martes, 30 de enero de 2018

II. ¡Qué país programa la reforma agraria anticapitalista?

Con poder territorial de
sus pueblos y comunidades.
 
Nos plantea generalizar la percepción (conciencia y respectivo posicionamiento político) sobre:
El poder territorial del Kirchnerismo partiendo de la movida por Milagro Sala. Se trata de cuestionar a qué democracia representa y cómo nos envolvió e implica a muchísimos de nosotros. Ante todo revisemos nuestro comportamiento mayoritario por inducción del marco de referencia de la grieta que ambos bandos la suscitan e imponen.
 
El kirchnerismo entabló una síntesis transversal de dirigencias del PJ y la UCR para erigirse en la centroizquierda compitiendo por la gobernabilidad del sistema con la centroderecha. Al mismo tiempo de suplir al bipartidismo escrachado por los de abajo, procuró desvirtuar la esencia emancipadora del estar siendo y ser de izquierda. Contó con el aval de los partidos y de corrientes comunistas.
 
Hoy gracias a más de una deKada tiene poder político nacional e internacional para continuar inhibiendo la autodeterminación de los pueblos de Argentina y contribuir a la creencia mayoritaria de solucionar los problemas vitales derrotando al gobierno de Macri  sin que el 2001 alerte sobre la insuficiencia de ese objetivo.
 
Aclaremos mi distanciamiento de la movida por Milagro Sala. Opino que es bueno proceder a resistir la represión en Jujuy y organizar la solidaridad pero recortar el presente del pasado reciente y de la dictadura genocida, resulta contribuir a la permanencia de la opresión. Es eludir al binomio indisoluble de la violencia del despojo generador de miseria con los amedrentamientos colectivos (en la provincia y el país entero).
 
Recordemos, para instaurar el neoliberalismo, la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales en los setenta se valió del Estado terrorista. Comenzó durante el gobierno Perón-Perón como terrorismo paraestatal (la Triple A al frente de organizaciones criminales de la ultraderecha peronista)  y el estatal denominado Operativo Independencia. Al no conseguir derrotar el protagonismo obrero y de las izquierdas, impuso el genocidio planificado durante su dictadura militarizada.
 
Retornemos a la campaña exaltando a Milagro Sala. Pienso, se tendría que haber hecho cuanto se hace por ella (que es únicamente para liberarla y que el neofeudo siga afianzándose) en apoyo al Centro de Acción Popular Olga Marquez de  Aredez. Si los K lo hubiesen hecho, habrían asumido la memoria de l@s 30.000 atacando a los impunes de acumular riquezas y poder con terrorismo de estado y democracia de baja intensidad:
 

“Blaquier representa el genocidio del poder económico”
2 de octubre de 2012
Integrantes del Centro de Acción Popular Olga Marquez de Aredez estuvieron en Rosario, invitados por Ate Rosario, para impulsar actividades con el fin de visibilizar los juicios de lesa humanidad que suceden en Jujuy y la responsabilidad del Ingenio Ledesma y su presidente Pedro Blaquier en estas causas donde, entre otras, se investiga la desaparición de Luis Aredez. A su vez, denuncian la contaminación ambiental que provoca a través del bagazo, el principal complejo agroindustrial del país que concentra en Jujuy más de 150 mil hectáreas de tierra. Con ellos, estuvo enREDando.
 
Por María Cruz Ciarniello
 
I. Tierra, aire, nombres
Bagazosis, una enfermedad que perfora los pulmones. La caña de azúcar. El imperio Ledesma. Los Blaquier. Los Aredes. Olga y Luis.
Libertador General San Martín convertido en feudo. Paradojas de los nombres que llevan algunos lugares de nuestra tierra argentina.
Jujuy, aquella hermosa provincia del norte donde, además de quebradas y resistencias indígenas, la injusticia muestra la postal más descarnada de la concentración económica. Más de 150 mil hectáreas de tierra están en manos de una sola familia: Blaquier-Arrieta, y de ellas, sólo 25 mil son utilizadas para la producción de caña de azúcar.
 
II. Triángulo
15 -apenas 15- de esas 150 mil hectáreas fueron ocupadas, en julio de 2011, por 700 familias que no tenían un techo digno para vivir. Ante el incumplimiento durante más de 4 años del gobierno provincial -que había prometido expropiar parte de esa tierra para la construcción de viviendas-, la Corriente Clasista y Combativa realizó la toma en el Triángulo. El saldo: 4 personas asesinadas por la policía de la provincia tras una orden de desalojo dictada por el juez Sammar. “Además se vio a vigilantes de Ledesma marcando a la gente que ocupaba la tierra”, se detalla en el periódico de la Central de Trabajadores Argentinos del mes de agosto de 2012.
“Imagínese un huevo frito. La yema es el pueblo y la clara, es Ledesma. Todo lo que nos rodea es de ellos. Entonces, si la gente no tiene dónde vivir o se va o tiene que ocupar”, manifestó en ese entonces, la abogada Mariana Vargas en diálogo con lavaca. “Ledesma hace inteligencia y conoce a cada uno de los que reclama. Es como un Estado paralelo: funciona con su propia logística. Y ese Estado paralelo cuando lo necesita, hace trabajar al Estado formal para dejar en claro quién manda a quién. Esto fue una carnicería en nombre de la defensa de la propiedad privada”.
Según nota del periódico Miradas al Sur “el departamento de Libertador general San Martín es el segundo en tamaño en Jujuy. Tiene unos 3.200 kilómetros cuadrados de tierras. El 80 por ciento de ese territorio es de la familia Blaquier, dueña de Ledesma. “En los ’70 vivían en la zona unos 30 mil habitantes. Casi la mitad, unos 14 mil, trabajaban en Ledesma. Hoy en el departamento de Libertador viven unas 85 mil personas, y sólo unas 2.800 trabajan en el ingenio.” El saldo: una empresa que no ha dejado de crecer y un pueblo que no ha dejado de empobrecerse. “ (7/8/2011)
Dos meses después de los asesinatos, Ledesma cedió 40 hectáreas. El acuerdo fue firmado por referentes de la Corriente Clasista y Combativa y de la Municipalidad de Libertador. Según afirma la Central de Trabajadores Argentinos, hasta la fecha, los lotes no cuentan con los servicios básicos para vivir como la luz y el agua potable.
III El apagón y la marcha
Delitos de lesa humanidad que comienzan a ventilarse en el recinto de los Tribunales y, también, en las calles, el lugar donde la condena social a los genocidas –militares y civiles- de los años 70, se construye palmo a palmo. Así se comenzó a realizar la mítica Marcha del Apagón en la provincia de Jujuy. Esta marcha se realiza todos los años. Miles y miles de personas acompañan el paso firme de los familiares de los más de 40 desaparecidos del Departamento Ledesma de Jujuy. Continúan las huellas de la lucha que dejaron las Madres de Plaza de Mayo, entre ellas, Olga Aredez.
Es un reclamo de justicia por lo que sucedió en Libertador General San Martín en las madrugadas del 20 al 27 de julio de 1976, donde se secuestraron a más de 400 personas. “La usina de Libertador Gral. San Martín corta el suministro eléctrico en todo el departamento de Ledesma, mientras policías, gendarmes, militares y capataces de la empresa comienzan a allanar y saquear viviendas en los pueblos de Libertador, de Calilegua y El Talar. En vehículos de la empresa son trasladados más de cuatrocientos trabajadores, estudiantes, profesionales y hasta familias enteras a los galpones de mantenimiento del ingenio azucarero, donde permanecen días y meses atados y encapuchados. Tras la tortura e interrogatorios, varios son liberados, algunos son enviados a comisarías o cuarteles militares; otros aparecen en cárceles de distintas provincias. El apagón se repite tres noches después. Mediante los apagones del terror, con el secuestro y desaparición de activistas políticos, gremiales y sociales, la empresa reafirma su control y disponibilidad absoluta sobre personas e instituciones. Hoy contabilizamos 41 desaparecidos en el departamento Ledesma en Jujuy. Y se han denunciado 33 centros de tortura en la zona. Desde 1983 un pequeño grupo de madres comienzan las rondas de los jueves en la plaza de Libertador General San Martín, a pocas cuadras del acceso al ingenio Ledesma.” 
En ese entonces, ya era emblemática la figura del Dr. Luis Aredez, médico pediatra quien, durante la década del 60, inicia un proceso en defensa de la salud de los obreros azucareros que provocaría su despido de uno de los principales ingenios. Luis fue intendente de Libertador San Martin en 1973 y hasta 1976. Es destituído con el Golpe de estado, secuestrado y liberado un año después. Como intendente, impulsó una reforma legislativa para que el Ingenio Ledesma (el más grande del país) pagara los impuestos que debía y desde allí, también, denunció la contaminación que provoca el mayor complejo azucarero de Latinoamérica. Dice su hija, Adriana, en diálogo con el periódico de la CTA: “Por supuesto que mi padre sabía que los niños se morían de alergia. Mi mamá murió de bagazosis, por eso pedimos que no se consuman los productos de Ledesma.”
A Luis Aredes se lo llevaron por última vez el 13 de mayo de 1977 y desde entonces, está desaparecido.
Desde ese día, su esposa, Olga, y sus cuatro hijos, no se cansaron de exigir justicia. “Olga Aredez hasta el fin de su vida denunció el atropello empresario, la destrucción de las selvas, contaminación de los ríos con gran mortandad de peces por residuos de la fábrica de azúcar y papelera, apoyó el derecho a las tierras de las comunidades indígenas del NOA y la defensa de un ambiente sano y digno para los habitantes.”
 
IV. Olga contra todo
Olga fue una mujer inmensa. Sola, comenzó a rondar por la plaza de Libertador, el lugar donde Ledesma es dueña de casi todo. Sola, se decidió a denunciar una y otra vez, la contaminación que produce el Ingenio y que provoca bagazosis, la enfermedad que le ganó el 17 de marzo de 2005. “Lo que produce bagazosis no es la quema de la caña, sino la degradación de la celulosa que la hacen con un licor de hongos y bacterias. Eso por ley debe estar cubierto, pero está eternamente descubierto y todo el pueblo lo aspira. Los hongos y las bacterias se depositan en los pulmones que es un lugar húmedo y producen fibrosis pulmonar y cáncer y eso se llama bagazosis”, decía Adriana Aredez.
Pero Olga no murió sola. Esa marcha que inició con su pañuelo blanco fue multiplicada en miles. Acompañada cada año por las Madres de Plaza de Mayo, por más jóvenes, militantes, organizaciones sociales y de derechos humanos. Antes de morir, Olga presentó un recurso de amparo, junto al Comité para la Defensa de la Salud, la Ética y los Derechos Humanos, contra Ledesma. “A fin de que se evite la contaminación producida por el bagazo de azúcar que afecta los derechos humanos a la salud y al medio ambiente de los vecinos de Libertador General San Martín”, en los Tribunales de Jujuy y al que oportunamente se le diera lugar. Este es el primer amparo ante la justicia jujeña, ya que hasta el momento ninguno de los habitantes de General San Martín se animaron a litigar contra la única fuente de trabajo de la zona.
 
Las montañas de bagazo se huelen a kilómetros de distancia. “Constantemente hay casos de contaminación, el principal es el bagazo, la pudredumbre de la caña con la que se hace el papel, esas son montañas gigantescas que cuando vas a Libertador, el olor es imponente, además de los líquidos que utilizan para blanquear el papel y también está el desvío de los ríos que se hicieron para que los cañaverales crezcan más rápido. Con respecto al método para hacer papel, ellos utilizan el peor método. Ellos usan cloro puro, eso lo fuimos denunciando. Hace poco hubo un juicio y la justicia fallo obligándolos a colocar un filtro en las chimeneas. Cuando llegas la impresión primera es el olor, y ver esas chimeneas es increíble. Y en la actualidad, esos filtros no están funcionando en absoluto”.
Esto lo afirman integrantes de Capoma, una organización que nació en el 2005 con un único objetivo: denunciar lo que sucede en el feudo que controla la familia Blaquier en Jujuy.
 V. Olor a miedo
En Libertador San Martín, muchas veces, se huele el miedo
“Yo tengo conocimiento de que Blaquier llamó a toda la Comisión Directiva de la fábrica y a sus delegados amenazándolos para que ninguno viniera a la marcha porque iba a ver problemas. Han venido haciendo un trabajo de sembrar el terror, diciendo que al Ingenio lo van a vender. La respuesta creo que es más que contundente, el grueso de la gente es de acá lo que demuestra que más alla de esta campaña que afecta y mucho (…) hoy la gente igual se moviliza (…) señaló Nando Acosta, Secretario de Interior de la CTA, en la última marcha del Apagón, la caminata que une los kilómetros que separan Calilegua de Libertador San Martín. Todos los años, el último jueves del mes de julio, miles de personas vencen el terror impuesto en esta localidad. Salen a la calle, por la memoria de los desaparecidos, de Olga y Luis Aredez.
“Decidimos conformarnos como grupo para tener un lugar y que la lucha de Olga no se pierda y no sea en vano. Es la responsabilidad nuestra la de tener el pañuelo como símbolo de resistencia y lucha de las madres que recayó en nosotros porque asumimos un compromiso, seguir los pasos de Olga y de todas las madres de libertador general san martin que tienen los hijos desaparecidos”, explican los integrantes de Capoma, quien también hablan de “aprietes” a los trabajadores que son amenazados con el cierre de la fábrica . “Hay pueblos enteros donde no se puede hablar en contra de Ledesma”, advierten preocupados.
En Ledesma, se realizó un abrazo solidario al Ingenio en el mes de julio de 2011, a la que concurrieron vecinos de esta localidad, tal vez, como muestra más significativa del poder que concentra la empresa  en esta zona.
VI  Juicio
El 12 de julio comenzaron en Jujuy los juicios por lesa humanidad donde se están juzgando los crímenes y detenciones ilegales que se llevaron a cabo en toda la provincia. Uno de ellos involucra la causa donde se investiga la  detención y desaparición de Luis Aredez. En los testimonios de sus hijos se mencionó la complicidad del Ingenio Ledesma en los secuestros y desapariciones durante la noche del apagón. En esta causa está denunciada la participación de Carlos Pedro Blaquier dueño de Ledesma SAAI y Alberto Lemos, administrador de la empresa azucarera en el momento de la desaparición de Arédez.
En total, se reconstruye lo sucedido con 43 víctimas del terrorismo de estado en Jujuy y son juzgados los represores Luciano Benjamin Menéndez, Rafael Braga, Eduardo Bulgheroni y Antonio Vargas. Pedro Blaquier está imputado en dos causas. “En ambas se lo convoca por su –en términos legales– presunta participación en los delitos de privación ilegal de la libertad y de tormentos. En el primero de los casos es por los secuestros y desapariciones de la Noche del Apagón, que se sucedieron entre el 20 y 27 de julio de 1976 en Ledesma, Calilegua y General San Martín, las tres localidades que entonces componían la zona de influencia del ingenio. La otra causa es la referida al ex intendente de General San Martín, Luis Arédez, secuestrado en mayo de 1977 y aún desaparecido.”
Desde Capoma, en diálogo con enREDando, amplian: “está implicado por violación de domicilio y ahora por una ampliación en la imputación por homicidio y secuestro y en la cual a raíz de eso la fiscalía pide la exención de prisión porque no es excarcelable, y el juez de instrucción aun no decidió. En esa causa, ya hubo una declaración indagatoria por la violación de domicilio que es cuando Blaquier declara por videoconferencia y en la cual todavía el juez de instrucción esta en plazo para ver si dicta o no dicta el procesamiento y si se decide por la prisión preventiva o no.”
Este juicio es fundamental. En principio, porque por primera vez, un empresario de la magnitud de Pedro Blaquier es imputado por causas de lesa humanidad. Para los familiares, significa una instancia muy importante. “Para nosotros es parte del camino recorrido, sabemos que esto no termina acá, porque también está el tema de la contaminación pero es una etapa importantísima, después de 36 años se hace justicia. Los familiares y los ex detenidos tuvieron un rol muy importante porque fueron ellos los que estuvieron buscando las pruebas, los testimonios, recordemos que Jujuy no es como Buenos Aires. En Jujuy hay una empresa que es un feudo, controlado por una familia que sigue oprimiendo a la población con el miedo”, dicen desde la organización que articula a numerosas personas en todo el país y que tiene como norte, la mirada de Olga Aredez.
“Por lo menos esto es un avance porque comienza a generarse el debate acerca del poder económico como ideólogo de la dictadura militar.”
Para tomar dimensión del poder de la empresa: el ingenio Ledesma creció y diversificó sus producciones en los años 70, donde empieza a transformase en un poderoso complejo agroindustrial. En 1970, después de 18 años de funciones ejecutivas, Carlos Pedro Blaquier asumió la presidencia de la empresa, la que ejerce hasta el presente. Durante su presidencia se incorporaron la fábrica de jugos concentrados, la planta de molienda húmeda de maíz, el negocio de gas y petróleo, la planta de cuadernos y repuestos escolares y comerciales, y la producción agropecuaria en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.
Ledesma es el primer productor de azúcar de la Argentina con 330.000 toneladas anuales, que es el 20% del país.
En 1982, Ledesma comenzó la molienda húmeda de maíz. Actualmente alcanza las 185.000 toneladas anuales.
Ledesma es el principal productor de papel obra para impresión y escritura del país, elabora 105.000 toneladas anuales de papel, aproximadamente el 40% de la producción nacional.
Además, produce alcohol, frutas y cereales.
Ledesma no es solo una gran empresa en Jujuy, afirma Capoma. “Es un monopolio”,
VIII Memoria
Capoma es la única Casa de la Memoria que funciona en la región del Noa. Allí, la comunidad puede encontrar documentación local, nacional e internacional, material de archivo que sintetizan el vínculo entre el terrorismo de Estado y el conglomerado industrial Ledesma. Además, cumplen “la función de nexo con las distintas organizaciones que deseen orientar, asesorar y ayudar a todas aquellas personas o grupos que sientan que sus derechos humanos están siendo vulnerados”.
Capoma nace, hace, construye.
Por eso, no dudan en continuar avanzando, en el recinto de los tribunales para juzgar a Blaquier. Afuera, en la calle, para seguir denunciando la contaminación silenciosa e impune del imperio Ledesma, “el más grande de Latinoamérica y el que peor le paga a los obreros”, según nos dicen.
 
IX Complicidades 
El poder político, judicial y la policía constituyen partes fundamentales del engranaje cómplice que rodea a Ledesma.
Así lo detallan los integrantes de Capoma: “Olivera Pastor fue uno de los jueces que cajoneó durante años la causa Ledesma. No quería que se llame así, sino causa Guerrero que fue uno de los centros clandestinos. Con este juez, nunca se conformaba un tribunal provincial en la provincia. Olivera Pastor tuvo que renunciar debido al fuerte empuje de las organizaciones sociales que el 24 de marzo salieron a pedir la renuncia de este juez. Esta es la impunidad que tiene Blaquier en el poder judicial. Carolina Perez Rojas es otra jueza que fue la que dio la orden para reprimir en el Triángulo el año pasado y es la misma jueza que le generó causas judiciales a obreros del ingenio cuando tomaron la planta en el ingenio la Esperanza. Y el abogado defensor de Blaquier, había sido entre los años 70 y 80, un juez de Jujuy. Habiendo sido un ex juez de la provincia, hoy es abogado de Blaquier. Esta es la vinculación que tiene el poder judicial. El juicio de contaminación que inició Olga Oredez, de los cuatro jueces, solo uno dijo que Ledesma contaminaba, fue Héctor Tizón que falleció hace poco.”
En la última marcha del apagón, Nando Acosta de la CTA, expresó: “es llamativo que donde hay caña de azúcar como en Jujuy, Salta y Tucumán no haya casos de bagazosis pero sí en Córdoba. Hay un convenio, un acuerdo entre las clínicas de derivarlos a Córdoba, donde no hay ingenios. Recién los vuelven a traer cuando les diagnostican cáncer.”
Desde Capoma advierten: “En una de las oficinas de la empresa, se encontraron los archivos de espionajes de compañeros que estuvieron en la marcha del 2005 que fue una de las más importantes, porque allí se esparcieron las cenizas de Olga en la plaza de Libertador. De esa marcha, se encontró una carpeta con nombre y apellido de personas que estuvieron, identificando sus movimientos, sus autos, etc. Es la impunidad del espionaje. Son pequeñas grandes cosas que no hay que olvidar porque Ledesma representa todo eso: la impunidad desde hace 100 años”.
Agencia CTA (Periódico ACTA N° 89, Agosto de 2012)
Para contactarte con Capoma, conocer sus actividades o buscar información, ingresá a www.contraledesma.org.ar.

 
 
Recapacitemos ahora sobre cómo todos los gobiernos progresistas de Nuestra América han usado el Estado para restablecer al sistema de negocios de las corporaciones locales e imperialistas. Ante todo bloquearon la organización popular gracias a recoger algunas de sus demandas más sentidas y hacerlas suyas pero adaptándolas, previamente, al orden capitalista sin que los de abajo se percatasen por su subsunción en el estatismo y en la sociedad de consumo. Todavía predomina la convicción en que se debe delegar en el Estado a la toma de decisiones sobre el destino común y que esta función depende del gobierno elegido o sea los responsables de la gestión son los votantes. Desde que los commodities se han desvalorizado o que el crecimiento lucrativo de los grandes capitales demanda ajustes, hallamos "la relevante propuesta de Álvaro García Linera que intenta reactivar una nueva fe sobre lo estatal".
 
 
Tensión neoliberal y territorialización del poder:
Un diálogo crítico con Álvaro García Linera
9 de septiembre de 2015

Por Emiliano Terán Mantovani (Rebelión)


Presenciamos en la actualidad a escala planetaria, una agudización sin precedentes de las históricas contradicciones sociales y ecológicas del desarrollo capitalista mundial: peligros de una escalada bélica internacional, en sus diferentes modalidades [1]; dramáticas tensiones migratorias[2]; crecientes desajustes en el orden de los ciclos climáticos [3]; ralentización del gran salvador de la economía mundial desde 2008, China, y tendencia a la deflación global [4]; desbordamiento progresivo de las precarias “democracias” contemporáneas y conexión cada vez más fuerte entre la política formal y bandas criminales, narcotráfico, grupos extremistas, entre otros –con mayor énfasis en periferias o el Sur Global– [5]; desgarramiento de los tejidos sociales y reconfiguraciones de los límites del pacto social; entre otras.
Cuando el pastel de la riqueza se hace cada vez más pequeño y los apetitos crecen, las ilusiones de progreso se van vaciando, la acumulación capitalista se vuelve aún más salvaje. El neoliberalismo ―como modo de acumulación propio del capitalismo globalizado― se potencia, se reacomoda, busca ocupar espacios y ámbitos que se resisten a su lógica, y así expandir aún más el despojo y la mercantilización de todo. No importa en qué parte del mundo usted se encuentre, no importa si el gobierno de su país es considerado o no “progresista”, esta tensión neoliberal está presente, en diversos grados y formas, en cada proceso de acumulación formal o informal de capital en la actualidad.
 
Pregunta de orden estratégico: ¿quiénes, en este momento en América Latina, son las fuerzas antagónicas capaces de detener el avance de la acumulación por desposesión? ¿Qué actores o sectores sociales y políticos pueden aún encarnar hoy una alternativa, no sólo a este neoliberalismo mutante  [6]  que ha coexistido versátilmente entre nosotros, sino al propio orden capitalista?
 
Años atrás, parecía evidente que esta alternativa, entendida como “posneoliberal” [7], estaba centrada principalmente en los gobiernos progresistas de la región, y en los líderes que los han guiado. Ya estos gobiernos no serían fundamentalmente dominación, sino representación no sólo de los intereses populares, sino también de la construcción de la vía hacia modelos que podrían estar en un futuro, más allá del capitalismo y la dependencia. A estas alturas, sostener esta idea es más que problemático.
Desde varios meses atrás, venimos presenciando una aceleración de la deriva regresiva en la región, incluyendo claro está a todos los llamados gobiernos progresistas. Cuando baja la marea de las rentas obtenidas por los commodities –un nuevo tiempo de vacas flacas–, todo parece más árido, más tosco, se ve con más claridad la topografía excluyente e insostenible de los modelos extractivistas.
Sumadas a las políticas más conservadoras de la región, que tienen a los gobiernos de México, Colombia y Chile entre sus principales exponentes, resaltan las más claras definiciones a favor del ajuste ortodoxo y flexibilización (Agenda Brasil) en las políticas económicas del gobierno de Dilma Rousseff; en Argentina, se han impulsado reformas como la de la ley de hidrocarburos (oct. 2014), que propone una flexibilización favorable a las compañías petroleras transnacionales –con una de las regalías más bajas de la región [8]– para facilitar la extracción de no convencionales; y el nuevo Código Civil y Comercial (ago. 2015), en el cual se produce la pérdida del acceso público a todos los ríos del país –siendo para Viale y Svampa “la mayor privatización de tierras de la historia de nuestro país (…) en manos de la especulación inmobiliaria” [9]; sin dejar de tomar en cuenta la proyección aún más a la derecha en los horizontes de la política oficial argentina, dadas las candidaturas favoritas para las próximas elecciones presidenciales a fines de octubre de este año.
 
En Ecuador, además de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (dic. 2014, aún no en vigor), resalta desde 2014 la más agresiva política de endeudamiento de todo el gobierno de Correa –casi 10.000 millones US$, de los 18.000 millones que se han adquirido desde el inicio de su mandato [10]–; el desconocimiento y la omisión de obligación de pago de casi 3.000 millones US$ con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) –afectando el futuro de las jubilaciones [11]–; o la apertura a la participación privada en la prestación de gestiones públicas, a partir del proyecto de Alianzas Público-privadas (APP) [12]; en el marco general de una creciente conflictividad política interna.
 
En Uruguay, sobresale el ingreso en febrero de 2015 (de muy bajo perfil) del Acuerdo sobre el Comercio Internacional de Servicios (TISA) –que el Frente Amplio ha repudiado recientemente [13]–, un acuerdo impulsado por los EEUU y la UE, que supone un TLC con varios países, donde se propone la privatización de prácticamente todos los servicios públicos [14].
 
En Bolivia, se ha abierto el camino a transnacionales para nuevas exploraciones petroleras en áreas protegidas (Decreto 2366, mayo de 2015) [15], en el marco de progresivas flexibilizaciones en los términos de negocios con las mismas, donde destaca el reciente anuncio del gobierno boliviano (ago. 2015) de "incentivos a la exploración" para las petroleras, que implica un enorme subsidio de US$ 3.556 millones para elevar sus ingresos en 64% en los próximos diez años [16]; también destaca el avance de proyectos de legislación para una agresiva ampliación de la frontera agroindustrial –apuntando al "modelo cruceño de desarrollo", Agenda Patriótica 2025 [17]–. Todo esto, se desarrolla en un momento político en el cual, el gobierno de Evo Morales ha declarado “irregulares” a 38 ONG, entre ellas al CEDIB [18].
Y en Venezuela, ante la crisis del modelo rentista petrolero, y en el marco de una progresiva transformación en las políticas del gobierno nacional, destacan, por un lado, el decreto 1425 de "Ley de Regionalización Integral" (nov. 2014), que plantea la figura de las “Zonas económicas especiales” (ZEE) –tomadas del modelo chino–, las cuales representan una liberalización integral de regiones geográficas del país, para derribar obstáculos al capital (IED) y así “afianzar el desarrollo y enfrentar la pobreza estructural” [19] –la Faja Petrolífera del Orinoco fue declarada como una de las ZEE del país [20] y sería una "vitrina de la Venezuela que se quiere construir" [21]–; y por otro lado, el impulso de la “Operación para la Liberación del Pueblo” (OLP), que implica intervenciones de choque directas de los cuerpos de seguridad del Estado en diferentes territorios del país (rurales, urbanos, barrios periféricos), para "combatir el hampa" –al estilo de las operaciones en las favelas brasileñas–, lo cual tiene, y tendrá, bajo este enfoque, serias implicaciones sociales y políticas [22]. Se tratan en ambos casos, y es fundamental decirlo, de territorializaciones de ajuste.
 
Pensar estratégicamente: preguntas para un tiempo de mutaciones
 
La recurrente idea del ataque exterior, encarnada por el imperialismo estadounidense, en articulación con las derechas tradicionales de los respectivos países, a pesar de tener asidero, pues representa actores importantes que ejercen presión en el avance de esta deriva regresiva en la región, ha servido a algunos para querer explicarlo todo con ella. Pero como lo ha propuesto recientemente el propio François Houtart, “La teoría del complot tiene el peligro de velar las causas profundas del proceso” [23]. Nos preguntamos: para convertir la dirección de un Estado en un gobierno de derecha, ¿hace falta cambiar los actuales gobernantes, o también se puede ir configurando su mutación desde adentro (sin “cambio de gobierno”)?
 
¿Es única y obligatoriamente el ajuste, el horizonte próximo de todos los gobiernos de la región? ¿Podrían los gobiernos progresistas tomar una serie de medidas que en teoría habían combatido en sus inicios?
Si el consumo se ha convertido en el principal factor de consenso político nacional –primordialmente en las ciudades–, lo cual permite amortiguar el impacto de ciertas políticas de ajuste, ¿hasta cuándo y con qué alcance se podría mantener esta modalidad?
También: los trabajadores y trabajadoras de la región, campesinos y pueblos indígenas, ¿prefieren el consenso de Beijing al consenso de Washington? Y de nuevo: ¿quiénes detienen las “restauraciones conservadoras”, o bien las reformulaciones neoconservadoras? En cada vez más ámbitos, los pueblos van contando sólo consigo mismos para defender sus reivindicaciones y territorios.
 
Ante este cambio de época en marcha en América Latina, e incluso ante la reciente y dramática capitulación de Syriza en Grecia, o la vacilante propuesta de Podemos en España, parece conveniente y profundamente estratégico, preguntarnos qué hemos aprendido como pueblos de estos procesos; insistir en un debate vital en torno a la forma Estado, y nuestra relación con ésta. ¿Pueden los desencantos recientes potenciar no sólo rabias coyunturales, sino nuevas disposiciones y cosmovisiones sobre la producción de lo político?
 
También parece conveniente insistir en que, ante la agudización de las contradicciones sistémicas mencionadas al principio, y de las manifestaciones de la crisis civilizatoria, podríamos estar ante escenarios en los cuales se estén configurando radicales modificaciones de las estructuras de poder tal y como las conocemos, de las formas de la soberanía, de las modalidades de control territorial –¿apuntamos hacia nuevas feudalizaciones del poder? [24]–. Si esto fuese así, los debates sobre el Estado se complejizan aún más, toman nuevos matices, aparecen nuevos elementos.
 
Fenomenología del Estado y territorialización del poder: un diálogo crítico con Álvaro García Linera
Como hemos propuesto, la discusión sobre el Estado, y la idea de la autonomía desde abajo ante el mismo, es profundamente estratégica ante los tiempos actuales. Podemos afirmar que existe en la región toda una línea teórico-política que insiste en la centralidad del Estado como alternativa de transformación social, en la cual el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (AGL), aparece como uno de sus principales exponentes. La relevante propuesta de AGL intenta reactivar una nueva fe sobre lo estatal.
 
Para AGL, el debate «Autonomía o Estado» es un falso debate [25]. Nosotros en cambio, planteamos que la fusión (sic) que propone el autor, de integración de las luchas desde abajo con el Estado, es inconveniente; que una lucha popular de múltiples escalas, no supone necesariamente la integración de sus objetivos, formas y acciones con los de la máquina-Estado, que son claramente diferentes. En este sentido, mantener esta diferenciación es estratégico en la agenda política de las luchas desde abajo, sin que en ningún sentido se lleve adelante una política de aislamiento o una propuesta maniquea. Se trata de pensar, antes que en un «Estado Integral», en un horizonte de territorialización del poder.
 
a) El Estado omnipresente y la subsunción de lo común en lo público en AGL
A partir de lo que AGL llama el principio de incompletitud histórica –propuesto desde el Teorema de Gödel–, el autor propone que la tradición de la dominación [26] del Estado no es ahistórica, que tiene grietas, y que la gente tiene la posibilidad de trascenderla. Siendo esto cierto, la necesaria pregunta subsiguiente es: ¿cuáles son los límites de esta posibilidad de transformar al Estado?
Y también: aunque es importante definir al Estado como un “campo de lucha”, como una construcción política en permanente movimiento, o una estructura de relaciones maleables, no es la contradicción en sí, el elemento que lo define. Algo debe darle forma, sentido. Y su especificidad histórica, su sentido de existencia es ser una maquinaria de dominación y conducción política, tomando el propio concepto de AGL [27].
 
Esta modalidad monopólica, centralizadora y abstractalizante de poder, esta forma política de hacer que es el Estado, en AGL es al mismo tiempo materia e idea, es también creencia colectiva [28], lo que permite evidenciar, de manera muy útil, la forma fenomenológica del Estado. Sin embargo, hay una especie de omnipresencia e irresistibilidad que otorga el autor al Estado-idea colectiva: si éste es, por tanto, “las estructuras mentales, los esquemas simbólicos, los sistemas de interpretación del mundo que hacen que cada individuo sea uno con capacidad de operar y desenvolverse en ese mundo”; si las luchas populares, los saberes colectivos, los esquemas de organización del mundo, y las propias identidades sociales no están al margen del Estado, sino que éste los contiene; si éste es “la subalternidad misma en estado institucional y simbólico (…) es la comunidad social, los logros comunes, los bienes colectivos conquistados, aunque bajo una forma fetichizada”; si la “sociedad real (…) ha construido la estatalidad con sus logros y sus desdichas” [29], parece pues, que el afuera del Estado es un desierto.
 
Estado no es igual a sociedad. No toda producción molecular de lo político es Estado, o tributa a su constitución, aunque coexista o se articule con él, aunque sufra su dominación. Seguramente la constitución popular de lo político está profundamente permeada por el Estado, pero éste no la configura de manera completa. Las exterioridades del Estado son múltiples, en el espacio, en las creencias, en los cuerpos, aunque puedan ser momentáneas y contingentes.
 
La rebelión no sólo proviene desde la propia experiencia de estatalidad [30] de los sujetos, sino al mismo tiempo de procesos productivos propios y territorializados que están también más allá del Estado. AGL parece incluir todas las contradicciones socio-políticas en el seno estatal.
Es necesario entonces otro tipo de fenomenología del Estado. Una que reconozca las diversas y múltiples formas de producción de lo político que se encuentra en las afueras de éste, las otras formas de hacer que se distinguen de él; que dé cuenta cómo sus objetivos, formas y acciones difieren de la forma de la estatalidad. La clave del cercamiento fenomenológico que propone AGL, y que al mismo tiempo traba el desbordamiento popular de las fronteras estatales, está en la subsunción que hace el autor de lo común en lo público. Dice AGL:
El Estado sólo puede producirse en la historia contemporánea si produce (como fruto de las luchas y de las relaciones sociales) bienes comunes, recursos pertenecientes a toda la sociedad, como la legalidad, la educación, la protección, la historia cívica, los aportes económicos para el cuidado de los demás, etc.; pero este común únicamente puede realizarse si al mismo tiempo de producirse, también se inicia el proceso de su monopolización, su concentración y su administración por unos pocos que, al realizar esa monopolización, consagran la existencia misma de los bienes comunes  [31].
 
En realidad el Estado sólo produce bienes públicos, no bienes comunes. El ámbito de lo público ha aparecido tradicionalmente en el imaginario político moderno/occidental como el ámbito por excelencia donde se manifiesta y organiza lo popular. Sin embargo, la forma de lo público se reproduce a través de la representación política trascendental del Estado, lo que supone una gestión monopólica y corporativa del poder territorial. Los bienes comunes, como materialidad de la vida, al ser un don de la misma otorgada a todos, preexiste a la apropiación y monopolización que ejerce el Estado, a diferencia de lo planteado por AGL –“los bienes comunes son creados (…) pero sólo existen si son a la vez monopolizados”, dice el autor [32]–. Las múltiples formas de lo común se basan en otra valoración de la Vida (si se quiere, de la naturaleza), en otras formas de gestionar los territorios (ecosistemas), en la acción colectiva dirigida a reproducir la vida inmediata –aunque puedan ser frágiles, discontinuas, inestables–, que en cambio son constitutivas de la dinámica social [33].
 
La distinción no es arbitraria ni insignificante. Es en el modo de gestión de los territorios, de la reproducción de la vida, en la forma de su horizonte vital, donde se produce este importante deslinde. No hacemos referencia a una comunalidad inmaculada, a un tipo de pureza, o de formas ideales libres de contradicciones. No hablamos de sujetos impecablemente cooperantes, sino pueblos rurales, semi-rurales y urbanos que apelan persistentemente a gestiones colectivas para posibilitar, en primera instancia, el curso de su vida.
Lo que es también importante recalcar, es como la representatividad estatal –siempre fluctuante, y en diversos grados dominante y represiva– impide, en el corto o en el largo plazo, la gestión directa de lo común. Los bienes públicos (como la educación, la vivienda, la salud, etc.) son usufructuados socialmente por la vía de una intermediación, y en numerosas ocasiones, se viven sólo como idea, suspendidos en la promesa de un futuro desarrollo, o una futura mejor gestión. Nuevas posibilidades y horizontes de lo político en la región, pasan por recuperar la centralidad de esta dimensión territorial inmanente de lo común. Producir con el trabajo colectivo y la riqueza inmediata, desde abajo, el experimento político que en algún momento del ciclo progresista quedó abortado.
 
b) Extractivismo y la entelequia del «Estado Integral»
Como ya es sabido, AGL plantea que el extractivismo es una fase temporal para generar condiciones para alcanzar una "futura fase social" [34], y en numerosas ocasiones ha propuesto que los críticos del extractivismo le hacen el juego al imperialismo, como lo ha expresado sobre ONGs como CEDIB (Bolivia) en su reciente carta Sobre el papel de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en Bolivia y su financiamiento. Ya en otros espacios hemos intentado replicar esta idea de que para salir del extractivismo hace falta más extractivismo , y hemos señalado el peligroso camino de la satanización de la crítica.
 
Pero esta prometida fase temporal del extractivismo se sostiene sobre la idea –que suele ser recurrente– de que, ahora sí, hemos alcanzado un escalafón histórico de las luchas políticas, lo cual se traducirá en una alianza progresiva entre el Estado y el pueblo, que construirá el camino para deshacer al extractivismo. Esta alianza es lo que AGL ha llamado el «Estado Integral» [35].
 
Para AGL, a partir de la experiencia boliviana, en este Estado Integral se produce “la presencia directa de representantes de los sectores sociales movilizados en distintos niveles del aparato estatal”, y añade también “la presencia directa de las organizaciones sociales en la definición de las principales políticas públicas” [36]. El Estado en AGL es una trama cotidiana en la cual gobernantes y gobernados, con distintos niveles de influencia, intervienen en torno a la definición de lo colectivo [37]. De ahí que el autor afirme que “Socialismo es entonces un largo proceso de transición en el que estado revolucionario y Movimientos Sociales se fusionan para que día a día se democraticen nuevas decisiones; para que día a día más actividades económicas entren a la lógica comunitaria en vez de la lógica del lucro” [38].
 
Conviene insistir en lo siguiente: el «extractivismo» es una modalidad de acumulación capitalista que centraliza tanto el poder como la soberanía sobre el territorio; esto es, estructura un tipo de soberanía (nacional-estatal) que mercantiliza y monopoliza la decisión sobre los llamados “recursos naturales”.
 
Esta racionalidad, esta forma política de hacer particular, esta modalidad de dominación transnacionalizada y corporativa, que se superpone y evita que la gente realice una gestión directa de los bienes comunes, está dotada de sentido por los procesos de acumulación de capital a escala global, por la División Internacional del Trabajo y la Naturaleza.
 
La entelequia del «Estado integral» intenta fusionar modos de hacer, de producir de lo político, que se contraponen. Por medio de la coacción y la “manufactura de consensos” (de diversas maneras), éste evita o pone límites a la ocupación, recuperación y reapropiación de lo común (sea en espacios urbanos, tierras agrícolas, áreas de reserva natural, etc), en nombre de la protección de la propiedad privada, de la “soberanía nacional” y del mantenimiento del orden y la estabilidad. El Estado pues, no reconoce otra soberanía que no sea la nacional-estatal –no es casual que, por ejemplo, casi ninguna de las consultas previas en América Latina respecto a proyectos extractivos o desarrollistas sea reconocida por los poderes constituidos [39]–. Adicionalmente, en contextos de aguda crisis como las actuales, el Estado tiende a profundizar mecanismos políticos de acumulación por desposesión como medidas de ajuste, por lo que su conflicto con lo común se intensifica.
 
Pero sobre todo, es importante insistir en cómo, en las esferas más altas del Estado, donde se concentran las decisiones sobre los bienes comunes para la vida ―los llamados “recursos naturales”―, sobre las Fuerzas Armadas nacionales, las grandes finanzas, se evidencia con más claridad y crudeza la estructura jerarquizada, la modalidad corporativa transnacionalizada que posee la gestión de lo público (extracción de naturaleza, infraestructuras urbanas, adquisición de tecnología militar, financiamiento externo, etc.), lo radicalmente excluyente que es respecto a lo común, y lo complejo de delegar estas gestiones a unos cuantos representantes y voceros de movimientos sociales, para replicar los modelos de concentración de poder y manejo centralizado de la riqueza colectiva. Bajo este modelo, estos ámbitos son prácticamente intocables para las bases populares, por lo cual reformas progresistas sobre igualdad de género, aborto, derecho a la ciudad, figuras de participación política formal, entre otras, se convierten en reformas cosméticas sino se produce un proceso social de re-apropiación territorial.
 
c) Alternativas, correlación de fuerzas y territorialización del poder: la centralidad de las luchas desde abajo
Aunque se puedan producir las condiciones ―que siempre serán temporales― para llevar adelante una gestión política articulada de las formas de lo público, entre el Estado y una masa crítica popular contrahegemónica organizada ―siempre en diferentes grados―; aunque se resalte la importancia de trastocar y transfigurar la forma Estado “desde adentro” de la maquinaria; lo que consideramos fundamental es quitarle centralidad política a la idea de que hay que, en primera instancia, ocupar el Estado.
En la medida en la que un movimiento político desde abajo, efervescente, numeroso, potente, otorga centralidad en su lucha a la toma de la esfera estatal, se introduce en un campo asimétrico en el que puede, paradójicamente, ocupar al Estado, mientras que el Estado, lo ocupa a él. Si el Estado es también una relación social (dominante), entonces en sus formas se producen tipos de subjetividades, corporalidades, territorialidades, redes moleculares de poder, las cuales son finalmente funcionales a la reproducción del capital. Se genera pues, algo que pudiésemos llamar una  dominación productiva, a partir de sus estructuras de relacionamiento y sus formas de racionalidad.
 
El reconocimiento del Estado como máquina de dominación, no supone un desentendimiento o abandono del mismo, del campo de lo público, cuando se trata de pensar horizontes anti y post extractivistas, rentistas y capitalistas. No sólo porque el Estado no va a desaparecer de la noche a la mañana, sino también porque su función en la escala del sistema interestatal mundial y la División Internacional del Trabajo y la Naturaleza, puede variar políticamente, es relativamente maleable, dependiendo de diversas luchas domésticas. Es decir, no sólo se configura un duopolio cooperativo entre Estado y Mercado, sino que se pueden desarrollar diferentes niveles de contradicción entre ellos, que podrían ser más o menos favorables a procesos de luchas locales, lo cual puede ser aún más vital y relevante en los débiles Estados-nación periféricos. Se trata de la contradicción planteada por David Harvey entre la lógica del capital y la lógica territorial [40].
 
Pero lo fundamental, con miras a abrir o mantener las posibilidades de reproducción de una política popular de lo común –resistencia y constitución–, es el estado de la correlación de fuerzas en un espacio-tiempo específico, la síntesis que se produce en el completo campo de la política (que puede ser en un país, pero no únicamente), y que está determinada por las fuerzas y probabilidades de cumplir sus objetivos, por parte de los actores que disputan en dicho campo –para lo que nos compete, las subjetividades contrahegemónicas–. A esto lo podemos llamar la composición política.
Esta composición política pues, está fundamentalmente determinada por las luchas desde abajo. Todo proceso contrahegemónico de horizonte social emancipatorio, se mueve y produce a partir de la lucha popular ―es su factor constituyente y originario―, la cual puede generar una recomposición que mejore las condiciones de disputa, la gestión común de la vida y las posibilidades de transformación social. Esto aplica en particular para el Estado, que posee “internamente” su propia composición política que lo define, y que puede ser reformulada para que ejerza un rol más favorable al proceso reproductivo de lo común.
 
Es la lucha popular territorial el punto de partida, llevada adelante para reproducir la vida, sin que esto implique, de ninguna manera, el abandono de ámbitos más amplios de disputa política, de escalas municipales, biorregionales, nacionales, continentales o incluso globales. Se trata de la configuración y el ejercicio de otras soberanías, de posibilidades para la autonomía material de pobladores y pobladoras, de producción de narrativas propias, que en primera instancia no admitan límites exteriores y anteriores a su propio despliegue y decisión –como lo ha propuesto Raquel Gutiérrez Aguilar [41]–, y que no detienen su movimiento territorial para esperar una supuesta “resolución histórica” de la contradicción Estado/movimientos sociales, orientada a la conformación de un imaginado «Estado integral».
 
La territorialización del poder se alimenta de esos otros códigos y formas de hacer contrahegemónicos, de las cotidianas deserciones que producen los pueblos desde abajo, presentes en movilizaciones de diversos tipos, como la de los pueblos indígenas bolivianos o las expresiones cooperativas del chavismo popular urbano. Lo importante es pues, mantener el deslinde vital entre lo público y lo común, entre lo que se instituye y lo constituyente.
 
Si las luchas masivas tienden inevitablemente a declinar, a agotarse, después de una ola ascendente y efervescente, y con ello, la composición política se hace más adversa a la producción y reapropiación de lo común, y el Estado se hace más reaccionario y conservador, la única alternativa ante esto es procurar el florecimiento territorial de lo común, de la comunalidad –vista como estabilización de lo común–, que permita que los procesos de lucha social, la configuración de alternativas y transformaciones, se hagan más orgánicas.
Si el Estado es también una creencia colectiva, es fundamental construir nuevos sentidos comunes, nuevas creencias sociales que busquen desplazar a la conciencia colectiva de su inevitabilidad, al fetiche del Estado, a su capacidad de abstractalizar el poder, a su esencia trascendente, para en cambio territorializar la posibilidad emancipatoria.

III. ¡Qué país programa la reforma agraria anticapitalista?

  Con poder territorial de
sus pueblos y comunidades.
Analicemos porqué deconstruir el «estatismo». Partamos de Emiliano Terán Mantovani cuando señala: "Nosotros en cambio, planteamos que la fusión (sic) que propone Álvaro García Linera, de integración de las luchas desde abajo con el Estado, es inconveniente; que una lucha popular de múltiples escalas, no supone necesariamente la integración de sus objetivos, formas y acciones con los de la máquina-Estado, que son claramente diferentes. En este sentido, mantener esta diferenciación es estratégico en la agenda política de las luchas desde abajo, sin que en ningún sentido se lleve adelante una política de aislamiento o una propuesta maniquea. Se trata de pensar, antes que en un «Estado Integral», en un horizonte de territorialización del poder".
Insistamos en esclarecernos sobre esta concepción tan clave para emanciparnos del capitalismo y de los imperialismos implícitos.
El posneoliberalismo,
apuntes para una discusión
24 de mayo de 2016
Por Pablo Dávalos (Rebelión)
 
El concepto de «posneoliberalismo» ha sido utilizado para calificar a la ruptura con el neoliberalismo que provocaron en su momento los gobiernos autodenominados “progresistas” en América Latina; sin embargo considero pertinente problematizar este concepto, porque ello quizá nos permita comprender el rol histórico que cumplieron esos gobiernos “progresistas” al interior de las dinámicas de la acumulación del capitalismo. Para el efecto, quizá sea conveniente establecer una línea teórica demarcatoria con el concepto de “neoliberalismo”.
El concepto de “neoliberalismo” está relacionado con Friedrich Hayek, Milton Friedman, F. Knight, Ludwig Von Mises, entre otros, y la “Sociedad del Monte Peregrino”. Este concepto nace en Europa luego de la segunda guerra mundial como una necesidad de renovar al discurso del liberalismo clásico y ponerlo a tono en un contexto en el cual el Estado liberal asume el formato de “Estado de Bienestar” y la existencia de economías socialistas centralmente planificadas [1] . La discusión teórica sobre el concepto “neoliberalismo” es abundante y se ha convertido, de hecho, en el mainstream del pensamiento económico, político, ideológico y social de la globalización. Las críticas al neoliberalismo son, asimismo, prolíficas.
El concepto de “posneoliberalismo”, por el contrario y hasta el momento, sólo tiene sentido y significación en el debate político latinoamericano. En efecto, esta noción nace desde América Latina y como una necesidad de caracterizar el tiempo histórico de los gobiernos latinoamericanos que surgieron desde las luchas sociales en contra del neoliberalismo y que configuraron los denominados “gobiernos progresistas” en referencia a Hugo Chávez y la “Revolución Bolivariana” en Venezuela; Evo Morales y el “Movimiento Al Socialismo” (MAS) en Bolivia; Rafael Correa y la “Revolución Ciudadana” en Ecuador; Néstor y Cristina Kirchner en Argentina; Lula Da Silva y Dilma Roussef y el “Partido de los Trabajadores”, en Brasil; Tabaré Vásquez y José Mujica y el “Frente Amplio” en Uruguay, principalmente.
Fue una expresión utilizada por Emir Sader, Atilio Borón [2] , Carlos Figueroa Ibarra, entre otros [3] , para marcar una distancia con aquellos gobiernos neoliberales adscritos a la agenda del Consenso de Washington. Con el concepto de “posneoliberalismo” se trataba de ubicar en la nueva geopolítica a los regímenes latinoamericanos que surgían en disputa con EEUU y fuertemente críticos con el modelo neoliberal. Estos gobiernos cambiaron el sentido de las políticas públicas hacia políticas más inclusivas y con mayor sensibilidad social, preocupándose por la inversión social y la lucha contra la pobreza. En un inicio, algunos de estos gobiernos latinoamericanos incluso acudieron a la ideología del socialismo para legitimarse [4] .
Sin embargo, las derivas extractivistas de estos gobiernos y su creciente separación con los movimientos sociales hasta llegar al punto de la confrontación abierta, entre otras señales, ameritan una reflexión adicional sobre la significación real del “posneoliberalismo”. ¿Se trata de una nueva categoría económica y política que rompe radicalmente con la tradición del neoliberalismo en América Latina o más bien es una continuación de éste? y, además, ¿Por qué llamarlo posneoliberalismo? ¿Qué sentido tiene añadir una preposición a un prefijo?
Para Carlos Figueroa y Blanca Cordero, por ejemplo, en “el posneoliberalismo, el Estado vuelve a adquirir la dimensión de agente rector de la vida social y lo público se coloca encima de lo privado” (Figueroa Ibarra y Cordero, Blanca, 2011: 13) pero no se problematiza sobre el retorno del Estado ni tampoco sobre el sentido que tiene “lo público”. Es decir, se asume que toda recuperación del Estado es ya una ruptura fuerte con el neoliberalismo. Se asumen las formas que asume la política como criterios determinantes para calificar el tiempo político de los “gobiernos progresistas”.
Empero, más allá de las formas que puede asumir el Estado, sobre todo con referencia a los “gobiernos progresistas” latinoamericanos, pienso que es necesario darle un mayor contenido analítico y espesor epistemológico al concepto de “posneoliberalismo”, porque este concepto corre el riesgo de convertirse en un tópico ideológico destinado a encubrir y legitimar prácticas gubernamentales que lesionan los derechos de los trabajadores, destruyen el tejido social, cooptan a las organizaciones sociales en el interior del aparato del gobierno, expanden la frontera extractiva, criminalizan las disidencias, entre otros fenómenos, y que son invisibilizados porque provienen desde los “gobiernos progresistas”. La discusión sobre el significado del “posneoliberalismo” no es académica sino política. La delimitación y aclaración de este concepto puede ayudar a visibilizar y comprender de mejor manera las resistencias de los movimientos sociales de la región.
Para el efecto, es necesario comprender que América Latina como región ha sido integrada al sistema-mundo capitalista desde una relación asimétrica y desigual que corresponde a las nociones de centro-periferia (Wallerstein, 2004) y que los discursos políticos e ideológicos también forman parte de esa relación centro-periferia. Los países capitalistas más avanzados conforman el centro del sistema-mundo e imponen sus condiciones a la periferia por medio de diferentes mecanismos, entre ellos, el intercambio desigual, o la colonización económica y monetaria del cual fue garante y condición el FMI, por la vía de los programas de ajuste económico (Dávalos, 2011), pero también crean las ideas, los conceptos y los marcos teóricos que definen y estructuran la comprensión de Lo Real. Como en esos países no consta entre sus prioridades el debate teórico sobre el “posneoliberalismo” entonces este debate no existe. Es necesario, en consecuencia, visibilizar ese debate, descolonizarlo de las relaciones de poder/saber centro-periferia y vincularlo con los procesos recientes del capitalismo como sistema-mundo desde aquello que Boaventura de Souza Santos denomina las “Epistemologías del Sur” (De Souza Santos, 2013).
Posneoliberalismo, financiarización y gestión de riesgo en el sistema-mundo
Existen importantes mutaciones del capitalismo del siglo XXI que es necesario advertir y que marcan transiciones importantes en la regulación del sistema capitalista. La emergencia del discurso del neoliberalismo, de hecho, está asociada a los cambios en los patrones de la acumulación del sistema-mundo, desde la industrialización hacia la financiarización y la especulación. El discurso del neoliberalismo y su apelación a la liberalización de los mercados de capitales y la flexibilización de los mercados de trabajo correspondía, precisamente, a esa transición del capitalismo desde la industrialización hacia la financiarización. El neoliberalismo era el discurso que encubría y legitimaba las formas de ganancia especulativa financiera y la desarticulación del poder de los sindicatos por restablecer la capacidad adquisitiva de los salarios. Esa transición está caracterizada por las nuevas formas de propiedad y de gestión de las grandes corporaciones transnacionales (Aglietta, M. y Rebérioux, A., 2004).
Empero, la caída del muro de Berlín y la implosión de los países socialistas significó la emergencia de un capitalismo global que no tenía como límites sino a sí mismo. El capitalismo de financiarización, en esta coyuntura, produce un pliegue sobre sí mismo y pasa a gestionar el riesgo de la especulación y la financiarización como dinámica global en el sistema-mundo. Aquello que irrumpe es una situación de riesgo sistémico asociado a la financiarización y centralización del capital a escala mundial en un contexto de debilidad política de los sindicatos, pérdida de sentido emancipatorio para los partidos de izquierda y movimientos sociales en busca de marcos interpretativos más amplios.
El capitalismo del siglo XXI apuesta al riesgo, lo produce, lo genera y lo establece como condición de posibilidad de la economía mundial, porque la gestión de riesgo le permite crear niveles de rentabilidad jamás imaginados y que superan incluso la rentabilidad de la especulación financiera. Para que se tenga una idea, en el mes de diciembre del año 2015 la especulación en productos financieros derivados alcanzó los 493 billones de USD, una cantidad casi ocho veces más importante que toda la riqueza mundial medida en términos de P.I.B. [5] . De estos instrumentos, aquellos dedicados específicamente a provocar las crisis financieras y monetarias, y que se conocen con el nombre de Credit Default Swaps (CDS), en junio de 2015 fueron de 24.47 billones de USD, el doble del P.I.B. de la Unión Europea en su conjunto para el mismo año [6] .
Toda la política monetaria de EEUU, Canadá, la Unión Europea y Japón, entre las economías más importantes del sistema-mundo, están condicionadas y definidas desde la dinámica de la especulación financiera y la gestión del riesgo de esa misma especulación. Los bancos centrales del mundo se han convertido en prestamistas de última instancia y garantes del juego de casino del capitalismo financiero en donde, paradójicamente y gracias a los instrumentos financieros complejos como los derivados, ahora es más lucrativo provocar una crisis que resolverla.
En la gestión y administración del riesgo financiero-especulativo ya no es la capacidad productiva de una sociedad la que se integra a los circuitos de la especulación y financiarización sino el conjunto de la sociedad en cuanto sociedad. Aspectos que antes estaban por fuera del mercado y de la especulación ahora pertenecen a él. El mercado financiero-especulativo integra en sus propios circuitos al conjunto de la sociedad más allá de cualquier referencia a la producción, la distribución o el consumo.
El marco teórico del neoliberalismo clásico resulta insuficiente para comprender esa mercantilización e incorporación de toda la vida social a los circuitos financiero-especulativos y de gestión del riesgo de esa especulación, porque su episteme está acotada a los mecanismos monetarios y mercantiles de la circulación y la producción. Es un marco teórico muy restringido para las derivas que asume la especulación financiera internacional. Es necesario, por tanto, un marco teórico más comprehensivo, más inter y transdisciplinario y que surja desde la misma episteme neoliberal, porque aquello que se integra a los circuitos especulativos del mercado mundial es el conjunto de la vida social.
El plexo social se pliega en los circuitos financieros y de gestión de riesgo especulativo en su totalidad y la forma por la cual el nuevo discurso económico comprende este pliegue de la vida social en la financiarización es a partir de las instituciones. Las instituciones son la respuesta teórica creada desde la episteme neoliberal para ampliar su propio marco teórico, pero no por cuestiones académicas sino por razones pragmáticas. No se trata de aquellas instituciones que fueron estudiadas por Castoriadis (2010), por poner un ejemplo, y en la cual subyace la complejidad de las sociedades; en absoluto, se trata de la visión liberal de las sociedades en las cuales las instituciones representan las reglas de juego de actores individuales que tienden a maximizar su egoísmo. En consecuencia, el marco teórico que emerge en la financiarización y administración del riesgo es, precisamente, aquel que toma como referencia a las instituciones como conjunto de la vida social e histórica.
El neoliberalismo tradicional y monetarista se transforma en un “neoliberalismo institucional”. Es decir, en un discurso más complejo, más vasto, más comprehensivo. Un discurso que incluso entra en contradicción y conflicto con la misma teoría tradicional del neoliberalismo. Es una transformación provocada y exigida desde las formas especulativas y financieras de la acumulación del capitalismo que integra a las instituciones de la vida social al juego de casino mundial.
Existe, por tanto, una presión desde los circuitos de la especulación y la gestión de riesgo de esa especulación, por involucrar a todas las instituciones sociales en su juego especulativo. Estas transformaciones en la regulación del capitalismo alteran al sistema-mundo de forma importante porque generan presiones a la periferia que nacen desde la regulación por financiarización y la privatización de las instituciones que sostienen y estructuran a la vida social.
Estas imposiciones producen en los países de la periferia del sistema-mundo capitalista una dinámica de despojo de territorios, de saqueo de recursos, de destrucción de las solidaridades y reciprocidades existentes, de expoliación a las sociedades y de uso estratégico de la violencia que, de cierta manera, repiten las formas primitivas de violencia que existieron durante la acumulación originaria del capital de los siglos XVIII y XIX.
Es como si esa violencia originaria, y que constituyó al capitalismo históricamente, fuese la condición de posibilidad del capitalismo en su periferia pero en forma permanente y continua. A más desarrollo capitalista en los países del centro, más violencia, más saqueo, más despojo en las regiones de la periferia. Es como si el capitalismo tuviese dos relojes: en el primer reloj las regiones del centro del sistema-mundo tienen un tiempo hacia delante, mientras que en la periferia ese mismo reloj las lleva al pasado. A este proceso que repite las formas primitivas y originarias de violencia de la acumulación capitalista en las regiones de la periferia del sistema-mundo, la economía política lo ha denominado como “acumulación por desposesión” [7] y están asociadas a las nuevas formas de regulación por financiarización y gestión de riesgo especulativo a escala global.
La trama institucional del posneoliberalismo: hacia el neoliberalismo institucional
Ahora bien, la acumulación por desposesión se inscribe en el interior de una trama institucional que sirve de soporte a la financiarización y la gestión de riesgo del capitalismo especulativo. La trama institucional es clave para ese proceso especulativo porque a partir de ella se crean nuevas oportunidades y nuevas condiciones de posibilidad para la especulación. El eje más importante de esa trama institucional es, definitivamente, el Estado.
Sin el Estado no hay soporte para esa trama institucional y sin esa trama la especulación financiera y la gestión de riesgo perderían una de sus principales bazas. Por ejemplo, el mercado de carbono que involucra a los principales bancos del mundo y que generó en el año 2012 instrumentos derivados por cerca de 200 mil millones de USD ( Lohmann, 2012) , sería imposible sin la existencia del Estado y las regulaciones de cambio climático. De igual manera con toda la industria de los “servicios ambientales”, sería imposible sin la regulación que la codifica, estructura y establece. El “neoliberalismo institucional” necesita del Estado como actor fundamental de la economía global.
El retorno del Estado es una necesidad económica de la globalización financiera y la privatización de las instituciones de la vida social. El retorno del Estado fue ya propuesto por el Banco Mundial en su Informe de Desarrollo Humano del año 1997. Para el Banco Mundial, no se trataba de saber si el Estado tenía que formar parte activa de la economía sino la medida de esa participación. Ese informe del Banco Mundial, de hecho, tuvo como consultor principal a Douglass North, premio “Nobel” de economía y teórico importante del “neoliberalismo institucional”.
El nuevo marco teórico del “neoliberalismo institucional” articula conceptos y categorías que parecen alejadas del neoliberalismo tradicional pero que, en realidad, lo continúan a otro nivel, como por ejemplo: elecciones y conducta no-racional, costos de transacción, acción colectiva, economía de la información, derechos de propiedad, seguridad jurídica, inversión extranjera directa, externalidades, incertidumbre, contractualidad, organización económica, principal y el agente etc., es decir, el discurso del neoinstitucionalismo económico [8] .
El retorno del Estado a la economía no es una iniciativa de los “gobiernos progresistas” latinoamericanos sino una dinámica que se inscribe en el interior de la acumulación del capitalismo y su necesidad de ampliar la mercantilización y la especulación hacia la trama institucional de la sociedad. La recuperación de la violencia legítima del Estado tenía también por objeto garantizar la transferencia de la soberanía política del Estado hacia las corporaciones transnacionales y hacia la finanza corporativa mundial en el formato de los Acuerdos Internacionales de Inversión que tienen en la Organización Mundial de Comercio (OMC) su instancia más importante.
El “neoliberalismo institucional” tiene como centro de gravedad de sus preocupaciones teóricas, precisamente, los derechos de propiedad, y la institución que vigila y protege los derechos de propiedad en el ámbito internacional es, justamente, la OMC. La mayor parte de los Estados-nación en la globalización están articulando y armonizando sus leyes internas en función de lo establecido desde la OMC, a este proceso lo denomino “convergencia normativa”.
El Estado y la violencia posneoliberal
La vinculación de la trama institucional a los circuitos de especulación y de gestión de riesgo financiero-especulativo desgarra el tejido social. Produce una violencia que se extiende por todo el sistema-mundo. Ya no se trata solamente de la violencia de la producción mercantil sino la desestructuración de instituciones ancestrales que habían servido de soporte para la vida de las sociedades desde su misma conformación histórica. Un ejemplo de esa tensión provocada desde la especulación y la gestión de riesgo especulativo es la incorporación de los territorios a los circuitos financieros especulativos internacionales. Millones de seres humanos son desalojados de sus territorios ancestrales porque ahora estos territorios son fichas importantes en el juego de casino mundial, el extractivismo es una forma de esa violencia. Para procesar esa violencia el Estado no sólo es fundamental sino también estratégico [9] .
Efectivamente, el rol del Estado es clave porque desde ahí se fundamenta la legitimidad de la violencia de los modelos de dominación política. Se trata, en consecuencia, de otorgar al Estado la suficiente fuerza política que permita absorber a su interior toda la energía social y permitir, de esta forma, la acumulación por desposesión; con esa energía política el Estado puede disciplinar a sus sociedades desde una matriz de violencia sustentada en el discurso de la ley y el orden.
Pero la violencia de la desposesión se invisibiliza. El retorno del Estado se asume como un triunfo político en contra del neoliberalismo tradicional. El posneoliberalismo crea esa invisibilización de la violencia de la desposesión, porque utiliza mecanismos de control social que aparecen como medidas económicas en beneficio de los más pobres, como por ejemplo las políticas de inclusión social de las transferencias monetarias condicionadas, o la política fiscal en salud, educación, o “inclusión social” como la llama el Banco Mundial. Mas, en realidad, son dispositivos estratégicos que encubren la violencia de la desposesión.
De todos esos dispositivos quizá el más importante porque al tiempo que encubre la violencia la legitima, es aquel de la “lucha contra la pobreza” y su correlato del “financiamiento al desarrollo”. Los denominados “gobiernos progresistas” fueron los instrumentos, por así decirlo, más idóneos para encubrir la violencia de la desposesión. Su discurso de financiar la lucha contra la pobreza a través del extractivismo fue el argumento legitimante de esa violencia y que se expresó de múltiples formas. Por ello, muchos críticos con el neoliberalismo y que provenían de la izquierda fueron conniventes con la violencia de la desposesión que desplegaron los “gobiernos progresistas” latinoamericanos, porque nunca visibilizaron esa violencia y consideraron que el momento posneoliberal era una ruptura definitiva con la violencia del neoliberalismo [10] .
Ahora bien, la invisibilización de la violencia de la desposesión es un fenómeno más complejo, porque apela a universos simbólicos, imaginarios sociales y mecanismos de control y disciplina a la sociedad que dan cuenta de una estrategia de dominación política con un alto contenido heurístico. Es decir, a medida que la sociedad resiste que su trama institucional sea privatizada y crea nuevas formas de resistencia, la estrategia de dominación política trata de estar siempre un paso por delante de esas resistencias, trata de anticiparlas para anularlas, controlarlas y destruirlas. A esa capacidad política de controlar las resistencias que tienen ahora los Estados que emergen desde la transición del neoliberalismo tradicional hacia el neoliberalismo institucional, la denomino “modelo de dominación política” y son consustanciales del posneoliberalismo.
A todos estos procesos que configuran una nueva racionalidad política sustentada en mecanismos liberales de la política, como las elecciones, y que tienen como sustento cambios institucionales profundos con el objetivo de situar la trama institucional de la sociedad en el interior de los circuitos de financiarización y gestión de riesgo especulativo, con Estados fuertes y modelos de dominación social y política que invisibilizan la violencia de la desposesión la denomino posneoliberalismo.
Acudo a esta denominación para distinguir el neoliberalismo del Consenso de Washington y la imposición colonial del Fondo Monetario Internacional, en especial durante la década de los años ochenta, de aquellas formas diferentes que asume la política en las etapas posteriores al ajuste del FMI porque, aparentemente, propone una ruptura con las recomendaciones del Consenso de Washington, pero continúa con los cambios institucionales y sociales imprescindibles para garantizar la acumulación en el capitalismo tardío. En consecuencia, me desprendo de la interpretación hecha, entre otros, por Emir Sader o Atilio Borón, que ven en el posneoliberalismo una ruptura con el neoliberalismo clásico.
Más bien al contrario, considero al posneoliberalismo como un proceso complejo y que integra varias dimensiones que continúan, profundizan, consolidan y extienden la violencia neoliberal. Las dimensiones que configuran al posneoliberalismo, son las reformas estructurales de tercera generación, la convergencia normativa, los modelos de dominación política, etc.
La noción de posneoliberalismo nos permite comprender esa aparente contradicción entre los cambios políticos que se suscitaron en la región, muchos de ellos de la mano de gobiernos críticos con el FMI, con las relaciones de poder que emergen desde la acumulación por desposesión, con la consecuente tensión y conflictividad social que ahora utiliza el recurso de criminalizar a la sociedad para proteger el sentido y la dinámica de la acumulación capitalista. El posneoliberalismo nos permite estar alertas de esa intención de poner a la economía entre paréntesis y provocar cambios políticos sin alterar un milímetro el sentido de la acumulación y las relaciones de poder que le son correlativas.
La noción de posneoliberalismo problematiza la tradicional topología de la política entre partidos y organizaciones de “izquierda”, de “derecha” y de “centro”, porque las convierte en meros dispositivos ideológicos de la acumulación del capital en el interior de los modelos de dominación política. En el momento posneoliberal, para la acumulación por desposesión y la violencia que suscita, el hecho de que un gobierno sea de “izquierda” o de “derecha” es irrelevante. Su relevancia proviene de la forma por la cual administra la dialéctica consenso/disenso en el interior de los modelos de dominación política. Fuera de esta dialéctica, su importancia es prácticamente nula.
Ahora se puede comprender, por ejemplo, que Alianza País en el Ecuador, o el Partido de los Trabajadores en Brasil, fueron la forma política que asumió la acumulación capitalista en momentos del colapso de una variante del neoliberalismo, aquel del ajuste macrofiscal del FMI. El ajuste fondomonetarista, al menos en América Latina, finalmente se agotó, pero cedió sus posibilidades hacia una variante del neoliberalismo que tiene su interés en las instituciones de la vida social en el sentido más amplio del término y en la disciplina y control a las sociedades. Aquello que está en disputa no es la colonización monetaria y fiscal que realizó el FMI sino la puesta en valor de las instituciones por la vía del extractivismo minero, de las industrias de los servicios ambientales, transgénicos, agrocombustibles, ejes multimodales de transporte, etc. Esta puesta en valor de las instituciones de la vida social implica violencia y criminalización social [11] .
El posneoliberalismo permite comprender varias dinámicas básicas, como por ejemplo, la acumulación por desposesión, el cambio institucional del Estado y del mercado, y los modelos de dominación política, en el interior de un solo proceso histórico signado por la mutación del capitalismo desde la financiarización hacia la gestión del riesgo especulativo. Es cierto que este proceso comprende al Estado de forma diferente al neoliberalismo del Consenso de Washington, pero no significa que implique una ruptura con este.
Se llega a esta conclusión luego de analizar la forma que asumió la política y la economía durante el período de los “gobiernos progresistas” de la región. Estos gobiernos nunca rompieron con los esquemas, dinámicas, procesos y el sentido mismo que imponía la violencia de la acumulación del capital, más bien los consolidaron.
Bibliografía:
Aglietta, Michel y Rebérioux, Antoine (2004) Dérives du capitalisme financier. París: Ed. Albin Michel.
Audier, Serge (2012) Néoliberalisme(s) Une archéologie intelectuelle. Paris: Grasset.
Dávalos, Pablo (2011) Hacia un nuevo modelo de dominación política: violencia y poder en el posneoliberalismo. En Gutiérrez, Raquel (Coord.): Palabras para tejernos, resistir y transformar en la época que estamos viviendo. Oaxaca-Puebla México: Ed. Pez en el Arbol
De Souza Santos, Boaventura (2013) Descolonizar el saber, reinventar el poder. Santiago de Chile: Ediciones Trilce
Figueroa Ibarra, Carlos y Cordero Díaz, Blanca (Eds.) (2011) ¿Posneoliberalismo en América Latina? Los límites de la hegemonía neoliberal en la región”. México: Universidad de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego
Lohmann, Larry (2012): Mercados de carbono. La neoliberalización del clima. Quito: Ed. Abya Yala.
* Este texto forma parte del primer capítulo del libro: Alianza País o la reinvención del poder. Siete ensayos sobre el posneoliberalismo en Ecuador. Pablo Dávalos, 2014, Ed. Desde Abajo, Bogotá-Colombia.
[1] Puede verse: Dávalos, Pablo (2013) El proyecto político de la Sociedad del Monte Peregrino. Versión en internet: http://pablo-davalos.blogspot.com. También: Cocket, Richard (1994) Thinking the Unthinkable. Tink Tanks and the Economic Counter Revolution 1931-1983. London: HarperCollins Publisher. Sobre una historia exhaustiva del neoliberalismo puede verse también: Audier, Serge (2012) Néoliberalisme(s) Une archéologie intelectuelle. Paris: Grasset.
[2] Boron, Atilio A..  El pos-neoliberalismo: un proyecto en construcción . En La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social.  Emir Sader y Pablo Gentili (comp.) (2003) Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales ( 2ª ed.) (192) Buenos Aires, CLACSO.
[3] Ver por ejemplo: Figueroa Ibarra, Carlos y Cordero Díaz, Blanca (eds): ¿Posneoliberalismo en América Latina? Los límites de la hegemonía neoliberal en la región. Universidad de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” (2011) México. Sader, Emir (2008) Refundar el Estado. Posneoliberalismo en América Latina. Buenos Aires: Instituto de Estudios y Formación de la CTA. Existe una crítica a Emir Sader desde una posición teórica cercana a lo planteado en el presente texto, realizada por la politóloga mexicana Beatriz Stolowicz Weinberger, ver Stolowicz, Beatriz (2011) “El   posneoliberalismo no es más que un manual táctico conservador para apuntalar al gran capital”. Recuperado de Internet: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=120994
[4] Hans Dieterich acuñaría el término de “socialismo del siglo XXI” para caracterizarlos. Dieterich, Hans El socialismo del Siglo XXI, versión electrónica: http://www.rebelion.org/docs/121968.pdf . Visita de enero de 2014.
[5] Ver: Banco de Pagos Internacionales BIS (2013) Statistical release. OTC derivatives statistics at end-December 2015. Monetary and Economic Department. Disponible en Internet: www.bis.org
[6] BIS (2013) op. cit.
[7] La “acumulación por desposesión” es una hipótesis originalmente propuesta por Rosa Luxemburg y que ha sido retomada por el geógrafo marxista David Harvey, quien recoge la afirmación de Marx en la cual el denominado periodo de la acumulación originaria del capitalismo estuvo conformada por momentos de explotación, saqueo, violencia, como por ejemplo las Enclosure Acts, la sobreexplotación salarial, o la conquista Europea a América. Para David Harvey, estás dinámicas de saqueo y violencia aún continúan en el capitalismo de la periferia. Cfr. Harvey, David (2003) The New Imperialism. Nueva York: Oxford University Press.
[8] Sobre el neoinstitucionalismo ver: Dávalos, Pablo: Neoinstitucionalismo y Banco Mundial. Revista electrónica:www.alainet.org, disponible en internet: http://alainet.org/active/42669&lang=es Ver también el texto ya clásico de Douglas North (1993) Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. México: FCE. Ver también el estudio clásico del institucionalismo político: March, James y Olsen, Johan (1997) El Redescubrimiento de las Instituciones. La base organizativa de la política. México: FCE
[9] Por ejemplo, en la Ley de Aguas aprobada en el año de 2014 por el gobierno de Alianza País, consta lo siguiente: “ Art. 52.- El Consejo Nacional de Recursos Hídricos determinará la disponibilidad de las aguas de los ríos, lagos, lagunas, aguas corrientes o estancadas, aguas lluvias, superficiales o subterráneas y todas las demás que contemplan esta Ley, como aptas para los fines de riego.” La regulación incluso de la lluvia es el correlato de su privatización, porque esta regulación se inscribe al interior de los procesos de convergencia normativa del posneoliberalismo.
[10] Ver por ejemplo, a este respecto, la posición connivente de Marta Harnecker con respecto al proceso ecuatoriano y Alianza País , Harnecker (2011).
[11] Con relación a las disputas sobre los territorios en América Latina puede consultarse: Porto-Gonçalves, Carlos Walter (2009) Territorialidades y lucha por el territorio en América Latina. Geografía de los movimientos sociales en América Latina. Caracas-Venezuela: Ediciones IVIC
Reflexionamos cómo el progresismo e izquierdas afines embaucaron a las diversidades de abajo no sólo en la falsa diferenciación del neoliberalismo  y en políticas sociales mirando tanto a compensar la desposesión totalitaria como a cooptar clientelismo. También engañaron señalando que las "zonas de sacrificio" o de desposesión, devastación y envenenamientos eran necesarias para superar la pobreza y el atraso.
Ahora examinemos cómo los gobiernos progresistas han ido contra el protagonismo de los pueblos en adueñarse del destino común. Han bloqueado caminos emancipatorios que, como Emiliano Terán Mantovani nos advierte, tiene en "la lucha popular territorial el punto de partida, llevada adelante para reproducir la vida, sin que esto implique, de ninguna manera, el abandono de ámbitos más amplios de disputa política, de escalas municipales, biorregionales, nacionales, continentales o incluso globales".
Escrutamos en la Bolivia gestionada por Evo que, a la vez, nos permite comprender las graves consecuencias casi irreversibles de destruir la cordillera y los biomas:

Dinámicas moleculares molares sociales
21 de septiembre de 2017
 
Por Raúl Prada Alcoreza
Dedicado a los y las activistas en defensa de la vida y de la democracia. Algunos de ellos y ellas han sido detenidos, compartiendo la suerte con los y las detenidas de los movilizados de Achacachi. El “gobierno progresista” recurre a la violencia demoledora del Estado, defendiéndose como una fortaleza aislada y sitiada por las movilizaciones sociales anti-sistémicas, en la soledad de su desierto extractivista.
Hay que volverse a preguntar sobre las dinámicas moleculares sociales. Ya lo hicimos en Imaginación e imaginario radicales, también en La intuición subversiva. Tratamos en ambos textos sobre la relación complementaria entre dinámicas moleculares sociales y dinámicas molares sociales. Ahora queremos volverlo hacer a la luz de la experiencia del conflicto del TIPNIS y del conflicto de Achacachi. La pregunta con la que vamos a comenzar es:
¿Por qué el pueblo boliviano no acude en masa a apoyar las movilizaciones del TIPNIS y de Achacachi? Ciertamente lo ha hecho en la VIII marcha indígena; sin embargo, no se ha visto lo mismo en la IX marcha indígena y en la siguiente secuencia del conflicto. En lo que respecta al conflicto de Achacachi, a pesar de tocar una problemática que aflige a por lo menos las tres cuartas partes de los municipios del país, a pesar que se trata de una problemática de incumbencia estatal y gubernamental, no ocurre el apoyo masivo y movilizado del pueblo boliviano a la interpelación movilizada del Pueblo de Achacachi contra la forma de gubernamentalidad clientelar, prebendal y corrupta.
Comparando con lo acontecido en la movilización prolongada del 2000 al 2005, donde las movilizaciones ejes se reforzaban mutuamente, sin necesidad de contar con una coordinadora de movimientos sociales. Donde las movilizaciones colaterales o acompañantes, que se desatan en plena crisis social, económica y política, también se refuerzan. Se trata de movilizaciones que interpelan, convocan y generan apoyos movilizados. El pueblo acudió, por lo menos, notoriamente y como mayorías; el pueblo fue afectado por las movilizaciones desplegadas. Ahora, en cambio, parece ocurrir algo distinto; los apoyos y pronunciamientos son de organizaciones sociales y de colectivos de activistas, pero, no aparece el acudir masivo y movilizado de sectores del pueblo. Sería necio y demagógico decir que se trata de distintos gobiernos, en un caso, el neoliberal y en otro caso, el popular. Este acertijo podría tener validez desde el 2006 hasta el 2009, la primera gestión del gobierno progresista; después no.

Desde el 2009 comienza la regresión, sobre todo, desde el 2015 se deriva en la decadencia. Lo que se puede corroborar con el levantamiento social contra el llamado “gasolinazo”, además de la derrota gubernamental ante la arremetida de la VIII marcha indígena. Ya no sólo los gobiernos neoliberales y el gobierno progresista se parecen, sino se va más lejos; en la entrega de los recursos naturales, en las concesiones, sobre todo, en la expansión intensiva del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. No está aquí pues la clave de la interpretación del contraste del comportamiento social respecto a la crisis múltiple del Estado-nación, en dos contextos históricos-políticos diferentes.
¿Será que el pueblo todavía considera, en plena regresión y decadencia, que se trata del gobierno nacional-popular? No parece sostenible esta hipótesis de interpretación, pues es notorio el desencanto; esto se lo puede corroborar con la derrota electoral en la elección de los magistrados, cuando ganó el nulo. El tema es que el desencanto no se convierte en desaprobación movilizada. En anteriores escritos interpretamos esta situación de letargo y conformismo, interpretando que es más difícil superar la constatación que la promesa socialista, en este caso, la promesa progresista, es aparentemente incumplible, pues es mucho más difícil salir de la crisis de los gobiernos socialistas y de los gobiernos progresistas, que de la crisis de los gobiernos neoliberales, pues ya no se trata del dilema o uso u otros, son de ir más allá de unos y otros.
En lo que respecta a la interpelación de los gobiernos conservadores, liberales y neoliberales, hay como una tradición, un lenguaje adquirido, una forma de interpelación asumida; empero, no ocurre lo mismo con los gobiernos socialistas, como se ha visto en la experiencia social política, tampoco con lo que ocurre con los gobiernos progresistas. No hay tal tradición, ni lenguaje compartido de la interpelación. Todavía subsisten los de la revolución, los mitos mesiánicos del caudillo. Se requiere de compartir el sentido común de la interpelación a este tipo de gobiernos de la promesa. Entonces, parece que la falla se encuentra en el aprendizaje de la experiencia social política de la historia reciente. Ahí tienen una responsabilidad los colectivos activistas, sobre todo, los colectivos activistas libertarios. No se ha logrado una pedagogía política que ayude a comprender la problemática de la crisis múltiple del Estado, que reaparece en la versión de los gobiernos progresistas. El antiguo y tradicional discurso izquierdista no es adecuado, en este caso. Pues no se trata de pedir consecuencia en el gobierno progresista; pues incluso que lo hubiera, no se puede escapar a la gravitación perversa del poder. De lo que se trata es de salir del círculo vicioso del poder, en todas sus presiones, sean de “izquierda” o de “derecha”. La continuidad de la revolución no se encuentra en la defensa del Estado que ha institucionalizado la revolución. La continuidad de la revolución se encuentra en salir del círculo vicioso del poder, más allá de la “izquierda” y la “derecha”, más allá del amigo y enemigo.
Lo que parece fallar es la comunicación de los colectivos activistas y el pueblo. Los colectivos activistas todavía siguen empleando el discurso acostumbrado de interpelación a la “derecha”; como si se tratara del mismo referente, un gobierno de la burguesía clásica. No entienden que se enfrentan a otras formas de la burguesía, como la burguesía rentista. No entienden que ya no se trata de interpelar al gobierno de la burguesía clásica, tampoco al gobierno reformista, que ha “traicionado” los postulados y el programa; sino que no se trata de traición sino de salir del circulo vicioso del poder, en su versión “derechista”, como en su versión “izquierdista”. Los colectivos activistas son catalizadores, son activadores. Cumplen una función en el aprendizaje colectivo de la experiencia y la memoria sociales. Son parte de la sociedad, pero son parte activa, quizás una de las partes más activas. Si los activismos colectivos siguen interpelando y convocando a la vieja usanza, no enseñan nada. Salvo la remembranza de lo que ya se sabe; que la burguesía es la clase dominante, que su Estado es la dictadura de la clase dominante; que el reformismo tiene límites y claudica. Pero, no alumbra nada sobre lo que se puede hacer respecto a la recurrente reiteración y reproducción de las dominaciones, en unas versiones u en otras.

Otro problema, el discurso recurrente de interpelación, vuelve al recurso del esquematismo dualista del amigo y enemigo, que reitera y reproduce, en lenguaje político, el esquematismo religioso del infiel y el infiel. El enemigo es el abominable. Con esto se cae de manera multiplicada en el círculo vicioso del poder, pues se repiten los mismos procedimientos y métodos para acabar con el enemigo abominable, que, en el fondo, no es más que el mismísimo demonio. Con esto no sólo se parecen al amo derrocado, sino se convierten en el nuevo amo. El discurso de interpelación tradicional no sale del círculo vicioso de la ideología.
El problema mayúsculo es que con esta preservación de las tradiciones de lucha se cae en el círculo vicioso del poder; se forma parte del mismo, se lo alienta y reproduce con estas actitudes dualistas. Se trata de ir más allá del dualismo, más allá de las oposiciones; más allá de la paradoja perversa del poder. Inaugurar una paradoja virtuosa que salga del círculo vicioso del poder. Una paradoja que complemente la creación social y la herencia de los aprendizajes de la experiencia social y la memoria social. Entonces, parece, que la ausencia de la respuesta social masiva de apoyo a las demandas y reivindicaciones del TIPNIS y Achacachi no se encuentran en los tipos de gobierno que se interpelan, tampoco en las creencias populares, así como tampoco en la limitación de los movimientos sociales anti-sistémicos que han estallado, sino en no haber salido del anacronismo de una formación discursiva y enunciativa, de una formación ideológica, atrapada en esquematismos dualistas ateridos.
La interpelación deconstructiva requiere del desmontaje de los mitos modernos; el mito de las vanguardias, el mito de la historia, el mito del desarrollo, el mito de las promesas sociales y de justicia; sobre todo, el mito de la verdad, se reclame de verdad “científica” o de verdad trans-histórica. Hace falta aprender de las enseñanzas de la experiencia social. Este aprendizaje es colectivo; la condición de posibilidad de este aprendizaje tiene que ver, en primer lugar, con la predisposición a aprender. Si esto falta por obstáculos y barreras del habitus, también por ofuscación ideológica, no parece posible dar curso al aprendizaje. Por otra parte, en todo aprendizaje juegan una función de impulsores las motivaciones, que tienen que ver con el deseo de aprender. Las motivaciones pueden desatarse por distintos factores, ya sea de índole factico, debido a experiencias desafiantes, ya sea de índole comunicacional, cuando ciertas comunicaciones motivan a aprender. En estos ámbitos comunicacionales el activismo juega su papel. El activismo se mueve en varios planos de intensidad; es denunciativo, es informativo, de interpelación, así como de formación, también de acción. Sabemos que no es suficiente la denuncia, tampoco la interpelación; por eso, es menester incursionar complementariamente en los otros planos de intensidad; particularmente en el plano de intensidad de la acción.
Ahora bien, el papel del activismo es activar la fuerza social o, en su caso, apoyar a la fuerza social cuando se desata. En la actualidad, en la coyuntura mundial, regional y nacional, el activismo tiene ante sí un desafío, activar la potencia social, vale decir la potencia creativa social. Ya no se trata sólo de una comunicación audiovisual, ya no se trata de una comunicación en los formatos establecidos y acostumbrados; podríamos decir en los códigos de la racionalidad instrumental, incluso en los conceptos de la racionalidad crítica. Ya no se trata sólo de hablar al oído racional y a la vista educada por la institucionalidad, sino de comunicarse con el cuerpo, con la potencia del cuerpo. ¿Cómo se hace esto? Habrá que aprender a hacerlo. Quizás haya que llevar las capacidades y posibilidades estéticas más lejos de donde llegaron y lograron. Esto no quiere decir que se abandone el lenguaje y las formaciones discursivas, sino que se tratan de otros usos del lenguaje, al que quizás haya que llevarlo más lejos de donde llegó y se logró; se trata de otra composición y combinación de los discursos con la gramática de los cuerpos. No lo sabemos, menos las formas concretas de hacerlo; pero se trata de lograr comunicaciones integrales y participativas. Realizar efectivamente lo que se ha venido denominando comunicación alternativa.
Volviendo al tema de los conflictos del TIPNIS y Achacachi, a las convocatorias que implican las movilizaciones de ambas territorialidades, a las respuestas débiles de parte del pueblo, al no acudir en masa al apoyo de las convocatorias, podemos intentar una interpretación desde las dinámicas moleculares sociales y de las dinámicas molares sociales.
 
Dinámicas sociales
El concepto de «dinámicas moleculares sociales», que usa la metáfora física y biológica de dinámicas moleculares, como referente figurativo, y que define una estructura categorial, concibe las relaciones, los flujos, las prácticas, sobre todo los entrelazamientos y tejidos sociales, las asociaciones y composiciones sociales, en sus destacadas singularidades minuciosas y detalladas. Se podría decir que se trata de una mirada micro-social.
El concepto supone que las dinámicas sociales son propiamente éstas, las asociaciones singulares más micro. Plurales y múltiples asociaciones y composiciones sociales ocasionan efectos de masa, que son lo que llamamos «dinámicas molares sociales», particularmente institucionales. Las dinámicas moleculares sociales no controlan los efectos de masa de las dinámicas molares sociales; éstas se dan como integraciones de múltiples dinámicas moleculares sociales singulares. La exposición de estas tesis teóricas las hicimos conocer en Imaginación e imaginario radicales. No vamos a exponerlas ahora, sino que nos remitimos a ese escrito. Lo que importa ahora, es sugerir hipótesis interpretativas del conflicto de Achacachi y del conflicto del TIPNIS a partir del enfoque de algunas dinámicas moleculares sociales seleccionadas como referentes ilustrativos, para comprender el juego integral entre dinámicas moleculares sociales y dinámicas molares sociales, que pueden ayudarnos a entender las dinámicas de los conflictos desde la perspectiva de la complejidad.
 Dinámicas sociales en Achacachi
Breve reseña descriptiva e histórica Achacachi es una ciudad intermedia del municipio que lleva el mismo nombre; el municipio de Achacachi se encuentra en el Departamento de La Paz. Del municipio, la ciudad de Achacachi es la primera sección; siendo la capital de la Provincia Omasuyus. Según el conteo, que más parece estimativo, pues, en realidad no se llevó a cabo el censo de población, en 2012, diga lo que diga el gobierno – no se puede dar ningún censo sin actualización cartográfica y con una boleta descuajeringada, donde se introdujeron preguntas sin rigor metodológico cuantitativo, además de sacar parte de las preguntas de comparación internacional -, el municipio aglutina a una población 46.058 habitantes; siendo el quinto municipio más poblado del departamento, después de, La Paz, El Alto, Viacha y Caranavi. Achacachi se encuentra ubicada a 97 kilómetros de la ciudad de La Paz, sede de gobiero; está situada en el Altiplano, a 3.840 metros sobre el nivel del mar. La zona urbana está poblada con 8.857 habitantes; de esta manera, congrega al 20 % de la demografía municipal. El municipio de Achacachi ha experimentado desmembraciones; en 2005, los cantones Huarina y Santiago de Huata se disocian de Achacachi; se convierten en municipios autónomos. Los cantones Huatajata y Chua Cocani también se disgregan, volviéndose municipios autónomos, durante 2009 y 2010, consecutivamente.
En los periodos precolombinos, Achacachi fue el centro administrativo y ceremonial del señorío aymara Uma-suyus; palabra que significa territorialidad húmeda o de agua, territorialidad que se conforma por tejidos de ayllus y markas. Se extiende al este del lago Titi-Chaca – Titi, que quiere decir puma o felino, y Chaca, la cruz andina, la chacana; entonces se interpreta como el felino que cruza los puentes de universos -. El señorío Umasuyus colindaba al oeste con los lari-lari y al sur con los pacajaques, que quiere decir humanos-águilas. Cuando los incas se expandieron al este del lago sagrado, los umasuyos opusieron resistencia; no fueron doblegados. Hablan el aymara, jayamar-aru, que significa lengua de los lejanos tiempos, lengua de los tiempos remotos. Durante el primer periodo de la República, el 24 de enero de 1826 Achacachi fue refundada como capital administrativa. El nombre Achacachi deriva de las palabras aymaras jach'a, grande, y k'achi, peñasco puntiagudo. Con la llegada de los conquistadores ya se la conocía con el nombre de Jach'a Kach'i; nombre castellanizado como Achacachi. En la época prehispánica, esta península, estaba ocupada por poblaciones nativas como los urus, puquinas, cultura Chiripa, y aimaras. En los primeros años de la época colonial, los españoles establecieron una encomienda bajo el nombre de Achacachi, de la que dependía la Vice parroquia de Santiago. En 1779, fue fundado bajo el nombre de Santiago de Huata, un nombre mestizo; Santiago por el Apóstol Mayor, castellano, y Huata, que viene del término puquina Coata, que significa deidades protectoras y Wat'a, aymara, que quiere decir pies acogidos en el lago. En la época republicana del siglo XIX, su economía estaba conformada por la agricultura y agropecuaria, tanto en comunidades, ayllus, como haciendas. Se puede decir que su etno-demografía es de origen Qulla, Colla; el tejido social de Achacachi preserva las instituciones culturales ancestrales, así como sus formas de organización, aunque los ayllus y autoridades originarias se hayan transformado en sindicatos campesinos. Por otra parte, mencionando narrativas sociales andinas, en la memoria colectiva de los Andes, los y las achacacheñas son reconocidos por su coraje y combatividad. El municipio de Achacachi está conformado por siete zonas municipales; las primeras zonas urbanas de la ciudad de Achacachi fueron Aransaya y Masaya, tal como se conoce la dualidad complementaria de la estructura de los ayllus. Después se fueron conformando otras zonas, a medida que la población achacacheña iba creciendo; aparecieron Avichaca Villa Concepción, Villa Lealtad, Surucachi, Villa Esperanza, Ch’urubamba, Calacala, 2 de Febrero y Urkupiña. En lo que respecta a la educación, el municipio de Achacachi cuenta con siete centros educativos fiscales y uno particular; el Colegio Nacional Mixto Omasuyos, de secundaria, el Colegio Nacional Mixto Omasuyos, de primaria, el Colegio Mariscal Santa Cruz, el Colegio José Antonio Plancarte, el Colegio Don Bosco; también Villa Lealtad, la Unidad Educativa Bautista Saavedra, la Unidad Educativa Simón Bolívar, la Unidad Educativa Las Américas y el Centro Educativo Adventista Achacachi, particular. En lo que respecta al deporte, el municipio cuenta con el Estadio Municipal de Achacachi; es un estadio con césped sintético. Sirve también de sede para los equipos locales, así como para la liga que se realiza cada año; se destaca la Liga de Fútbol de Achacachi. Un grupo de jóvenes voluntarios, oriundos del Pueblo de Achacachi, promueve el deporte en la provincia. En lo que respecta al “sistema de salud”, Achacachi cuenta con uno de los hospitales de la provincia Omasuyus; se trata de un hospital de segundo nivel, el Hospital Municipal Capitán Juan Uriona de Achacachi. Desde el año 1955 prestó servicios de salud el dispensario Materno Infantil Omasuyos, ubicado en plazuela el Carmen; dicho hospital es más conocido con el nombre de Sanidad Pública, para la atención de primeros auxilios. En el año 1976 se empezó a construir un hospital de segundo nivel en el lugar denominado Ujikalpata, de la zona Churubamba. La infraestructura cuenta con algunas de las instalaciones requeridas; salas de medicina, pediatría, maternidad, salas de consulta, farmacia, no del todo equipadas; con una capacidad de atención para veinte camas para los pacientes; como se puede comprobar se tiene un equipamiento exiguo para atender la demanda provincial, incluso municipal. El año 2001, se efectuó la remodelación y ampliación del Nosocomio.
En la gestión 2008, se implementó un reordenamiento técnico-administrativo, buscando mejorar un poco la infraestructura deficiente. El “sistema de salud” en el municipio está dividido en cuatro áreas: 1 Hospital de segundo nivel, 5 centros de salud y 9 puestos sanitarios en diferentes cantones y comunidades. En lo que respecta a las actividades culturales, se puede decir que en Achacachi se realizan tres fiestas principales, la de San Pedro y San Pablo, Corpus Cristi y la Fiesta de la Exaltación; esta última es una de las pocas expresiones originales que quedan en danzas, música prehispánica y folklórica. La fiesta de San Pedro y San Pablo se lleva a cabo cada 29 de junio. Es una fiesta de mistis, de la gente mestiza - misti, nacidos de qullas, collas, y españoles, después criollos, que se llaman vecinos. En esta festividad se baila morenada, caporales, danzantis y p'acochis. En Corpus Cristi se bailan mukululus, kjachwiris, chokela, wacawacas; ésta es conocida como una fiesta de campesinos; participan las comunidades de alrededores de la ciudad. Por último, está la Festividad de la Exaltación del Señor, 18 de noviembre, o Fiesta de Obreros; sólo bailan la gente dedicada al comercio de la hoja de coca, los sastres, los herreros, los transportistas. En esta fiesta se baila la danza de los incas, diablada, cullawada, mok'ok'aras, potolo, llamerada; también morenos, donde participa la Morenada Juventud San Pedro Residentes de Achacachi, Los “catedráticos”, con su paso militarizado, más conocido como Morenada Los catedráticos. En lo que respecta a la infraestructura, se está construyendo una terminal de movilidades interprovincial. El año 2011 fue inaugurada una planta procesadora de lácteos, LACTEOSBOL, que después del conflicto de Achacachi, el gobierno ha decidido no culminarla como castigo a la rebelión.
Breve descripción y análisis del conflicto
En Retorno y porvenir de la rebelión escribimos De acuerdo a información de ERBOL, el presidente del comité cívico de Omasuyos, Elsner Larrazábal, informó a Erbol que la situación del conflicto se agravó ayer tras la decisión del juez de Achacachi de enviar a detención preventiva, al presidente de la Junta Vecinal de esa población, Esnor Condori, a petición del Ministerio Público a instancias del alcalde Ramos. Lazarrábal explicó que la población de Achacachi nuevamente está bloqueada, debido a que el gobierno ha hecho oídos sordos a la población ante el pedido de renuncia del alcalde del MAS, a quien acusan de ejercer una gestión poco transparente. Lamentó que la justicia actúe de manera urgente para encarcelar a Esnor Condori y proteger las irregularidades del alcalde masista “autor del saqueo de las arcas” municipales, y encarcelar a cinco dirigentes vecinales. “Hemos sido tolerantes, ahora vamos a masificar nuestra protesta. Le hemos dicho a este gobierno, justicia o muerte. A partir de ahora, si el señor Evo Morales quiere diálogo, va a tener que venir a Achacachi, caso contrario nosotros no vamos a entablar diálogo con esos ministros que se han hecho la burla. El señor Cesar Cocarico y Eugenio Rojas que ha mentido al país. Ese ministro que es un ‘mata perros’, no es ninguna autoridad”1.
El informe de ERBOL continúa: Aseguró que Achacachi ya no se bloqueará sola, sino que se hará sentir para que el país conozca que Achacachi es un guardián de la democracia. “Tenemos a la cabeza al hermano Felipe Quispe, que ayer ha sido posesionado como máximo representante de la comisión de bloqueo y movilización. En función a ellos pues se determinarán todas las medidas radicales que vamos a asumir; nosotros ya no estamos a la cabeza de asumir cualquier medida. A partir de las 05:00 ellos ya están movilizados y los vecinos se han auto-convocado; están furiosos contra este gobierno porque está agarrando la justicia a la orden de un partido político, para hacer persecución contra los dirigentes”2.
El informe culmina con el siguiente resumen: El conflicto de Achacachi se arrastra desde febrero cuando un grupo de vecinos quemaron la alcaldía y la casa del alcalde Ramos en señal de protesta para exigir rendición de cuentas. La autoridad demandó penalmente a los líderes vecinales y desde entonces no gobierna en la sede de sus funciones, sino desde la población Warisata, distante a 9 kilómetros de Achacachi3 . Felipe Quispe Huanca ha sido posesionado como máximo representante de la comisión de bloqueo y movilización. Cuando lo eligieron como máximo representante de la CSUTCB, en una situación crítica, cuando se encontraban divididos los sindicatos campesinos, en la pugna por el liderazgo entre Evo Morales Ayma y Alejo Veliz, fue una elección acertada, pues emergieron las fuerzas radicales de los Ayllus Rojos, como baluartes de la recomposición del sindicalismo campesino; otorgándole cualidad interpelativa, de lucha y de combate; adquiriendo tonalidades de alcance histórico el proyecto katarista, en su versión aguerrida. En estas circunstancias la CSUTCB se radicaliza y se embarca en el bloqueo indígena-campesino, que sitia a cuatro ciudades del eje central, El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, después de la victoria de la guerra del agua en Cochabamba; en la que se encuentra como protagonista la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida.
El bloqueo indígena campesino revive el sitio de las tropas comandadas por Tupac Katari a la ciudad de Nuestra Señora de La Paz; sólo que en esa coyuntura se trataba de cuatro ciudades capitales del eje central o troncal de la economía boliviana. Se puede decir que estas dos victorias políticas iniciales, de los seis años de la movilización prolongada (2000-2005), deciden el curso siguiente de los acontecimientos. Primero, a pesar de que se tenía que ir, el 2002, hacia una Asamblea Constituyente - propuesta por las organizaciones indígenas, CIDOB y CONAMAQ, Asamblea Constituyente o convocatoria a ella boicoteada por el MAS, que prefirió ir por las elecciones nacionales, sin revisar la Constitución liberal heredada, cuando las victorias políticas exigían, más bien, cambiar las reglas del juego electoral - y, en vez de esto, se van a las elecciones nacionales del 2002, se conformaron las condiciones subjetivas, derrumbadas las estructuras psicológicas y simbólicas de la dominación, para que una opción cercana a la movilización gane las elecciones. La victoria política de los movimientos sociales se convirtió en ratificación electoral. Segundo, cuando el MAS ya convertido en segunda fuerza del Congreso se develaron temprano sus inclinaciones conciliadoras; se propuso modificar los términos de intercambio de la renta hidrocarburífera; propuso la distribución del 50%, a diferencia de la propuesta de la “derecha”, que se afincó en el 32% para el Estado. Esto contrasta notoriamente con la propuesta popular emergida de la guerra del gas, de la victoria política de la ciudad de El Alto, denominada Agenda de Octubre, que se planteó la nacionalización de los hidrocarburos. Sin embargo, a pesar de estas inclinaciones conciliadoras del MAS, se impuso la voluntad de los movimientos sociales victoriosos, la voluntad de la movilización prolongada.
Tercero, la guerra del gas, que estalla cuando coinciden las luchas de las juntas de vecinos de El Alto contra las medidas de la Alcaldía conocidas como Maya y Paya - una referida al impuesto a los inmuebles, la otra referida al catastro - y la lucha de los sindicatos del Altiplano, concretamente de la provincia de Pucarani, en contra el apresamiento y encarcelamiento de dirigentes que llevaron a cabo y apoyaron la justicia comunitaria contra ladrones de ganado. Como dijimos en Largo octubre, es cuando la estructura de larga duración de la guerra anticolonial indígena y la estructura de mediana duración de la lucha nacional-popular coinciden, se encuentran, se refuerzan y entrelazan. Desde entonces, la marcha de los acontecimientos, las victorias populares, son incontenibles.
Es en este contexto histórico-político que debemos situar e interpretar el efecto de la elección de Felipe Quispe como máximo dirigente de la CSUTCB. Ahora, Felipe Quispe vuelve a ser elegido como máximo representante del bloqueo y la movilización de Achacachi, como dice el dirigente Larrazábal, en defensa de la democracia. Si hacemos un parangón, podemos sugerir que este hecho anuncia un cambio en los ritmos y las tendencias inherentes al proceso político, denominado “proceso de cambio”, que de cambio tiene la de la regresión, primero, y después, de la decadencia. Anuncia el punto de inflexión del que hablamos más arriba. La movilización prolongada en Bolivia (2000-2005) asombró al mundo por su vitalidad, persistencia, por la acumulación de fuerzas; además, por abrir otros decursos de la lucha anticapitalista y anticolonial, compartiendo el horizonte de apertura con lo que venía acaeciendo desde el levantamiento zapatista (1994) contra el Tratado de Libre Comercio de Norte América. Iniciando una nueva generación de luchas anticapitalistas, anticoloniales y antimodernas; mostrando más alcance y más profundidad histórica que la lucha proletaria contra el capitalismo; pues ésta se había circunscrito en los horizontes de la modernidad y no llegaba a ser anti-colonial, en pleno sentido de la palabra.
El problema aparece cuando los que se suben a la cresta de la ola, en circunstancias aprovechables, desvalorizan, banalizan, debilitan y vacían todo este acontecimiento histórico-político-social-cultural, que fue la movilización prolongada. Cuando convocan a una Asamblea Constituyente desde el Congreso, reduciéndola a la condición de derivada, cuando ya la insurrección popular victoriosa la había convocado antes, como corresponde, en lo que respecta al poder constituyente; haciendo esta convocatoria insurreccional originaria a la Asamblea Constituyente. Cuando convierten la Asamblea Constituyente en un escenario donde se prolonga el ejecutivo, es decir, el poder constituido, tratando de someter a sus criterios a la Asamblea Constituyente, queriéndola volver una Asamblea Constituyente desconstituyente y sumisa.

Por la envergadura de la Asamblea Constituyente, el país, con sus diversidades, localismos, territorialidades, lenguas, espesores, estaba ahí. No se podía eludir esta experiencia intensa del mirarse, olerse, conocerse. Además la mayoría absoluta o más de la mayoría absoluta estaban como representación de las mayorías populares, indígenas, campesinas y urbanas. Sin embargo, en vez de dejar fluir el poder constituyente, el ejecutivo y el MAS buscaron, por todas las formas y maneras, controlar la Asamblea Constituyente. El ejecutivo condujo a las dos crisis que casi le cuestan la vida a la Asamblea Constituyente, que podía acabar con muerte prematura; la crisis de los 2/3, la aritmética de las decisiones, establecida por la misma convocatoria a la constituyente, por parte del Congreso; y la crisis de la “Capitalía”. Si se salvó la Asamblea Constituyente fue por el estoicismo de los y las constituyentes, que se mantuvieron firmes. El texto que finalmente se redactó, no corresponde al bodrio presentado por las 21 comisiones, en su mayoría manoseadas por el ejecutivo; sino gracias al documento del Pacto de la Unidad, de las dos organizaciones indígenas y las tres organizaciones campesinas, además de otras organizaciones sociales de menor demografía. Este documento fue la base para la redacción de un texto coherente, que retome la configuración del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico.

Los encargados de redactar, se basaron en el documento del Pacto de Unidad, que era un mandato de las organizaciones sociales, al que hizo caso omiso el MAS. Los redactores tuvieron el buen juicio de convertir en transversales el Estado plurinacional, los derechos de las naciones y pueblos indígenas, la articulación de las generaciones de derechos, derechos civiles y políticos, derechos sociales y del trabajo, derechos colectivos, derechos de la Madre Tierra. La comisión técnicajurídica de constituyentes revisó el documento y lo mejoró. Este es el documento que finalmente se aprobó en Oruro. Empero, para que vuelva a intervenir el ejecutivo, convirtiendo al Congreso en “constitucional” – avasallando la prerrogativa al poder constituyente, es decir, a la Asamblea Constituyente -, para revisar el texto constitucional.

Es ahí donde se efectúan modificaciones conservadoras, regresivas; empero, que no afectaron al núcleo de la estructura de la Constitución. El ejecutivo no se da cuenta del alcance de la Constitución hasta el conflicto del TIPNIS; es cuando se siente amarrado, atado de manos, por una Constitución que le pone obstáculos a su proyecto extractivista colonial del capitalismo dependiente. Esta es la razón por la que el vicepresidente quiere hacer una reforma constitucional, para favorecer el proyecto extractivista y del Estado rentista, para favorecer las exigencias de las empresas trasnacionales extractivistas.
Sin embargo, no ha sido óbice, la falta de reforma constitucional, para que los gobernantes y congresistas oficialistas desmantelen la Constitución, pues en los hechos o en la práctica el oficialismo la ha ido desmantelando, con consecutivas vulneraciones, que con sarcasmo y grotescamente las denomina como “constitucionales”. Ahora precisamente nos encontramos con dos de sus sistemáticas violaciones a la Constitución, una respecto al TIPNIS y otra respecto a Achacachi. Acostumbrado el gobierno a maniobrar, a usar la supuesta astucia criolla, que más de astucia tiene de torpeza, de forcejos, considera que también en estos casos se va imponer. Pero, se equivoca; ya le mostró la VIII marcha indígena en defensa del TIPNIS y de la vida lo que puede el coraje de los pueblos indígenas; ya le está mostrando Achacachi lo que puede el coraje del legendario pueblo de Achacachi. Falta que el pueblo boliviano apoye a estas resistencias y luchas contra el despotismo de la forma de gubernamentalidad clientelar.
Boceto de interpretación de algunas dinámicas moleculares
Como en todas las sociedades, pueblos, poblaciones, locales y nacionales, los ejes dinámicos se dan en lo que Agnes Heller llama vida cotidiana. La peculiaridad propia radica en la singularidad de desenvolver la vida cotidiana; esto depende en el modo de asumir los bienes de consumo y en la manera de configurar las expectativas. Así como de las formas de responder a los desafíos del contexto y de las coyunturas; podemos decir, las formas concretas de dar lugar a la reproducción social. También se podría hablar de las estrategias o quizás, mas bien, hábitos heredados de conformar entornos sociales, donde entran redes de filiación y estructuras de alianzas. Como dice Levi Strauss, la cultura tiene que ver con las maneras de la mesa, dicho de otro modo, con la cocina y la alimentación. Siguiendo al antropólogo estructuralista, podríamos decir que también tiene que ver con las estructuras simbólicas, mitológicas; en términos modernos, con los imaginarios colectivos. Así mismo, debemos hablar de las maneras de aprender social; es decir, de asumir la experiencia social y la memoria social. Por otra parte, los tejidos sociales y territoriales entre la ciudad de Achacachi y sus entornos rurales, por así decirlo, en lenguaje sociológico, como también con el resto de los municipios de las provincias, sin olvidar sus hilados con la ciudad de La Paz y la ciudad de El Alto, dan lugar a composiciones sociales y culturales, así como organizacionales y políticas, singulares. Al respecto, si bien, las investigaciones sociológicas de las décadas de los ochenta y noventa, del siglo pasado, han visualizado la oposición, relativa, entre vecinos y comunidades campesinas, no se puede asumir esta mirada e interpretación como completa, mucho menos generalizarla. La complejidad social se conforma en múltiples planos de intensidad, en espesores dinámicos, en integraciones singulares concretas, dependiendo de las coyunturas. Es pretensioso y necio querer interpretar las relaciones de una ciudad intermedia como Achacachi con sus entornos de comunidades desde aquél enfoque sociológico. El substrato histórico cultural y lingüístico aimara, que se combina con el substrato cultural-territorial, condiciona, por así decirlo, la integración de los tejidos sociales locales, de tal manera, que entre comunidades y pueblo se dan flujos dinámicos de movimiento, sobre todo, filiales y de alianzas.
Por lo que hemos expuesto, lo que nos interesa tocar, por ahora, es el eje político-cultural, que se teje en las formas de reproducción social y en las formas producentes sociales de Achacachi. Vamos a hacer una primera anotación, apuntando a los dos substratos mencionados, considerados como parte de los espesores del presente. Esta anotación corresponde a una primera hipótesis interpretativa y de prospección, relativa al boceto que queremos brindar.

Eje político-cultural.
Se trata, en la simultaneidad dinámica, del señorío aimara o, mejor dicho, señorío qulla o colla. No se trata sólo de lo que la antropología de fines del siglo pasado definiera como identidad, ya sea entendida como cultural, lingüística, incluso como la sociología definía como nación, sino de tejidos sociales comunitarios, culturales y territoriales. No parece ser apropiado lo que la historia y la etnohistoria denominó como señorío, proyectando significados nominativos y conceptuales europeos; sin embargo, como se usa en el lenguaje de las descripciones mencionadas, usaremos este término, con fines ilustrativos y de exposición. Entonces, se trata de substratos históricos-culturales-territoriales que condicionan y conforman composiciones y combinaciones singulares en los distintos presentes.
2. En los espesores de la coyuntura, la proyección del señorío aimara se manifiesta en la rebelión del Pueblo de Achacachi. Lo hace contra -la forma de gubernamentalidad clientelar, prebendal y corrupta. ¿Qué es lo que se repite como diferencia en la rebelión del momento? ¿La resistencia a la expansión inca? ¿La resistencia a la conquista y la colonia? ¿La resistencia a la incorporación republicana? ¿La resistencia a la ex--vinculación, es decir, a la apropiación y privatización de tierras comunitarias de origen? ¿La resistencia a la expansión liberal de las haciendas, a costa de tierras comunitarias de origen? ¿La resistencia y participación en la guerra federal? ¿El perfil propio durante el período de la Revolución Nacional de 1952? ¿La resistencia a la dictadura militar y el apoyo a la demanda campesina del valle, que derivó en una masacre? ¿La resistencia al proyecto neoliberal y la participación en la movilización prolongada, particularmente en el bloqueo indígena campesino del 2000? ¿La resistencia al gobierno progresista y a la versión folclórica del Estado plurinacional, que no es más que el mismo Estado-nación, sólo que barnizado con términos demagógicos y apropiación de símbolos de las luchas de las naciones y pueblos indígenas-originarios? Todos estos momentos constitutivos se hacen presentes, en nuevas composiciones y combinaciones en los espesores de la coyuntura.
3. Ahora bien, hemos mencionado, mas bien, dinámicas molares, y no dinámicas moleculares. Hemos referido a las dinámicas moleculares, mas bien, vinculadas a la vida cotidiana. Sabemos que no es sólo la vida cotidiana la incumbencia de las dinámicas moleculares, pues, éstas sostienen a las dinámicas molares, en todas las formas en que éstas aparecen y se manifiestan. Entonces, en la estructuración, efectos de masa, conformación, de las dinámicas molares mencionadas, de carácter político, si se quiere, se dan dinámicas moleculares singulares, que sostienen al desplazamiento y desenvolvimiento de las dinámicas molares políticas y culturales. Éstas dinámicas moleculares tienen que ver con asociaciones y composiciones, por lo tanto, relaciones y prácticas, moleculares de índole transgresor de la vida cotidiana.
4. Al respecto, hemos configurado estos espaciamientos, mejor dicho, estos espacio-tiempos-territoriales-sociales, como relativos a la sociedad alterativa, que desborda y hace de substrato de la sociedad institucionalizada. Entonces, es como si se hicieran visibles y patentes estos agenciamientos cuando la crisis política, social y económica abre boquetes en la niebla ideológica e institucional.
5. Algunos de los agenciamientos transgresores de la vida cotidiana de estas dinámicas moleculares sociales tienen que ver con emotividades desatadas por prácticas gubernamentales, sean municipales o nacionales. Emotividades compartidas por personas y grupos, por organizaciones sociales, en los ámbitos circunscritos a fracciones geográficas de lo micro-social. Estas emotividades son interpretadas colectivamente y compartidas socialmente, mediatizadas por estructuras de las organizaciones sociales, ya no sólo en su dimensión micro-social, sino en la extensión social local. Al acaecer esta fenomenología de la percepción colectiva, lo plural y múltiple molecular adquiere efectos de masa, adquiere formas molares. 6. Lo que llamamos comúnmente movilización social o movimiento social corresponde precisamente a esta fenomenología de la percepción social, de la emotividad social convertida en discurso y acción colectiva.
7. En lo que respecta a la rebelión de Achacachi, la dinámica integral molecular-molar ya ha adquirido carácter de interpelación política y de movilización anti-sistémica.
8. Para decirlo en los términos de la interpelación político-cultural y en el discurso histórico político, el señorío aimara en metamorfosis como nación aimara se levanta desde el epicentro del conflicto, convocando a la nación aimara y al pueblo boliviano.
9. La proyección de esta convocatoria adquiere, en la coyuntura, las formas de un perfil singular, sobre todo, a partir de la Declaración de Achacachi-TIPNIS. Se trata de un llamado en defensa de la democracia, de la Constitución, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, de los derechos civiles, políticos, sociales, colectivos, del pueblo plural y múltiple, de los derechos de la Madre Tierra, de la defensa de la vida.
10. En este sentido, la nación aimara quiere aglutinar a las naciones que contiene el plural y múltiple pueblo boliviano.
Dinámicas sociales en el TIPNIS
Breve descripción ecológica del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure. En La guerra de la Madre Tierra I escribimos: De acuerdo a fuentes de investigación científica sobre la biodiversidad el TIPNIS es el corazón de la producción de agua de Bolivia (el 5to país con mayores reservas de agua dulce del planeta). La interpretación de esta situación y esta condición del TIPNIS, como ecosistema y como articulación de ecosistemas y circuitos climáticos, se la describe de la siguiente manera: La peculiar configuración geográfica de la cordillera de los Andes en nuestro país; en el llamado codo de los Andes la cordillera hace una inflexión y en lugar de ir de sur a norte va de oriente a occidente. Los contrafuertes andinos reciben los vientos que provienen de la Amazonia (barlovento) recogiendo la humedad de la evapotranspiración de la biomasa boscosa; estos vientos se elevan cambiando de curso, se enfrían, forman nubes (cúmulos cumnuloninmbus) que se precipitan en ese lugar en un circuito permanente de lluvia que es el factor más importante de generación de biodiversidad. También las masas de nubes pasan al otro lado de la cordillera hacia los valles secos de Cochabamba y mesotérmicos de Santa Cruz dando lugar a bofedales, lagunas y cursos de agua responsables de la relativa humedad de algunos de estos valles productivos. Estas lagunas además de proveer agua (ejemplo Misicuni) también proveen energía hidroeléctrica (ejemplo Corani). Las nubes que atraviesan la cordillera también son responsables de la biodiversidad de los bosques de altura (ejemplo La Siberia en al camino antiguo Santa Cruz-Cochabamba) que forman cursos de agua para los valles de Santa Cruz (ejemplo Comarapa). La conclusión del análisis de los mapas climáticos que saca la fuente mencionada es categórica: En fin, queda claro que existe un serio riesgo climático en estas dos regiones (cuenca del rio Mamoré) y valles de Cochabamba, si se da un proceso de deforestación en los bosques amazónicos del sub-andino. Dicho proceso de deforestación es, honestamente, imposible de ser evitado si se dan asientos de colonización en la carretera, ya que la cultura de la tala y quema seguramente podrá ser erradicada en un número de años no menor a los requeridos para deforestar el 80% del bosque tropical que está en la región que tratamos. Otra conclusión que saca el análisis científico es ilustrativa: Por otro lado, será importante saber que la cantidad de suelo anegadizo en la región del trazo que cruza el TIPNIS es tan grande que hasta la mejor ingeniería va a tener serios problemas para su ejecución. Esta demás decir que el trazo por el lado oriente es sobre suelo más fijo y de mejor transitabilidad.
Breve descripción del conflicto
El conflicto del TIPNIS es descrito en La guerra de la Madre Tierra I de la siguiente manera: ¿Qué podemos decir al respecto? En relación a este análisis y descripción de las condiciones, pero también de las probables consecuencias si se produce el quiebre del Territorio y Parque Isiboro-Sécure, queda claro que la defensa del TIPNIS es no sólo responsabilidad de las comunidades de las naciones y pueblos indígenas originarios que lo habitan, sino también de todos los bolivianos y bolivianas conscientes del problema y la problemática, de todos los bolivianos y bolivianas que aprobamos la Constitución Política del Estado. El TIPNIS es el corazón de la producción de agua de Bolivia, no hay dónde perderse, si se ejecuta el proyecto extractivista, el proyecto IIRSA, la vinculación transoceánica, conllevando el desplazamiento e invasión cocalera, no sólo se terminará desforestando, degradando y destruyendo uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad del planeta, sino que también se habrá quebrado el corazón de la producción de agua, se habrá cortado con la articulación de los ciclos del agua conectados a los ciclos climáticos, a los ciclos del suelo, a los ciclos de los bosques, a los ciclos de reproducción de la vida.
Cochabamba disminuirá progresivamente su régimen hidrológico y con el pasar del tiempo quedará sin agua, cambiando los climas de los grandes entornos geográficos y regionales del TIPNIS. Se entiende que, a mentalidades desarrollistas, extractivistas, modernistas e industrialistas, estas consecuencias les preocupo poco, si no es que nada, pues ellos miden los costos y beneficios en términos monetarios, en términos de la brutal y reducida contabilidad capitalista. En sus imaginarios colonizados no entran para nada los costos ambientales, los costos ecológicos; ahora sabemos que no les interesa para nada los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. ¿Qué es el desarrollo para estas mentalidades? Podemos interpretar que se trata del goce inmediato compulsivo de la ilusión dineraria; estos tardíos burgueses internacionalizados no llegan a un diseño estratégico de dominación; al contrario, se supeditan a potencias, a las estrategias de estas potencias, creyendo que, del rebalse de las ganancias de la acumulación ampliada de capital, a escala mundial, les va tocar una parte. No son solamente ilusos, sino que también expresan la consciencia desdichada de las burguesías tardías y periféricas.
El desarrollo al que apuestan es el desarrollo capitalista, que se da en escala mundial; este “desarrollo” produce “subdesarrollo” y dependencia en la periferia del sistema mundo capitalista. Estos gobernantes al servicio de estrategias hegemónicas y de dominación a escala mundial, esta lumpenburguesía, como la llamaba André Gunder Frank, no son otra cosa que dispositivos y agenciamientos de los diagramas de poder, de los mapas de fuerza, de la dominación global del capitalismo contemporáneo.
El conflicto del TIPNIS ha puesto en evidencia los nuevos frentes políticos, sociales, económicos y culturales, frentes dibujados en la coyuntura crítica del proceso; por un lado, defendiendo los derechos de la Madre Tierra, están las naciones y pueblos indígenas originarios, sobre todo los movimientos y organizaciones propiamente indígenas, constatados en sus formas de organización, formas de representación, mandos rotativos, normas y procedimientos propios, instituciones ancestrales y cosmovisiones nativas; estas naciones y pueblos están apoyados por nuevos movimientos juveniles y urbanos, también por históricos movimientos como los regantes9, los guerreros del agua y los guerreros del gas. Por otro lado, apoyando el trazo de la carretera por el TIPNIS, están las organizaciones campesinas, organizadas en sindicatos (CSUTCB, CNMCIOB “BS”, CSCIB); todo el conglomerado campesino, de alguna manera conducido por las federaciones cocaleras.

Todo este conjunto, más o menos cohesionado, también diferenciado y plural, así mismo abigarrado, que fue parte del llamado “bloque popular”, ahora se encuentra llevando al ascenso desbocado a una nueva burguesía emergente, de nuevos ricos y nuevos intermediarios en los circuitos de capital, mercancías, transgénicos, contrabandos, tráficos, incluyendo los del narcotráfico. Lo hace en el desplazamiento constante hacia alianzas inesperadas con los agroindustriales de Santa Cruz, la burguesía intermediaria, la banca, las empresas trasnacionales de los hidrocarburos y la minería, las empresas constructoras brasileras y el gobierno brasilero.
Tomando en cuenta este mapa de fuerzas, respecto a lo que decimos y afirmamos, vamos a respaldarnos en el análisis que hace Enrique Ormachea, Investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), quien hace una ilustrativa descripción de la dinámica estructura de clases en la coyuntura, lo que nos permite elucidar el carácter de la lucha de clases y de la guerra descolonizadora en el momento de la crisis del proceso. Enrique Ormachea escribe: Una buena parte de los cocaleros son ya campesinos ricos o acomodados porque obtienen ganancias gracias a la apropiación de trabajo ajeno, pues producen normalmente con el concurso de peones asalariados. Por el contrario, los indígenas yuaracarés, moxeños y chimanes que habitan en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) –y la mayor parte de los indígenas de las tierras bajas– además de realizar actividades agrícolas en chacos que usufructúan individualmente y que combinan con otro tipo de actividades económicas vinculadas con el mercado (como la extracción de recursos forestales y la elaboración de artesanías), normalmente se ven obligados a vender temporalmente su fuerza de trabajo a ganaderos, madereros y a los propios cocaleros para asegurar su medios de subsistencia. En este sentido, mientras los primeros son pequeños y hasta pequeñísimos capitalistas, los segundos son mayoritariamente semiproletarios10.
Esta descripción es importante pues nos ubica de lleno en la relación social, en la relación de dominación de un conglomerado social sobre otro, de una dinámica bullente de monocultivo, agrícola, comercial, encaminada a la expansión de la frontera agrícola, de la comunicación carretera y caminera, sobre otra dinámica, apegada al territorio, a las normas y procedimientos propios, a las instituciones ancestrales, a la búsqueda de un proyecto alternativo al desarrollo y a la modernidad, que actualice las comunidades ancestrales, sus manejos territoriales y de bosques, combinándolos con formas de organización emergentes y en la perspectiva establecida en la Constitución, perspectiva traducida como la del vivir bien. (...)
Interrumpamos la lectura del ensayo para destacar en el hoy de Argentina la propuesta de unidad con el kirchnerismo contra Macri. No sólo sería subordinación por poder nacional e internacional de CFK sino sobre todo es desconocer la ofensiva del sistema mundo capitalista.

Raúl Prada Alcoreza nos permite comprobar en qué resultó esa unidad contra el neoliberalismo en Bolivia y porqué:
Dinámicas moleculares molares sociales
21 de septiembre de 2017
 
Por Raúl Prada Alcoreza

(...)Lo que fue el “bloque popular”, que se coaligó y expulsó a la mega-coalición neoliberal, terminó mostrando su composición diferencial y ha terminado de manifestar las contradicciones inherentes rápidamente, justo en el momento de transición hacia el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico.
Esta abertura y quiebre del “bloque popular” evidencia la existencia de proyectos distintos, dicotómicos y contradictorios; un proyecto capitalista, desarrollista, extractivista, dependiente, articulándose al reacomodo de las estructuras y formas de intercambio en la geopolíticas del sistema mundo capitalista; otro proyecto emergente, nacido de las entrañas de las luchas sociales contra el neoliberalismo y de las entrañas de la guerra anticolonial y descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas originarios, que ha expresado su horizonte civilizatorio en la Constitución, en tanto Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, en tanto economía social y comunitaria, en tanto modelo civilizatorio alternativo al capitalismo, la modernidad y el desarrollo.
Los dos proyectos no pueden coexistir en el proceso, son opuestos; uno se coloca en la continuidad de la misma civilización moderna, capitalista, desarrollista y extractivista; el otro apunta a abolir esta civilización, abriendo la posibilidad civilizatoria alternativa, haciendo emerger configuraciones culturales inhibidas por los colonialismos y los capitalismos, actualizándolos y combinándolos con formas autogestionarias y solidarias contemporáneas. Este proyecto se opone abiertamente al desarrollismo y al extractivismo, se encamina más bien a restaurar las complementariedades dinámicas con los ecosistemas, seres, ciclos vitales interrelacionados e integrados en las formas complejas de reproducción de la vida.
No debe sorprendernos entonces los conflictos que se dan entre el gobierno y las naciones y pueblos indígenas originarios, pues el gobierno se ha convertido en la expresión política e institucional del proyecto de continuidad capitalista, desarrollista, extractivista y de monocultivos. ¿Por qué ha sucedido esto? La contradicción era latente, sólo que no tuvo las condiciones de posibilidad para mostrarse; una cosa era luchar contra los gobiernos neoliberales y el proyecto neoliberal en curso y otra cosa es abolir el Estado-nación, construir el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, en la perspectiva del modelo civilizatorio del vivir bien, que se basa en el respeto de los derechos de los seres, componentes y ciclos vitales de la Madre Tierra.
En lo que fue el “bloque popular” hay clases sociales que no están dispuestas a abandonar las formas de monocultivo, menos la producción de coca, también de cocaína, no están dispuestas a renunciar a la expansión de la frontera agrícola a costa de los bosques y ecosistemas, no están dispuestas a renunciar a las ganancias y, sobre todo, a las ganancias fáciles, tampoco van a renunciar a una compulsión individual por la tenencia de la tierra, aunque esto implique violar la Constitución. La CSUTCB ha desarrollado un anteproyecto de Ley que contempla la desaparición de las TCOs (Tierras comunitarias de Origen) porque las considera “latifundios”, también contempla la redistribución de la tierra de forma individual, contraviniendo a la Constitución, que establece la reversión de tierras a comunidades indígenas y campesinas de forma colectiva. Sorprende que en las argumentaciones justificadoras del anteproyecto se ventilen calificativos de “terratenientes” para los indígenas que habitan las TCOs, llama la atención que se olviden de los latifundistas y terratenientes históricos, contra los que se había tenido una larga lucha, precisamente por la reforma agraria.
¿Qué pasa? ¿Otros son los enemigos? Ahora son los indígenas, las naciones y pueblos indígenas, sus organizaciones, sus formas colectivas de propiedad, sus gestiones territoriales ancestrales. Ahora, en cambio, los campesinos son aliados de los latifundistas y terratenientes históricos, los agroindustriales, los soyeros, que emplean transgénicos, los empresarios, pues ellos, así como los campesinos, persiguen la continuidad del mismo modelo capitalista, desarrollista, extractivista.

Ahora las alianzas son otras y los frentes de la lucha son otros. El conflicto en torno al TIPNIS es demostrativo por poner al descubierto de una manera descarnada estas contradicciones: Acicateados entonces por sus crecientes motivaciones de acumulación, los cocaleros del trópico de Cochabamba se han visto en la necesidad de acrecentar sus propiedades, lo que implica expandir la frontera agrícola. Sin embargo, esta expansión sólo puede darse hacia dos zonas claramente definidas. Por un lado, hacia el TIPNIS y, por otro lado, hacia el departamento de Santa Cruz; esta última opción implicaría avanzar sobre tierras que ya están ocupadas tanto por otros colonizadores (buena parte de ellos también campesinos ricos) como por pequeñas, medianas y grandes empresas capitalistas agrícolas y ganaderas articuladas a la agroindustria 11.
Al respecto y de una manera contextual, Mayari Castillo y Anahí Durand, escriben en Identidades, etnicidad y racismo en América Latina, que: En primer lugar, la economía de la coca, aunque no reconocida oficialmente, genera una porción importante del PIB de Bolivia. Durante la peor crisis económica, la economía ilegal de la coca permitió sustentar la aplicación de los ajustes estructurales, siendo válvula de escape de la pobreza y un nuevo espacio laboral para los ex mineros de las recién cerradas minas de la COB (Lanza, 1999). De la misma manera, frente a una economía con crecimiento estancado o negativo y uno de los índices de pobreza más altos de América Latina, la cooperación internacional radicada en Bolivia constituía una importante fuente de ingreso. En los últimos doce años, Bolivia recibió por concepto de asistencia financiera oficial cerca del 11% del PIB. Sumado a los aportes de agencias privadas, ONG y otros, la cifra se eleva a un 15% (Grebe, 2002). También pudo reprogramar su deuda financiera gracias a los recursos donados por Europa y, hasta hace poco, recibía financiamiento de organismos multilaterales como el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento, además de financiamiento de carácter bilateral desde Japón, Estados Unidos, Alemania y Países Bajos. La mayor parte de estos apoyos estaban condicionados al cumplimiento de metas sobre control del narcotráfico, incluyendo la erradicación del cultivo de la hoja de coca. Por ello, la resistencia cocalera al cumplimiento de metas otorgaba al conflicto una importancia nacional12.
Los investigadores nos dejan en este dibujo panorámico y de evaluación del movimiento cocalero determinados perfiles de la problemática:
  • Primero se habla de una economía de la coca, una economía subterránea, que sostiene parte del funcionamiento de los circuitos económicos.
  • Segundo, que, con el propósito de erradicación y sustitución de los cultivos de coca, la cooperación internacional ha financiado programas de apoyo a la diversificación de la producción agrícola, así como programas de interdicción. Todo esto puede considerarse también como parte de las inyecciones monetarias al campo económico boliviano, incidiendo en la formación de su Producto Interno Bruto (PIB). En otras palabras, la economía de la coca forma parte de la realidad, como uno de sus niveles, en la compleja sedimentación de sus ámbitos, mundos paralelos o colaterales. Esta economía de la coca es tan importante que no sólo dibuja circuitos, recorridos, articulaciones con otros niveles económicos, sino que también ha terminado constituyendo sujetos sociales, subjetividades e imaginarios, incluso instrumentos políticos y electorales, además de lograr catapultar a las Federaciones Cocaleras por parte del gobierno.
Se sabe que por lo menos dos ámbitos territoriales campesinos están articulados a la economía de la coca, Los Yungas y El Chapare, además de otros territorios de expansión, comprendiendo otras zonas más circunscritas y dispersas, que fueron tradicionales en el cultivo de la hoja de coca, como el caso de Apolo e Inquisivi; también hay que considerar la irradiación espacial de la economía de la coca en relación a otros circuitos comerciales y flujos dinerarios, de mercancías y migraciones. También sabemos que la economía de la coca ha estado articulada a la historia económica de la Audiencia de Charcas y de los periodos republicanos; el ciclo de la economía de la plata, el ciclo de la economía del estaño y, también, aunque de un modo más indirecto y con muchas mediaciones, al actual ciclo de la economía de los hidrocarburos.
La economía de la coca ha formado parte entonces de las estructuras económicas, de sus flujos, circuitos y recorridos. Por otra parte, podemos abrirnos a la comprensión de las estrategias diferenciales, plurales, cíclicas y rítmicas de las economías campesinas, atravesadas por complementariedades, reciprocidades, también por transformaciones del ayni y la mink’a, como formas de relación por servicios y especies, por un lado, y por trabajos y dinero, por otro. Comprender también que las formas de organización son complejas, variadas, expansibles o contraíbles, dependiendo de la forma como se relacionan las unidades domésticas con las familias, con las estructuras familiares, comprendiendo edades, género y generaciones.
Así mismo tener en cuenta las diferentes prácticas de los vecinos respecto a las prácticas combinadas de los pueblos y comunidades. Todo esto nos muestra una combinación rica de estrategias y de estructuras, de composiciones y de ritmos cíclicos, dependiendo del producto, de las interrelaciones entre productos, dependiendo también del lugar y del momento. Las economías campesinas son configuradas por racionalidades alternativas y colaterales a la racionalidad moderna y eficaz del cálculo del costo y beneficio. En otras palabras, es imposible comprender las estrategias campesinas a partir de la reducida contabilidad económica. Se trata de otras racionalidades, que funcionan flexiblemente, dúctilmente y en combinaciones abiertas 13 Empero, algo que podemos compartir con cierta certeza es que, de todas maneras, se trata de economías articuladas al mercado y a los vaivenes del mercado, por lo tanto, a los movimientos de los precios de los productos. Ahora bien, un cultivo y producto altamente rentable es la coca, incluso en momentos de bajos precios; esto debido a los rendimientos, sobre todo a las cosechas que se dan al año. Lo que decimos vale mucho más cuando los precios de la hoja de coca suben estrepitosamente, debido a factores externos de extrema imponderabilidad, como la debida al comercio del narcotráfico, sobre todo de la cocaína. Bajo estas consideraciones es posible una hipótesis en relación a la expansión estrepitosa de los cultivos de la hoja de coca, incluyendo la invasión a los parques y territorios indígenas.
Es tan gravitante el comercio de la cocaína, tal la incidencia de sus circuitos, de su capacidad de irradiación, de su fuerza financiera, de sus múltiples estrategias de tráfico, que se ha convertido en el núcleo explicativo de la propia economía de la coca, por lo tanto, no sólo de los circuitos y de la acumulación sino de la expansión compulsiva del monocultivo. Independientemente de cualquier pretensión moral o de pose artificial sobre la problemática de la cocaína, pretensión y pose falsa de las potencias, de NNUU y de la cooperación internacional, lo que importan es comprender claramente el conflicto suscitado en torno al TIPNIS, así como los conflictos que se han dado sucesivamente, contiendas anteriores y en perspectiva, repetidos intermitentemente, colisiones del gobierno con las naciones y pueblos indígenas originarios, desde la aprobación de la Constitución; lo que importa es comprender el conflicto a partir de las fuerzas involucradas, de las tendencias, de los proyectos inherentes. La economía de la coca forma parte de la economía de la cocaína y la economía de la cocaína forma parte de las economías del sistema-mundo capitalista. Una apuesta por la expansión del monocultivo de la coca forma parte de la expansión compulsiva de la economía de la cocaína y obviamente de la acumulación ampliada de capital en la economía-mundo capitalista. Apostar por esta salida, se lo haga abiertamente, como en el caso de las decisiones prácticas que toman los cocaleros, o veladamente, haciendo como si no se viera nada, como ocurre con el comportamiento del gobierno respecto a esta problemática, no importa, pero apostar por esta salida significa la continuidad del modelo capitalista, desarrollista extractivista y dependiente, ahora atravesado por la economía política del chantaje, es decir por la economía de la cocaína, como una de sus formas.
 Este proyecto continuista se enfrenta abiertamente al otro proyecto, nacido de las entrañas de las luchas sociales y de la guerra anticolonial y descolonizadora, expresada plenamente en la Constitución. Este modelo es el del vivir bien, modelo civilizatorio alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. Este modelo se basa en la condición plurinacional, en la condición comunitaria, en la condición autonómica y en la condición intercultural, por lo tanto, este modelo se basa en las cosmovisiones indígenas y en la reconstitución de los territorios ancestrales, actualmente habitados, como reza la Constitución.
Este modelo supone un descentramiento radical del antropocentrismo, desplazándose al reconocimiento de la condición vital de los otros seres que componen la Madre Tierra, reconociendo su condición de sujetos y reconociendo sus derechos. Esta concepción está plasmada en el Proyecto de Ley de la Madre Tierra - elaborado por el Pacto de Unidad, antes de su ruptura, y desmantelado por el “gobierno progresista” y presentada como un Frankenstein en una grotesca simulación denominada Ley de la Madre Tierra y del Desarrollo Integral -.
El conflicto del TIPNIS está expresando entonces la guerra de dos proyectos opuestos, antagónicos, de modelos encontrados, uno el capitalista y moderno, el otro alternativo al capitalismo y la modernidad. Hay una lucha de clases y una guerra anticolonial y descolonizadora en curso, con sus sujetos sociales, sus organizaciones, sus instituciones opuestas, incluso con sus diferentes formaciones discursivas en franco y abierto debate.
Volviendo al análisis de Enrique Ormachea, podemos dimensionar los alcances concretos del conflicto en torno al TIPNIS. Entonces el conflicto específico, en el territorio, en los límites del parque y en el interior del parque, en el llamado “Bloque Siete”, que es la zona de avasallamiento del parque por los colonizadores, es entre comunidades indígenas y colonizadores, comunidades indígenas y cocaleros. En el documento citado se escribe: Si en algo hacen hincapié los indígenas cuando plantean la defensa del TIPNIS es en el tema de la expansión cocalera y sus efectos. No les faltan razones. En el Gobierno de Evo Morales se les ha recortado alrededor de 145 mil hectáreas que acabaron siendo dotadas a cocaleros que habían ocupado estas tierras de hecho, al aprobar un título final de propiedad colectiva de 1.091.656 hectáreas frente al título ejecutorial concedido en 1997 que ascendía a 1.236.296 hectáreas14 . La legitimación del avasallamiento ya muestra el sentido del gobierno, de sus políticas en relación a la tierra y al territorio, en relación de lo que respecta a las áreas protegidas y territorios indígenas.
El gobierno responde en primer lugar, en el plano afectivo y de los compromisos orgánicos, a las federaciones cocaleras, también a las organizaciones de colonizadores, llamados ahora “interculturales”, que ya cuenta con más de un millón de afiliados, así mismo responde a los compromisos sindicales con las organizaciones campesinas, constituidas en la CSUTCB y en la Confederación de Mujeres Campesinas, las conocidas como “bartolinas”; en segundo lugar, ya en un plano político, responde a la continuidad del proyecto capitalista, desarrollista, extractivista, dependiente, otorgándole un carácter popular al proyecto; en tercer lugar, ya en un plano estratégico o geopolítico, el gobierno está supeditado a la irradiación de la política expansionista y hegemónica del Estado brasilero; en cuarto lugar, ya en un plano de las complicaciones de las que no puede zafarse, atado a las herencias de las lógicas de poder persistente, responde a los condicionamientos de las empresas trasnacionales, tanto de los hidrocarburos como de la minería; en quinto lugar, ya en el plan de las nuevas alianzas, responde a los acuerdos económicos con la burguesía intermediaria boliviana, los agroindustriales, los soyeros y las mediaciones de los grandes monopolios de las empresas de transgénicos.
La presión sobre la frontera agrícola cocalera y colonizadora se da no sólo con la benevolencia del gobierno sino en alianza estratégica con los agroindustriales y soyeros, es decir, la burguesía intermediaria. Todos ellos forman parte de la composición social, económica, subjetiva e imaginaria del proyecto desarrollista-extractivista. Esta situación es vivida, intuida, comprendida y elucidada por las organizaciones indígenas del CIDOB y CONAMAQ. Se comenta el testimonio de uno de los dirigentes del TIPNIS que estuvo en la VIII marcha indígena: En una entrevista reciente, el dirigente indígena Adolfo Moye ha señalado que, a raíz de la expansión de los cocaleros hacia las comunidades indígenas del TIPNIS, muchas terminaron rodeadas de colonos “…por ejemplo, la comunidad de Santísima Trinidad donde yo vivo junto a 140 familias indígenas mezcladas con algunos colonos, hemos quedado al centro de la zona colonizada y rodeada por cocaleros.
En la comunidad Limo, los hermanos del pueblo moxeño e yuracaré ahora tienen apenas una hectárea y trabajan como empleados de los colonos. Sus hijos han tenido que migrar a las ciudades capitales para buscar empleo queriendo adoptar otra forma de vida; en muchos pueblos sólo quedan los viejitos. Algunas comunidades, como Puerto Patiño e Isiborito, se extinguieron y no sabemos a dónde se fueron esos hermanos…”. (Entrevista en el Foro Social de Asunción) 16 . El testimonio de Adolfo Moye es elocuente; lo que describe es una relación de dominación de los cocaleros y de los colonizadores sobre los indígenas del TIPNIS. Los indígenas no solamente son discriminados y explotados, sino vistos como inferiores. No se los considera iguales, ni se establece con ellos relaciones de igualdad. Esto ocurre de manera dramática en los lugares de intersección entre comunidades indígenas y colonos; si bien no ocurre lo mismo cuando los dirigentes de las organizaciones indígenas y de las organizaciones campesinas entablan relaciones de organización, de discusión, cuando entablan acuerdos y pactan sobre temas de interés común, pues a este nivel se entiende que no considerarse como iguales sería una muestra insostenible de racismo. No ocurre porque a ese nivel se tiene otra concepción de lo que es ser indígena; somos todos indígenas, aymaras, quischwas, urus, chipayas, guaranís, moxeños, chácobos, chimánes, yuracarés.
La diferencia está en que unos somos campesinos y otros conservan la propiedad comunitaria, el ayllu; unos estamos organizados en sindicatos y otros en las formas organizativas propias comunitarias. Este discurso se mantuvo durante parte de la vida del Pacto de Unidad, sobre todo durante el proceso constituyente. Ahora parece desmoronarse este discurso ante la evidencia de las grandes diferencias, discrepancias de concepciones, de intereses y de proyectos. Los dirigentes campesinos se acercan rápidamente a los prejuicios que tienen los campesinos y colonos que habitan los lugares limítrofes con territorios indígenas. Sobre todo, ahora, cuando se da el conflicto del TIPNIS, los dirigentes campesinos se apegan más a defender el discurso gubernamental, estridentemente descalificador del movimiento indígena en defensa de sus derechos, consagrados por la Constitución. El “bloque popular” se ha roto.
Esta descripción me recuerda a lo que ocurría años atrás, cuando era vigente, convocativo e irradiante el proletariado minero; a pesar de su consciencia de clase, de su condición de clase compuesta por el desclasamiento de las otras clases, de clase que debería abolir todas las clases, los mineros mantenían relaciones de dominación, subordinando a las comunidades indígenas y campesinas aledañas a los campamentos. ¿Por qué ocurre esto? Se notaba un aire de superioridad; una cosa implica estar ligado al campamento minero, a la explotación de las vetas mineras, a los ingenios, a la organización capitalista del trabajo, y otra cosa significa estar ligado a los ayllus, a las comunidades, donde preponderaban “modos” de “producción pre-capitalistas” y no-capitalistas. La diferencia estaba dada.
Los mineros compartían una ilusión desarrollista y un imaginario modernista, en contraposición de los indígenas y campesinos, que expresaban un apego a otros imaginarios, mas bien, animistas. Una de las consecuencias de la modernidad fue esta descalificación de otras formas de vida, de otras formas de cohesión social y de relacionamiento, que no sean las propias de la modernidad. Las investigaciones y los estudios sociológicos han descrito y han teorizado sobre la transición a la modernidad; el desencanto, la desacralización, la ruptura y quiebre de las comunidades, de las instituciones y estructuras tradicionales, forma parte de las hipótesis iniciales de estos estudios y estos análisis. El paso de la familia extendida y compuesta a la familia nuclear, las migraciones rural-urbanas, la atomización y la individualización, la homogeneización de los comportamientos y las conductas, el disciplinamiento, forman parte de este proceso de modernización, entendido como una dinámica cultural y civilizatoria, que pone en suspenso los valores y las instituciones tradicionales; la modernidad entendida como experiencia de la vertiginosidad, sensibilidad estética que expresa esta experiencia como cuando todo lo sólido se desvanece en el aire, frase de Shakespeare, recogida por Marx17.
La historia de la representación de la modernidad es toda una arqueología, comienza con los poetas malditos, quienes le atribuyen características estéticas y lúdicas, haciendo hincapié sobre todo en la experiencia de la vertiginosidad y el suspenso. El concepto es retomado por la sociología y la economía, empero, de una manera más instrumental y descriptiva, perdiendo sus ribetes poéticos, empezando a adquirir perfiles organizacionales, estructurales, institucionales y de relaciones de mapas definidos de transvaloración y transición modernizadora. Marx y algunas corrientes marxistas retoman el concepto dándole un carácter dialéctico, retomando algunas ideas iniciales de la experiencia de la transformación desbocada. Ya en la etapa de balance habría que contar con el análisis desplegado por Marshall Berman; estudio que intitula precisamente Todo lo sólido se desvanece en el aire18. En las corrientes marxistas teóricas contemporáneas un antecedente de la crítica de la modernidad es el libro de Adorno y Horkheimer titulado Dialéctica del iluminismo19 .
Quizás sea el análisis más penetrante de la modernidad, a la que caracterizan como iluminismo, que también puede ser retomada como crítica; de lo que se trata entonces es de desplegar una crítica de la crítica, un iluminismo del iluminismo. Ponen en cuestión los mitos de la modernidad, como la idea de progreso y el mito de la historia; también ponen en cuestión la pretensión moderna de dominación de la naturaleza. Queda claro en los autores, que hacen la crítica de la racionalidad instrumental, que no basta hacer una crítica de la economía política, sino que es necesaria y urgente hacer una crítica de la modernidad, matriz histórica y cultural, civilizatoria, en la que emerge y se recicla el capitalismo. Después de ellos, todas las escuelas, corrientes teóricas críticas de la modernidad, son deudoras de la apertura iniciada por la Escuela de Frankfurt.
A nosotros nos interesa retomar las críticas de la modernidad en los contextos periféricos del sistema-mundo capitalista, pues nos interesa comprender los fenómenos complejos, abigarrados y heterogéneos que desata la modernización en nuestras regiones y países. Marshall Berman escribe sobre el modernismo del subdesarrollo y toma en cuenta el caso de San Petersburgo, dice que se trata de modernidades impulsadas desde arriba, por el Estado, el poder; quizás también por algunas élites. Son construcciones titánicas que se enfrentan a los pantanos, es la voluntad de la geometría que termina imponiéndose a la adversidad, a pesar de las inundaciones centenarias.
Se trata de espacios modernos, pero sin contar con una vida moderna, espacios públicos que no llegan a tener vida pública. ¿Qué es la modernidad en estos lugares insondables? ¿Es una ilusión? ¿Un espejismo? ¿Un fabuloso monumento? Todo lo demás no llega a ser moderno, las instituciones, el manejo de las instituciones, el Estado, la administración del Estado; tampoco las subjetividades. Estamos ante transiciones problemáticas, cuando el pasado no termina de irse, mas bien, se queda persistentemente, combinándose con esas proposiciones iluministas de futuro. Se producen composiciones intrincadas que contienen también subjetividades recargadas, que acompañan a comportamientos que moran mundos que cohabitan.

René Zabaleta Mercado habla de formaciones abigarradas y Bolívar Echeverría de modernidades barrocas. ¿Qué es la modernidad en la periferia del sistema-mundo capitalista? Las corrientes hindúes que estudian la subalternidad conciben que, mas bien, hay que comprender modernidades heterogéneas o la modernidad en su condición heterogénea. Ciertamente no se puede hablar del ámbito social del campesinado como si fuera homogéneo; esto desde ya está descartado. Estamos ante un campo complejo y diferencial, cuyos ciclos y articulaciones con el mercado también son variados. En un tiempo se pensó que la campesinización y la re-campesinización formaban parte de procesos de resistencia a la diseminación capitalista. Se mostraban contradicciones de las formaciones campesinas con el mercado, con el capitalismo y con el capital a partir de la tesis de la subsunción formal del trabajo al capita. En Bolivia se realizaron estudios de la cuestión agraria, sobre todo de las economías campesinas, a partir de su irrupción misma, irrupción que se da desde la expansión de las formas de pequeña propiedad agraria, a partir de la reforma agraria de 1953. Se pueden hacer distintas clasificaciones de un abundante material, que llega hasta nuestros días, empero nos interesa, por los límites y las razones implícitas de este ensayo, dibujar grandes campos de análisis.

Se puede apreciar que una de las áreas de preocupación, quizás las más economicista, está relacionada con las evaluaciones de la reforma agraria y la búsqueda por reencaminarla; otra área de preocupación es la que tiene que ver con los estudios de caso, con un enfoque sociológico; quizás los más interesantes son los estudios que vienen acompañados de una orientación antropológica, sobre todo por el aporte etnográfico en el análisis de las estructuras y las instituciones involucradas. No podemos dejar de considerar los estudios sobre la estructura agraria y de clases desde una perspectiva marxista, mas bien, análisis macros que estudios locales o regionales. Por último, deberíamos considerar un área de trabajos de investigación antropológicas, sociológicas y económicas, de enfoque, mas bien, integral, que cuestiona las perspectivas anteriores, consideradas estáticas, que no contemplan las dinámicas locales, diferenciales, cíclicas y de estructuras de cambiantes, vinculadas a las estrategias de adaptación a las circunstancias de las formas de organización campesinas. Quizás las más aportadoras a la elucidación y a la inteligibilidad de la problemática campesina sean estos estudios23.

En relación a toda esta arqueología del saber de la cuestión agraria, debemos apreciar sus mapas conceptuales, para poder atender con una mirada escrutadora a los recientes desplazamientos de las economías campesinas. Obviamente lo que se requiere para lograr una comprensión adecuada de lo que ocurre son investigaciones a profundidad y en los distintos espacios de desplazamiento de las formas de organización campesina; empero, a falta de estas investigaciones, nos vemos obligados a lanzar algunas hipótesis interpretativas de lo ocurre en la coyuntura crítica del proceso con las economías y formas de organización campesina, sus estrategias y sus circuitos.
Hipótesis
Por más compleja que pueda ser la formación social, económica y cultural campesina, por más diversa y diferencial, por más barroca, combinada, compuesta y entrecruzada en que se encuentre, moviéndose contradictoriamente en transiciones cíclicas, definiendo a veces rutas en espiral y en algunos casos desplazamientos lineales, toda esta complejidad está atravesada por los circuitos del mercado, los circuitos dinerarios, incluso, en menor escala los circuitos financieros, como los relativos al microcrédito; aunque tengamos que aceptar, como lo hicimos en otro tiempo, la presencia alterativa de resistencias, de otras lógicas, otras estrategias y otras racionalidades, el mercado y el desarrollo capitalista juegan un papel gravitante, sobre todo en determinados momentos de alta demanda de monocultivos y de la evidencia de la atracción efectiva de subida de precios. Esta atmósfera de muchos microclimas culturales, imaginarios y de comportamientos, recrea la ilusión de una modernidad barroca, heterogénea, del bienestar, del acceso y del consumo. En momentos de intervención de circuitos de alta rentabilidad y de predisposiciones políticas que los facilitan, los conglomerados sociales campesinos, sus tendencias económicas, tienden a volcarse plenamente a la ilusión del desarrollismo y sobre todo al espejismo de la riqueza fácil.
Los núcleos de resistencias, alterativos, alternativos, las racionalidades y estrategias complementarias y cíclicas, tienden a ser inhibidas, ocultadas, desarticuladas, en beneficio de las opciones más comerciales, incluso más perversas de los circuitos dinerarios.
Boceto de interpretación de algunas dinámicas moleculares
En el caso de las comunidades indígenas de la Amazonia, particularmente en el caso del TIPNIS, lo que llamamos vida cotidiana, para definir uno de los ámbitos recurrentes de las dinamices moleculares sociales, adquiere las tonalidades de vida en la territorialidad acuática y la territorialidad boscosa de la Amazonía, entonces, entonces la vida social y comunal más se acerca a las formas de los ciclos vitales, dados en esas territorialidades. Entre las actividades de la reproducción social comunitaria se encuentran la pesca, la caza y la recolección; también cierta agricultura, como el cacao, así como cría de animales, no sólo domésticos, sino incluso lagartos. El cacao y los lagartos están vinculados a mercados especializados en la industria de chocolate como en el uso de cueros de saurios. La comunicación fluvial es la que conecta, desde tiempos antiguos a las comunidades indígenas amazónicas; es la red comunicacional, como dicen sus dirigentes, son sus “caminos” o “carreteras”. El TIPNIS está dividido administrativamente en tres zonas, la del núcleo boscoso del territorio, que es considerado como intangible; la del “desarrollo comunitario” y la del “desarrollo sostenible”. Estos últimos tienen vinculaciones con el mercado, además de encontrarse bañados, por así decirlo, por los ríos Isiboro, Sécure e Ichoa y sus afluentes. La cuarta zona, por así decirlo, siguiendo con esta clasificación administrativa, sería la zona de avasallamiento de los colonizadores, que corresponde a lo que se ha venido en llamar el “Bloque Siete”. En consecuencia, tendríamos que añadir, descriptivamente, otras actividades de los ámbitos de la vida social comunitaria; esta vez más cerca de la vida cotidiana que a los ciclos vitales ecológicos. Hemos mencionados las actividades agrícolas, la de la cosecha del cacao, la de la cría de saurios, además de otras actividades de combinación de subsistencia y de mercadeo, fuera de la venta de fuerza de trabajo asalariada, de manera esporádica. Tendríamos que mencionar, en referencia al “Bloque Siete”, la del cultivo de la hoja de coca excedentaria. Con esta descripción sucinta tenemos ya un panorama de aproximación a los ámbitos de las dinámicas moleculares sociales. Sin embargo, no se termina de abarcar los ámbitos de las dinámicas moleculares sociales si no se mencionan los ámbitos relativos a la organización comunal, social y sindical. La Subcentral del TIPNIS forma parte del CIDOB, la organización indígena de tierras bajas; los sindicatos cocaleros del “Bloque Siete” forman parte de la Federación Campesina del Trópico de Cochabamba. Aunque hay que hablar también del CONISUR, que es un montaje gubernamental en el “Bloque Siete” para simular la representación de comunidades indígenas.
Como hicimos notar más arriba las dinámicas moleculares no sólo se circunscriben a la vida comunitaria, más cercana a los ciclos vitales ecológicos, tampoco a la vida social comunitaria de la denominada vida cotidiana, sino que hay otros ámbitos que hemos llamado de las dinámicas moleculares sociales de transgresión o, si se quiere, de transversalidad de la vida comunitaria y de la vida cotidiana. Hablamos de las asociaciones vinculadas a los agenciamientos de la movilización indígena. En otros textos dijimos que en estos entrelazamientos de otros agenciamientos comunitarios las mujeres hacen de tejedoras de los tejidos comunitarios, al expresar, encarnar y simbolizar los entramados comunitarios. De la misma manera que en lo que respecta a Achacachi, en el TIPNIS podemos mencionar, a modo de comparación, un eje políticocomunitario-cultural de los tejidos sociales comunitarios, que tienen que ver con las dinámicas moleculares comunitarias sociales transgresoras.
Eje político-comunitario-cultural
1. Los espesores territoriales, comunitarios y culturales amazónicos, en este caso del TIPNIS, moxeños trinitarios, chimanes e yuracares, son los substratos eco-sociales de lo que las dos organizaciones indígenas, de tierras bajas y de tierras altas, el CIDOB y el CONAMAQ, denominan proyectos civilizatorios alternativos de las naciones y pueblos indígenas originarios.
2. En los espesores de la coyuntura los substratos ecológicos y comunitarios se hacen presentes como resistencia indígena en el conflicto con el “gobierno progresista”.
3. Las dinámicas moleculares comunitarias y sociales, en su multiplicidad bullente, tienen efectos e masa, como conformaciones molares sociales. Entre las formas molares comunitarias y sociales, fuera de las organizaciones indígenas mencionadas, se encuentran las formas políticas del conflicto. La expresión conocida que denomina al conflicto del TIPNIS, dicho desde la interpelación indígena, es la defensa del TIPNIS y de la vida.
4. Ciertamente la forma molar territorial, reconocida administrativamente, es el mismo Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure. Por lo tanto, también la zona denominada “Bloque Siete”, que es reconocida en términos administrativos gubernamentales.
5. Pero, sobre todo, interesa mencionar a las formas de avasallamiento de los territorios indígenas amazónicos. Hablamos del avance de la frontera agrícola, así como de otras fronteras de la extensión de la economía capitalista y de la vorágine del mercado; por ejemplo, la frontera maderera, responsable de la tala de árboles y de la destrucción de bosques. En el caso del avance de la frontera agrícola, se trata de la expansión depredadora de la frontera del cultivo de la hoja de coca excedentaria, acompañada por la expansión disociadora y diseminadora de la economía política de la cocaína. En lo que respecta al conflicto del TIPNIS, no se puede obviar la expansión de la frontera caminera y de carreteras, que forman parte de la infraestructura comunicacional física del espaciamiento del capitalismo extractivista colonial y dependiente. Así también, de la expansión de la frontera hidrocarburífera y quizás también minera.
6. Las dinámicas moleculares comunitarias transgresoras de la vida cotidiana, que forman parte, en este caso, no solo de la sociedad alterativa, sino de las comunidades indígenas alterativas, corresponden a los agenciamientos comunitarios y sociales alterativos que sostienen no sólo las movilizaciones indígenas, sino también las resistencias, todavía diseminadas, del pueblo boliviano, al proyecto colonial extractivista del “gobierno progresista”.
7. Siguiendo con la comparación respecto del conflicto de Achacachi, diremos que entre las dinámicas moleculares comunitarias y sociales se destacan los flujos de emotividad social en lo que respecta a la defensa ambiental y ecológica, así como de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, consagrados en la Constitución. Estos flujos emotivos colectivos, comunitarios y sociales son compartidos por colectivos activistas, por parte de la opinión pública y el pueblo boliviano, además de ser compartidos por colectivos continentales y mundiales, vinculados a la defensa de la vida, de los derechos indígenas y de proyecciones de alternativas. 8. El conflicto del TIPNIS, que es ya una convocatoria nacional, continental y mundial, ha adquirido las características y el alcance de una respuesta social nacional durante la VIII marcha indígena. No ocurrió lo mismo, como dijimos, con la IX marcha indígena, y en la actualidad del conflicto renovado, tampoco está adquiriendo, todavía, la conformación de una respuesta movilizada nacional, a pesar de la Declaración TIPNIS-Achacachi en defensa de la democracia y de la vida, a la que se van sumando otras organizaciones representativas sociales, como la misma COB y las organizaciones campesinas y cocaleras de los Yuncas, de las zonas del cultivo de la hoja de coca tradicionales.