctica política que impide ocultar la problemática social, y la creación de espacios auto-gestionados donde desarrollar proyectos comunes independientes. Gracias a ello se han presentado y discutido trabajos sobre la privatización del agua, la industria militar y la misma democracia; examinar los efectos de la industria extractiva; y cómo trabajar de manera conjunta en el futuro en materia de investigación y comunicación.
 
Sin embargo, los miembros de la Campaña no se han limitado a la acción directa en el espacio público, han presentado conjuntamente 6 propuestas para ser incluidas en el tratado en discusión . Y participan de acciones de incidencia y acción ante las delegaciones oficiales junto con el conjunto de ONGs de la Alianza por el Tratado , de la cual también es parte e impulsó su fundación.
 
Las propuestas inciden desde el marco general el enfoque y alcance del Tratado, hasta mecanismos muy concretos para hacer frente a la impunidad existente. En los primeros días de trabajo, los Estados y panelistas invitados han repasado la adecuación de los instrumentos internacionales existentes. La opinión general de los Estados y actores sociales participantes es que los marcos voluntarios sin obligaciones no son suficientes para hacer frente a las violaciones derechos humanos en las que las ETNs son las principales responsables. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) ha sido un fracaso, como se ha recordado en la sala exponiendo ejemplos paradigmáticos como el de Chevron (antes Texaco) en la Amazonía Ecuatoriana que, entre otros crímenes cometidos durante décadas, han hecho desaparecer a dos pueblos originarios. Otro trágico ejemplo es el desastre de Rana Plaza en Bangladesh, donde resultaron muertas más de mil personas que trabajaban para las mayores transnacionales del sector textil, como la española Zara.
Los modelos de negocio de estas ETNs con complejas cadenas de valor con múltiples subcontrataciones, constatan la necesidad de legislar las obligaciones extraterritoriales de los gobiernos en relación a las ETNs y los derechos humanos, y la responsabilidad solidaria y mancomunada de las ETNs con sus directores y cadenas de valor, dos de las propuestas concretas de la Campaña Global. Uno de los caballos de batalla de aquellos que se oponen a los instrumentos vinculantes son los Principios Guía de Ruggie, aprobados por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2011 y en proceso de implementación. Estos principios han sido tan cuestionados como la RSC en Ginebra, al evidenciarse la falta de acceso a la justicia de comunidades afectadas por violaciones cometidas por ETNs que no implementan voluntariamente medidas efectivas. Frente a ello, la Campaña Global propone la creación de un Tribunal Internacional sobre ETNs y derechos humanos.
 La necesidad de tomar en consideración el rol de Instituciones Financieras Internacionales (como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial) no escapa a las propuestas y el análisis de la Campaña Global. El rol de estas instituciones en la financiación de grandes proyectos llevados a cabo en su gran mayoría por ETNs merece una consideración especial, y se propone que estén obligadas a asegurar que los proyectos financiados respeten los derechos humanos, y de no ser así, puedan ser juzgadas de acuerdo a los términos del nuevo tratado.
En las últimas décadas, la actuación de las ETNs ha venido de la mano de un incremento sin precedentes de la firma de Tratados de Libre Comercio y Tratados Bilaterales de Inversión. El mensaje de la Campaña Global es claro, los derechos humanos deben primar sobre los derechos comerciales, conocidos como Lex Mercatoria. Uno de los momentos que ha evidenciado la desconexión con la realidad o falta de argumentos de los opositores al nuevo tratado vino de la mano del representante de los negocios internacionales de empresas estadounidenses, afirmando que los Tratados de Libre Comercio son "una forma de protección de los derechos humanos".
 
Aunque falta varios días para finalizar la sesión, la presencia de más Estados que el año anterior augura un buen futuro a este proceso. No llama la atención la ausencia de estados relevantes como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, cuyo compromiso con opciones que no obliguen a sus transnacionales les impide participar, a pesar de que habría espacio para que se unan al proceso. La entrada de la Unión Europa, aunque presenta grandes reservas y reitera la necesidad de involucrar a los actores empresariales, es también positiva. Especialmente cuando los pueblos afectados por las ETNs, organizados para este proceso, están demostrando su capacidad de marcar la agenda del nuevo Tratado. 
Nota:
Sol Trumbo Vila es investigador en el Transnational Institute (TNI) y activista en varias redes internacionales como la “Campaña global para desmantelar el poder corporativo y poner fin a la impunidad".

I. La entrega actual de Vía Campesina al progresismo va contra su historia, su paradigma de soberanía alimentaria, su claridad en el enfoque del enemigo común a los diversos de abajo en el planeta y su potencial de protagonizar la emancipación humana del capitalismo.

Introduzcámonos en significados del «progresismo».El esencial convoca a seguir delegando la soberanía popular en una institución sumamente potentada, jerárquica y manipuladora que es fundamental para el capitalismo. Sobre todo, trata de suscitar la confianza popular en diálogos con los opresores eludiendo la realidad concreta de maximización de la violencia implícita en el sistema: constante aumento de la explotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza, de la desigualdad nacional e internacional, de las migraciones hacia el exterior y las grandes ciudades, del narcotráfico y de la trata de personas, etc.
 

Encuentro con el Papa Francisco en Roma:

Presentación de la Vía Campesina en

el Encuentro Mundial de Movimientos Populares

28 de octubre de 2014 
Saludamos y celebramos esta oportunidad de diálogo por la inclusión social entre los movimientos populares, el Pontificio Consejo Justicia y Paz, el Papa Francisco y los Obispos aquí presentes. Esperamos contribuir y cooperar en pos de hacer realidad en todo momento y lugar los principios de dignidad de la persona humana, del bien común y de la solidaridad.
 Las y los campesinos del mundo somos pueblos, comunidades, organizaciones y familias altamente diversas. Representamos distintas culturas, visiones de mundo, formas de trabajo, visiones y convicciones políticas y religiosas, pero nos unen nuestros sueños y nuestras luchas por seguir siendo mujeres y hombres del campo y por seguir existiendo como pueblos originarios, agricultores, criadores, recolectores, pastores, pescadores.
Nos enorgullecemos de ser lo que somos, no queremos migrar forzadamente a las ciudades o al extranjero. Queremos seguir cumpliendo nuestro papel fundamental: alimentar a la humanidad con nuestro trabajo, nuestros saberes y nuestros bienes naturales, asegurando que el derecho a la alimentación se cumpla para todos y todas sin excepción, y que la Madre Tierra sea cuidada mientras de ella obtenemos el sustento.
En este caminar y batallar, reconocemos la influencia de la Iglesia Católica y los esfuerzos de sectores importantes de ella por acompañar a los sectores populares.
 
Somos la inmensa mayoría de quienes trabajamos y vivimos en el campo y casi la mitad de toda la humanidad, pero accedemos a menos de un cuarto de toda la tierra, luego de siglos de despojo creciente y violento. Con la poca tierra que aún logramos mantener, producimos la mayor parte de los alimentos en el mundo.
 
Sin embargo, la concentración de la tierra en manos de los capitales y la especulación continúa, aumentando su violencia en la medida que resistimos.
 
Este despojo y acaparamiento de la tierra y los territorios, el agua, los recursos naturales y hasta el aire, han sido las consecuencias del avance sin freno del capital sobre el campo y sobre los trabajadores rurales. Los Estados y Organismos Internacionales, incluso las propias Iglesias, han ido cediendo a las presiones y aceptando que se les despoje de sus poderes, deberes y funciones de proteger y defender el bien común.
 
Estamos así atrapados en un mundo dominado por el capital y las lógicas de mercado. La expansión del agronegocio y los monocultivos, el uso cada vez mayor de los agrotóxicos, la explotación del trabajo, la eliminación alarmante de fuentes de trabajo, la concentración cada vez mayor de los mercados y el secuestro de la ciencia y la tecnología para ponerla al servicio del capital, son procesos que se impulsan desde las esferas del poder como una realidad incuestionable.
 
Las consecuencias son claras. A la contaminación y el deterioro de nuestro entorno, se suma el aumento de la desigualdad y el número de personas hambrientas, obesas y enfermas. El agronegocio no busca alimentarnos, sino aumentar sus ganancias. Las enfermedades son parte importante de su negocio: las mismas transnacionales que nos enferman nos venden luego los fármacos que no nos curan, pero nos mantienen funcionando.
 
Los problemas que sufrimos en el campo tienen un impacto fuerte en la ciudad. La migración deteriora la vida de todos, la pérdida de los valores y la cultura. El abandono de nuestros sistemas alimentarios nos va enfermando y quitando el sentido de comunidad. La inseguridad laboral y de fuentes de ingreso se combinan con el endeudamiento y el consumismo, lo que va rompiendo lazos de solidaridad y reciprocidad, despojándonos de la conciencia social. Aumenta la violencia doméstica e institucional, vemos cómo la droga se abre paso mientras las autoridades se niegan a ver a los verdaderos traficantes y criminalizan a la población. El respeto a los derechos sociales y económicos se ha transformado en asistencialismo, con políticas y programas que sólo buscan compensar algunos impactos, pero no nos permiten avanzar en una senda liberadora.
 
Queremos enfatizar que no dejamos la tierra de manera voluntaria. La mayoría de nosotros y nosotras recurrimos a diversos trabajos y generamos múltiples estrategias de sobrevivencia por mantenernos en la tierra. Esa tenacidad es lo que las autoridades llaman la “multifuncionalidad” o nos señalan como trabajadoras “polivalentes”, como si fuera un título importante o algo deseado.
 
Las verdaderas causas que nos obligan a emigrar y dejar la tierra están en la falta de adecuadas políticas agrarias y de programas acordes con las necesidades de la agricultura campesina y de nuestras prácticas productivas para la alimentación de los pueblos.
 
Todo esto contrasta con el apoyo amplio de la mayoría de los gobiernos y los organismos internacionales al gran capital, permitiendo el estrangulamiento económico, el arrinconamiento físico, el abuso cada vez mayor por parte de las grandes empresas que van despojando de los derechos laborales a las y los trabajadores y conformando nuevos enclaves de trabajo esclavo.
 
A eso se suman las trabas cada vez mayores que nos van imponiendo para comercializar nuestra producción de manera justa, el no reconocimiento de nuestros derechos sobre la tierra, el agua, los bosques, el desprecio de nuestros conocimientos y culturas,  en fin, el despojo de nuestra propia identidad.
 
Es extremadamente grave el ataque que hoy sufren nuestras semillas. Hace ya más de doce años que levantamos una campaña mundial por su defensa, por defender nuestras prácticas milenarias de cuidarlas, mejorarlas, cultivarlas e intercambiarlas. Son prácticas que con el paso de los siglos se han constituido en derechos fundamentales y sagrados los pueblos indígenas, y para los hombres y mujeres del campo.
 
Este ataque, dirigido por las mayores transnacionales del mundo, encabezadas por Monsanto, es apoyado o avalado por la mayoría de los gobiernos y organismos internacionales que sucumben ante sus presiones y amenazas.
 
Estamos en un momento crítico, en que necesitamos juntar fuerzas con los más amplios sectores para que nuestra resistencia logre evitar que las leyes conviertan en un crimen nuestras prácticas de cuidado e intercambio que hicieron posible la creación y expansión de la agricultura.
 
La ciencia al servicio del capital no solo pone en peligro nuestras semillas y cultivos, también la vida de la Madre Tierra. La ingeniería genética en sus muchas formas y los organismos transgénicos son un ataque a la sacralidad de la vida por parte de empresas que juegan a ser dioses con el único fin de maximizar sus ganancias y dominar el mundo.
 
Bajo falsas promesas de mayor productividad, a pesar que las pruebas indican lo contrario, las empresas con la ayuda de muchos gobiernos están imponiendo los organismos y cultivos transgénicos, que contaminan nuestros suelos, nuestros cultivos, nuestros alimentos y nuestros cuerpos.
 
Mientras resistimos, conservando y cuidando nuestras propias semillas, las transnacionales de los agronegocios presionan a los gobiernos del mundo para que acepten las semillas Terminator, semillas desnaturalizadas que no pueden vivir si no reciben sustancias químicas que nos venderán las mismas empresas.
 
También hay complicidad entre empresas y muchos gobiernos cuando buscan imponer como solución la mal llamada agricultura climáticamente inteligente, que profundiza la destrucción ambiental, aumenta la concentración y control de las transnacionales, y agrava los ataques a nuestra autonomía y todos los procesos que nos expulsan de la tierra.
 
La ciencia ha sido censurada para que no investigue seriamente y de verdad los efectos de los transgénicos a corto y largo plazo. Así, las y los científicos honestos no puedan dar la voz de alarma sobre lo que efectivamente está ocurriendo.
 
Visto de esta manera nos atrevemos afirmar que estamos frente a un proceso de destrucción masiva de las distintas formas de vida -incluida la nuestra- donde no se permite que la ciencia real haga su trabajo de ir descubriendo lo que ocurre y alertando al respecto.
 
Las comunidades y las familias rurales que tienen la desgracia de quedar encerradas en un mar de cultivos transgénicos sufren graves daños en su salud con tasas alarmantes de cáncer, abortos espontáneos en las trabajadoras y nacimientos de niños con deformaciones congénitas, condenados a morir.
 
Las intoxicaciones masivas conllevan pérdidas de vida y no sólo de la vida humana. También nuestros animales se afectan, las aves se enferman y mueren por los agrotóxicos, la tierra y las fuentes de agua son agotadas o contaminadas. Lo cierto es que, por sobre todo, los cultivos transgénicos producen hambre y pobreza, ya que nos expulsan y su fin primordial es producir materias primas industriales, no alimentar a las personas.
 
Nuestras tierras y territorios así como nuestros bosques y nuestras aguas están siendo arrasadas igualmente por la minería y los mega-proyectos
 
En muchos países sufrimos las consecuencias de las guerras declaradas y no declaradas por las fuerzas armadas regulares, los paramilitares o los narcotraficantes, cuyo fin es oprimirnos, mantener la industria bélica y otros negocios de los grandes capitales. Para esto, criminalizan nuestras luchas y cada día sufrimos la muerte, encarcelamiento y el montaje de juicios contra las y los dirigentes líderes y militantes.
 
Las situaciones son graves, alarmantes e indignantes, como por ejemplo en Afganistán, África Occidental, Colombia, Guatemala Honduras, Kurdistán, Paraguay, México, Palestina, Siria, Sudán, sólo por nombrar algunos de los casos más dramáticos y serios.
 
A pesar de todo lo señalado, seguimos resistiendo aferradas y aferrados a la tierra para mantenernos en el campo y defender su función social, que es “Alimentar a los pueblos.”
 
Estamos acá, amigos y compañeras y compañeros, porque entendemos que ésta es una lucha difícil y de largo aliento. Somos hombres y mujeres organizados. Somos parte de la Vía Campesina, un movimiento amplio, con presencia mundial donde defendemos el derecho y el sueño a seguir siendo campesinos y pueblos del campo, donde luchamos por el buen vivir de todas y todos. Somos un movimiento que ha logrado elaborar propuestas de vida, trabajo y convivencia digna entre todos y todas.
 
Cuando los gobiernos dijeron que garantizar la seguridad alimentaria se basaba en generar la capacidad para adquirirla, tuvimos la convicción y la sabiduría de afirmar que la alimentación no podía convertirse en un negocio por ser un derecho humano fundamental. Entonces proclamamos la Soberanía Alimentaria, como un derecho fundamental de los pueblos a definir, desarrollar y mantener  la agricultura campesina y sus sistemas de alimentación.
 
La fuerza y justeza de nuestro planteamiento radica en que junto a un gran número de otros movimientos y redes sociales, fuimos llenándolo de contenido hasta concluir que la Soberanía Alimentaria es un principio de vida que se sostiene, se defiende y no se negocia.
 
La Soberanía Alimentaria comprende nuestro derecho a la tierra y los territorios, al agua, a nuestras semillas y nuestro ganado, a los bienes naturales, a nuestras formas culturales de producir y cuidarlos.
 
La soberanía alimentaria da prioridad a las economías y a los mercados locales y nacionales para asegurar que nuestro trabajo sea compensado de manera justa y nos permita vivir dignamente.
 
La soberanía alimentaria exige nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades, y la libertad para ejercer nuestro trabajo, para vivir dignamente y permitir la vida digna del resto de la humanidad.
 
Luchamos por dejar detrás todos los prejuicios discriminatorios y sexistas para avanzar hacia una nueva visión del mundo, construida sobre los principios de respeto, de igualdad, de justicia, de solidaridad, de paz y de libertad. Asumimos que la lucha por erradicar la violencia en el campo y en particular la violencia que sufren las mujeres y la igualdad entre los sexos es primordial. Ya no queremos soportar la opresión de sociedades tradicionales, ni de las sociedades modernas, que sostienen los sistemas patriarcales.
 
Esperamos de este encuentro herramientas importantes para avanzar en nuestras luchas y en la solidaridad entre todas las luchas populares: quisiéramos que este diálogo permita sensibilizar a los miembros de los movimientos populares y de la Iglesia Católica frente a los problemas específicos que enfrentamos.
 
Buscamos esto convencidas y convencidos que la permanencia de la agricultura campesina y de los pueblos indígenas, junto a las otras formas populares de pesca, recolección, crianza animal y caza son la única garantía real de acabar con el hambre, la mala alimentación y el deterioro ambiental tanto en el campo con la ciudad.
 
El año que está terminando fue declarado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultura Familiar. Las organizaciones del campo abogamos por que a esta definición había que ponerle nombre y apellido, por tanto lo declaramos el Año Internacional de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena.
 
Pero también señalamos que frente a la situación en que se desenvuelve nuestra agricultura, no bastaba un año, pues no sólo vivimos y nos desarrollamos de halagos, reconocimientos vacíos o de buenas intenciones. Lo que requerimos son políticas públicas basadas en el bien común y en el buen vivir de la gente.
 
Requerimos pueblos soberanos para garantizar Soberanía Alimentaria a la humanidad. La alimentación no puede ni debe ser un negocio; es un derecho humano que los Estados deben garantizar y por tanto deben proteger sus agriculturas y a quienes continuamos en esta sagrada labor de producir los alimentos para los pueblos. Por tanto, aquí se requiere más de un año para volver las aguas a sus cauces.
 
Por eso clamamos ¡Soberanía alimentaria ya!
 
No podemos continuar aceptando lo mil millones de hambrientos, ni un millón, ni cien mil, ni un hambriento más en el mundo, como si esto fuera una causa natural. Los pueblos con hambre y que no producen su propia comida son pueblos atrapados en la sobrevivencia, que no puede pensar y decidir libremente, no pueden ser independientes, no pueden resistir ni proyectarse a futuro, no pueden ser libres ni soberanos.
 
Nos parecería importante un pronunciamiento de la Iglesia y los movimientos populares que ponga la defensa de la alimentación y por ende de la agricultura campesina e indígena, en el centro de las luchas sociales.
 
No podemos subordinar el bienestar de todas y todos los trabajadores a las pretensiones de acumulación de capital.
 
Queremos explicar a todas y todos el porqué de nuestras luchas específicas:
 
Luchamos por una reforma agraria integral y popular, porque sin tierra y sin territorios no somos pueblos, no somos libres ni somos dignos y esta es no solo una lucha de las y los campesinos.
 
Luchamos por el fin del agronegocio. Creemos que la sociedad debe limitar las pretensiones de lucro cuando eso impide la dignidad humana, el buen vivir y el cuidado de la naturaleza, poniendo en peligro el futuro de todas y todos.
 
Por las mismas razones, luchamos por el fin de los tratados de libre comercio en la agricultura.
 
Luchamos por recuperar y fortalecer nuestras formas de hacer agricultura campesina e indígena de base agroecológica. Solo así podemos asegurar la alimentación para cada persona mientras simultáneamente cuidamos la Madre Tierra y revertimos las causas del calentamiento global.
 
Luchamos por el fin de los cultivos transgénicos en todas sus formas, porque no aportan al bienestar de nadie, porque desde nuestros saberes tenemos alternativas muy superiores.
 
Luchamos porque la dignidad, la justicia, la paz, la libertad, el bienestar, el respeto y el aprecio sea para todas y todos, luchamos por la igualdad entre los sexos, que incluye la valorización del papel de las mujeres en la agricultura y la alimentación, su aporte económico al sostenimiento de las familias y en la construcción cultural y espiritual
 
Luchamos por poner fin a la violencia doméstica e institucional y por el derecho a la autodeterminación.
 
Porque no hay vida si no hay futuro, luchamos porque haya condiciones para que nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas, sus nietos y nietas, tengan la posibilidad real de permanecer en el campo y saber que tendrán una vida digna para ellas y ellos, y para las futuras generaciones.
 
Ofrecemos en reciprocidad nuestro esfuerzo y compromiso por comprender en profundidad los problemas específicos del conjunto de los movimientos sociales, de sus resistencias, y unirnos para impulsar nuestras luchas comunes.
 
Del mismo modo, nos esforzaremos por comprender las particularidades de las preocupaciones y los compromisos de la Iglesia Católica.
 
Nos comprometemos a participar en estos días y en el futuro en la búsqueda de tareas y esfuerzos comunes, a desplegar nuestra solidaridad de manera más cotidiana y a juntar fuerzas en la búsqueda de la dignidad, la justicia, la paz y el buen vivir.
 
¡Globalicemos la lucha! ¡Globalicemos la esperanza!
 
Roma, 27-29 octubre 2014
– Francisca Rodríguez, en representación de La Vía Campesina.
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Movimientos sociales en el Vaticano

El Papa Francisco, 

un "santo" pivote de contención
10 de noviembre de 2016

El sábado 5 concluyó el Tercer Encuentro Mundial de Movimientos Sociales en Roma auspiciado por Bergoglio, quien se convirtió durante el último año en un eje articulador para un sector del campo popular. ¿Qué perspectivas tiene este acercamiento?
Por Izquierda Revolucionaria
De la delegación argentina al Vaticano participaron la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), orientada por el Movimiento Evita, la agrupación Libres del Sur y la organización Patria Grande, quienes desde la asunción de Macri han ensayado una integración creciente al kirchnerismo y, ahora, al Vaticano.

El Encuentro tuvo como eje discutir una "verdadera democracia con participación popular" en línea con el planteo por poner en pie "una nueva mayoría" para derrotar electoralmente a la derecha que viene esgrimiendo un sector del peronismo. Sin duda, no es casualidad que este debate haya tenido lugar en el Vaticano.

El Papa Francisco, ex Guardia de Hierro en su juventud, viene interviniendo crecientemente en la vida política nacional. Son coincidentes los análisis que indican una diferenciación de Bergoglio con el programa liberal que encarna Mauricio Macri,
sin embargo esas diferencias no se orientan a un cuestionamiento sino a "construir en el diálogo".

En ese marco se ubica, por ejemplo, la decisión de la CGT de "dialogar" con el macrismo y enterrar cualquier posibilidad de un paro general por un bono miserable (y ni siquiera obligatorio a pagar), ahora cambiado por una movilización conjunta con la CTEP para el 18 de noviembre. Poco después de ese anuncio, Macri se reunió por segunda vez con el Papa en Roma.
Por lo pronto, la política "dialoguista" del Movimiento Evita y la CTEP parecen rendir sus frutos. Triaca otorgó la personería a la CTEP, algo que no había logrado bajo la gestión de Tomada, además de beneficiarlos con la entrega discrecional de millonarios recursos para sus programas de cooperativas, que son recortados a la mayoría de los movimientos sociales.

Siendo estrictos, los resultados entonces del "diálogo" tan pregonado por el papa, han sido uno bono indicativo y beneficios parciales para la CTEP contra cientos de miles de despidos y un cepo a la reapertura de paritarias para todo el movimiento obrero.

Esto mientras, retomando la perspectiva del Vaticano, Vidal rechazó la reglamentación del protocolo para abortos no punibles en suelo bonaerense, lo que implica un ataque para el movimiento de mujeres y en particular para las mujeres pobres de la provincia.

Qué resistencia y unidad

Nos preguntamos, entonces: ¿es beneficiosa esta táctica de subordinar las luchas al "diálogo" y a la "unidad"? La mayoría de las organizaciones populares que se alinean detrás el discurso del Papa, desde distintos posicionamientos, sostienen que, en esta etapa de resistencia contra la derecha, es necesario articular la más amplia unidad política y que a ese objetivo debe subordinarse la movilización popular.

Sin embargo, por tomar el ejemplo más claro, la "unidad" de la CGT no sirvió para conquistar ninguna de las reivindicaciones más sentidas por las clases populares. Por otra parte, algunos de los espacios políticos con las que está alineada la conducción de la CGT como el Frente Renovador, por caso, e incluso una parte del FPV ha votado proyectos claves al macrismo como el pago a los fondos buitres. Del mismo modo, la "unidad" con el Vaticano opera como un bloque al poderoso movimiento feminista que se desarrolla en el país y que enfrenta a esa institución patriarcal, reaccionaria y machista como es la Iglesia que oprime la vida de las mujeres y los géneros disidentes.

Somos defensores acérrimos de la unidad de acción contra la derecha en las calles y respetuosos de experiencias históricas como los curas tercermundistas, pero no compartimos la orientación de quienes en esta etapa se ubican bajo el alero del Papa y su estrategia dialoguista. Por el contrario, entendemos que lo fundamental es convertir cada lucha en un bastión en la pelea contra el ajuste que debe ser derrotado con la movilización popular. Asimismo, consideramos una tarea necesaria clarificar frente a la vanguardia y el pueblo trabajador en general el papel de Francisco en la contención a las luchas y como cabeza del ataque a los derechos de las mujeres y otras identidades no hegemónicas.

El cuestionamiento a la actual conducción progresista de Vía Campesina no implica desconocer su gran importancia para los cambios radicales de sociedad y de mundo.

Crisis y soberanía alimentaria:
Vía Campesina y el tiempo de una idea
Publicado el Jueves, 14 Mayo 2009
 
 
Por Luis Hernández Navarro y Annette Aurélie Desmarais 

No hay nada más poderoso que una idea a la que llegado su tiempo, escribió el novelista francés Víctor Hugo. En la era de la la crisis alimentaria mundial más grave en décadas, le llegó su tiempo al concepto de soberanía alimentaria.
Puesta en el centro del debate político rural por Vía Campesina desde 1996, esta propuesta programática para el campo y las políticas comerciales se ha convertido, en poco tiempo, en un formidable instrumento de acción para enfrentar la hambruna y la montaña rusa de los precios agrícolas. Una propuesta que, al menos, ha tenido que ser escuchada y evaluada por estados y por organismos internacionales. El quinto congreso internacional de Vía Campesina, celebrado en Maputo, Mozambique, entre el 16 y 23 se octubre, fue el escenario para analizar a profundidad el origen, naturaleza y repercusiones de la actual crisis alimentaria mundial, su relación con la crisis financiera, y para mostrarle al mundo el porqué la propuesta de soberanía alimentaria como la alternativa es no sólo viable sino necesaria.
Diamantino Nhampossa, dirigente de la Unión de Campesinos de Mozambique, resumió esta conclusión a la que los participantes del evento llegaron. “La causa de la crisis alimentaria que tenemos -dijo- es el modelo neoliberal y el capitalismo. No se pueden encontrar la solución a este problema dentro del mismo modelo. Como solución, nosotros proponemos el modelo de la soberanía alimentaria que promueve la agricultura familiar.” (Conferencia de Prensa, Maputo, Mozambique, 23 de octubre de 2008).

*Vía Campesina*

Vía Campesina es un movimiento internacional que agrupa organizaciones de campesinos, pequeños productores rurales, mujeres del campo, trabajadores agrícolas y comunidades agrarias indígenas. Participan tanto campesinos del sur como agricultores familiares del norte. En sus filas convergen asociaciones promovidas por antiguos partidos comunistas o socialistas, confederaciones libertarias, grupos cooperativistas e iniciativas ecologistas Desde su creación no ha dejado de cobrar impulso y es quizás el movimiento social rural internacional más significativo.

El origen de Vía Campesina se remonta a abril de 1992, cuando varios líderes campesinos de America Central, de Norteamérica y de Europa se reunieron en Managua, Nicaragua, en el congreso de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG). En mayo de 1993 celebraron su primera conferencia en la ciudad de Mons, Bélgica. Siete meses después organizaron una manifestación de 5 mil personas en las calles de Ginebra para protestar contra el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT).
La convergencia fue posible porque estaba entonces a punto de firmarse la ronda Uruguay y diversos líderes rurales de varios países, muchos de los cuales se habían encontrado en reuniones internacionales, coincidieron en su rechazo explícito al modelo neoliberal y en su negativa a ser excluidos de la definición de políticas agrícolas. Estaban de acuerdo también en que los enemigos a vencer eran la globalización neoliberal y las grandes trasnacionales de la industria alimentaria.

La meta principal del movimiento internacional consiste en impulsar la solidaridad y la unidad en la diversidad entre organizaciones de pequeños agricultores, para promover relaciones económicas basadas en la igualdad y la justicia social, la preservación de la tierra, la soberanía alimentaria y la producción agrícola sostenible.

En esas experiencias los líderes campesinos descubrieron que tenían mucho terreno en común. En todos lados la modernización (léase industrialización) y liberalización de la agricultura -impuestas mediante programas de ajuste estructural y acuerdos de libre comercio- conducían a una aguda crisis agrícola, a mayor degradación del ambiente, creciente disparidad y mayor empobrecimiento del campo, así como a la consolidación y concentración de las corporaciones agroempresariales. Campesinos, pequeños productores y comunidades rurales enteras desaparecían en tanto el cultivo de alimentos dejaba de ser medio de vida viable. Los líderes entendieron que más liberalización no era la solución.

Vía Campesina se agrupó en torno a objetivos comunes: rechazo explícito del modelo neoliberal de desarrollo rural y una abierta negativa a ser excluida del desarrollo de políticas agrícolas, así como una firme decisión de trabajar en unidad para dar fuerza a una voz campesina y establecer un modelo alternativo de agricultura.
Consolidó la unidad y la solidaridad llamando al enemigo por su nombre: los agentes de la globalización económica y la corporativización de la agricultura.

Vía Campesina, pues, no propicia un conflicto entre campesinos del sur y granjeros del norte, sino que promueve la lucha entre dos modelos divergentes y opuestos de desarrollo económico y social. Por un lado, un modelo globalizado y neoliberal, impulsado por los grandes consorcios, en el que la agricultura se ve exclusivamente como forma de obtener ganancias y los recursos se concentran cada vez más en manos de la agroindustria. Por el otro, Vía Campesina vislumbra un mundo rural más humano, basado en el redescubrimiento de una "ética del desarrollo" que dimana de la "cultura productiva" y la "vocación productiva" de las familias del campo. La agricultura es impulsada por los labriegos, se basa en la producción campesina, utiliza recursos locales y se orienta al mercado interno.


Su objetivo primordial es construir modelos alternativos de agricultura y enfoca su actuación en la soberanía alimentaria y el comercio agrícola, la reforma agraria, los derechos de los trabajadores migratorios y los jornaleros agrícolas; el género, la biodiversidad y los recursos genéticos, los derechos humanos y los derechos de los campesinos, así como una agricultura sustentable basada en el productor.

Un número cada vez mayor de instituciones internacionales, como el Banco Mundial (BM), la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), la Comisión de Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable y el Foro Global de Investigación Agrícola reconocen ahora la creciente visibilidad de Vía Campesina como la voz global de los campesinos y los pequeños productores.
Sin embargo, para ella la participación en encuentros patrocinados por dichas organizaciones es un asunto riesgoso, pues a menudo se utiliza para legitimar políticas y programas existentes.

Nacida de la tenaz decisión de los campesinos de seguir siendo campesinos, la organización se ha transformado en unos de los más relevantes actores del archipiélago altermundista. Resistente a una modernización que quiere prescindir de sus integrantes, se ha convertido en promotora de una modernización donde quepan todos.


*Reserva de futuro*

Pocos movimientos sociales en el mundo han alcanzado en los últimos años la consolidación, el crecimiento y el impacto que Vía Campesina ha conquistado. Desde su fundación se han adherido a sus filas más de 132 de organizaciones de pequeños productores rurales y trabajadores agrícolas en más de 60 países.

En una época en que los sindicatos obreros han perdido la relevancia que disfrutaron a lo largo de casi todo el siglo XX, en que la vitalidad que caracterizó a los movimientos de pobres urbanos a partir de 1970 disminuyó, en que los movimientos indígenas no han podido articular una convergencia internacional significativa más allá de la lucha por la declaración de su derechos en el marco del sistema de la Organización de las Naciones Unidas, Vía Campesina ha logrado desatar un proceso de construcción de fuerzas propias muy relevante.

Es una era en que el neoliberalismo fue la ideología dominante y casi cualquier idea de emancipación se veía como una rémora del pasado, la internacional rural logró resistir el despojo de las grandes trasnacionales agroalimentarias, comenzar a cambiar la correlación de fuerzas a favor de los campesinos pobres y mantener viva la idea de que otro orden social más justo es necesario. Ubicada desde un primer momento en la primera línea de lucha contra el neoliberalismo, su proyecto es hoy marcadamente anticapitalista.

Vía Campesina es un movimiento internacional de pequeños productores familiares rurales que defiende la economía campesina, la soberanía alimentaria, los mercados locales de alimentos, el enfriamiento del planeta y la agricultura ecológica.

En pocos años logró poner lo rural en el centro de la agenda política internacional. Muchas de sus propuestas se adelantaron a su tiempo. La actual crisis mundial ha hecho evidente que sus señalamientos, vistos originalmente como utópicos, son viables.

Su propuesta ha mostrado fehacientemente la insensatez del modelo de agricultura industrializado, basado en el uso intensivo de los recursos naturales, en el petróleo y sus derivados. Sus acciones han sido de gran importancia para evitar la aprobación de la Ronda de Doha e impedir que se meta a la agricultura a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sus afiliados participaron activamente en la exitosa lucha contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

En el camino, Vía Campesina ha elaborado un rico y sofisticado análisis de la situación rural y una propuesta de acción viable. Su programa se enriquece con el paso de los años. Sus reclamos principales ganan paulatinamente presencia y prestigio en otros sectores sociales, en organismos multinacionales, e incluso en gobiernos. El concepto de soberanía alimentaria forma ya parte de las constituciones de Venezuela y Nepal, y, muy próximamente, de Bolivia.

Sus movilizaciones en contra de las semillas transgénicas y la tecnología Terminator han sido de gran relevancia. Su presión contra el programa del Banco Mundial para la reforma agraria con criterios de mercado la ha deslegitimado.

Vía Campesina ha logrado que en las instituciones internacionales que tratan asuntos rurales se escuche a los hombres y mujeres del campo. Donde antes organizaciones no gubernamentales, funcionarios públicos, profesionales agrícolas o intelectuales hablaban en nombre de los labriegos, ahora se escucha la voz de los de abajo.

Vía Campesina es una organización inusual. Su estilo de conducción es austero y sencillo, alejado de los privilegios que tienen los “señores de la pobreza” de las grandes fundaciones para la cooperación internacional. En sus congresos y reuniones sus dirigentes hacen cola para comer, al igual que el resto de los delegados. No disponen de comedores reservados. Descansan en los dormitorios comunes y no tienen salones VIP para despachar. Vuelan en clase económica y, cuando hay recursos para trasladar a delegados, los destinan a financiar los pasajes de las mujeres.

En Vía Campesina conviven distintas culturas políticas y organizativas de manera creativa. La que proviene de la descolonización europea en África con su herencia de lucha por la liberación nacional y contra el miedo y la vergüenza. La que busca impactar en las políticas públicas desde una tradición ciudadana y reivindica la desobediencia civil en Europa. La de la resistencia, la confrontación social y la ruta hacia el poder en América Latina. La del choque marcial disciplinado y la inmolación ejemplar en Asia. La heredera de las grandes tradiciones populistas rurales, organizadora de campañas y cabildeo legislativo en Estados Unidos y Europa.

Todas esas experiencias organizativas han logrado coexistir sin grandes conflictos, complementarse, aprender unas de las otras y crear un lenguaje común. Los encuentros de Vía Campesina son espacios para forjar nuevas instituciones, relatos, símbolos y mitos compartidos. Son un lugar para nombrar lo intolerable y celebrar lo que une y emancipa.

Sorprende la enorme cantidad de mujeres que participan en la dirección del movimiento internacional y en sus encuentros, inusitado en comparación con la composición de los organismos campesinos que la integran a escala nacional. Ello es resultado, en primer lugar, de la acción misma de las mujeres que integran el movimiento, pero también de una política deliberada de inclusión y promoción.

Vía Campesina se ha dotado de un equipo técnico de un alto nivel profesional. Multilingüe, eficaz, desideologizado, conocedor de su área de responsabilidad, abnegado, que, tiene además, el enorme mérito de no sustituir a la dirección campesina. Su aporte es discreto; su presencia pública, casi invisible.

Vía campesina es hoy una de las principales columnas vertebrales del movimiento altermundista. La prueba viviente de que los campesinos no son un lastre del pasado, sino una reserva para el futuro.


*La primera crisis alimentaria*

Comenzó en México como la guerra de la tortilla en enero de 2007. Se siguió a Italia como la huelga del espagueti nueve meses más tarde. Después se convirtió en alud imparable. Las protestas contra el alza en el precio de los alimentos se sucedieron en Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas, Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal, Camerún y Burkina Faso.

La nueva hambruna se trata de un hecho global. Usualmente la escasez generalizada de alimentos se ha producido en países y regiones localizadas, ante desastres naturales, plagas o guerras. Pero ahora sucedió de manera simultánea en multitud de naciones y varios continentes.

"Nunca se había vivido una crisis como la actual. Y nosotros no la creamos", dice el hondureño Rafael Alegría. "La humanidad está amenazada, pero no por nosotros. Por el contrario, somos quienes garantizamos los alimentos. Ahora, sin embargo, es el capital financiero el que tiene el control de las cosechas. Con ellas especulan. Somos nosotros los llamados a producir la comida que hace falta. Ni los excedentes de la Unión Europea ni de Estados Unidos podrán resolver el problema." (Entrevista, Maputo, Mozambique, 20 de octubre de 2008).

Vía Campesina considera que “el mundo entero está en crisis, una crisis de dimensiones múltiples, una crisis de alimentos, de energía, del clima y de las finanzas (... ) producto del sistema capitalista y del neoliberalismo”. Una crisis que, según el indonesio Henry Saraigh, coordinador general de Vía Campesina,ha provocado el aumento del “nivel de hambre si lo comparamos con la situación de hace diez años. Hay más de 800 millones sufriendo actualmente hambre.” ( Conferencia de prensa....)

Para la organización internacional, la crisis es resultado de la combinación de diversos factores entre los que se encuentran: el aumento en la producción de agrocombustibles; la especulación financiera; la presión del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y posteriormente la Organización Mundial del Comercio (OMC) a los países para disminuir su inversión en la producción alimentaria y su apoyo a los campesinos pequeños agricultores; así como las “políticas destructivas que socavaron las producciones nacionales de alimentos y obligaron a los campesinos producir cultivos comerciales para compañías multinacionales y a comprar sus alimentos de las mismas multinacionales (o a otras…) en el mercado mundial”. (Una respuesta a la Crisis Global de los Alimentos, * ¡Los/as campesinos/as y pequeños agricultores pueden alimentar al mundo!, * 2 de mayo de 2008)

De acuerdo con Rafael Alegría, de Honduras, integrante de la comisión coordinadora internacional (CCI) de Vía Campesina por parte de Centroamérica: “los altísimos precios que en los últimos años están sufriendo productos como el maíz, los frijoles, la soya, los de consumo popular, se deben a una gran especulación del capital y de las compañías trasnacionales que controlan los mercados. Y al abandono, desde hace más de 20 años, de políticas públicas agrícolas que impuso el modelo neoliberal que destruyó la economía campesina, desarticuló los sistemas financieros. Los estados se desentendieron de la agricultura y prácticamente hubo una desarticulación total de la mediana y pequeña agricultura. Ahora se están viviendo las consecuencias de que los pequeños y medianos agricultores fueron abandonados y sustituidos por empresas trasnacionales.” (Entrevista , Maputo, Mozambique, 22 de octubre de 2008).

Según Joan Pedro Stedile, dirigente del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la ofensiva del capital financiero internacional por el control de la agricultura puede resumirse en cinco puntos.
  • Primero, por conducto de sus excedentes de capital financiero; los bancos pasaron a comprar acciones de centenares de empresas que actuaban en diferentes sectores relacionados con la agricultura. Y a partir del control de la mayor parte de las acciones, promovieron un proceso de concentración monopólica.
  • Segundo, mediante la / dolarización / de la economía mundial. Esto permitió que las trasnacionales se aprovecharan de las tasas de cambio favorables y entraran en las economías nacionales comprando fácilmente a las empresas locales dominando así los mercados productores y el comercio de los productos agrícolas.
  • Tercero, utilizando las reglas impuestas por organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los acuerdos multilaterales, que normalizaron el comercio de productos agrícolas según los intereses de las grandes empresas, y obligaron a los gobiernos serviles a la liberalización del comercio de estos productos.
     
  • Cuarto, gracias el crédito bancario. La producción agrícola, cada vez más dependiente de insumos industriales, quedó a merced de la utilización de créditos bancarios para financiar la producción. Y éstos financiaron la implantación y el dominio de la agricultura industrial en todo el mundo.
  • Finalmente, en la mayoría de los países los gobiernos abandonaron las políticas públicas de protección del mercado agrícola y de la economía campesina.
La organización sacó importantes lecciones de la crisis. La primera es que el mercado desregulado no solucionará el problema, sino, por el contrario, la agravará. La segunda es que los campesinos y los pequeños agricultores no se benefician con los altos precios, a diferencia de los especuladores y los comerciantes en gran escala. La tercera es que los

trabajadores agrícolas y quienes en el mundo rural no tienen acceso a la tierra, han sufrido enormemente el aumento en los precios de la comida. Lo mismo ha sucedido con los consumidores urbanos pobres. La cuarta y última lección es que el libre comercio no resolverá la crisis, sino que, por el contrario, la agravará.

*La segunda crisis alimentaria*

En octubre del año pasado el precio internacional de las materias primas agrícolas, exceptuando el arroz, disminuyeron. La burbuja especulativa de estos productos, iniciada en 2002, reventó. En la primera semana del décimo mes del año, la cotización del maíz en la Bolsa de Chicago pasó de un récord de 296 dólares la tonelada, alcanzado el pasado 26 de julio, a 178 dólares. El trigo cayó de un máximo de 470 dólares la tonelada, obtenido en febrero de 2008, a 235 dólares. Ello no provocó que el costo de los alimentos elaborados con ambos cereales bajara un sólo centavo para los consumidores finales.

Desde que estalló la crisis financiera en Estados Unidos sus precios en los mercados internacionales han registrado fuertes caídas. Empero, lo que las personas comunes y corrientes deben pagar por su comida es lo mismo -o más- que gastaban cuando las cotizaciones de los granos básicos se encontraba en las nubes. Los precios de los cereales han experimentado una caída media de entre 30 y 35 por ciento con respecto al año anterior. Sin embargo, en el mes de septiembre, las cadenas minoristas en Estados Unidos aumentaron el costo de los alimentos en 7.6 por ciento. Durante los primeros seis meses del año, Nestlé, una de las más importantes empresas agroalimentarias en el mundo, incrementó los precios de sus productos en todo el mundo un 4.4 por ciento, y en América Latina el 8 por ciento. Por supuesto, ahora que las materias primas valen menos, no piensa bajar sus precios.

La caída de los precios de las materias primas agrícolas obedece a una razón fundamental: con el dolar revaluado y temiendo una disminución de la demanda de cereales por la recesión económica, los fondos de inversión se retiraron de esos mercados, empujando las cotizaciones a la baja. Las posiciones pasaron de 58 mil millones de dólares a 8 mil millones.

Probablemente, esta caída en el valor de las / commodities / agrícolas no supondrá un problema para muchas trasnacionales de la alimentación. En la recesión económica de la década de los setenta, compañías como General Mills y Kellog se expandieron y tuvieron un mejor desempeño bursátil.

En cambio, para los pequeños productores rurales la situación es radicalmente diferente. La mayoría de ellos no se beneficiaron de los altos precios que hasta hace poco se pagaban por los granos básicos. En ocasiones llegaron cuando sus cosechas ya estaban vendidas o debieron pagar más por el crédito, los fertilizantes, plaguicidas y combustibles. Las ganancias quedaron en manos de las grandes productores, las empresas agroalimentarias y los especulado

Según el agricultor vasco Paul Nicholson, “esta crisis va a generar en la agricultura una bajada de precios. Los costos de producción no van a bajar. Es claro que está bajando el precio del petróleo pero eso no va a repercutir en la bajada de los precios. En cambio, los precios que recibimos los productores si van a bajar. Eso ya se está viendo en el precio del maíz. El principal beneficiario va a ser el que controla toda la cadena alimentaria, que son las trasnacionales. El crédito en la agricultura, aunque sea de cosecha, es importante. Y va a haber menos dinero y menos crédito. Lo principal es que los costos de producción van a ser tremendamente altos. Las semillas, los fertilizantes. Los precios van a ser tremendamente altos y con una bajada de precios en origen para el productor eso significa la ruina para muchos en la agricultura campesina.” (Entrevista a Paul Nicholson, Maputo, Mozambique, 22 de octubre de 2008).


*Contra las trasnacionales*

* *
En la conferencia de Maputo, Vía Campesina declaró la guerra a las empresas trasnacionales. Son su enemigo principal. De esta manera transitó de la crítica al neoliberalismo y la oposición a la incorporación de la agricultura en los acuerdos de libre comercio a posiciones marcadamente anticapitalistas.

"La guerra ha comenzado. Somos los campesinos contra las trasnacionales. O ellos logran sus pretensiones de robarse y controlar nuestra tierra, nuestras semillas y el agua, o nosotros resistimos hasta que se les acabe su lindo capitalismo", asegura Joao Pedro Stedile, dirigente del Movimiento sin Tierra de Brasil.

Dena Foff, representante de la Coalición de Granjeros familiares de Estados Unidos, sostiene que "en el mundo en que vivimos ya no existe duda alguna de que las corporaciones trasnacionales están compitiendo con los ciudadanos del mundo por tener el dominio del planeta, sobre sus recursos y su gobierno".
En su resolución final, la internacional campesina afirma: "En las zonas rurales del mundo, hemos visto una feroz ofensiva del capital y de las empresas trasnacionales sobre la agricultura y los bienes naturales (agua, bosques, minería, biodiversidad, tierra, etcétera), que se traduce en una guerra de despojo contra los pueblos campesinos e indígenas, utilizando pretextos falsos como los argumentos erróneos que plantean que los agrocombustibles son una solución a las crisis climáticas y energéticas, cuando la verdad es todo lo contrario. En el momento en que los pueblos ejercen sus derechos y resisten este despojo generalizado, o cuando son obligados a ingresar en los flujos migratorios, la respuesta ha sido más criminalización, más represión, más presos políticos, más asesinatos, más muros de la vergüenza y más bases militares".

La internacional campesina asume que estas corporaciones son la forma actual del capital para controlar la economía, los recursos naturales, la tierra, el agua, la biodiversidad, la producción, el comercio agrícola y la explotación del campesinado.

Las trasnacionales -dice Paul Nichoslon- están ocupando las tierras y desplazando a millones de campesinos para producir agrocombustibles. "En todo el mundo -puntualiza- les quitan las mejores tierras a los campesinos para meter agricultura industrializada. Y quieren tener el control sobre las semillas. No puede ser que por culpa de ellas comamos todos en el planeta cuatro tipos de tomate, cuando tenemos miles de variedades locales."

La lucha en el mundo campesino no es sólo contra los latifundistas, o los acaparadores, o los intermediarios, sino contra las grandes corporaciones agroalimentarias. Según Stedile: "hubo una concentración del control de la producción y del comercio mundial de productos agrícolas, por algunas pocas empresas, que dominan esos productos en todo el mundo, en especial los productos agrícolas estandarizados, como los granos o los lácteos. Además dominan toda la cadena productiva de los insumos y las máquinas utilizadas por la agricultura. Los campesinos que estaban acostumbrados a sólo luchar contra los terratenientes y contra los latifundistas ahora se transformaron en un actor principal contra el gran capital trasnacional.”

*Soberanía Alimentaria: la solución a las crisis y la vida de los pueblos*

Para Vía Campesina, la crisis es una oportunidad, porque “la soberanía alimentaria ofrece la única alternativa real tanto para la vida de los pueblos como para revertir las crisis.” Según sus integrantes, el desafío ha mostrado que los pequeños agricultores familiares son capaces de alimentar y enfriar el planeta. En palabras de Alberto Gómez, de México, integrante de la comisión coordinadora internacional (CCI) de Vía Campesina por parte de América del Norte: “somos una solución a los grandes problemas. Estamos en el centro en lo que es la producción de alimentos. En el centro en lo que es el cambio climático. En el centro por lo que es la crisis energética.” (Entrevista con Alberto Gómez, Maputo, Mozambique, 23 de octubre de 2008)

Joao Pedro Stedile está de acuerdo. Según él, "gracias a Dios y a que Dios sigue siendo campesino, la crisis nos abre grandes oportunidades". Es el momento no de quedarse con los brazos cruzados viendo cómo se cae el capitalismo sino de participar en su entierro.

La soberanía alimentaria enfrenta a la crisis alimentaria con producción campesina local; encara a las crisis climáticas y energéticas, atacando dos de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero: el transporte de alimentos a larga distancia y la agricultura industrializada; y, aminora una parte de la crisis financiera, al prohibir la especulación con los alimentos.

Desde que Vía Campesina introdujo por vez primera, en 1996, el concepto de soberanía alimentaria, la idea se ha diseminado muy rápido. Soberanía alimentaria es hoy un llamado a la acción para un número creciente de organizaciones de campesinos y granjeros, organismos no gubernamentales y movimientos sociales. Muchas conferencias internacionales han convenido en elaborar más el concepto, incluida la que celebró el Partido Verde del Parlamento Europeo. También es el foco de la discusión en reuniones importantes, como el Foro Social Mundial y el foro de las organizaciones no gubernamentales (ONG) de la Cumbre Mundial Alimentaria, celebrada en junio de 2002. Pero ¿qué significa exactamente el término soberanía alimentaria?

De acuerdo con Vía Campesina, la alimentación es un derecho humano básico y "todos los pueblos y Estados deben tener el derecho a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias" para garantizar la seguridad interna en la materia y el bienestar de su población rural. En palabras de Vía Campesina, soberanía alimentaria significa que los pueblos tienen "derecho a producir su comida en su territorio" en formas que refuercen los valores culturales de los pueblos y el medio ambiente. La soberanía alimentaria significa garantizar que los campesinos, los granjeros en pequeño y las mujeres rurales tengan el derecho a contar con todos los recursos necesarios para producir comida; tener un acceso mayor a la tierra y un control mayor sobre ésta y sobre las semillas, el agua, los créditos y los mercados. La soberanía alimentaria requiere una reforma agraria genuina y de gran alcance.

Más aún, la soberanía alimentaria será posible únicamente si existe un control democrático del sistema alimentario y el reconocimiento de que "la herencia cultural y los recursos genéticos pertenecen a la humanidad". Esto significa que todas las formas de vida -incluidos plantas y animales- deben protegerse del patentamiento. También quiere decir regular los mercados mediante prácticas como el manejo del abasto y un comercio ordenado.

La soberanía alimentaria se centra en la producción de comida y en quienes de hecho trabajan la tierra. Por tanto, va más allá de cómo se entiende comúnmente la seguridad alimentaria, que implica garantizar que se produzca una cantidad adecuada de comida accesible a todos. En cambio, la soberanía alimentaria se centra en cuestiones como qué comida se produce, dónde se produce, cómo se produce y en qué escala. Vía Campesina argumenta que no puede alcanzarse una seguridad alimentaria sin soberanía alimentaria.

Es claro que la soberanía alimentaria es una alternativa radical a la visión que de la agricultura se tiene en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ahí donde los principios guías del organismo son "el derecho a exportar" a toda costa y el "derecho a importar" comida como el mejor camino de garantizar la seguridad alimentaria, la visión de una soberanía alimentaria da prioridad a la producción local para un consumo también local. No es que Vía Campesina se oponga al comercio agrícola, pero enfatiza que "la alimentación es la más primaria e importante fuente de nutrición, y sólo en segundo término un asunto de comercio". Dado que la comida es un derecho humano básico "sólo debe comerciarse con el excedente". Además, este comercio internacional "debe servir a los intereses de la sociedad", no llenar los bolsillos profundos y sin fondo de las corporaciones trasnacionales de la agroempresa. La soberanía alimentaria es simplemente imposible en el marco de la OMC.

El "desarrollo" -uno equiparado hoy con globalización y comercio- que intentaba resolver la persistencia de la pobreza y el hambre en el campo es un fracaso, y hoy la idea de soberanía alimentaria se opone con eficacia a este "desarrollo". Mediante la soberanía alimentaria, Vía Campesina nos desafía a todos a pensar más allá de los cajoncitos -premisas tecnológicas, liberalización, desregulación y privatización- que con frecuencia caracterizan las deliberaciones en torno a las políticas alimentarias, agrícolas y de desarrollo rural. Habiendo introducido una alternativa viable, Vía Campesina transforma el debate internacional.

El concepto de soberanía alimentaria entró ya a círculos más oficiales. Por ejemplo, el director general de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés), declaró recientemente el compromiso de trabajar en asociación con organizaciones de la sociedad civil para aplicar un enfoque de soberanía alimentaria y emprender esfuerzos que liberen al mundo del hambre y la pobreza. En su informe más reciente, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, /Informe especial sobre el derecho a la alimentación, /reivindica la soberanía alimentaria como la manera de garantizar el derecho de los pueblos a comida y seguridad alimentaria.

Con agudeza, Vía Campesina está consciente de que por más revolucionarios que sean estos conceptos, con frecuencia son mal interpretados, mal usados y usurpados por aquellos en el poder. Por ejemplo, numerosas instituciones internacionales integran ahora consideraciones en torno al ambiente con la bandera de un "desarrollo sustentable". La contradicción, sin embargo, estriba en que "verdear" el discurso desarrollista ocurre dentro de los límites de un abrazo pleno a la ideología desarrollista del libre mercado, que enfatiza la extracción intensiva y extensa de recursos como solución al estancamiento económico. Las preocupaciones en torno al ambiente únicamente se "añaden" a un modelo de desarrollo muy fallido. En consecuencia, "la sustentabilidad", que originalmente se concibió como un tipo de desarrollo fundamentalmente diferente, se usa ahora para justificar toda suerte de prácticas que dañan el ambiente. A la luz de esta experiencia, es claro que Vía Campesina requiere trabajar intensamente para evitar que se usurpe la idea de la soberanía alimentaria. Para el efecto, toma ya medidas importantes y une fuerzas con muchos movimientos sociales, con ONG de pensamiento semejante, y con instituciones de investigación por todo el mundo.

De acuerdo con la organización campesina internacional, la soberanía alimentaria “requiere la protección y re-nacionalización de los mercados nacionales de alimentos, la promoción de ciclos locales de producción y consumo y la lucha por la tierra, la defensa de los territorios de los pueblos indígenas, y la reforma agraria integral”. tiene como sustento el cambio del modelo productivo hacía la producción agroecológica y sustentable, sin plaguicidas y sin transgénicos, basado en el conocimiento campesino e indígena.

A la soberanía alimentaria le llegó su momento. Cientos de miles de campesinos de todo el mundo que se niegan a desaparecer ven en ella el modelo para otro tipo de desarrollo. De allí su fuerza.


Luis Hernández Navarro es coordinador de Opinión del diario /la Jornada. /Annette Aurélie Desmarais es profesora asociada de estudios judiciales en la Universidad de Regina, Canadá, y autora del libro /La Vía Campesina /