jueves, 16 de julio de 2015

Necesidad de discutir el modelo progresista en Nuestra América.


 Para descubrir qué mundo se está construyendo.

Consideremos significados e implicancias  del paradigma de ese modelo que se da en Bolivia bajo el gobierno de Evo Morales  mediante el siguiente artículo:
 

El Tipnis territorio del germen del estado plurinacional, enemigo del estado-nación

Geopolítica del capitalismo dependiente
5 de julio de 2015
Por Raúl Prada Alcoreza

 

La geopolítica de dominación subalterna; es decir, de las burguesías intermediarias, parte componente en la geopolítica global del sistema-mundo capitalista, es la de profundizar la dominación del sistema-mundo, de su cartografías de centros y periferias, de la mecánica y técnica del modo de producción capitalista, que convierte a las periferias en donantes de materias primas y fuerza de trabajo barata. Esta profundización de la expansión interna del capitalismo es singular, pues responde a las condiciones y características histórico-sociales del país en cuestión. En Bolivia esta profundización del capitalismo se desenvolvió como economía minera, primero, después como economía combinada minera e hidrocarburífera, para terminar preponderando una economía sobre todo basada en la extracción y venta del gas.
 
Aunque se haya desarrollado la agroindustria, acompañada de la tala de bosques y venta de madera, fuera de las economías campesinas y, si se quiere, la economía cooperativista, el peso específico se encuentra en la explotación del gas y de los minerales. Se trata, como dicen los economistas, de un modelo primario-exportador. Sobre esta base económica extractivista se desenvuelve la economía agrícola, basada en la ampliación de la frontera agrícola, afectando a los bosques, a los ecosistemas, a las comunidades y pueblos que habitan en las cuencas y sus entornos. La economía de la coca forma parte de esta economía agrícola y es la economía más rentable en este rubro.
En este proceso de profundización del capitalismo dependiente, la economía extractivista tiene como obstáculo a los territorios de los pueblos indígenas, reconocidos y constitucionalizados en la Constitución, así como se encuentran consagrados los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. El gobierno popular, que se autodenomina gobierno de los movimientos sociales, además de representar a los pueblos indígenas, se mete en complicadas argumentaciones para justificar su incursión punitiva en los territorios indígenas, vulnerando sus derechos. Todas sus argumentaciones son estrambóticas; desde la supuesta consulta, hasta la delirante geopolítica de la Amazonia, pasando por las concepciones redituadas del desarrollismo a ultranza, además, claro está, de las manipulaciones de las organizaciones sociales, incluyendo el sabotaje, la división y la escisión de las organizaciones indígenas, si no es su destrucción. Ahora, después de haber perdido el gobierno la batalla de la VIIII marcha y haber empatado la batalla de la segunda marcha, y haber perdido la batalla de la Consulta, pues no pudo imponer su consulta espuria, a pesar de haberla llevado a cabo, el gobierno intenta de nuevo insistir en su proyecto carretero. El gobierno no pudo construir la carretera que pasa por el núcleo del TIPNIS, siendo el núcleo mayoritariamente bosque, donde hay escasas comunidades, pues la mayoría se encuentra en los territorios bañados por los ríos Isiboro, Sécure e Ichoa. El gobierno quiere volver a intentar imponer su estrategia extractivista, barnizada con una discursividad superflua de geopolítica trasnochada.
 
¿Por qué lo hace, sabiendo que el conflicto del TIPNIS le ha ocasionado un gran costo político? La geopolítica en curso no es la susodicha geopolítica de la Amazonia, que no es tal, sino la geopolítica de la integración económica y comercial, que apunta a conformar una plataforma de comunicaciones, que unan el Atlántico, el océano del capitalismo de la revolución industrial, con el Pacífico, océano del capitalismo de la acumulación especulativa y de la industria desechable, combinada con la revolución cibernética. El gobierno popular es un dispositivo de esta estrategia de expansión interior capitalista, acompañando a los otros dispositivos estatales, como el gobierno progresista de Brasil, dispositivo estratégico, por la condición de potencia regional, capaz de articular una integración burguesa de mediana intensidad. El gobierno popular no tiene, en pleno sentido de la palabra, una geopolítica; lo que tiene es una estrategia económica y política, que corresponde e la economía rentista y al Estado clientelar. Ciertamente, de estas características generales no se diferencia el gobierno progresista de Brasil, tampoco el gobierno progresista de Venezuela, así como el gobierno de la revolución ciudadana ecuatoriano; son también economías rentistas y estados clientelares. La diferencia está en el tamaños de sus economías y en el tamaño de sus estados, donde el Estado Federal de Brasil es el notoriamente el de más grande economía y de dimensiones gigantescas del aparato administrativo.
 
En estas condiciones se comprende que el modelo económico populista se componga de estos tejidos subordinados de la dependencia, configurando un perfil simple; una base extractivista minera e hidrocarburífera, una agricultura expansiva, que se sostiene destrozando bosques y expandiendo la frontera agrícola, una agroindustria que abastece el mercado interno con una tibia incursión en las exportaciones, salvo la soya que, en realidad, es un emprendimiento transfronterizo transgénico. En el entorno de este núcleo estructural de la economía dependiente, sobrevive la economía campesina y, en mucho más baja escala, lo que queda de la economía comunitaria. Atravesando todos los intersticios, mediando económicamente entre el Estado y las empresas trasnacionales, las compradoras de materias primas, se encuentran como un tejido provisional la economía cooperativista, principalmente minera. Endulzando esta economía extractivista, que se administra como economía rentista, se parapeta la estructura del Estado clientelar, emitiendo su discursividad demagógica y desplegando procedimientos coercitivos de chantaje. En este panorama económico-social-político del capitalismo dependiente no es aceptable la consolidación de los territorios indígenas, los que harían de contención ante la expansión de la frontera agrícola, también de la frontera extractivista de las concesiones mineras e hidrocarburífera. Por lo tanto, el TIPNIS es visto por el Estado-nación como territorio enemigo, que tiene que ser definitivamente subsumido a la desterritorialización del Estado y al desierto capitalista.
 
La guerra de la madre tierra reaparece; el gobierno populista ha anunciado sus nuevas incursiones punitivas; esta vez con destacamentos de ingenieros, que entrarían a construir la carretera, vulnerando nuevamente la Constitución y repitiendo el etnocidio colonial, ante el asombro de los pueblos. La apuesta por el extractivismo a gran escala ha avanzado mucho, el gobierno populista está no solamente empapado en esta expansión interior del capitalismo dependiente, sino que es uno de los dispositivos efectivos en este despliegue, sobre todo debido a su máscara indígena y a su demagogia populista, que desarman la capacidad de resistencia de los pueblos.
 

Pensemos cómo el protagonismo de los pueblos (ejemplo en Tipnis) creando su autodeterminación tiende a ser sustituido por subordinación al Papa Francisco.
 

Bolivia: Morales pide a movimientos populares

formar una yunta con el Papa para liberar a los pueblos del mundo.
7 de julio de 2015

 
 Resumen Latinoamericano /ABI.- El presidente Evo Morales pidió el martes por la noche a los movimientos populares que participan de un encuentro mundial en Santa Cruz, al este de Bolivia, formar una yunta con el papa Francisco para liberar a los pueblos del mundo.
En su discurso de inauguración del II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares que concluirá el jueves con la presencia del Sumo Pontífice que llegará a Bolivia, el Presidente indígena afirmó que los movimientos populares tienen una “gran responsabilidad frente a los problemas del mundo”.
“Tenemos enormes coincidencias con la políticas  económicas, sociales con el Papa, coincidencias de cómo vivir bien. Como Presidente y dirigente nunca antes podía sentir que un Papa podía compartir un mensaje de paz y de justicia social”, remarcó.
A su juicio, el encuentro mundial de movimientos sociales no debe ser sólo para “saludarse”, “sino para liberar a todos los  pueblos del mundo” y agregó que la lucha de los pueblos indígenas debe dotarse de un documento sólido, que sirva también  para que otros pueblos se liberen  de la injusticia del mundo.
Remarcó que por primera vez un Papa convoca a los movimientos populares a pronunciarse para resolver los problemas del mundo, para emitir un documento.
“Tenemos mucha responsabilidad”, puntualizó y abogó por un trabajo serio, confiable, para presentar un documento de conclusiones que exprese el  sufrimiento, el pensamiento y el sentimiento de los movimientos populares.
“Yo  siento que de verdad el nombre francisco hace honor, orgullo a los pueblos y a la Iglesia porque resalta a San Francisco de Asis,  un santo de los pobres, que renunció a la riqueza y atendió con caridad para ayudar a los pobres y atenderlos. Siento que en este tiempo estamos en tiempo de liberación de los pueblos”, refrendó al considerar que se acabó el tiempo de las oligarquías y de las jerarquías.
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Cita de movimientos populares definirá ruta para inicio de nueva vida en el planeta
Resumen Latinoamericano /ABI / 7 julio 2015.- El II Encuentro Mundial de Movimientos Populares definirá una ruta para una nueva vida en el planeta, afirmó el martes el dirigente campesino y co-organizador del evento, Rodolfo Machaca.
“El encuentro mundial va a marcar una nueva ruta para que la Iglesia Católica y los gobiernos del mundo coadyuven para ingresar a una nueva etapa de la vida”, argumentó a la ABI.
El encuentro será inaugurado hacia las 15h00 en el Coliseo Santa Rosita de la ciudad de Santa Cruz con la presencia de al menos 1.500 delegados de 40 países de América, Asia, Europa y África.
Según Machaca, la definición de los nuevos lineamientos para una nueva etapa de la sobrevivencia humana surgirá a partir de profundas reflexiones y la consolidación de una visión común de los pueblos sobre cómo erradicar varios problemas que afectan a la Madre Tierra y a la sociedad mundial.
“Buscaremos lograr una integración de las naciones originarias, indígenas, campesinas, trabajadores y obreros para buscar precisamente un nuevo modelo social, económico e incluso espiritual”, remarcó.
El dirigente campesino informó que esa nueva ruta se planteará en una próxima cita mundial como una tarea urgente, tomando en cuenta que el capitalismo y sus afanes industriales están “matando a la biodiversidad y provocan un cambio climático insostenible para la humanidad y la vida en el planeta”.
A su juicio, el desafío posterior será que las conclusiones del encuentro de Santa -Cruz lleguen a manos de los gobiernos del mundo y se apliquen para que cambie el modelo económico y social global vigente, para la aplicación de la filosofía del vivir bien promovida desde Bolivia.
El II Encuentro Mundial de Movimientos Populares abordará varios temas, entre ellos, los problemas que afectan a la Madre Tierra, la posesión del territorio, los pros y contras del uso de agrotóxicos y alimentos transgénicos, el acceso al trabajo y la vivienda y cómo consolidar la paz, la soberanía y la integración de los pueblos.
El Encuentro Mundial de Movimientos Populares culminará el jueves 9 de julio y las conclusiones se entregarán al papa Francisco y al presidente Evo Morales en instalaciones de la Feria Exposición de Santa Cruz.
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Se abre II Encuentro Mundial de Movimientos Sociales y Populares,
promovido por Papa Francisco y Evo Morales
8 de julio de 2015
Por Cristiano Morsolin (Rebelión)
El viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Alfredo Rada, informó el pasado sábado 5 de julio que el papa Francisco eligió a Bolivia como sede del II Encuentro Mundial de Movimientos Sociales y Populares (1), porque en Bolivia hay una participación democrática de los movimientos sociales.
Dicho evento en el que participarán 900 organizaciones sociales de diversos continentes es inaugurado hoy en el coliseo Municipal de Santa Cruz, por el presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz del Vaticano, el cardenal ganés Peter Turkson.
“Se eligió a Bolivia, porque aquí hay participación democrática de los movimientos sociales y la conformación de un Gobierno que es de los movimientos sociales, entonces esa es la diferencia entre los otros países. En Ecuador hay un proceso de cambio, pero tiene otras característica”, remarcó la autoridad en una entrevista con los medios estatales.
Explicó que en Bolivia fue donde más se avanzó en la participación política de los movimientos sociales. “Creo yo que esa fue una razón que explica por qué el papa Francisco decidió participar en un encuentro con movimientos sociales en este país”.
En criterio de Rada, el evento mundial concluirá el jueves. Serán 3 días de trabajo intenso, en el que delegaciones de alrededor 30 países que ya confirmaron su participación, a través de sus 900 delegados es que estaremos trabajando en Santa Cruz”.
Asimismo, indicó que Francisco dará un mensaje para clausurar el Encuentro Mundial de Movimientos Sociales y Populares, al que también asistirá el presidente Evo Morales.
“Cierra Francisco (el encuentro), tomando la palabra seguramente una media hora, tal vez un poco más, depende de él, dando un mensaje a los movimientos sociales ahí reunidos”, concluyó Rada.(...) 
 
"No es neutral, sino escrita desde el mundo empobrecido, desde el Sur" según Luis Infanti
Este histórico encuentro del Papa Francisco con los movimientos sociales reunidos en Santa Cruz es relacionado a la nueva encíclica del Papa Francisco: “Aire fresco para la paz y la vida”, se titula la reflexión que hizo el Obispo de Aysén (Chile) Luis Infanti.
Monseñor Luis Infanti califica de contundente, profética y desafiante el documento dado a conocer por el Sumo Pontífice, relevando que “no es neutral, sino escrita pero sobre todo ubicada desde el mundo empobrecido, desde el Sur, que desafía fraternalmente al Norte, para lanzar un cambio decidido y valiente. Los tiempos, la nueva época, no dejan dudas: no se puede continuar como estamos ahora”, sentencia el religioso.
Añade que desde el mundo empobrecido y traspasado por la injusticia humana y ambiental, el Papa Francisco llama a la conciencia de los pueblos, creyentes y no creyentes, a exigir (la justicia no se pide, se exige, porque es un derecho de los marginados) un cambio de ruta a los poderosos de los poderes económico, político, científico y tecnológico mundial. Lo hace, no desde una religión, sino desde la ética y la espiritualidad más profunda de la sensibilidad humana, destaca un reciente artículo de Morsolin sobre la Encíclica papal (5).
NOTAS:(…)
Cristiano Morsolin, investigador y trabajador social italiano radicado en Latinoamérica desde 2001, con experiencias en Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil. Autor de varios libros, ha colaborado con la Universidad del Externado de Colombia, Universidad del Rosario de Bogotá, Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Co-Fundador del Observatorio sobre Latinoamérica SELVAS (Milán), especialista en el análisis de la deuda social y la deuda externa en Latinoamérica, a través del trabajo con la Fundación “Giustizia e Solidarieta FGS” (Roma). Blog del autor: https://diversidadenmovimiento.wordpress.com/
 
Constatemos cómo se sigue profundizando el extractivismo pese a discursos y Encuentros:
 
La encíclica papal, el ecosocialismo y el avance de la minería en Venezuela
 
7 de julio de 2015
Por Emiliano Teran Mantovani 
 
 
"Procurar a la contribución de la defensa de la vida en el planeta (Objetivo V del Plan de la Patria) merece extender este diálogo propuesto por la encíclica y su reconocimiento por parte del presidente Maduro. Merece también atender a las múltiples propuestas y alternativas sugeridas por diversas organizaciones populares, comunales y ambientalistas del país, que proponen otras formas de gestionar el territorio y la economía."
El pasado 18 de junio, el presidente Nicolás Maduro saludaba la carta encíclica Laudato si del Papa Francisco, sobre “el cuidado de la casa común”, planteando que se trataba de “uno de los documentos más importantes que han salido en las últimas décadas” y que representa “las bases de un nuevo ecologismo del mundo”[1].
En dicha carta de fecha 24 de mayo de este año[2], se muestran, en efecto, interesantes ideas y reflexiones sobre la crisis ambiental global, al parecer muy influidas por numerosos debates provenientes de la ecología política, de movimientos sociales ambientalistas y de diversos pueblos en resistencia ante la devastación de sus territorios. Esta eco-encíclica, sin precedentes en la historia de la narrativa del Vaticano, no sólo interpela al mundo cristiano creyente acerca de la relación del humano con la naturaleza, sino amplía los llamados de atención globales ante el camino que transitamos como civilización.
 
Resaltan su crítica al mito del progreso, sus llamados ante el dramático problema del cambio climático y la contaminación de las aguas; recurre a la noción de bien común, plantea la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes; critica con agudeza las visiones tecnocráticas, la economía verde, la hegemonía del capital financiero, y el consumismo e individualismo; propone una visión ecológica integral de la vida, y persigue una sensibilización subjetiva respecto a la naturaleza; al tiempo que reivindica la idea de decrecimiento, la sabiduría de los pueblos indígenas y la justicia con las próximas generaciones.
 
En este sentido, el presidente Maduro en su intervención televisiva, planteaba que asumía plenamente el compromiso propuesto en la encíclica por el Papa Francisco, que deseaba la difusión del documento en comunas, barrios y organizaciones de base, al tiempo que afirmaba que en Venezuela estas premisas se estaban poniendo en marcha en el marco de la construcción del ecosocialismo.
 
Esta invitación es muy significativa, si tomamos en cuenta que aún en Venezuela, el debate ambiental tiene múltiples omisiones y puntos ciegos, incluyendo el propio tabú sobre el tema del petróleo. La orientación de este debate nacional ha tenido un marcado sesgo hacia las políticas internacionales, con mucha fuerza en las vocerías de las cumbres de cambio climático (COP), lo cual es importante, sobre todo para mostrar la inmensa responsabilidad que tienen los países del centro capitalista y los emergentes BRICS en la devastación ambiental global.
Sin embargo, es fundamental también revisar puertas adentro, nuestros planes de desarrollo, y el alcance de las políticas ambientales nacionales ―como lo propone la encíclica en el punto II. del capítulo quinto―; preguntarnos qué podemos hacer aquí, en nuestros territorios, para evitar profundizar este modelo devastador denunciado en la carta papal (véase el punto 176).
Variados problemas ambientales podrían mencionarse, como los relacionados con la explotación y procesamiento de crudos extrapesados en la Faja del Orinoco, la aceleración de la urbanización y la entropía de nuestros sistemas urbanos, grandes deforestaciones en el sur del país, o nuestra vulnerabilidad ante la intensificación de sequías e inundaciones. Pero a nuestro juicio, uno de los dilemas ecológicos más resaltantes en el país tiene relación con los planes de expansión minera.
 
Además de los planes de desarrollo extractivo en el llamado “Arco Minero de Guayana”, detallados en el Plan de la Patria 2013-2019, el 10 de febrero de 2015, el presidente Nicolás Maduro aprobada el decreto 1.606 para la explotación de carbón en 24.192 hectáreas de los municipios Mara y Guajira (norte del estado Zulia), lo cual representa un salto histórico del extractivismo minero en la zona.
 
Como lo ha planteado el Papa Francisco en la encíclica, específicamente en el punto 185: “En toda discusión acerca de un emprendimiento, una serie de preguntas deberían plantearse en orden a discernir si aportará a un verdadero desarrollo integral: ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿De qué manera? ¿Para quién? ¿Cuáles son los riesgos? ¿A qué costo? ¿Quién paga los costos y cómo lo hará?”.
 
Esta serie de preguntas planteadas en el documento papal son muy pertinentes para evaluar los planes de expansión de la actividad de extracción carbonífera en la zona. ¿En qué sentido un país que ha captado una importante renta petrolera, y que se propone duplicar su cuota extractiva de 3 a 6 millones de barriles diarios, necesita añadir esta renta minera? ¿Cuáles serán sus costos sociales, ambientales, económicos y culturales?
La extracción de carbón a cielo abierto contamina severamente las fuentes hídricas, lo cual afectaría las cuencas de los ríos Guasare (ya se encuentra afectado) y Socuy, y al propio suministro de agua de ciudades como Maracaibo y otros poblados[3]; también contamina el aire y empobrece los suelos; esto se suma a la afectación de los modos de producción agrícola y ganadera de la zona, que contrasta con los enormes volúmenes de material que es necesario remover para obtener sólo una tonelada de carbón ―10 tons. x cada 1 ton. obtenida[4]― y su precio, con tendencia a la baja en los últimos 5 años ―para mayo 2015, una tonelada métrica de carbón colombiano costaba 54,3 US$[5]―.
Este tipo de actividad, también mantiene e intensifica la persistente amenaza a los pueblos indígenas de estos territorios (wayuu, yukpa, barí, entre otros), y sus modos de vida; y refuerza el patrón de combustibles fósiles que empeora nuestras emisiones de GEI y nuestra contribución a la agudización del cambio climático. Venezuela es el país de Latinoamérica que emite más CO2 por persona[6], lo que contrasta con las propuestas de impulso a la energía solar o eólica en la Guajira venezolana (norte del estado Zulia), que han impulsado diversos movimientos ambientalistas en el país[7].
La conclusión es evidente: Venezuela NO necesita esta explotación masiva de carbón. Los perjuicios superan en todos los ámbitos a cualquier cosa que se considere beneficio. En este sentido, el llamado del presidente Maduro a los principios de la encíclica papal es una oportunidad para abrir diálogos ambientales sobre diversas políticas que podrían transformarse o ser revertidas.
 
El punto 184 de la carta de Francisco es bastante claro:
184. Cuando aparecen eventuales riesgos para el ambiente que afecten al bien común presente y futuro, esta situación exige «que las decisiones se basen en una comparación entre los riesgos y los beneficios hipotéticos que comporta cada decisión alternativa posible» [131]. Esto vale sobre todo si un proyecto puede producir un incremento de utilización de recursos naturales, de emisiones o vertidos, de generación de residuos, o una modificación significativa en el paisaje, en el hábitat de especies protegidas o en un espacio público. Algunos proyectos, no suficientemente analizados, pueden afectar profundamente la calidad de vida de un lugar debido a cuestiones tan diversas entre sí como una contaminación acústica no prevista, la reducción de la amplitud visual, la pérdida de valores culturales, los efectos del uso de energía nuclear. La cultura consumista, que da prioridad al corto plazo y al interés privado, puede alentar trámites demasiado rápidos o consentir el ocultamiento de información.
 
El reconocimiento en el punto 146 de los terribles efectos de la vulneración de pueblos indígenas por proyectos extractivos, la necesidad de priorizar la preservación del agua en la aprobación o no de este tipo de proyectos (punto 185), o la necesidad de superar el cortoplacismo político y el consumismo, para en cambio promover agendas públicas ambientales (punto 178), junto a otros elementos planteados por la encíclica, pareciera sugerirnos con claridad, la conveniencia de derogar el decreto 1.606 para la explotación de carbón en el Zulia. Esto, en el espíritu del punto 186 de dicha carta –detener o modificar cualquier proyecto que socialmente se evidencie que implica peligro de daños graves o irreversibles–, podría aplicarse para la evaluación de otros grandes proyectos mineros propuestos en el país.
 
Procurar a la contribución de la defensa de la vida en el planeta (Objetivo V del Plan de la Patria) merece extender este diálogo propuesto por la encíclica y su reconocimiento por parte del presidente Maduro. Merece también atender a las múltiples propuestas y alternativas sugeridas por diversas organizaciones populares, comunales y ambientalistas del país, que proponen otras formas de gestionar el territorio y la economía. La invitación de la carta papal en el punto 179 es clara: la población organizada debe obligar a sus gobiernos a evitar y/o controlar los daños ambientales. Se trata de un principio político fundamental: la defensa de los bienes comunes comienza desde abajo.
 
*Emiliano Teran Mantovani es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, docente de la Universidad Central de Venezuela y hace parte de la Red Oilwatch Latinoamérica.
Fuente: www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/La_enciclica_papal_el_ecosocialismo_y_el_avance_de_la_mineria_en_Venezuela
 

 
Aclaremos, a modo de conclusión, que Nuestra América no es una región de paz mientras desarrolle el modelo extractivista exportador con sus correspondientes IIRSA-COSIPLAN Leer, Plan Puebla Panamá,  Iniciativa Mérida y Plan Colombia. Leer
 
1) Veamos cómo se manifiesta la lucha sin conciliación posible.  Rafael Correa ataca a la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE) y  Evo Morales lo hace respecto a las dos máximas organizaciones indígenas de su país porque:
 
 

La CIDOB y el CONAMAQ orgánicos desenmascaran al régimen prebendal y corrupto.

Crónica de la resistencia indígena bajo asedio del “primer presidente indígena”.
9 de febrero de 2015

 

Redacción Bolpress
El gobierno del Presidente Evo Morales, autoproclamado “primer presidente indígena” de Bolivia, viola sistemáticamente los derechos de los pueblos indígenas y ha divido a sus dos máximas organizaciones representativas de tierras altas y bajas con chantajes, sobornos, amedrentamiento y persecución de líderes críticos, pero no ha podido doblegar a las bases y dirigencias legítimas de la CIDOB y del Conamaq orgánicos que lo desenmascararon.
Lo que distingue al MAS del viejo MNR es su manifiesta voluntad de superar la revolución nacionalista que sometió al indígena con un proyecto “modernizador” y “colonizador”, con una “revolución democrática y cultural” que edificará a largo plazo una “sociedad comunitarizada y socialista en el buen sentido del término”, decía Álvaro García Linera en la campaña electoral de 2005. Sin embargo, una vez conquistado el poder, el propio García proscribió el “socialismo comunitario” y desenterró el viejo proyecto “desarrollista” que tanto criticaba.
Al comenzar el segundo periodo de gobierno del MAS en 2010, el Vicepresidente confesó que si bien el Estado Plurinacional “privilegia” a la comunidad indígena campesina como el “sujeto principal de la revolución democrática cultural”, “hoy la economía colectiva pugna con la economía individual (y) el tipo de desarrollo que alcancemos dependerá de la correlación de fuerzas… Nosotros quisiéramos impulsar sobre todo lo comunitario… pero necesitaremos tiempo para aprender a gestionar lo comunitario productivo… y para demostrar en la práctica que lo colectivo es mejor que lo individual.” (1)
La construcción del idílico “socialismo comunitario” puede demorar varias décadas o quizás siglos, y no es “segura su victoria porque Bolivia está en el marco de un capitalismo planetario”, alegó García Linera, y sin mayor discusión replanteó los objetivos de la “revolución democrática y cultural” y desvió el curso del “proceso de cambio” hacia una nueva meta: el “salto industrial” del “capitalismo andinoamazónico”, es decir la explotación intensiva de recursos naturales y la industrialización para “generar excedentes económicos que permitan apoyar la producción comunitaria y garantizar a la población las condiciones básicas mínimas…”.
El régimen masista relegó paulatinamente a los pueblos indígenas que ya no tenían cabida en el nuevo proyecto pro capitalista y comenzó a tejer una alianza estratégica con la burguesía nacional y con las transnacionales para industrializar el país y hacer realidad el viejo sueño “nacionalista modernizador”.
Paradójicamente, la burocracia masista que llegó al poder enarbolando los derechos indígenas –y que efectivamente propició el reconocimiento de sus “sistemas políticos, económicos y jurídicos acordes a su cosmovisión” en la nueva Constitución Política del Estado aprobada en 2009– terminó pisoteando los derechos y las instituciones indígenas como ningún otro gobierno en la historia reciente, nada menos que en nombre del “desarrollo” y el “progreso”.
“Pocas veces en la historia de nuestro país un sector social como el nuestro ha sido humillado e injustamente tratado por un gobierno como éste; tendríamos que remontarnos a las épocas de la colonia, de la explotación del caucho o del apogeo de la hacienda tradicional pre 1952, para encontrar tal grado de discriminación y racismo descargado en contra nuestra”, se quejaron los pueblos indígenas afectados por los proyectos de “desarrollo” impuestos por el “presidente indígena”.
El Libertador Simón Bolívar decretó la supresión de la comunidad indígena contraria a la doctrina liberal; el dictador Mariano Melgarejo despojo territorios comunitarios; el nacionalismo revolucionario “civilizó” al indio; y hoy el “hermano Evo” ultraja, reprime y persigue a las “minorías” indígenas “pro imperialistas”, acusándolas de “obstaculizar” el desarrollo nacional y de “chantajear” a sus nuevos socios, las petroleras, las mineras y los agroindustriales.
Cuando los indígenas se movilizaron en la VIII marcha por el TIPNIS reivindicando su derecho a ser consultados, los burócratas y campesinos del MAS les tildaron de “salvajes” enemigos del desarrollo. Cuando exigieron territorios comunitarios y el reconocimiento de sus autonomías, los acusaron de “ambiciosos” y de intentar “romper la unidad del país por caprichos personales”.
Concibiendo a los indígenas como “menores de edad” manipulados por ONGs y partidos de derecha e incapaces de pensar por sí mismos, el gobierno de Evo Morales empleó los métodos más ruines y las estrategias más innobles para someter a sus antiguos aliados, al extremo de sugerir la desmembración de sus territorios comunitarios (antaño las “semillas” del socialismo comunitario) para entregarlos en retazos de propiedad privada a los campesinos y colonizadores gobiernistas.
El gobierno del MAS ha fomentado públicamente la división de organizaciones indígenas legítimas valiéndose del chantaje y el soborno para cooptar a sus líderes; ha criminalizado sistemáticamente la lucha social, persiguiendo judicialmente y encarcelando a dirigentes rebeldes y activistas acusados de “terroristas”, y ha intervenido manera descarada los dos únicos gremios indígenas críticos, la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB) y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas de Qullasuyu de Bolivia (Conamaq).
El gobierno de Morales derrocó al líder legítimo de la CIDOB Adolfo Chávez, uno de los impulsores de la VIII y IX Marcha en defensa del TIPNIS, y lo reemplazó por Melva Hurtado, dirigente dócil elegida en una asamblea ilegal. Posteriormente desconoció a los dirigentes genuinos del Conamaq, los expulsó de su sede con el uso de la fuerza policial y montó una organización paralela a la cabeza de Hilarion Mamani. (2)

El MAS tomó físicamente la sede del Conamaq luego de que autoridades del Consejo orgánico revelaron que el régimen y las dirigencias cooptadas había reformulado a sus espaldas los estatutos del Fondo de Desarrollo para los pueblos Indígena Originario Campesinos (FONDIOC), con el único fin de beneficiar solo a indígenas y campesinos oficialistas, desatando de esta manera un escándalo mediático que dejó muy mal parado al propio Presidente Morales.

El gobierno mantiene bajo control a los dirigentes apócrifos con el mismo método que empleó para infiltrar y dividir a la CIDOB y al Conamaq, es decir repartiendo regalos, obras y dinero del FONDIOC en espectáculos públicos y sin rendir cuentas a nadie, pero hasta ahora no ha podido acallar y menos desmovilizar a dirigencias y bases de ambos gremios orgánicos que continúan resistiendo y denunciando los vejámenes del régimen.
El Conamaq orgánico desenmascara al MAS
El MAS gobierna en una especie de puesta en escena permanente para encubrir las enormes contradicciones de clase y la dominación imperial de la economía, manipulando el simbolismo cultural en ceremonias, declaratorias de leyes y decretos, entrega de obras y rituales varios transmitidos en directo por el canal de televisión del Estado. (3)
Recordará el lector que el gobierno de Morales escenificó una falsa “consulta” en el TIPNIS para viabilizar la construcción de la carretera, sobornando a los originarios con obsequios, prebendas y proyectos de desarrollo condicionados e intimidando a los reacios. (4)
Repitiendo el libreto, en la clausura de la VIII Marka Tantachawi del Conamaq ilegítimo celebrada en enero de 2015 en La Paz, el “generoso” Presidente repartió regalos a manos llenas y prometió construir nuevas sedes para los gremios que apoyan el “proceso”.
“Hoy día estamos dotando tres movilidades a las regionales del Conamaq, y para la máxima organización vamos a comprar una movilidad más nueva, de más resistencia, para que los hermanos visiten a los suyos y ayllus de toda Bolivia”, dijo Morales en el evento y anunció que comprará otro inmueble para ampliar la sede que ocupa el Conamaq títere del MAS en el barrio de Sopocachi de La Paz. (5)
“Ustedes saben que estamos apoyando comprando sedes, construyendo sedes y vamos a continuar porque es mi obligación”, aseguró Morales en la oportunidad, pero minutos después él mismo se desdijo al insinuar que sus regalos están condicionados.
“Lamento mucho que algunos hermanos me hayan pagado mal, a algún sector social se les regaló volquetas y después en esas volquetas llevan bloqueadores contra el Evo; dotamos radios de comunicación a algún sector social, y después un dirigente aprovecha esa radio para hablar contra el Evo Morales; les compramos sedes sindicales y después ahí planifican conspirar contra el Evo; regalo ambulancias a las cooperativas mineras, y en esas ambulancias en vez de llevar enfermos o heridos, llevan dinamitas para dinamitar las calles o caminos”, se quejó Evo, aunque aseguró no estar “resentido” porque “eso hacen (“pagarle mal”) algunos dirigentes, no las bases o el pueblo”.
Esta apretada crónica del padecimiento indígena en el gobierno del “primer presidente indígena” deja al menos dos lecciones. Primero, ha quedado claro que cuando el Presidente reparte regalos no es por “obligación” sino para asegurar la lealtad de sus fieles. En segundo lugar, con esta política fascista y con la ayuda de burócratas a sueldo el gobierno ha logrado montar dos organizaciones indígenas paralelas, pero no ha podido desbaratar ni mucho menos desmovilizar a la CIDOB y al Conamaq orgánicos que se mantienen firmes y en pie de lucha.
El pasado 15 de enero de 2015, la dirigencia del Conamaq orgánico y los miembros de su Comité de Solidaridad acordaron diseñar una estrategia de defensa y lucha para el período 2015 – 2020 y se plantearon al menos tres objetivos inmediatos: la recuperación de la sede del Conamaq, la defensa de todos los perseguidos y detenidos políticos, y la presentación de una nueva acción popular para eliminar los transgénicos en Bolivia mediante un Referéndum Constitucional, en la perspectiva recuperar la fuerza de las VIII y IX marchas indígenas y unificar a todos sectores de la población para enfrentar al gobierno impostor.
Notas:
1. Taller temático Tierra y Territorio, Vicepresidencia de la República, La Paz, 27 y 28 de julio de 2011.
2. Desde el inicio de la IX marcha en 2012 hasta septiembre de 2013, el gobierno intentó tomar la sede del Conamaq por la fuerza en cinco oportunidades. Se supo que los avasalladores violentaron la sede indígena a la cabeza del ex diputado del MIR Renán Paco Granier, el ex alcalde del MNR Plácido Suntura y otras ex autoridades de gobiernos neoliberales que actualmente son fieles servidores del MAS, en un “ambiente de gran tensión y guerra no declarada como en los peores tiempos de las dictaduras militares”, describió el sociólogo Pablo Mamani Ramírez (Bolpress).
3. Conferencia pronunciada por James Petras en el IV Congreso Nacional de Sociología de Bolivia, 14 de abril de 2007 en La Paz. Petras es profesor emérito de la State University de Nueva York, Binghamton (USA) y profesor adjunto de la St. Mary’s University, Halifax, Nueva Escocia (Canadá).
4. Una comisión de la Iglesia Católica constató en el terreno que el gobierno amenazó con suspender servicios de salud prestados por Médicos Canarios en las comunidades del TIPNIS. El representante del Conamaq David Crispín tuvo acceso al “Protocolo de Consulta que da pautas para el triunfo del ‘sí’, aún antes del inicio de la consulta, y demuestra el chantajismo y la manipulación… porque a los hermanos del TIPNIS les están ofreciendo bombas de agua, motores fuera de borda para que digan ‘sí’. Y aquellos que se opongan no recibirán nada...”.
5. La locutora del evento transmitido por Bolivia TV describió con lujo de detalles la prebenda entregada a indígenas oficialistas: “tres camionetas doble cabina de industria china, con cilindrada de 2378 centímetros cúbicos…”. Reveló también que el gobierno de Morales regaló hasta la fecha más de 40 camionetas a organizaciones sociales y sindicatos de todo el país.
Más información:
 
 
2) Consideremos que el extractivismo es acumulación de poder y riquezas por desposesión totalitaria. Como Alberto Acosta nos advierte implica:

(...)Autoritarismo y disputa por la renta de la Naturaleza
 
Esta maldición de la abundancia en recursos naturales viene atada, con mucha frecuencia, con la maldición del autoritarismo. La masiva explotación de los recursos naturales no renovables en estos países ha permitido el surgimiento de Estados paternalistas, cuya capacidad de incidencia está atada a la capacidad política de gestionar una mayor o menor participación de la renta minera o petrolera. Son Estados que al monopolio de la riqueza natural han añadido el monopolio de la violencia política (Coronil, 2002).
 
Aunque parezca paradójico, este tipo de Estado, que muchas veces delega parte sustantiva de las tareas sociales a las empresas petroleras o mineras (esto comienza a cambiar en los países con gobiernos progresistas), abandona ¿desde la perspectiva del desarrollo? amplias regiones. Y en estas condiciones de desterritorialización, cuando las empresas asumen las tareas que competen al Estado, éste se consolida como un Estado policial que reprime a las víctimas del sistema al tiempo que declina el cumplimiento de sus obligaciones sociales y económicas. La propia institucionalidad jurídica termina envuelta en los intereses y presiones de las empresas extractivistas privadas o estatales.
 
En estas economías de enclave se ha configurado una estructura y una dinámica políticas, no sólo autoritarias, sino voraces. Esta voracidad, particularmente en los años de bonanza, se plasma en un aumento muchas veces más que proporcional del gasto público y sobre todo en una discrecional distribución de los recursos fiscales. Este tipo de ejercicio político se explica también por el afán de los gobiernos de mantenerse en el poder y/o por su intención de acelerar una serie de reformas estructurales que desde su particular perspectiva asoman como indispensables para transformar las sociedades.
 
Inclusive el incremento del gasto y las inversiones públicas es también el producto del creciente conflicto distributivo que se desata entre los más disímiles grupos de poder. Esta realidad, percibida con más claridad en las etapas de bonanza, la describe con claridad Jürgen Schuldt (2005), cuando dice que se “se trata, por tanto, de un juego dinámico de horizonte infinito derivado endógenamente del auge. Y el gasto público ¿que es discrecional? aumenta más que la recaudación atribuible al auge económico (política fiscal pro-cíclica)”.
Este “efecto voracidad” provoca la desesperada búsqueda y la apropiación incluso abusiva de parte importante de los excedentes generados en el sector primario-exportador. Ante la ausencia de un gran acuerdo nacional para manejar estos recursos naturales, sin instituciones democráticas sólidas (que sólo pueden ser construidas con una amplia y sostenida participación ciudadana (16)) aparecen en escena los diversos grupos de poder no-cooperativos, desesperados por obtener una tajada de la renta minera o petrolera.
Así, en esta disputa por la renta de los recursos naturales intervienen, sobre todo, las empresas transnacionales involucradas directa o indirectamente en dichas actividades y sus aliados criollos: la banca internacional, amplios sectores empresariales y financieros, inclusive las fuerzas armadas, algunos gobiernos seccionales cooptados por las lucrativas rentas, así como algunos segmentos sociales con capacidad de incidir políticamente. Igualmente, grupos sindicales conocidos como la “aristocracia obrera” (17), vinculada a este tipo de actividades extractivistas, obtienen importantes beneficios. Y, como es fácil comprender, esta pugna distributiva, que puede ser más o menos conflictiva, provoca nuevas tensiones políticas.
Todo esto contribuye a debilitar la gobernabilidad democrática, en tanto termina por establecer o facilitar la permanencia de gobiernos autoritarios y de empresas voraces y clientelares, proclives también a prácticas autoritarias. En efecto, en estos países no asoman los mejores ejemplos de democracia, sino todo lo contrario. Adicionalmente, el manejo muchas veces dispendioso de los ingresos obtenidos y la ausencia de políticas previsibles termina por debilitar la institucionalidad existente o impide su construcción.
América Latina tiene una amplia experiencia acumulada en este campo. Son varios los países de la región cuyos gobiernos tienen claros rasgos de autoritarismo derivados de esta modalidad de acumulación primario-exportadora, particularmente cuando está sustentada en pocos recursos naturales de origen mineral.
Esta compleja realidad existe también en otras partes del mundo, particularmente en los países exportadores de petróleo o minerales (18). Noruega sería la excepción que confirma la regla. La diferencia en este caso de los anteriormente descritos radica en que la extracción de petróleo en este país escandinavo empezó y se expandió cuando ya existían sólidas instituciones económicas y políticas democráticas e institucionalizadas, con una sociedad sin inequidades comparables a la de otros países petroleros o mineros del mundo empobrecido. Es decir, este país integró el petróleo en su sociedad y economía cuando ya era un país desarrollado.
No se puede concluir la reflexión sin dejar sentado un punto que aparece en estos países atrapados por la maldición de la abundancia: la violencia, que parece configurar un elemento consustancial de un modelo depredador de la democracia. Esta violencia incluso aflora desde el lado del Estado, a través inclusive de los gobiernos considerados como progresistas que criminalizan la protesta popular en contra de las actividades extractivistas, con el único fin de garantizarlas.
La violencia, desatada por las propias empresas extractivistas, respaldada muchas veces por los gobiernos, ha provocado diversos grados de represión. El listado de estas acciones represivas e incluso genocidas es demasiado largo y conocido en América Latina (19). Tampoco han faltado guerras civiles (20), hasta guerras abiertas entre países o agresión imperial por parte de algunas potencias empeñadas en asegurarse por la fuerza los recursos naturales, sobre todo hidrocarburíferos (21).
Estos enfrentamientos, que se procesan en un ambiente de constantes inestabilidades, conllevan costos económicos por diversos motivos. Piénsese, por ejemplo, en los efectos distorsionadores que provoca la ausencia de instituciones sólidas: la subvaluación de las exportaciones o la sobrevaluación de las importaciones por parte de las empresas mineras o petroleras para reducir el pago de impuestos o aranceles; las eventuales e incluso sorpresivas reducciones de la producción por parte de las empresas transnacionales para forzar mayores beneficios; la creciente presencia y accionar de intermediarios de todo tipo que dificultan las actividades productivas y encarecen las transacciones. Este tipo de problemas, que no agotan una lista de deformaciones y distorsiones que podría ser interminable, a la postre incluso podrían provocar la reducción de las inversiones sectoriales, al menos de las empresas más serias.
Por otro lado, depender tanto de la generosidad de la Naturaleza margina los esfuerzos de innovación productiva e incluso de mercadeo, consolida prácticas oligopólicas, patrimonialistas y rentistas. Y estas prácticas, atadas a la creciente injerencia de las empresas extractivistas en los gobiernos, como se conoce hasta la saciedad, fortalecen a pequeños pero poderosos grupos oligárquicos.
Además, la mayor erogación pública en actividades clientelares reduce las presiones latentes por una mayor democratización. Se da una suerte de “pacificación fiscal” (Schuldt, 2005), dirigida a intentar reducir la protesta social. Los altos ingresos del gobierno le permiten prevenir la configuración de grupos y fracciones de poder contestatarias o independientes, que estarían en condiciones de demandar derechos políticos y otros (derechos humanos, justicia, cogobierno, etc.), desplazándolos del poder. El gobierno puede asignar cuantiosas sumas de dinero para reforzar sus controles internos; incluyendo la represión de los opositores.
Una situación de abundancia relativa de recursos financieros puede permitir un manejo económico expansivo, que se complementa con endeudamiento externo. La búsqueda permanente de más recursos para financiar la economía, viene de la mano de los créditos externos (22). En este punto, entonces, asoma nuevamente el efecto voracidad, manifestado por el deseo de participar en el festín de los cuantiosos ingresos por parte de la banca, sobre todo internacional, sea privada o multilateral, corresponsable de los procesos de endeudamiento externo (23). Últimamente China concede cada vez más créditos a varios países subdesarrollados, particularmente de África y América Latina, con el fin de asegurarse yacimientos minerales y petroleros, o amplias extensiones de tierra para la producción agrícola, además de la construcción de importantes obras de infraestructura.
Como consecuencia de los elevados ingresos derivados de la explotación de los recursos naturales y las abiertas posibilidades de financiamiento externo, los gobiernos tienden a relajar sus estructuras y prácticas tributarias. En muchas ocasiones despliegan una mínima presión tributaria y hasta dejan de cobrar impuestos, en particular el impuesto a la renta. (Por lo demás, la maldición ideológica neoliberal también desalienta el incremento de la presión tributaria) (24).
En este punto cabe destacar el esfuerzo de algunos gobiernos progresistas, como el ecuatoriano o el boliviano, para mejorar la recaudación tributaria, incluso introduciendo esquemas más progresivos y equitativos.
De todas maneras, como reconoce Jürgen Schuldt (2005), el manejo poco exigente de las finanzas públicas “malacostumbra” a la ciudadanía. Y lo que es peor, “con ello se logra que la población no le demande al gobierno transparencia, justicia, representatividad y eficiencia en el gasto”. La permanencia de cuantiosos e inequitativos subsidios, por ejemplo en los derivados del petróleo, se explicaría por esta mala costumbre, que es incluso asumida equivocadamente como una “conquista popular”.
La demanda por representación democrática en el Estado, nos recuerda el mismo Schuldt, surgió generalmente como consecuencia de los aumentos de impuestos, por ejemplo, en Gran Bretaña hace más de cuatro siglos y en Francia a principios del siglo XIX. La lógica del rentismo y del clientelismo difiere de la lógica ciudadana, en la medida que inclusive frena e impide la construcción de ciudadanía.
Los gobiernos de estas economías primario-exportadoras no sólo cuentan con importantes recursos ?sobre todo en las fases de auge? para asumir la necesaria obra pública, sino que están en capacidad de desplegar medidas y acciones dirigidas a cooptar a la población, con el fin de asegurar una base de gobernabilidad que les posibilite introducir las reformas y cambios que ellos consideran pertinentes. El clientelismo ahoga la consolidación de ciudadanía. Es más, cuando estas prácticas clientelares alientan el individualismo, con políticas sociales individualmente focalizadas ?como las desarrolladas en esquemas neoliberales y que han continuado en los gobiernos progresistas? pueden llegar a desactivar las propuestas y las acciones colectivas, lo que termina por afectar a las organizaciones sociales y lo que es más grave, al sentido de comunidad (25).
Estas acciones desembocan, con frecuencia, en ejercicios gubernamentales autoritarios y mesiánicos que, en el mejor de los casos, pueden ocultarse detrás de lo que Guillermo O’Donnel calificaba como “democracias delegativas”, o lo que hoy se conoce como democracias plebiscitarias.
Por otro lado, este tipo de gobiernos hiperpresidencialistas (neoliberales o progresistas), que atienden en forma clientelar las demandas sociales, constituyen el caldo de cultivo para nuevas formas de conflictividad sociopolíticas. Esto se debe a que no se aborda estructuralmente las causas de la pobreza y la marginalidad. Se redistribuyen partes de los excedentes petroleros o mineros, pero no se dan procesos profundos de redistribución del ingreso y los activos. Igualmente, los significativos impactos ambientales y sociales, propios de estas actividades extractivistas a gran escala, que se distribuyen inequitativamente, aumentan la ingobernabilidad, lo que a su vez exige nuevas respuestas autoritarias.
Sin pretender que con esto se resuelva la insustentabilidad intrínseca de la explotación de los recursos naturales no renovables, siguiendo la recomendación de Anthony Bebbington, una idea de sustentabilidad ?al menos para la transición? debería ser construida democráticamente. Los límites al desarrollo deben estar vinculados a la propia sociedad civil y su participación, no deben estar circunscritos a modelos donde los actores más poderosos ?las transnacionales y los Estados, muchas veces en ese orden? son los que deciden. De este modo se pondría a discusión el uso de los recursos naturales y ésta sería una salida para la atmosfera antidemocrática que acompaña al mismo extractivismo.
En síntesis, la dependencia de recursos naturales no renovables, en muchas ocasiones, consolida gobiernos caudillistas, incluso autoritarios, debido a los siguientes factores:
• Débiles instituciones del Estado para hacer respetar las normas y capaces de fiscalizar las acciones gubernamentales.

• Ausencia de reglas y de transparencia que alienta la discrecionalidad en el manejo de los recursos públicos y de los bienes comunes.

• Conflicto distributivo por las rentas entre grupos de poder, lo que a la larga, al consolidar el rentismo y patrimonialismo, disminuye la inversión y las tasas de crecimiento económico.

• Políticas cortoplacistas y poco planificadas de los gobiernos.

• Ilusión de la riqueza fácil y abundante derivada de la explotación y exportación masiva de recursos naturales, incorporada como un ADN en amplios segmentos de la sociedad y los gobiernos.
 
Del desarrollismo senil al postextractivismo
A alguien ?por mala fe o por ignorancia? se le podría ocurrir una peregrina idea: si la economía primario-exportadora genera y perenniza el subdesarrollo, la solución consistiría en dejar de explotar los recursos naturales. Obviamente, esa es una falacia. La maldición de los recursos naturales no es una fatalidad del destino, sino una elección. El reto radica en encontrar una estrategia que permita construir el buen vivir aprovechando los recursos naturales no renovables, transformándolos en “una bendición” (Stiglitz, 2006).
Entonces, la tarea pasa por elegir otro camino, que nos aleje de la maldición de los recursos naturales y de la maldición de las visiones ortodoxas que nos mantienen subordinados al poder transnacional. Por eso, una de las tareas más complejas es la construcción y ejecución de una estrategia que conduzca hacia una economía postextractivista.
Esta nueva economía no surgirá de la noche a la mañana. Incluso es complejo imaginarse la posibilidad de cerrar abruptamente los campos petroleros o mineros en explotación. Pero esa transición no será nunca una realidad si se siguen ampliando las actividades extractivistas y si no hay alternativas específicas para irlas reduciendo a través de una evolución adecuadamente planificada. Por cierto que esa transición no es fácil en un mundo capitalista impensable sin las actividades extractivas como el petróleo, minería, o forestal. Construir estas transiciones es la gran tarea del momento, en tanto convoca todas las capacidades del pensamiento crítico, así como de inventiva y de creatividad de las sociedades y las organizaciones sociales. Los esfuerzos para dar paso al postextractivismo en el Sur global deberían venir de la mano del decrecimiento económico (26), o por lo menos, del crecimiento estacionario en el Norte global; tema que ocupa una creciente preocupación en muchos países industrializados.
El camino de salida de una economía extractivista, que tendrá que arrastrar por un tiempo algunas actividades de este tipo, debe considerar un punto clave: el decrecimiento planificado del extractivismo. La opción potencia actividades sustentables, que podrían darse en el ámbito de las manufactureras, la agricultura, el turismo, sobre todo el conocimiento… En definitiva, no se debe deteriorar más la Naturaleza. El éxito de este tipo de estrategias para procesar una transición social, económica, cultural, ecológica, dependerá de su coherencia y, sobre todo, del grado de respaldo social que tenga.
De lo que se trata es dejar atrás las economías extractivistas dependientes y no sustentables, que son primario-exportadoras, sobreorientadas al mercado externo, des-industrializadas, con masivas exclusiones y pobreza, concentradoras del ingreso y la riqueza, depredadoras y contaminadoras. Lo que se quiere es construir economías sustentables, es decir, diversificadas en productos y mercados, industrializadas y terciarizadas con capacidad de generación de empleo de calidad, equitativas, respetuosas de las culturas y de la Naturaleza. En este punto conviene propiciar un reencuentro con las cosmovisiones indígenas en las que los seres humanos no sólo conviven con la Naturaleza de forma armoniosa, sino que forman parte de ella.
Para lograr poner en marcha esta transición, que necesariamente será plural, es imperiosa una nueva y vigorosa institucionalidad estatal y una nueva forma de organizar la economía, así como una concepción estratégica para participar en el mercado mundial. Se requieren, por lo tanto, esquemas y organizaciones reguladoras, así como mecanismos debidamente establecidos que permitan procesar estas transiciones (27).
En la mira está, entonces, la consecución de un nuevo perfil de especialización productiva para tener países con sostenimiento interno, en base a un consenso amplio de los diversos intereses. Para lograrlo hay que robustecer el mercado interno y el aparato productivo doméstico, así como generar estrategias de transición productiva que permitan que la actividad extractiva pierda importancia económica. El reencuentro con la Naturaleza está también entre los puntos prioritarios de la agenda, lo que significa superar los esquemas y prácticas centradas en la explotación y apropiación de la Naturaleza. Tengamos presente que la humanidad entera está obligada a preservar la integridad de los procesos naturales que garantizan los flujos de energía y de materiales en la biosfera. Esto implica sostener la biodiversidad del planeta. Para lograr esta transformación civilizatoria, la desmercantilización de la Naturaleza se perfila como indispensable. Los objetivos económicos deben estar subordinados a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales, sin perder de vista el respeto a la dignidad humana y la mejoría de la calidad de vida de las personas y las comunidades.
Esto obliga a mantener, sin destruir, aquellos territorios que poseen gran cantidad de valores ambientales y sociales, donde se encuentra concentrada la mayor cantidad de biodiversidad: la Iniciativa Yasuní-ITT en Ecuador, es un ejemplo global (28). También conduce a establecer el concepto de sustentabilidad fuerte (el capital económico no puede reemplazar íntegramente al “capital natural”), como un nuevo paradigma de la forma de organizar la sociedad. Y también implica cambiar la contabilidad macroeconómica convencional por nuevos indicadores e índices de sustentabilidad.
De igual manera, se precisa una amplia y verdadera participación social para enfrentar el reto del extractivismo a gran escala. Esto conlleva, imperativamente, a procesar una profunda y radical redistribución de los ingresos mineros y petroleros, tanto como de otros ingresos y activos existentes en una economía. Las inequidades (29) deben ser abatidas, puesto que éstas son la base de los autoritarismos de todo tipo en todos los ámbitos de la vida humana.
El tema de fondo radica en empezar por no seguir extendiendo y profundizando un modelo económico extractivista, es decir primario-exportador. El tratar de desarrollarse priorizando esa modalidad de acumulación primario-exportadora, que sobrevalora la renta de la Naturaleza y no el esfuerzo del ser humano, que destroza sistemáticamente el medio ambiente y afecta gravemente las estructuras sociales y comunitarias, que prefiere el mercado externo y descuida el mercado interno, que fomenta la concentración de la riqueza y margina las equidades, no ha sido la senda para el desarrollo de ningún país. Entonces, tampoco lo será para la construcción de una opción posdesarrollista, como lo es el buen vivir o sumak kawsay (30).
El buen vivir, al menos conceptualmente, se perfila como una versión que supera los desarrollos “alternativos” e intenta ser una “alternativa al desarrollo”; en síntesis, una opción radicalmente distinta a todas las ideas de desarrollo. Y que incluso disuelve el concepto del progreso en su versión productivista. Por lo tanto, el buen vivir sintetiza una oportunidad para construir otra sociedad sustentada en la convivencia del ser humano, en diversidad y armonía con la Naturaleza, a partir del reconocimiento de los diversos valores culturales existentes en cada país y en el mundo. La parte intrínseca de esta propuesta, con proyección incluso global, está en dar un gran paso revolucionario que nos infunda a transitar de visiones antropocéntricas a visiones socio-biocéntricas, con las consiguientes consecuencias políticas, económicas y sociales.
Definitivamente, por la vía del “desarrollismo senil” (Martínez Alier, 2008), es decir manteniendo y peor aún profundizando el extractivismo, no se encontrará la salida a este complejo dilema de sociedades ricas en recursos naturales, pero a la vez empobrecidas. www.ecoportal.net
Alberto Acosta - Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecuador. Ex Ministro de Energía y Minas. Ex presidente de la Asamblea Constituyente y ex asambleísta constituyente. Nota: En este texto el autor recoge y sintetiza varios de sus trabajos anteriores.
Referencias: (…)
Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Mineria/Extractivismo_y_neoextractivismo_dos_caras_de_la_misma_maldicio
 

  

jueves, 11 de junio de 2015

La Presidenta,como los presidenciables, coinciden con Gropocopatel y Monsanto.


  ¿A qué país miran? El de acumulación gran capitalista mediante la agricultura industrial.
 

Tratemos de averiguar significados e implicancias.
 
Bolivia: Impactos de los transgénicos.
Aportes para analizar el tema más allá de la coyuntura
Por Elizabeth Peredo y Bishely Elías
"Nos parece importante analizar el tema desde sus diferentes implicaciones, no solamente por los cuestionamientos que levanta la tecnología de semillas transgénicas por la alteración de los principios de la vida al manipular los códigos genéticos... Sino también por sus consecuencias relacionadas con las prácticas agrícolas asociadas a la producción de alimentos o de especies en base a semillas transgénicas."
En Bolivia, a raíz de la aprobación de la Ley de Promoción Productiva, ha entrado en un renovado debate el uso de los productos transgénicos. Hay quienes nos oponemos a su uso recogiendo nuestra larga lucha contra los acuerdos de libre comercio basados en la doctrina pro capitalista de convertir todo en mercancía. Hay quienes argumentan que los mismos no son necesariamente dañinos y que podrían ofrecer alternativas para responder a la creciente demanda de alimentos y así constituirse en una alternativa a la crisis alimentaria mundial, porque sus cultivos ofrecen mayor productividad a menor costo.
 
Nos parece importante analizar el tema desde sus diferentes implicaciones, no solamente por los cuestionamientos que levanta la tecnología de semillas transgénicas en razón de alterar los principios de la vida al manipular los códigos genéticos de una especie determinada –lo cual podría motivar un cuestionamiento incluso de carácter ético- y por tanto la duda de si esta tecnología podría afectar en sus consecuencias la salud humana, innegable impacto que no debemos ocultar. Sino también por sus consecuencias relacionadas con las prácticas agrícolas asociadas a la producción de alimentos o de especies en base a semillas transgénicas; consecuencias vinculadas con el uso de los recursos naturales, el uso de la tierra y el uso del agua, así como el uso de elementos usualmente unidos a su producción que vale la pena mencionar para contribuir a un análisis y debate proactivo.
 
Se ha dicho ya que el uso de productos transgénicos puede incorporar una mayor presión sobre la tierra pues al ser cultivos de mayor productividad se tiende a un uso más intensivo de la tierra y sus componentes, así como del agua y por tanto a una ampliación de la frontera agrícola. Es decir, que de hecho se ejerce una mayor presión sobre la capacidad de la tierra para la producción, siendo que ésta necesita de ciclos de descanso para seguir produciendo.
 
Los transgénicos incrementan en su producción el uso de agrotóxicos nocivos para la salud. Se ha documentado en varios estudios que el uso de cultivos transgénicos activa notablemente la utilización de agrotóxicos. Un informe producido por el Organic Center[1] y citado por el Grupo ETC hace poco, afirma que luego de haber estudiado 13 años de cultivos transgénicos de soya, maíz y algodón en EEUU –país de larga tradición en el uso de cultivos transgénicos- se han incrementado el uso de pesticidas en general por 143,3 mil toneladas en los primeros 13 años de uso comercial, en comparación a la cantidad de pesticida que se hubiera aplicado en ausencia de este tipo de semillas. Esto se debe -según el mismo informe- a la aparición y rápida propagación de malezas resistentes al glifosato.
La asociación “semilla transgénica – glifosato”, es una enorme preocupación ya que, de acuerdo a numerosos estudios, además de los riesgos a la salud y/o enfermedades por el contacto directo, se tienen efectos tóxicos directos sobre la fertilidad del suelo y se provoca contaminación en el agua superficial y subterráneas. En Argentina, por ejemplo, se ha demostrado la disminución de una variedad de especies anfibias así como la reducción la absorción de micronutrientes esenciales para los cultivos, la fijación de nitrógeno y la vulnerabilidad hacia enfermedades de las plantas[2] por lo que el uso de este tipo de agrotóxicos debe ser motivo de análisis.
 
Según Julio Prudencio, en Bolivia[3] el uso de agrotóxicos se ha incrementado en 306% en los últimos años y la forma y cantidad de aplicación es cada vez más intensiva. Esto podría implicar mayores riesgos y efectos también a la salud humana, pues se ha comprobado que los alimentos elaborados con transgénicos, contienen residuos de agrotóxicos hasta 200 veces más altos que los elaborados con cultivos que no lo son[4].
Es fundamental la conciencia sobre el uso de este tipo de semillas y su relación con el uso creciente de agrotóxicos como el glifosato, así como de los posibles efectos que se pueden generar en la capacidad de la tierra para la producción y en la salud de la población. Esta información debe ser relevante para contribuir a cualquier regulación y por tanto control sobre la oferta y la demanda de alimentos y responder a las necesidades de nuestros productores.
Los cultivos transgénicos ya están en Bolivia, se dice que el 92% de la soya es transgénica (“Bolivia: Desarrollo del Sector Oleaginoso 1980-2010”) y de acuerdo a los mismos productores (ANAPO)[5] el 30% del total de la producción “es consumida en harina, aceite y torta de soya”, los representantes del sector mencionan que “Hoy en día en el país hay 48 variedades de soya transgénica cultivadas en Santa Cruz y una parte en Tarija”, por lo que pareciera inminente su expansión. Además, conociendo la realidad rural, se puede intuir que el ahorro económico y la productividad de los transgénicos solo será vista por los productores con capacidad de crédito e inversión que pueden comprar el paquete tecnológico, no necesariamente por los pequeños productores que además sufren de los efectos negativos del “contagio” ya que el área que se rocía con glifosato pierde la vegetación con el consecuente incremento futuro de la frontera agrícola.
 
Lo que entra en juego es por tanto no solamente la soberanía alimentaria o la calidad de las semillas, sino también las consecuencias asociadas a los cultivos transgénicos en el uso de la tierra y por el uso de agrotóxicos y por tanto el derecho a la salud, el cuidado de la biodiversidad y el cuidado de la naturaleza. En fin, entra en juego la relación con la tierra y las semillas, el origen de la vida. Hay mucho para decir en este tema y seguirá siendo motivo de argumentos y debate, pero lo más importante será, hoy y siempre, ser consecuentes con los principios a los que nos adscribimos en la defensa de la vida y la soberanía de nuestros pueblos.
 

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Transgénicos
"Spain is different"


Por Esther Vivas (Público.es)
Trasgénicos, sí o sí. No nos dejan opción, parece. La Comisión Europea así lo impuso la semana pasada cuando decidió aprobar, pese al rechazo de la mayor parte de países miembros, el cultivo de un nuevo maíz transgénico en Europa: el TC1507 del grupo Pioneer-DuPont. Los votos en contra de 19 países, de un total de 28, en el Consejo de Ministros de la Unión e incluso el rechazo mayoritario del Parlamento Europeo de poco sirvieron. La Comisión argumentó que la mayoría contraria alcanzada en el Consejo, al no ser cualificada, era insuficiente para dar carpetazo a la propuesta. Así funciona la Comisión, que usa dicho mecanismo para imponer medidas impopulares. ¿Quién manda en Europa? ¿Los ciudadanos o los lobbies? 

La Unión Europea, de hecho, permite ya el cultivo de transgénicos. En concreto, el del maíz MON810 de Monsanto. Un maíz modificado genéticamente, al que se le introduce el gen de una bacteria que le lleva a producir una toxina, conocida como Bt, que lo hace resistente al taladro, permitiendo combatir esta plaga. Sin embargo, muchos de los países miembros, como Francia, Alemania, Austria, Grecia, Irlanda, Polonia, Italia, Hungría..., lo prohíben. Informes científicos advierten de su impacto en el medio ambiente y señalan claras incertidumbres en la salud, entre otras cuestiones. Prima, en dichos países, el principio de precaución: si las consecuencias de un acto pueden ser negativas e irreversibles, no se lleva a cabo hasta que se adquieran los conocimientos científicos necesarios para evitarlas.

Amistades peligrosas
Sin embargo, como dirían en tiempos del generalísimo Francisco Franco, "Spain is different". El Estado español es el único país de la Unión Europea que cultiva maíz transgénico a gran escala, sobre todo en Aragón y Catalunya. Se calcula que aquí se siembra el 80% de la producción de toda Europa, según datos de 2009 del Servicio Internacional de Agrobiotecnología (ISAAA). Y eso, sin tener en cuenta los campos experimentales. ¿Por qué? Su cultivo empezó en 1998, bajo el gobierno de José María Aznar y el Partido Popular (PP), y con la producción de la variedad de maíz transgénico Bt176 de Sygenta, que en 2005 fue prohibida por sus efectos negativos en el ecosistema. Desde entonces, la producción por excelencia es la de maíz transgénico MON810. Los vínculos estrechos entre industria biotecnológica, principal promotora de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), y las instituciones públicas explican el porqué. Amistades peligrosas para el bien común.
 
La dinámica de puertas giratorias, paso de la empresa privada al gobierno y viceversa, ha estado al orden del día tanto en las administraciones del PP como del PSOE. La actual Secretaria de Estado de Investigación Desarrollo e Innovación, en el Ministerio de Economía, Carmen Vela fue presidenta de la Sociedad Española de Biotecnología (SEBIOT), con una apuesta clara por los cultivos transgénicos. En el anterior gobierno del PSOE, Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación, antes de ocupar este cargo fue la presidenta de ASEBIO, el principal lobby protransgénico en el Estado, con empresas como Monsanto, Bayer, Pioneer-DuPont entre sus miembros. Queda claro a quienes benefician las medidas que se toman en dichos departamentos. Y estos no son los únicos ejemplos. Hay muchos más, como deja claro el informe Las malas compañías. ¿Quién decide la política del Gobierno sobre transgénicos? de Amigos de la Tierra.
 
El Estado español, se ha convertido en la puerta de entrada de los transgénicos en Europa. Incluso los cables filtrados por Wikileaks dejaron constancia de ello al destapar como el Secretario de Estado de Medio Rural Josep Puxeu, en 2009, llegó a pedir al embajador de Estados Unidos que "mantuvieran la presión" sobre la Unión Europea en favor de los OGM. La alianza entre ambas administraciones es clave en la defensa de los intereses de compañías como Monsanto. 
 
El gobierno, asimismo, no escatima recursos en subvencionar la investigación sobre cultivos y alimentos transgénicos, a la que destina 60 veces más dinero que al estudio sobre agricultura ecológica, a pesar de que esta última genera 25 veces más empleo que la primera, según datos de Amigos de la Tierra. Y cuando se trata de dar cifras sobre el número de hectáreas cultivadas no duda, año tras año, en anunciar "nuevos récords". Aunque estas cifras chocan con las proporcionadas por organizaciones agrarias y ecologistas, y obtenidas de las Comunidades Autónomas, que las sitúan en niveles incluso inferiores a las del 2008, con un total de 70 mil hectáreas cultivadas frente a las 137 mil que indica el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Las organizaciones acusan al gobierno de dar datos falsos. El discurso anti-transgénicos parecería estar calando, y por eso se producirían menos transgénicos, muy a pesar de algunos.
 
Contaminación, abejas y más herbicidas
El impacto de los transgénicos lo podemos situar en tres niveles: sobre el medio ambiente, la salud y a nivel político. 

La coexistencia entre cultivos transgénicos y convencionales y ecológicos
 se ha demostrado imposible. A pesar de que la administración fija una distancia mínima entre ambos, ésta o resulta insuficiente o a veces incluso ni se cumple. La contaminación se puede producir en diferentes etapas de la cadena: desde la semilla, a través de la polinización, vía el transporte, en el almacenaje o durante el procesado. Varios casos han sido ya denunciados. Esta situación ha conducido al abandono del cultivo de maíz, en especial el ecológico, y diversas variedades han sido contaminadas sin remedio. Entre los años 2004 y 2005, la producción de maíz ecológico en el Estado español disminuyó un 42% y en Aragón, donde más se conrean transgénicos, un 69%.
 
El impacto especialmente en abejas, pero, también, en otros insectos claves para la polinización como abejorros, mariposas, avispas... es una realidad. En concreto, el maíz transgénico Bt desprende una toxina que no solo acaba con la plaga del taladro sino que en ocasiones puede afectar asimismo a estos otros insectos. Desde finales de los años 90, y como indica Greenpeace, se ha observado un declive muy importante de la población de abejas a causa tanto de los cultivos transgénicos como del uso de plaguicidas químicos que las matan. ¿Si las abejas desaparecen quien polinizará los cultivos?
 
Los defensores de los transgénicos afirman que estos reducen el uso de pesticidas químicos. Nada más lejos de la realidad. El maíz Bt, por ejemplo, al desprender por si mismo una toxina que acaba con determinados gusanos se convierte en, lo que algunos autores llaman, un "maíz insecticida". Evidentemente, no se debe de aplicar un pesticida a dicho cultivo porqué la misma planta ya lo desprende las 24 horas del día. A parte hay que contar, como señala GRAIN, las resistencias que los gusanos pueden generar con tantas toxinas en estos monocultivos y la aparición, en consecuencia, de plagas secundarias que necesitan ser tratadas con más productos químicos. 

Lo mismo sucede con los transgénicos tolerantes a herbicidas, que incorporan un gen que permite fumigarlos con un solo herbicida, de tal modo que la planta, al ser resistente al mismo, no se ve afectada a diferencia de todo aquello que la rodea. El herbicida más utilizado es el Roundup de la multinacional Monsanto, y su compuesto principal el glifosato. La extensión a gran escala de estos cultivos, en particular la producción de soja transgénica a nivel mundial, ha implicado un mayor uso de estos herbicidas.
En Argentina, por ejemplo, treinta años atrás el cultivo de soja era casi inexistente, actualmente, en cambio, más de las mitad de sus tierras agrícolas son monocultivos sojeros. Si en 1995, se utilizaban ocho millones de litros de glifosato para dichos campos, hoy suman más de 200 millones, según GRAIN. Saquen cuentas. A parte, la extensión masiva de este cultivo ha generado la aparición de casi dos docenas de plantas resistentes a estos herbicidas. Lo que ha obligado a usar más agrotóxicos para combatirlas. El caso de Estados Unidos, como indica GRAIN, lo deja claro: los agricultores que, en 2011, cultivaron sus campos con semillas transgénicas necesitaron un 24% más de herbicidas, para combatir las "malas hierbas" resistentes al mismo, que quienes sembraron cultivos convencionales.

Salud en juego
Otro de los temas más controvertidos es el impacto de los transgénicos en la salud de las personas. Muchos dicen que son inocuos, que han sido suficientemente testados y que no implican ningún riesgo para nuestra salud. Desde administraciones públicas pasando por departamentos universitarios hasta comités científicos defienden dicha posición. Sin embargo, a menudo se obvian los intereses ocultos tras dichas afirmaciones. Los tentáculos de la industria biotecnológica son muy alargados. Incluso empresas como Bayer y Syngenta, al frente de la industria transgénica, cuentan ya con cátedras propias: la Cátedra Bayer CropScience en la Universidad Politécnica de Valencia y la Cátedra UAM-Syngenta de Fertilizantes de Micronutrientes en la Universidad Autónoma de Madrid. Queda claro a qué intereses responde su trabajo, divulgación e investigaciones universitarias.

Informes científicos independientes señalan el impacto negativo que pueden tener los transgénicos en nuestra salud: nuevas alergias, resistencia a antibióticos, disminución de la fertilidad, daños en órganos internos, etc., según recoge Greenpeace. "Los riesgos sanitarios a largo plazo de los OMG presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos no se están evaluando correctamente", sentencia dicha organización. Tan pronto como estos informes críticos ven la luz, múltiples son los intentos para desacreditarlos y difamar a sus autores. Hay muchos intereses en juego por parte de empresas como Monsanto, Bayer, DuPont, Syngenta. Abundante dinero a ganar o a perder en función del dictamen de la opinión pública. Para estas empresas se trata de una "guerra" donde todo vale. Las campañas de desprestigio a quiénes ponen sus verdades absolutas en cuestión es buena prueba de ello. 

El caso del Dr. Gilles-Éric Séralini, que ha liderado uno de los estudios críticos con mayor repercusión mediática a nivel internacional, ha sido tal vez el mejor ejemplo. Su equipo de investigación, en la Universidad de Caen, Francia, hizo público, en septiembre de 2012, las conclusiones de una investigación científica que ponía en evidencia los efectos nocivos a largo plazo del maíz transgénico NK603 y del pesticida Roundup en experimentos con ratas, las cuales a lo largo del ensayo desarrollaron enormes tumores y enfermedades renales y hepáticas. La ofensiva contra este estudio no se hizo esperar e incluso la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria se posicionó en su contra, Agencia, por cierto, con vínculos estrechos con la industria biotecnológica y cuya independencia deja mucho que desear. También, en noviembre de 2013, la revista científica Food and Chemical Toxicology, que había divulgado dicho informe, se retractó de su publicación. ¿Casualidad? La organización GMWatch señalaba, con datos esclarecedores, la ofensiva de la industria biotecnológica para controlar estas publicaciones. 

Más allá de estos informes científicos, hay, tristemente, múltiples evidencias, documentadas en primera persona y en todo el mundo, del negativo impacto en la salud humana del cultivo de transgénicos y el uso sistemático de herbicidas con glifosato. La experiencia de Sofía Gatica, fundadora de Madres de Ituzaingó y merecedora de un Premio Nobel Alternativo, es un buen ejemplo. Sofía Gatica perdió una hija no más nacer a causa de una repentina parada de riñón. Un hecho que la llevó a investigar las causas y descubrió cómo las fumigaciones con glifosato sobre los campos sojeros alrededor de su barrio, Ituzaingó, en la ciudad de Córdoba, Argentina, eran las responsables. Su trabajo, puerta a puerta, la llevó, junto a otras mujeres afectadas, a destapar decenas de casos de enfermos de cáncer, malformaciones en niños, problemas respiratorios y de riñón, leucemia... Un estudio epidemiológico realizado en la zona confirmó sus temores: el agua que tomaban estaba contaminada con pesticidas y numerosos niños tenían tóxicos en su sangre. Muchas Sofías Gatica son las que sufren las consecuencias de las prácticas de multinacionales como Monsanto. Aunque el dolor afecte a menudo a los más débiles es imposible acallarlo.

Concentración empresarial

Más allá del impacto en el medio ambiente y en la salud, otro de los efectos negativos de los transgénicos se da a nivel político, en lo que concierne al control de las semillas, la esencia de la vida, y otros insumos agrícolas (la genética del ganado, los plaguicidas y fertilizantes químicos, etc.). Hoy, unas pocas multinacionales como Syngenta, Bayer, BASF, Dow, Monsanto y DuPont controlan el 60% de las semillas que se comercializan y el 76% de los agroquímicos que se aplican a los cultivos, como indica el informe Los gigantes genéticos hacen su cártel de la caridad del Grupo ETC. Vemos cómo los mismos que hacen negocio patentado las simientes son los que también se lucran comercializando los pesticidas químicos que se emplean en la agricultura "moderna". 
 
La concentración empresarial aumenta, y tiene consecuencias. Por poner un caso, el precio de las semillas en Estados Unidos, entre 1994 y 2000, aumentó más que cualquier otro insumo agrícola, doblando su costo en relación al precio que los agricultores obtenían por las cosechas, según el Grupo ETC. Monsanto, por ejemplo, es la empresa más grande de semillas del mundo y es a la vez la cuarta mayor productora de pesticidas.

Algunos dirán que las reflexiones aquí vertidas son tendenciosas, pero sería bueno recordar que el posicionamiento dominante, político, mediático y científico, en relación a los transgénicos es un discurso único servido en bandeja por la industria biotecnológica y transgénica. Unas compañías que destinan millones de euros a ensalzar las virtudes de los OMG, que compran estudios, cátedras y departamentos universitarios supuestamente objetivos y que establecen relaciones estrechas con los políticos de turno. La información es poder. Para que no haya dudas: no se trata de oponerse a los avances científicos. Ni mucho menos. Lo que necesitamos es fomentar una ciencia independiente de los intereses de las grandes empresas y al servicio del bien común.

La información es poder. Aquí la tienen, lean y juzguen.

* Artículo en Público, 22/02/2014.
 
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Argentina: Semillas, corporaciones y un proyecto cuestionado

9 de junio de 2015
Por Darío Aranda
El Gobierno enviará al Congreso un texto de nueva ley de semillas. Monsanto, los transgénicos, el modelo agropecuario y la advertencia de campesinos y organizaciones sociales.
El Gobierno anunció hace quince días la firma de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para regular el cobro de regalías de la empresa Monsanto. Medida consensuada con la Asociación de Semilleros de Argentinas (ASA), que nuclea a las grandes empresas del sector. Pero esta semana explicó que no habrá decreto y, en base al mismo texto, se redactó un proyecto de ley que será enviado al Congreso Nacional. Desde 2012, el Gobierno intenta aprobar una nueva legislación de semillas, muy resistida por organizaciones sociales, campesinas y académicas. “Es un acto más del Gobierno hecho a la medida de las grandes corporaciones que hoy definen la situación económica, social, ambiental y alimentaria de Argentina”, denunciaron una veintena de organizaciones sociales, campesinas y cátedras universitarias.
 
Monsanto
La Presidenta viajó a Estados Unidos en junio de 2012 a una reunión del Consejo de las Américas, donde se reúne el establishment económico de ese país. Anunció en transmisión en directo la instalación de la mayor planta de maíz transgénico de Monsanto en Malvinas Argentinas (Córdoba). “Hace unos instantes estuve con Monsanto, que nos anunciaba una inversión muy importante en materia de maíz (…) Y además estaban muy contentos porque Argentina hoy está, digamos, a la vanguardia en materia de eventos biotecnológicos”.
Como parte de la misma política, dos meses después, el Ministerio de Agricultura aprobó una nueva soja transgénica de la empresa. Anunciada como una “nueva generación”, llamada “RR2 Intacta”, que es resistente al herbicida glifosato y también sería resistente a insectos.
El 21 de agosto de 2012, la gacetilla de prensa del Ministerio de Agricultura tituló con una cita del vicepresidente de Monsanto, Pablo Vaquero: “Trabajamos con un Gobierno que ha abierto el diálogo”. La gacetilla oficial hacía propia la publicidad de Monsanto y resaltaba las supuestas bondades de la semilla: “Esta nueva tecnología permitirá contribuir a una mayor producción y a mejorar el medio ambiente”. El ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, celebró: “Es un día muy especial para Argentina, porque vamos por una segunda generación de soja. La biotecnología es una herramienta para el crecimiento sustentable”.
El Estado no hizo estudios propios para certificar la bondades de la nueva semilla y los expedientes de aprobación son confidenciales.
En paralelo, Monsanto comenzó a firmar contratos con productores para que éstos acepten el pago de “regalías extendidas” por la “tecnología” que llevaría la nueva semilla. Hecho no contemplado por la actual ley de semillas. Implica el pago, luego de la cosecha, de doce dólares por tonelada de soja.
El Gobierno dejó hacer.
El marzo de 2015, las cuatro entidades de la Mesa de Enlace (Federación Agraria, Sociedad Rural, CRA y Coninagro) emitieron un comunicado en repudio a la actitud de la multinacional. “La empresa Monsanto pretende incluir unilateralmente una cláusula abusiva, arbitraria y compulsiva en los contratos de compra-venta de soja, por la cual los compradores (acopiadores, exportadores, industrias transformadoras) podrían retener un importe en concepto de regalías, alterando reglas, usos y costumbres del comercio de granos”, denuncia el escrito de las entidades rurales más cercanas al agronegocios.
Aclaran que están de acuerdo en el pago de “la tecnología y las mejoras genéticas”, pero consideran que el sistema impulsado por Monsanto es “inaceptable”, violatorio de la Ley de Semillas (20.247) y lo define como “inconsulto, engorroso, inaplicable, incontrolable y podría avanzar sobre los derechos de los productores”.
 
Ley-Decreto-Ley
En 2012 el Gobierno intentó avanzar con una nueva ley de semillas. Mantuvo reuniones con la poderosa ASA (Asociación Semilleros Argentinos), referentes de la Mesa de Enlace y sectores del agronegocios como Aapresid (Asociación de Productores de Siembra Directa). Nunca se convocó a los movimientos campesinos, organizaciones sociales ni a sectores de la academia críticos al avance empresario sobre el agro.
Federación Agraria filtró uno de los borrador de proyecto de ley y arreciaron las críticas de sectores campesinos y organizaciones sociales. Se la bautizó “ley Monsanto). Incluso desde sectores del mismo Gobierno (el Movimiento Evita) actuaron para frenar el proyecto.
No hubo nueva ley.
El 19 de mayo pasado, en un acto público y con gacetillas oficiales, el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela, informaron que a la brevedad se firmaría un DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) que contemplaba el pago de la “tecnología” al momento de comprar la semilla y no post-cosecha (como estipulaba Monsanto en los contratos con productores). También creaba un fondo económico para fomentar la biotecnología “nacional” y un registro para que los pequeños productores puedan continuar con el “uso propio” (utilizar las semillas obtenidas de la cosecha, una práctica tan antigua como la agricultura).
Carlos Casamiquela destacó “el consenso alcanzado entre el Estado y los diversos actores”, al resaltar que “la modernización del sistema de pago”.
Los medios cercanos al Gobierno lo presentaron como una acción para frenar a Monsanto y silenciaron las críticas campesinas. Los diarios que publicitan el agronegocios fueron en la misma línea, pero destacaron que ASA (donde están las grandes semilleras) había dado el visto bueno y que, en definitiva, Monsanto cobraría por su tecnología. La multinacional explicitó su acuerdo con los dichos del Jefe de Gabinete respecto a la promoción de la biotecnología y al reconocimiento de la “propiedad intelectual” de las semillas. Pero adelantó que seguirá adelante con los contratos con productores y el pago de regalías extendidas.
El 23 de mayo, en Clarín Rural (uno de los espacios insignia del agronegocios), el jefe del suplemento, Héctor Huergo, argumentó que la industria semillera “sufre un grave deterioro” por el “uso propio” (utilización de las semillas obtenidas de la cosecha) y afirmó que “Monsanto se inmoló” al introducir su nueva soja (“RR2 Intacta”). Huergo, un gran lobista de las empresas, celebró el anuncio del Gobierno porque “reivindica la importancia del reconocimiento de la propiedad intelectual”. Pero redobló la apuesta: “La pregunta que conviene hacerse es que, tratándose de algo tan trascendente, por qué intentar resolverlo con un DNU en lugar de enviar al Congreso un proyecto de ley”.
El mismo día, pero desde La Nación Campo, el editorialista Cristian Mira fue el mismo sentido: “El conflicto revela la debilidad estructural que tiene el país por no elaborar una ley de semillas que reemplace a una norma que tiene más de 40 años y demostró su caducidad ante la transformación tecnológica. La industria de semillas, para continuar con las inversiones en mejora genética y eventos biotecnológicos, insiste en que necesita un reconocimiento a la propiedad intelectual de sus materiales. Éste es el consenso entre empresas nacionales y las multinacionales”.
El 4 de junio, Aníbal Fernández señaló que no se firmará ningún decreto. Sino que se optó por un proyecto de ley. Un día después, el secretario de Agricultura, Gabriel Delgado, confirmó en el programa de cable Bichos de Campo que se enviará un proyecto al Congreso. Explicó que tendrá el mismo contenido que contemplaba el Decreto de Necesidad y Urgencia, y resaltó que fue “consensuado con todos los actores del sector”.
Delgado, el funcionario de Agricultura más cercano a las empresas transgénicas, remarcó que “las más altas autoridades políticas” determinaron que, con el mismo mismo texto del decreto, se opte por un proyecto de ley. Y señaló que este mes será enviado al Congreso Nacional.
 
Otro campo
Una veintena de organizaciones nucleadas en la “Campaña contra la Nueva Ley Monsanto de Semillas” emitieron un comunicado. “No se atrevan a tocar nuestras semillas”, es el título y denuncia que el DNU-Proyecto de Ley es “un acto más del gobierno hecho a la medida de las grandes corporaciones que hoy definen la situación económica, social, ambiental y alimentaria de Argentina”.
Entre las organizaciones firmantes figuran la Red Nacional de Acción Ecologista, Asociación Campesina del Valle de Conlara (San Luis), Amigos de la Tierra, Abogados Ambientalistas, GRAIN, Frente Popular Darío Santillán, y las Cátedras de Soberanía Alimentaria de la Universidad del Comahue y de Luján. Puntualizan que la semilla de soja transgénica que originó la disputa es el primer eslabón de una política que busca la “apropiación de los bienes comunes de la naturaleza” y cuestionan que un derecho básico (el uso de semillas de la cosecha anterior) se intente legislar como si fuera un privilegio de unos pocos.
“Estos ‘eventos biotecnológicos’ sobre los que estas empresas reclaman derechos de propiedad son una apropiación de los saberes ancestrales que provienen de 10.000 años de agricultura”, denuncian y desmienten que, para el DNU o el proyecto de ley, haya habido “consenso” (como argumentó el Gobierno): “Es solo el consenso del agronegocio para seguir imponiendo sus pretensiones”.
Exigen la apertura de un debate amplio y público, en el que se privilegien los intereses de la población por sobre el de las corporaciones, rechazan los derechos de propiedad intelectual sobre las semillas, y proponen el fomento de semillas nativas y criollas como base de la soberanía alimentaria.
También sentaron postura, en comunicados por separado, el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), el Movimiento Campesino Liberación (MCL) y la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT). “La disputa es función social o su subordinación al capital financiero transnacional”, tituló el MNCI. Cuestionó que no se debata sobre la naturaleza y la función de las semillas, alertó que “subordinar la agricultura a la tecnología de las corporaciones no es sólo grave para los sectores populares, sino que condiciona a todos los actores de la producción agropecuaria” y denunció que “ceder a la presión de las corporaciones y aceptar la propiedad intelectual sobre semillas es retroceder en soberanía”.
Reivindicó que el uso propio de semillas es un “derecho inalienable” para los campesinos, indígenas y agricultores familiares; y para ejercerlo “no necesitamos estar en ningún tipo de registro, ni ser tratados como excepciones a ninguna normativa”.
La Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT, en el Frente Popular Darío Santillán) rechazó la posibilidad de un decreto o ley a medida de Monsanto y recordó que el Gobierno dejó sin presupuesto a la agricultura familiar (a fines de 2014 había comprometido 1500 millones anuales pero no fueron asignados). “El Agronegocio puede convivir con algunos subsidios y acciones simbólicas hacia la agricultura familiar y campesina. Pero nosotros discutimos y proponemos un modelo distinto de producción agropecuaria, tecnología, producción y transmisión de conocimiento, utilización y relación con los bienes naturales, trabajo rural, comercialización, distribución y consumo. Un modelo de soberanía popular”.
José Luis Livolti, del Movimiento Campesino Liberación, afirmó que el DNU o el proyecto de ley son la forma de reconocer la propiedad intelectual de grandes empresas sobre las semillas. “Monsanto está agradecida”, denunció. Y exigió una convocatoria amplia, “un debate nacional con todos los actores” sobre dos temas: una ley que proteja las semillas originarias y criollas, y una “nueva institucionalidad” que ponga en manos del Estado la comercialización externa de granos y carnes, pilar de un modelo agropecuario base a la agricultura familiar y la soberanía alimentaria.
 
El modelo
La soja abarcaba seis millones de hectáreas en 1996, cuando Felipe Solá (secretario de Agricultura de Carlos Menem) autorizó la primera soja transgénica de Argentina, de la empresa Monsanto, con uso de glifosato. En 2003 ya había 12 millones de hectáreas con el cultivo. En la actualidad llega hasta las 22 millones de hectáreas, el 60 por ciento de la tierra cultivada del país tiene un solo cultivo: soja transgénica.
El Plan Estratégico Agroalimentario (PEA), impulsado por el Gobierno, fue presentado en 2011 por la Presidenta. Propone aumentar un 60 por ciento la producción granaria (entre otros cultivos, soja y maíz transgénicos), llegar a 2020 con 160 millones de toneladas de granos. Lo que implica, según el mismo PEA, incluir al modelo de agronegocios 11 millones de hectáreas (que hoy están en manos de campesinos e indígenas).
Desde 1996, la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia) aprobó 31 eventos transgénicos (maíz, soja y algodón). El 77 por ciento de ellos (24) tuvieron luz verde durante el kirchnerismo. Las empresas favorecidas fueron Monsanto (12 semillas transgénicas), Syngenta (siete), Pioneer-Dupont (cuatro), Dow Agrosciences (cuatro), Bayer (dos) y Nidera y Basf (una cada empresa). En algunas casos, las semillas aprobadas son compartidas por dos compañías.
El último transgénico aprobado fue la soja de la multinacional Dow Agrosciences. No sólo le permite el uso de glifosato, sino también de los muy cuestionados agroquímicos 2-4D y glufosinato de amonio.
El Gobierno anunció la nueva soja transgénica el 17 de abril, Día Internacional de la Lucha Campesina.
La Vaca  Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Noticias/Argentina_Semillas_corporaciones_y_un_proyecto_cuestionado

  

¿Qué Estado puede garantizar la acumulación gran capitalista?

El autoritario delictivo y en eso se especializó el PJ.
Desde 1983 hasta hoy el Partido Justicialista se fue afirmando como partido de estado al concretar el «desvío de poder». Desde México, Gilberto López y Rivas señala:
"A lo largo de los trabajos del Tribunal Permanente de los Pueblos, el concepto desvío de poder contribuyó a comprender lo que ocurre en nuestro país y a tipificar los actos criminales que han cometido reiteradamente los gobiernos neoliberales. Este desvío es definido como:

  1. el uso faccioso del derecho y los poderes del Estado para favorecer los intereses de los grandes capitales trasnacionales, así como para perseguir y afectar las garantías de los pueblos;
  2.  la aplicación de una ingeniería constitucional e institucional dolosa que configura un estado de guerra social permanente y ocupación interna, una situación estructural, sistemática y de largo plazo por la que el edificio jurídico del Estado se abre a las corporaciones, mientras se cierran los canales legales a la población, que se ve obstaculizada en sus anhelos de justicia por las mismas entidades que deberían defenderla;
  3. la violencia, despojo, fragmentación y devastación como programa de gobierno;
  4. el abandono por parte del Estado de su deber primordial de velar por el interés general de la sociedad para satisfacer los intereses de corporaciones y grupos particulares;
  5. el ejercicio institucional y estructural por parte del Estado como guardián de los intereses privados para facilitar la mundialización capitalista, utilizando su capacidad coercitiva contra toda discrepancia u oposición al modelo". Leer
Desde un país hermano de Nuestra América también nos aportan a enfocar la realidad argentina que el liderazgo CFK tapa y los candidatos presidenciales callan:
El modelo de dominación clasista en la República Dominicana
10 de julio de 2013
Por Narciso Isa Conde (Rebelión)
En el contexto del actual sistema capitalista mundial, después de tres décadas de imposición de la estrategia neoliberal del gran capital transnacional y local en este escenario, no es difícil apreciar a grandes rasgos lo acontecido en nuestra sociedad: 
1) La burguesía transnacional es cada vez más determinante en el país y en toda la isla, ahora con mayor predominio de su facción financiera-especulativa (la deuda externa de RD representa la mitad del PBI y compromete el 40% del Presupuesto Nacional) y de su vertiente minero- energética y de apropiación del territorio (el país está casi totalmente concesionado: para extracción de riquezas naturales, toma de fuentes de agua y de biodiversidad, ocupación de terrenos con vocación turísticas, bosques, valiosas zonas urbanas, infraestructuras viales…) 
2) La acumulación y reacumulación, el reordenamiento del proceso de apropiación y concentración capitalista por esa vía, ha contado con la complicidad y la asociación de importantes facciones de la gran burguesía dependiente y de la partidocracia, que bajo la protección del Estado corrompido y la impunidad que éste auspicia, han generado procesos de enriquecimiento privado en gran escala y a gran velocidad, los que se suman y entrecruzan con los fabulosos narco-negocios y las tratativas dolosas de los grandes carteles privados de la construcción. 
Así, la burguesía transnacional ha incrementado su control sobre el territorio nacional y sobre la dinámica económica del país, empobreciendo brutalmente la sociedad de los/as de abajo y creando desigualdades escandalosas. 
La gran burguesía dependiente, sus grupos y familias tradicionales, han ampliado su fortuna en forma espectacular. 
La parte superior de la partidocracia y de la llamada “clase política”, se ha convertido en una facción neo-capitalista asociada parcialmente a sectores de la gran burguesía privada, pero con fuerza propia y grandes atesoramientos aquí y en el exterior. En ese orden son evidentes las mayores ventajas obtenidas dentro de ese latrocinio por la cúpula del PLD y dentro de ella por el sector leonelista, sin descargar del pillaje y la rapiña a las elites del PRSC, del PRD y grupos satélites. 
Las formas y vertientes de acumulación, los métodos empleados, las operaciones realizadas y los medios de que disponen, le imprimen a esos sectores dominantes y al modelo que auspician ciertas particularidades cada vez más potenciadas. La impronta delictiva que los llevado a imponer sus intereses y operaciones por encima de toda normativa formal-legal, o a acomodar la Constitución y las leyes a sus ambiciones, los ha convertido definitivamente en una variante de la lumpen dominación capitalista, mezcla de facciones del lumpen imperialismo, la lumpen burguesía dependiente y la lumpen burocracia civil y militar del país. 
Es preciso destacar que en el ejercicio de la gestión de Estado de las últimas dos décadas, ha sobresalido en esa prácticas de acumulación capitalista el grupo de poder conformado por Leonel Fernández al interior del Estado, del partido y del capitalismo privado, hasta conformar una verdadera corporación político-económica; aprovechando en forma aventajada la progresiva conversión del PLD en un partido-estado con fuertes rasgos autoritarios y centralistas y fuertes dotes empresariales. 
Esa condición fue a la vez aprovechada óptimamente para fraguar un régimen político muy peculiar, una especie de dictadura institucionalizada.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=170907


Desde Chile nos interpelan a realizar la propuesta desde abajo y a la izquierda

Hoy estamos frente a una tarea histórica: la desmercantilización de la sociedad
10 de junio de 2015
Por Vinculación Puente Alto (Rebelión)
En los ámbitos de la crisis del sistema educacional y la emergencia de la movilización social, se abre hoy una oportunidad inédita en Chile. No sucedió en las movilizaciones por los “raspapases” (pasas escolares para el transporte público) del 2001, ni en la movilización de los pingüinos de 2006, ni en las multitudinarias movilizaciones por educación gratuita y de calidad de 2011. Pero hoy, 2014, la posibilidad de encontrarse, organizarse y movilizarse en conjunto entre Estudiantes y Profesores está ante nosotras y nosotros.
Las antidemocráticas y anticientíficas propuestas del Gobierno, tanto respecto a la Reforma Educacional como al Proyecto de Ley para el Desarrollo Profesional Docente, genera no sólo la oportunidad sino la necesidad de que el movimiento estudiantil y el de los trabajadores de la educación converjan en la demanda por una transformación estructural del sistema educacional en Chile.
 
Esta transformación no sólo transporta la demanda de un proyecto, de una meta radicalmente distinta ─un sistema educacional gratuito, de calidad y democrático─, sino a procedimientos radicalmente novedosos: no ya hecho entre cuatro paredes, en comisiones conformadas por tecnócratas gubernamentales, sino desde los actores mismos, profesoras, profesores y estudiantes; no ya desde instituciones cooptadas y clientelizadas, sino a partir de una profundización del trabajo de base.
Además, la potencia de la demanda por educación gratuita, de calidad y democrática, conlleva el horizonte transformador de la sociedad: la desmercantilización no sólo en el ámbito de la educación, sino también en la salud, la previsión social, el transporte público, la vivienda, el arte y la cultura.
 
Todo esto contrasta con un sistema económico, político y social antidemocrático, privatizador, elitista, que se basa en la explotación y el endeudamiento; el descrédito y deslegitimidad de la “clase política”, su deterioro generalizado; los escándalos de corrupción y enriquecimiento ilícito; la bancarrota moral de las instituciones como el Parlamento, los Partidos Políticos, el Gobierno y las Fuerzas Armadas; gracias a los múltiples casos que ejemplifican este deterioro: Penta, Soquimich, Caval, Luksic, Angelini, Aguas Andinas, Martelli, Peñailillo y la campaña de Bachelet, Municipalidades y el negocio de la basura, las colusiones de las Farmacias, la Ley de Pesca, las sanciones internacionales por la violación a los derechos humanos en las comunidades mapuche, los criminales y represivos protocolos de las Fuerzas Armadas, el entramado de relaciones entre sectores políticos y sectores del gran empresariado, etc., etc.
 
Sin embargo, esta situación de bifurcación entre, por un lado, un horizonte social transformador, democrático, antimercantilista, y por otro, unastatus quo neoliberal, pone al descubierto una profunda asimetrías de poder entre los actores de cambio y los continuadores del modelo, entre el pueblo trabajadores y las elites explotadoras, entre los movimientos sociales y las instituciones, entre las organizaciones de izquierda y los partidos neoliberales (modernizadores como la Nueva Mayoría o conservadores como la Alianza).
 

Hoy estamos frente a una tarea histórica: la desmercantilización de la sociedad. Pero esta tarea y oportunidad que se nos presenta, sólo podrán ser realizadas a partir de la convergencia de todas las demandas, movilizaciones y actores, y la ruptura con la clase política, sus instituciones y su proyecto. El movimiento estudiantil y de trabajadores de la educación deben mostrar el camino de esta convergencia. Y las organizaciones de izquierda han de profundizar la convergencia hacia la multisectorialidad, junto a los trabajadores (profesionales, obreros, técnicos y de servicio, artistas, etc.) y pobladores (vecinas, vecinos, organizaciones comunitarias, jubilados, etc.). (...) Leer