martes, 16 de febrero de 2016

I. Es hora de preguntarnos qué mundo nos está dejando el capitalismo y cómo encaminar el Nunca Más al sistema mundo.


 Caminos abiertos por luchas de los pueblos están creando
el internacionalismo revolucionario a consolidar y proyectar.
Comencemos por aclarar qué entendemos por «internacionalismo revolucionario»:

Globalización del gran capital y 

nuevo internacionalismo revolucionario.
2  de noviembre de 2005
Por Narciso Isa Conde 
Entre las reflexiones más importantes y los desafíos más trascendentes del movimiento revolucionario continental y mundial está lo relacionado con la teoría y la práctica del internacionalismo en el presente planetario.
Los déficits en ese plano son realmente preocupantes.
En nuestra América hablar de internacionalismo es hablar de antillanismo, de latinoamericanismo, de latinocaribeñismo.
Es emular a Hatuey, Tupac Amaru, Martí, a Emeterio Betances, a Duarte, a Luperón, a Bolívar, Morazán, Artigas ,San Martín, Máximo Gómez....
En el mundo actual hablar de internacionalismo revolucionario es emular y enriquecer a Marx, a Engels, a Lenin, a Trosky, a Rosa Luxemburgo, a Gramsci, a Mao, a Ho Chi Ming y al inmenso Ché Guevara.
Pero es hablar de todo esto en el contexto del capitalismo y del imperialismo de hoy, en el marco de su globalización neoliberal, partiendo de las luchas actuales y sus actores y asumiendo la recreación teórica y los cambios en la práctica política que exigen las luchas actuales, los nuevos proyectos de democracia, las nuevas variantes del tránsito revolucionario y las nuevas propuestas del socialismo surgidas de las experiencias fracasadas del Siglo XX y de las evoluciones del orden capitalista en pleno Siglo XXI.
La globalización neoliberal y la guerra infinita practicada desde la unipolaridad militar a favor de EU son componentes esenciales del internacionalismo de las derechas y ultraderechas.
Y a esto es preciso oponerle un internacionalismo que no dejará de ser proletariado, pero que debe ir mucho más allá de los(as) proletarios(as): deberá agrupar a todos(as) los(as) que enfrentan el capitalismo altamente concentrado y sus designios de muerte y sufrimiento, en cada país, en cada región, en cada hemisferio y en el mundo actual.
Las grandes masas excluidas.
Los sectores medio arruinados.
Los defensores de la vida y la naturaleza.
Las mujeres patriarcalmente y socialmente oprimidas.
Las etnias y nacionalidades oprimidas, discriminadas y marginadas.
Las comunidades abandonadas.
Las poblaciones bombardeadas o desplazadas.
Todos los sujetos dominados y oprimidos .
Todos los actores de las luchas contra la globalización neoliberal y contra las diversas modalidades de expresión.
 
Límites de las luchas locales y nacionales.
Es cierto lo del “techo bajo” de los procesos nacionales, sobre todo en países pequeños. El aislamiento al escenario nacional de los cambios se constituye en perspectiva en un factor adverso al movimiento transformador y favorable a la contrarrevolución imperial e interna. Los procesos localizados en naciones aisladas o en zonas limitadas son más fáciles de ahogar, asfixiar, revertir o estancar.
Una estrategia imperial obliga a una estrategia revolucionaria continental y mundial, sin desmedro de la diversidad y las particularidades nacionales.
Hay que coordinar más las luchas.
Hay que sincronizar más las luchas. 
Hay que articular y darle más simultaneidad a los procesos liberadores en todo el continente y en todo el mundo.
Hay que construir nuevos espacios para un internacionalismo revolucionario innovador, para una orientación común de la diversidad revolucionaria.
La aspiración a una humanidad liberada del mal de la explotación, capaz de autodeterminarse, de autogobernarse y dirigir conscientemente su destino ha sido un elemento sustancial de la identidad moral del movimiento obrero, de las fuerzas populares y de la izquierda.
El internacionalismo fue una consecuencia necesaria de una concepción del mundo que pretende transformar la injusta y desigual estructura social poniendo el acento en la necesidad, para lograr estos objetivos, de la unidad de los trabajadores y los pueblos oprimidos del planeta. 
Hay que decir que esta aspiración ha sido muchas veces una proclamación, más o menos justificadora o testimonial, que una práctica real y una acción plenamente consecuente.
En la presente etapa, la crisis de la izquierda ha supuesto una disminución dramática del carácter internacionalista del movimiento, cuando paradójicamente hay una aceleración de los procesos de mundialización del capitalismo. 
 
La globalización: el internacionalismo del gran capital
Estamos frente a una nueva fase de la internacionalización del capital altamente concentrado y ante una potenciación del internacionalismo de las fuerzas que lo representan y lo hegemonizan. 
Esa realidad ha sido acelerada por los efectos del tránsito hacia un nuevo patrón de acumulación y gestión basado en la microelectrónica, la informática, la robótica y otros formidables adelantos tecnocientíficos secuestrados por los grandes consorcios privados y por los mecanismos estatales bajo su dominio.
En esta fase concurre también un extraordinario proceso de concentración del poderío económico, social, cultural-ideológico-comunicacional, político y militar del capital imperialista y de su sistema de dominación integral. 
Vivimos la era de las grandes fusiones empresariales, de la conformación de potentes redes transnacionales de la concentración de la comunicación en escogidas y potentes cadenas internacionales, de una altísima concentración y no menos elevada movilidad y volatilidad del capital especulativo (con capacidad para quebrar economías nacionales y apropiarse de enormes recursos activos en cuestión de segundos y minutos).
Vivimos y sufrimos la etapa de las privatizaciones masivas de los patrimonios estatales, sociales y nacionales a favor del capital transnacional, de la conformación de los megamercados “libres” vía el derrumbe unilateral de las barreras proteccionistas en los países dependientes; de la puesta en práctica de un intenso proyecto de uniformización y totalitarismo cultural bajo control estadounidense a escala planetaria.
Estamos sometidos a una espectacular modernización de las fuerzas militares y de su capacidad de despliegue y destrucción a escala global bajo el signo de la unipolaridad. 
Sufrimos, en consecuencia, una franca subversión de la legalidad internacional y del marco institucional creado con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, y una espeluznante impunidad de la imposición ?por vías administrativas, políticas y económicas, por vías militares, por acciones punitivas y represalias diversas? de los intereses de las cúpulas capitalistas, de los grandes Estados bajo su control, de las fuerzas dominantes en los EE.UU.... todos ellos situados por encima de los derechos vitales de casi toda la humanidad y por los derechos universalmente consagrados. 
El internacionalismo de las poderosas minorías dominantes se expresa hoy más brutal y descaradamente que nunca, por encima incluso de las dificultades que entraña la tripolaridad económica y la globalización fragmentada por la competencia entre las grandes potencias capitalistas.
Unas veces la concertación de la tríada (EU, Japón, Alemanida o Union Europea), otras las fuertes tendencias transnacionales del capital, y otras la imposición de la unipolaridad político-militar a favor de EE.UU. y las subordinaciones forzadas, determinan su avasallador accionar contra los más débiles, contra naciones periféricas, contra regiones subordinadas o subordinables en mayor grado y contra las fuerzas del trabajo, del campo popular y de las capas medias y hasta contra las fuerzas del capital no beneficiarias de la nueva reestructuración del sistema.
Vivimos la era de la declinación del Estado-nación (sobre todo de sus expresiones más débiles) y del tránsito hacia nuevos poderes supranacionales que resultan de la combinación de los poderosos componentes que se conforman por encima y más allá de los países en particular y que resultan de las concertaciones entre los Estados más fuertes que constituyen sus bases originarias; cuando de la prepotencia y los afanes de EEUU en pos del imperialismo totalitorio. 
A la subversión de la legalidad vigente le acompañan los procesos de refundación y de formación de determinados mecanismos supranacionales: ONU, OTAN, BM, FMI, OMC, etc., en los cuales las hegemonías se comparten o se arrebatan y las competencias se complementan con las concertaciones entre los siete grandes países (Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, Canadá, Italia e Inglaterra), o con las subordinaciones de ellos o gran parte de ellos al poderío militar estadounidense.
El marco conceptual que nutre la globalización neoliberal se convierte así en el nuevo ideario del internacionalismo burgués y de la complicidad del gran capital transnacional. (...) Leer 
 

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